¿Quién es la clase trabajadora de hoy? Una mirada sobre los trabajadores de plataformas

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Revista Nº 146 (10/2021)

(teoría/laboral)

Luisa Dulci*

Traducción: Isaac Grober*

“…no es de hoy que el capitalismo explora esa diversidad en el curso del proceso de acumulación. La flexibilidad es útil y al mismo tiempo indispensable para superexplotar el trabajo y la naturaleza.”

Se puede decir que las plataformas organizan el proceso productivo sin invertir realmente en ninguno de los tres factores de la producción de la teoría económica clásica: tierra, capital y trabajo.

El fenómeno del trabajo por plataformas es usualmente llamado de “uberización”. Creció en forma avasalladora en los últimos años, en Brasil y en el mundo. Para algunos es difícil imaginar cómo era la vida antes de los aplicativos de delivery y de transporte. Estos y otros servicios se incorporaron en nuestra cotidianidad y son empleados por individuos y empresas, desde pequeñas startups hasta las grandes firmas listadas en la Fortune 500.  El número de plataformas en operación pasó de 142 en 2010 a 777 en 2020 (1).

El surgimiento de este nuevo tipo de trabajo, o mejor, de estas nuevas formas de contratación y organización del trabajo, se apoya en dos innovaciones del mundo contemporáneo: internet, en especial con la conexión de banda ancha y la conexión en la nube.  Aquí, la commodity en cuestión son los datos propios, mientras que la infraestructura es uno de los servicios prestados. Este movimiento de datos en tiempo real y en gran escala hace de las “plataformas digitales de trabajo” parte distintiva de lo que ha sido llamado “economía digital”.

El universo de los trabajos por plataformas fue analizado en el reporte “Empleo mundial y perspectiva social: el papel de las plataformas digitales de trabajo en la transformación del mundo del trabajo (https://www.ilo.org/global/reserch/global-reports/weso/2021/WCMS_771749/lang-en/index.htm)”, publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en febrero de 2021. Fueron más de 12.000 trabajadores encuestados, pertenecientes a setenta emprendimientos, dieciséis plataformas corporativas y catorce plataformas asociativas de trabajadores (2), presentes en múltiples sectores y en más de cien países.

Según el estudio, hay dos modalidades principales de plataformas en operación: las online web-bases platforms y las location-based platforms.  En el primer caso los clientes buscan trabajadores reunidos en el espacio digital de la plataforma, tales como servicios de traducción, orientación jurídica, financieros, diseños, programación y otros. En el segundo, más diseminado en Brasil, son los trabajadores que van al encuentro de los clientes y prestan servicios en locales específicos (o en tránsito), caso de los deliveries, transporte, trabajo doméstico y de cuidado, etc.

Una de las características comunes observadas en medio de la enorme variedad de perfiles y tareas es la franja etaria media de los trabajadores: inferior a los 35 años. Los programadores tienen, en promedio, apenas 22 años de edad. En general, también se observó que los trabajadores de la parte meridional del mundo (los de los países en desarrollo) usualmente son más jóvenes que los de los países del Norte (3). En cuanto al nivel de escolaridad, aunque heterogéneo, se verificó un promedio de alta escolaridad. Los hombres son mayoría: 60 % del contingente de las plataformas online web-based y casi 90% de las de las plataformas location-based.

Otra característica sorprendente es la creciente heterogeneidad de los servicios prestados, anclados en una diversidad de arreglos productivos remotos. Sin embargo, esa multiplicidad contrasta con la relativa homogeneidad de los sistemas de operación. Esto es, grosso modo, las plataformas vinculan consumidores y trabajadores por medio de algoritmos.  Se puede decir que ellas organizan el proceso productivo sin invertir realmente en ninguno de los tres factores de la producción de la teoría económica clásica: tierra, capital y trabajo. Este territorio gris es, por cierto, el que permite regateos judiciales y permite el renunciamiento a las cargas y responsabilidades laborales y otros deberes sociales por parte de las empresas. La principal disputa es sobre las condiciones de trabajo. Para las empresas, los trabajadores son clasificados como cuentapropistas, prestadores de servicios, autónomos, tercerizados, emprendedores y así de seguido.  Son todo eso, menos trabajadores (en el sentido de vincular obligaciones contractuales con sus respectivos empleadores).

