La disputa por el excedente: Una mirada desde el cine (primera nota)

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Valentin Golzman*

“Las películas  que hasta aquí hemos registrado, las que han tomado como eje central las luchas de los asalariados, en algunos casos han apoyado la conciliación. En otros, con su relato, han contribuido al esclarecimiento político de los asalariados, han participado en la conformación de la contracultura antisistema. Se han comprometido en la transformación del proceso socio económico que las incluía.”

I).- Introducción

La disputa por el excedente ha acompañado desde el vamos al  capitalismo. Hace más de dos siglos, Adam Smith  escribió que:

“Los obreros están siempre dispuestos a concertarse para elevar los salarios, y los patrones para rebajarlos” […] Aun en el caso de que los obreros desarrollen “…una acción concertada y defensiva […] los patrones […] protestan en el mismo tono, y jamás dejan de reclamar la asistencia de las autoridades…”. 

Es inmanente al capitalismo la búsqueda por avanzar hacia una mayor apropiación del excedente a fin de incrementar su tasa de ganancia.

Si bien el capitalismo y las formas de trabajo han sufrido enormes variaciones a través de los siglos, las palabras de Smith, cuando en 1776 señalaba que el capitalismo “…jamás ha dejado de reclamar la asistencia de las autoridades…” siguen gozando de buena salud. De hecho, las autoridades siempre han acudido, de una forma u otra en auxilio de las patronales durante los conflictos que se producían en la puja por la apropiación del excedente. En distintos momentos, dicha ayuda tomó diversas formas: control, contención conciliadora y/o represión. Desde fines del siglo XIX, desde las primeras luchas obreras en Argentina, este último aspecto, la represión, se fue tornando más dura y sangrienta, hasta desembocar en la feroz dictadura de 1976.

En nuestros días, hemos tenido muestras de represión contra asalariados despedidos y/o suspendidos en Tucumán, Chaco y el gran Buenos Aires. Mario Wainfeld las refiere como “…salvaje represión que debe ser investigada y sancionada, tanto judicial como políticamente”.  Paralelamente, se ha aprobado una ley antiterrorista que -depende como se juegue- podría abrir caminos a una escalada represiva.

Por otro lado, en el Congreso está sobrevolando un proyecto de ley que -de aprobarse -como solicita en forma perentoria el Secretario de Seguridad Sergio Berni- implicaría el control de una de las más importantes formas de protesta y expresión popular, que ha cobrado intensidad a partir del 2001: la manifestación en calles y rutas. La sola presentación de dicho proyecto ha comenzado a generar un clima propicio a la represión de la protesta.

En este número de nuestra revista Alberto Wiñazky señala que “La  situación económica y social de la Argentina va adquiriendo contornos complejos y preocupantes, ante la crisis que afecta a diversos conglomerados” y agrega que  “…la actual coyuntura económica presupone un serio desafío  para los sectores populares, ante el avance de la exclusión social y el deterioro del mercado laboral…”

La experiencia marca que fue en épocas de crisis cuando los conflictos entre capital y trabajo se tornaron más ríspidos. Es previsible que en la actual situación se incrementen las  suspensiones, despidos e intentos de baja de salarios que ya se están dando en diversos sectores. A lo anterior debemos agregar la disminución del poder adquisitivo de los salarios, de algunos subsidios y de las jubilaciones, especialmente a partir de la devaluación de enero de este año.

La actual organización sindical, dividida en cinco centrales, sumada a la enorme dispersión del tipo de asalariados: en blanco sindicalizados, en negro, desocupados, desempleados, cuentapropistas, excluidos sostenidos por planes sociales, etc., dificulta la necesaria unidad de acción para sostener cualquier demanda.

II).- El cine que relató la disputa por el excedente

La vastedad del tema y la cantidad de películas a acercar  nos ha obligado a dividir esta nota en dos partes. La segunda estará incluida en el próximo número de Tesis 11.

