VENEZUELA: PODER ELECTORAL Y PODER POPULAR. DEMOCRACIA EN LA GRAN ALDEA

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Lito Borello*

“Nos toca un tiempo histórico. Tenemos la suerte de estar viviendo, casi sin darnos cuenta, un tiempo apasionante; como seguramente les sucedió a los chisperitos de French y Berutti, pues no tenían noción que iban a ser parte de una historia que durante 200 años hablaría de ellos. Tiempo y años de definiciones trascendentes. Posiblemente tengamos que llevar adelante batallas que definan los próximos 200 años de América Latina y quizás del mundo.”

La situación política en la que se encuentra el campo popular es de equilibrio.Venimos de haber estado acumulando durante los últimos años de manera ascendente. Una muestra de ello es el perfil de los gobiernos de nuestra América Latina donde –como dice Cristina– cada vez hay más presidentes que se parecen a sus pueblos. Entendemos que estamos viviendo una oportunidad histórica. Así como hubo una primera etapa emancipatoria que costó 300 años ahora estamos frente a una segunda emancipación luego de 200 años: estamos ante la posibilidad de una definitiva y verdadera independencia. Un proceso emancipatorio de carácter regional del cual la Argentina es parte. No hay emancipación posible si no se la piensa con cabeza latinoamericana. Es nuestro interés hoy, y una necesidad, estar cerca de los procesos de Bolivia, Ecuador, Venezuela. Cuando vamos al Barrio 23 de Enero en Caracas con quien tenemos relaciones de hermandad, con organizaciones hermanas, no lo tomamos como una tarea de solidaridad internacional sino que es parte de las tareas conjuntas que llevamos adelante como parte del mismo pueblo.

Entendemos que esta oportunidad histórica convive con la amenaza. Es tan cierto que existe una oportunidad como su contrapartida; la amenaza del bloque dominante está sobre nosotros para impedir que concretemos dicha ocasión. No hay manera de concebir el triunfo si no somos capaces de unir una fuerte masa crítica en una fuerza popular organizada. Para ello no es suficiente lo volátil de las simpatías, ni los climas, ni las adhesiones, ni las coyunturas, ni los porcentajes de cómo me quieren o cómo me odian. Si no hay una fuerza popular organizada, si no hay pueblo organizado, no hay posibilidad de enfrentar los intereses del bloque dominante que van a intentar evitar que nosotros triunfemos.

No alcanza con un capitalismo de estado ni con un proceso desarrollista. Es imprescindible ir a fondo con las transformaciones revolucionarias, insistir con cambios de carácter estructural. Durante los últimos años hemos tenido cambios cualitativamente relevantes que dejarán marcas seguramente en el marco legal de lo que ha sido un país devastado por el neoliberalismo: matrimonio igualitario, ley de medios, asignación universal por hijo, anulación de indultos, etc. Pero profundizar, el verdadero cambio de matriz, es una deuda pendiente. Si no vamos hacia cambios estructurales que de verdad empoderen a nuestro pueblo generando un proceso de democratización con participación y protagonismo de los sectores populares corremos el riesgo de quedar entretenidos con la retórica, haciendo alharaca con consignismo setentista. En ese sentido nosotros creemos que no se puede construir solamente desde el estado ni desde la institucionalidad. La palanca de fuerza del proceso de acumulación tiene que estar en un sujeto social y político claramente definido. Si no están los trabajadores y no están los sectores populares no hay cómo hacer palanca de fuerza.

Creemos que toda esta etapa de profundización es imposible llevarla a cabo si primero no comprendemos que hay que defender lo conquistado. No se puede ser crítico con nuestro presente y avanzar hacia lo que falta, si no entendemos que hay que defender con el cuchillo entre los dientes, a como de lugar, cualquier intento de que nos arrebaten lo conquistado. No podemos ser ni simplistas ni ingenuos ante las distintas embestidas del bloque dominante. No es la mediocridad de la oposición. Al bloque dominante real no lo vamos a convencer. No va a permitir que construyamos una patria como la que soñamos. Debemos preparamos porque, tarde o temprano, vendrán por nosotros. Primero para recuperar la institucionalidad; horas después para terminar con el sujeto protagónico.

