“Infectocracia”: Pandemia y Política

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Revista Tesis 11 Nº 134 (06/2020)

(internacional/argentina/teoría)

Ignacio Paz*

Se extiende en la derecha intelectual en Europa e incluso en nuestro país, una incriminación al papel de los médicos en la dirección de la política socio económica. Y esto respecto de la pandemia del Coronavirus o Covid 19 y el aislamiento social obligatorio. Reconocen la labor de los médicos, su dedicación, etc, pero preconizan que se da una injerencia de la medicina en el diseño de la política socio económica de los países. Para imponer un discurso, los medios hegemónicos, hablan de “infectocracia” o “gobierno de los médicos” y prefieren ignorar que para prevenir el contagio en una pandemia infecciosa nunca vista en los tiempos modernos, de altísimo nivel de contagio y hasta tanto aparezcan vacunas, no hay otro camino para cuidar la vida de la población que la observación de medidas protectoras como el aislamiento social obligatorio. ¿Qué hay detrás de todo esto?

En Francia, en nuestros días, Bernard Henry Levy escribe acerca de “Los peligros del Poder médico”. Citando a Michel Foucault en su libro “Nacimiento de la clínica”  dice Levy que “…Foucault entendía por medicalización la fe casi religiosa en la palabra del terapeuta y la sustitución del gobernante por el médico en el papel del buen pastor que dirige la sociedad”  Y continúa “Sinceramente, ¿acaso estamos tan lejos de esto, cuando vemos a los dirigentes del mundo envolverse en el manto protector de comités científicos que gozan de un prestigio que a ellos les encantaría tener; sin atreverse a tomar la palabra sin antes haber tomado la precaución de escuchar la de estas nuevas autoridades; y consintiendo, unos y otros, que a partir de ahora sea el saber médico el único que deba validar la deliberación democrática, la decisión republicana y, en resumen, la política?” (https://www.elespanol.com/mundo/20200401/cronicas-coronavirus-ii-peligros-poder-medico/479082093_13.html)

En búsqueda de la fuente, encontramos que Foucault hace referencia a otro aspecto del saber médico y su sacralización. Se refiere a la continuidad de políticas sociales basadas en el concepto médico biológico de “salud y enfermedad “

Es decir, Foucault critica la visión unilateral y deformada de la concepción médica que puede olvidar aspectos diversos de la salud como la vida social, intelectual, laboral, afectiva, psicológica etc.

En los comentarios  acerca de esta obra vemos que:

“En el Nacimiento de la Clínica” publicado en 1963, es decir dos años después de “Historia de la locura”, Foucault busca demostrar, así como lo hizo en el caso de la locura, la concepción moderna de la patología, como socialmente construida y la manera en que ella es circunscripta a un contexto histórico determinado. De entrada, Foucault pone de relieve el carácter relativo y plural de modos de conceptualizar la enfermedad. Según él, la manera en que la medicina moderna concibe el hecho patológico, no corresponde sino a una de las múltiples maneras posibles de entrever la enfermedad.” (https://www.aspects-ociologiques.soc.ulaval.ca/sites/aspects-sociologiques.soc.ulaval.ca/files/tremblay2015_0.pdf)

Es decir, hay una crítica a la visión unilateral médica del concepto de enfermedad y salud, y no a la necesaria visión médica sobre infección pandémica, contagios, y prescripciones ante la carencia de vacunas, antídotos o tratamientos derivados del desconocimiento médico de la patología de una enfermedad.

Entonces, nos preguntamos ¿es que acaso pensadores como Bernard Levy y otros en el mundo y en nuestro país, ignoran que esta descripción de Foucault hace centro en un concepto de “salud” amplio que va más allá de lo biológico y de la patología médica? Que el pensamiento de Foucault incluye los demás aspectos de la vida social humana, como su relacionamiento, su cultura, su trabajo, su psicología, etc?