Por las mismas razones, sólo podremos realizar una sinopsis argumental, ideológica y temporal de cada película. 

Desde hace largas décadas y cada vez en mayor medida, lo audiovisual se ha ido transformando en hegemónico, en lo que hace a la cultura de masas.

Como todo arte, el cinematográfico relató de diversas formas la sociedad que lo incluía.

Desde aquella primera vez en la que, en 1895, los hermanos Lumiere filmaron a los obreros saliendo su fábrica, es bueno señalar que el cine –a nivel mundial-ha sido avaro en lo que hace a la cantidad de películas que han tomado como eje central las luchas de los asalariados.

El texto La lucha obrera en el cine   registra –a nivel mundial y desde que se comenzó a filmar- unos trescientos filmes que abordaron centralmente los conflictos que sostuvieron los asalariados. Sabemos de la existencia de algunos centenares más, lo cual, siendo sumamente importante, no modifica la escasa generosidad con que el cine –cuantitativamente- se ha ocupado de los conflictos entre los asalariados y las patronales.

En lo que hace al cine argentino, podemos detectar varias decenas de filmes de ficción y documentales cuyo relato centra en la lucha de los asalariados.  Cada uno de ellos carga con el sello de la época en que fue realizado y con la marca de su autor.
Llegados a este punto, cabe interrogar al cine, al que centró su relato en aspectos de la lucha de clases:

– Desde que ángulos ha construido dicho relato; con que propósitos y estética.
– Si contribuyó a la construcción de una contracultura antisistema, que favoreciera la toma de conciencia de situación de clase de los asalariados.
– Si ayudó al esclarecimiento político de los asalariados.
– Si se comprometió en el proceso de transformación de la sociedad que lo incluía o si, al ser parte de la industria, del sistema capitalista que lo contiene y al que relata, se limitó a ser sólo un elemento pasatista, conciliador y evasivo de la realidad y de la problemática económica y social  de su tiempo.

Abrir la discusión, avanzar sobre dichos interrogantes para proyectarlos luego sobre la actual coyuntura económico social de nuestro país es el propósito de esta nota.

II a).- Cuando el cine operó como conciliador de clases

II a 1).- D.W. Griffith, llamado con justa razón “padre del cine moderno” realiza en 1916 -a sólo dos décadas del nacimiento del cine- Intolerancia, un impactante film que dura más de dos horas.

El mismo relata –en uno de sus cuatro episodios- aspectos de las huelgas que tuvieron lugar en Estados Unidos a comienzos de la década de 1910. El filme muestra la forma en que trabajadores en huelga son masacrados por la suma de fuerzas estatales y paramilitares que convocó y organizó la empresa.

La visión de Griffith es afín a la de las patronales y a la de dicho Estado: considera intolerable la movilización de los trabajadores; califica como caos moral su enfrentamiento al capital.

II a 2).- El movimiento obrero alemán sufrió, entre 1921/1923 una serie de derrotas decisivas. En 1927, dentro del clima generado por dichas derrotas, (y coincidiendo con el año en que en Boston fueron encarcelados y asesinados los sindicalistas Sacco y Vanzetti), el director Fritz Lang realizó en Alemania el film mudo de ciencia-ficción Metrópolis.

Lang intenta demostrar en dicha película que la lucha de los  trabajadores de una fábrica -ubicada temporalmente en el año 2026- por mejorar el agobio de su situación, sólo pudo resolverse por la vía de la conciliación de clases. Concluye, “demuestra”, que la huelga, la rebelión contra las reglas del sistema capitalista, sólo puede conducir a deteriorar y empeorar la situación de los trabajadores. Hacia el final del filme, el patrón y el delegado de los trabajadores se dan la mano y son aplaudidos por los trabajadores.

II a 3).- En nuestro país, el prolífico Manuel Romero realizó entre 1930-1943 una serie de películas, en muchas de las cuales eran protagonistas las empleadas de tienda.