La construcción de un instrumento político capaz de agrupar toda la subjetividad construida por el kirchnerismo es otra asignatura pendiente. No es ni catastrófico ni dramático plantearlo. Otros países hermanos también tienen esta dificultad: el PSUV no alcanzó en Venezuela: ahora suman también desde el Gran Polo Patriótico. El MAS en Bolivia todavía requiere de adecuaciones para estar a la altura de las circunstancias, así como también PAIS en Ecuador. Es una demanda que tenemos que resolver y que todavía está pendiente. Encontrar una estructura como instrumento político que le dé albergue a los nuevos fenómenos de los que en los últimos 20 años emergieron los sujetos sociales y políticos que hoy han construido y construyen este presente político que estamos viviendo. Sin esto no lograremos detener la embestida. No es negando las dificultades. Las estrategias del bloque dominante hoy en el mundo indican que vienen por todo lo que tenemos y que no van a escatimar en generar lo que sea necesario. En ese sentido, nos es cada vez más cercana la realidad de Medio Oriente, como la realidad de Siria con 12 mil muertos en el último año. No está lejos; cada vez está más cerca. Y lo cerca, más preocupante: a Honduras le siguió Paraguay. El golpe y la destitución del presidente Fernando Lugo muestra que es un golpe a la Unidad Latinoamericana, que es un golpe de nuevo tipo y para algunos que creían que porque el Imperio está en el Medio Oriente no tiene tiempo para atender el “patio trasero”, vemos que atiende el Medio Oriente y también atiende el “patio trasero”, para seguir desangrando a esos pueblos, como están haciendo en Siria y también para venir por nosotros. Como la base supuestamente humanitaria del Chaco impedida oportunamente por Cristina. Disfraz de las bases del imperio, como en Haití.

El triunfo de Chávez el 7 de octubre ratifica el rumbo de América Latina.

Necesitamos una fuerte unidad en el movimiento nacional. Aún a riesgo de quedar en la hoguera de la inquisición tenemos que ser fuertemente críticos, desde el amor al sueño de una patria grande. Tenemos que poder perfeccionar, mejorar el camino que hemos emprendido. Tenemos que estar unidos y organizados como ha surgido del acto de Vélez. Pero debemos también estar alertas, en la calle y movilizados. No alcanza con Facebook y con 678. Sin movilización popular estaremos en problemas.

Nos toca un tiempo histórico. Tenemos la suerte de estar viviendo, casi sin darnos cuenta, un tiempo apasionante; como seguramente les sucedió a los chisperitos de French y Berutti, pues no tenían noción que iban a ser parte de una historia que durante 200 años hablaría de ellos. Tiempo y años de definiciones trascendentes. Posiblemente tengamos que llevar adelante batallas que definan los próximos 200 años de América Latina y quizás del mundo.

Hay un sistema que ha demostrado que lo único que reparte es hambre, muerte, guerra y miseria. No sabemos cómo se llamará la próxima sociedad pero seguramente no será capitalista. Algunos le pondremos el nombre por la matriz de donde venimos. Pero está claro que estamos llamados a encontrar paradigmas mucho más humanos, mucho más democráticos y participativos, mucho más justos para construir sociedades donde nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, puedan vivir dignamente. No va a ser sencillo. Tenemos que estar preparados y dispuestos a equivocarnos. No hay libreto ni estrategia autoproclamada. Lo que está en marcha no ha sido terminado de escribir. Están los grandes trazos pero falta mucho. Se hará camino al andar. Hay que estar dispuestos a meter lo pies en el barro, a construir desde lo que existe. No construiremos lo que queremos sin partir de lo que tenemos. Cometiendo errores. Hacer y equivocarnos. Errar no es el problema. El asunto es tener la capacidad crítica y autocrítica para corregir y seguir adelante. Nuestra organización dice claramente que no retrocederemos ni un paso, no bajaremos la guardia y no vamos a dejar de luchar hasta vencer definitivamente para que nuestra patria sea enteramente libre y nuestro pueblo feliz.

*Lito Borello, referente de la organización social “Los Pibes”

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