Para imponer un discurso, los medios hegemónicos, hablan de “infectocracia” o “gobierno de los médicos” y prefieren ignorar que para prevenir el contagio en una pandemia infecciosa nunca vista en los tiempos modernos, de altísimo nivel de contagio y hasta tanto aparezcan vacunas, no hay otro camino para cuidar la vida de la población que la observación de medidas protectoras como el aislamiento social obligatorio.

En su discurso se hace centro en el presunto choque al que conducen políticas sanitarias que, “avasallan los derechos y la libertad individual, conduciendo a nuevas formas de dictaduras”.  Hablan entonces de “gobierno de los infectólogos” o “infectocracia”

¿Qué hay detrás de todo esto? El trasfondo de esta ofensiva comunicacional no es otro que “limar” la figura presidencial, la defensa de los intereses de los grupos dominantes en el capitalismo y el ataque al rol del Estado.

Por otra parte, la caída en los Productos Brutos de todos los países del mundo, resultado de la inactividad económica, muestra a las claras dos cosas. La primera es que los trabajadores son los creadores de las riquezas de las naciones y que su inactividad conduce a la falta de dichas riquezas. La segunda se refiere al papel del Estado en las crisis extremas del capitalismo.

Así como lo fue en la crisis capitalista de 1929 o en la explosión de las “burbujas financieras” de 2008/2009, el capitalismo acudió al Estado para salvaguardar la economía y sus intereses. Ese mismo Estado que ellos denigran y al cual le exigen el retiro de regulaciones.

En el escenario mundial de la pandemia actual, otra vez son los Estados los que deben acudir al salvataje. Esta situación es cada vez más evidente. Esto es lo que los grupos económicos dominantes consideran el mayor peligro para sus intereses. Es el avance del rol del Estado como protagonista de primer orden, sustituyendo la ceguera del mercado en la regulación de la vida socio económica.

Es  notoria la diferencia en la catástrofe sanitaria según la política aplicada por distintos gobiernos. Y aunque los medios (des) informativos hegemónicos no lo resalten, las cifras estrepitosas de contagiados y muertos en países como EEUU, Brasil o Chile, Bolivia y Ecuador, en donde el neoliberalismo o el capitalismo salvaje es predominante, contrastan con las de nuestro país. Y esto como resultante de políticas económico sociales distintas.

La política sanitaria de mantener a la población en cuarentena para preservar sus vidas, y la asistencia del Estado en el suministro de alimentos y subsidios, implica para el orden capitalista de producción, un golpe a su modelo de acumulación y a su ideología.

El aislamiento social implica, inevitablemente, una reducción drástica de la producción no esencial y por ende un revés para la ganancia empresarial.  Pese a que la peor parte de la crisis emergente sea sufrida por los trabajadores, cuentapropistas, independientes, etc, los grupos dominantes braman por sus ganancias, y toman nota de la difusión de políticas sociales que implican un nuevo rol del Estado en la vida social, política y económica de los países.

Es precisamente por ello, que se hace imprescindible defender la actuación del Estado y presionar para su expansión en el terreno económico y social.

La prohibición de despidos, el otorgamiento de un Salario Básico Universal que reconozca el derecho inalienable de los seres humanos a un ingreso básico para sostener sus vidas y el control de los precios monopolistas , debe ser una política de Estado permanente para garantizar el bienestar de la población durante y post pandemia.

El coronavid 19 ha puesto de relieve y en la superficie, la putrefacción estructural del sistema capitalista en su etapa actual. El deterioro del medio ambiente y la polución provocada por el ataque a la Naturaleza de manera irracional con el único objetivo de acrecentar ganancias, el acrecentamiento de la diferenciación social y la concentración de la riqueza cada vez en menos manos, la marginalidad creciente a la que empuja el sistema, son aspectos inherentes al modo capitalista de producción en esta etapa de su desarrollo.  Los diferentes y dramáticos escenarios de la epidemia, que muestran los países en función de qué tipo de gobierno tienen  queda hoy, más expuesto que nunca.

Por ello, la batalla por la transformación de este orden social, pasa por la comprensión social de esta situación y por avances en la correlación de fuerzas en cuanto a la creación de un nuevo sentido común que tenga en cuenta estos hechos.

*Ignacio Paz, economista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11

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