En palabras de Claudio España,  la característica de los films de Romero es que todos “…representan un tipo de “sentido común” ideológico…que predicó la conciliación de clases…”. 

Mencionaremos dos de dichos filmes: Mujeres que trabajan (1938) y Elvira Fernández, vendedora de tienda (1942).
Mujeres…, pese a su título tan abarcador, no pasa de ser un melodrama pasatista y lineal. La mencionamos sólo para señalar un aspecto de la orientación ideológica del filme. En su última escena- una empleada de tienda, a la cual se había mostrado reiteradamente leyendo Marx, que es marxista militante, emocionada tras el casamiento de una compañera de trabajo, comenta: “tal vez, si yo conociese el amor, no leería tanto”.

La película  Elvira Fernández… tiene mayor envergadura que la anterior. Ya ha sido analizada en un número de Tesis 11 , al cual remitimos. Sólo recordaremos aquí que  Romero realiza dicho filme en 1942, tras una década caracterizada  en nuestro país por prolongadas huelgas e importantes protestas de los asalariados. Abstrayéndose de dicha realidad, el director plantea en su filme soluciones a contramano del contexto: sobre el final  presenta al dueño de una gran tienda reconociendo, ante sus empleadas rebeldes, los maltratos en que ha incurrido durante el movimiento de protesta; les otorga un aumento general de salarios y reincorpora a todos los despedidos. Paralelamente, su hija se casa con un humilde empleado de la misma tienda en tanto que otra empleada lo hace con un rico miembro de la aristocracia.

II b).- Cuando el cine centró en  los conflictos por el excedente

Paralelamente a las películas que construyeron soluciones conciliadoras a las luchas por la distribución del excedente, que buscaron adormecer rebeldías, se filmaron otras cuyo relato contemplaba la realidad profunda, aquella donde los conflictos se resolvieron plenos de duros enfrentamientos. Dividiremos este punto en tres partes:

1) El desempleo, 2) El conflicto, 3) Las fábricas sin patrones.

II b 1).- Cine y desempleo

El desempleo es intrínseco al capitalismo, necesario a su “adecuado” funcionamiento. Actualmente podemos contabilizar -a nivel mundial y en nuestro país- no sólo una masa de desempleados, sino también una larga generación de personas que ni siquiera puede nombrarse como desempleada, ya que eso supondría que alguna vez tuvieron un empleo: son los desocupados estructurales, los que nunca pudieron insertarse en el mercado de trabajo.
El cine ha retratado el drama de la desocupación y de algunas de sus consecuencias.

II b 1-1).- Ladón de bicicletas (Vittorio de Sica, Italia, 1948).

Esta película, construida en la línea del neorrealismo italiano de posguerra, nos muestra sin filtros la profunda angustia por la que transita una enorme masa de trabajadores que, a tres años de finalizada la guerra, continua sin trabajo, sin poder sustentarse. Muestra una larga fila de desocupados demando trabajo, cualquier trabajo. Aparece uno, solo uno; para realizarlo es necesario contar con una bicicleta. El protagonista del film posee una. Podrá ahora sustentar a su familia.
Cuando le roban la bicicleta sabe que perderá su trabajo. La película alcanza alto voltaje dramático en el relato de las peripecias por recuperarla. Al no lograrlo, producto de las circunstancias que lo acorralan, decide, a su vez, robar una bicicleta. El sistema lo ha trastrocado: de asalariado a ladrón.

II b 1-2).- Mundo grúa (Pablo Trapero, Argentina, 1999).

Estamos en los ´90. Rulo es uno de tantos desocupados, es parte del proceso de destrucción sistemática de puestos de trabajo que generó el menemato. Ha pasado los cuarenta. Es un hombre común. Se entrena para trabajar en la construcción, le prometieron el manejo de una gigantesca grúa. La ART lo rechaza y no tiene a quien apelar.

Tiene un hijo. Ambos comparten la dificultad para conseguir trabajo en una sociedad que asume como característica estructural la desocupación.

Su creciente angustia por conseguir trabajo lo hace emigrar a Comodoro Rivadavia, donde un amigo le ha hablado sobre la posibilidad de trabajar, manejando también una enorme grúa.

Se aleja de todos sus lazos afectivos: madre, hijo, novia, amigos. Se queda en el Sur, trabajando. Con el tiempo se aísla. Se transforma en un ser solitario, que soporta sin rebeldía las arbitrariedades que ocurren en su trabajo. No milita. Al menor reclamo, aparecerá el despido, en una sociedad donde el Estado no brinda apoyo, donde se han quebrantado los lazos laborales. Ese es ahora su mundo: como titula el film: Mundo Grúa. Nada más. Finalmente regresa a Buenos Aires.

Trapero nos ha presentado un hombre sencillo, centrado en su pequeño mundo; abandonado, como tantos miles en los ´90, a su precaria suerte.

II b 2).- Cine y conflicto

II b 2-1).- Comenzaremos este punto mencionando cinco películas argentinas  que abordan las luchas que –en distintos momentos y diferentes geografías de nuestro país- sostuvieron los asalariados en defensa de su participación en el excedente. Las mismas han sido analizadas en anteriores números de Tesis 11, a los cuales remitimos.

– Juan sin ropa (George Benoît, 1918).  

– Prisioneros de la tierra (Mario Soffici, 1939). 

– Zafra (Lucas Demare, 1959)

– La Patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974) 

– Flores amarillas en la ventana, (Jorge Víctor Ruiz, 1996) 

II b 2-2).- En 1936 Charles Chaplin filmó en Estados Unidos la entrañable película Tiempos modernos. En ella señaló críticamente la superexplotación y la alienación que implicaba la producción en cadena. Más de medio siglo después, en 1999, el director francés Laurent Cantet filmó Recursos humanos. En dicho lapso, cambiaron muchas cosas. La cadena de montaje chapliniana fue reemplaza por la producción automatizada y, en las últimas décadas del siglo XX una nueva tecnología se estaba imponiendo: la robotización.

En Recursos humanos, el mundo del trabajo atraviesa cada escena de la película. Sea en el interior de la automatizada empresa –única fuente de trabajo de la pequeña población- o en casa de los personajes centrales: el padre que trabaja en la sección soldadura desde hace treinta años y el hijo, recién graduado en recursos humanos, que viene a colaborar con la dirección de la empresa en la implementación de la jornada de 35 horas semanales.

El conflicto central del filme –de alto dramatismo- surge y se desarrolla cuando el hijo descubre que su tarea está sirviendo para desviar la atención de los trabajadores sobre el nuevo paso que ya puso en marcha la empresa: el despido de doce operarios, entre ellos su padre. Serán reemplazarlos por robots.

Es en ese punto cuando el hijo, -indignado por la maniobra que lo ha hecho cómplice de una trampa y por lo injusto de los despidos a gente que ha trabajado por largos años y que no puede siquiera jubilarse, “cambia de bando”. Trueca en activo organizador de un movimiento huelguístico que busca evitar los despidos; el mismo incluye la formación de piquetes en la puerta de la empresa. Los trabajadores sueldan las puertas de entrada. El director de la empresa rompe un vidrio inferior de dicha puerta y contrata rompe huelgas. Éstos, para entrar, deben agacharse  y pasar por el espacio donde estaba el vidrio. Yugo humillante, magnífica metáfora.

El film incluye un final abierto e inquietante. El hijo y uno de los huelguistas más activos –de piel negra- dialogan durante el piquete. Se interrogan mutuamente: En esta sociedad, ¿adonde está tu  lugar?

II b2-3).- En Argentina, el golpe cívico-militar de 1955 y los sucesivos gobiernos militares y civiles que lo sucedieron generaron la resistencia de los asalariados frente a los intentos de avance sobre sus derechos y conquistas por parte de patronales y gobiernos.

El espacio central en el que tuvo lugar dicha resistencia fue la fábrica. Paralelamente, los representantes de los trabajadores acordaron en 1957 el Programa de La Falda, en 1962 el de Huerta Grande y en 1968 conformaron la CGT de los Argentinos, en cuyo periódico colaboraron intelectuales como Rodolfo Walsh y Ricardo Carpani.

Sobre el cine de esos años, leemos en Marcela López y Alejandra Rodríguez:

“La clave, entonces, estaba en las fábricas. Así lo entendió también un cine que decidió intervenir en las luchas de su tiempo, que se obstinó en afirmar hacia fines de los años 60 que ya no había espacio para la indiferencia, que el presente exigía compromiso, acción, contrainformación, esclarecimiento y concientización. Esa fue la experiencia de dos grupos contemporáneos aunque diferenciados. Cine Liberación y Cine de la Base, que identificaron en las fábricas a los actores del cambio que se avecinaba, a los sujetos políticos que operarían la transformación social. Cámara en mano, cada colectivo cinematográfico expresó su versión sobre el mundo del trabajo”.

Cuatro son las películas más importantes generadas por dichos grupos:

La hora de los hornos (1968, Solanas y Getino); Los hijos de fierro (1975, Solanas), ambas del grupo Cine de Liberación.
Los traidores (1973, Gleyzer); Me matan si no trabajo (1974, Gleyzer), ambas del Grupo Cine de la Base.

Las cuatro ameritan ser analizadas no sólo en su contenido y objetivos, sino también por la repercusión buscada y obtenida, cosa que realizaremos – junto a otros filmes- en una segunda nota.

II c).- Cine y fábricas sin patrones

También estará incluida en dicha segunda nota el análisis del cine que se ha ocupado por captar y divulgar una forma de lucha que se desarrolló y cobró fuerte identidad, a partir de la crisis de 2001: las fábricas gestionadas por sus trabajadores.

III).-A modo de primeras conclusiones

Entendemos que los interrogantes que nos planteábamos en la introducción a esta nota han comenzado a tener respuesta.

Hemos visto la forma en que el cine ha representado -desde distintas perspectivas- las luchas por el excedente.

Las películas  que hasta aquí hemos registrado, las que han tomado como eje central las luchas de los asalariados, en algunos casos han apoyado la conciliación. En otros, con su relato, han contribuido al esclarecimiento político de los asalariados, han participado en la conformación de la contracultura antisistema. Se han comprometido en la transformación del proceso socio económico que las incluía.

El análisis que hemos realizado en esta nota para nada es definitivo. Queda abierto a la profundización y a las sugerencias que agradeceremos nos puedan hacer llegar.

*Valentin Golzman, magister en historia, ingeniero, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

1 Adam Smith, (1776) Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones,  FCE, México, 2000, pág. 65 y 66. (negritas nuestras V.G.).

[2] Mario Wainfed, Página 12, 13 de julio de 2014.

[3] Alberto Wiñazky, Algunas consideraciones acerca de la situación económica y social en el primer trimestre de 1914.

[4] La gran mayoría de las películas citadas en esta nota pueden verse en Internet a través de YOUTUBE.  (Ejemplo: youtube, nombre de la película, nombre del director, película completa).

[5] Enrique Pérez Romero y otros, La lucha obrera en el cine. Sindicalismo y derechos de los trabajadores en la gran pantalla. Arcadio Ediciones, Madrid, 2011.

[6] Claudio España, Cine argentino, Tomo II, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2000.

[7] Ver: Tesis 11 Nº 105. www.tesis11.org.ar/categoría/la-revista

[8] Ver: Tesis 11 Nº 103

[9] Ver: Tesis 11 Nº 103

[10] Ver: Tesis 11 Nº 104

[11] Ver: Tesis 11 Nº 108

[12] Ver: Tesis 11 Nº 108

[13] Marcela López y Alejandra Rodríguez, Un país de Película, La historia argentina que el cine nos contó,  Del Nuevo Extremo, 2009, página 206.

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