La estructura de la plataforma PeoplePerHour es esclarecedora del papel de mediación entre clientes y trabajadores: cerca de cincuenta funcionarios directamente contratados administran un contingente en movimiento de 2.4 millones de prestadores de servicios en los más variados ramos. La Uber emplea 26.900 personas y tiene más de 5 millones de conductores de autos. Y en el caso Rappi vemos que cuenta con 1.500 funcionarios y posee 25 mil repartidores.

Como en la mayor parte de los casos no hay pago de salarios. La extracción de plusvalía implica el cobro de cuotas de afiliación (cuotas y términos de membresía supuestamente voluntarios) y comisiones de los mismos trabajadores (62%) y de los clientes (38%). Las empresas lucran sin invertir en la contratación y/o formación de la mano de obra. Las ganancias parecen ser compensatorias: solamente en 2019 los ingresos de las plataformas fue de u$s 52 billones, altamente concentrados en los EE.UU.  (49%) y en China (23%). La concentración es también en término de las firmas: 5% de las (21 empresas) detentan el 20% del resultado líquido (net income) del sector (4).

En términos de jornada de trabajo, es unánime que hombres y mujeres de aplicativos trabajan muchas horas, no es raro que sean más de 12 horas diarias. Los impactos sobre la salud física y psíquica son sentidos día a día y se van acumulando. Las jornadas se pueden intensificar aún más conforme con las necesidades económicas de los trabajadores. Este es el caso de Ricky Turner, personaje de la película “Usted no estaba aquí” (Ken Loach, 2019) y de la mayoría de los conductores de móviles. El 69 % son dueños de su propio automóvil y el 70 % incurrieron en deudas y empréstitos para adquirir sus medios de trabajo, los automóviles.

El monitoreo y las formas de control del trabajo en estas larga jornadas son cada vez más sofisticados, sustentados en el avance de las tecnologías. Tales controles se aplican hasta sobre trabajadores freelancers, hecho contradictorio pues no condice mucho con la idea de autonomía de la que está imbuida la propuesta.  Entre los freelancer, el 47 % están monitoreados por horas trabajadas, 46% deben enviar print-screen (fotos de la pantalla del computador) a los empleadores y 43% se exigen de a intervalos de horas específicas.

Las jornadas extenuantes son frecuentemente ingratas, habida cuenta que los algoritmos no son concebidos para favorecer a los trabajadores. El estímulo permanente para más trabajo va acompañado de presiones de los clientes, manifestadas en clasificaciones y notas (ratings). Parte del trabajo prestado puede ser simplemente rechazado por los clientes y no hay espacios colectivos o tripartitos de contestación de las reclamaciones y denuncias por parte de los trabajadores.  Un camino de resolución de los conflictos es el despido de los trabajadores, o sea, su exclusión de la plataforma.

Un indicativo más de la complejidad de este escenario?  Contradictoriamente o no, la mayor parte de los trabajadores se dice satisfecho y/o muy satisfecho con el trabajo. Qué factores explican los niveles de satisfacción?  A pesar de que la encuesta no ha profundizado en el asunto, los argumentos que usualmente circulan enfatizan las libertades, aún las relativas, facilitadas por estos trabajos. La tan publicitada flexibilidad trae aparejada algunas ventajas, especialmente para trabajadores que enfrentan prejuicios y discriminaciones en los ambientes de trabajo (mujeres, negras y negros, inmigrantes, LGBT+, discapacitados). En el caso de las mujeres, los trabajos en las plataformas online son, de alguna manera, compatibles con las tareas de cuidado doméstico y de niños y ancianos, por ejemplo.

Otra ventaja tiene que ver con la economía de tiempo y dinero de los largos viajes hasta la sede del trabajo, fuente de mucha incomodidad y stress para los trabajadores. Finalmente, un tercer aspecto, es relativo a lo que sería el contrapunto al trabajo, o sea, el desempleo. Estar trabajando es, por tanto, motivo de satisfacción para todos ellos.

Esto no significa que están suficientemente satisfechos o que no busquen derechos laborales y la protección social. Tema que es, por cierto, un capítulo aparte en este debate. Importantes luchas vienen siendo bloqueadas en los últimos años, con algunos logros a celebrar.  En materia de movilizaciones, entre enero de 2017 y julio de 2020, fueron registradas más de 1.200 acciones en 57 países, siendo más de cien en países como Argentina, China, India y EE-UU. Las principales reivindicaciones son por mejores remuneraciones (64%), revisión o reinterpretación legal con el fin de obtener derechos laborales (20%), condiciones de salud y seguridad (19%) y aspectos regulatorios (17%). Nótese que durante la pandemia, las demandas por salud y seguridad estuvieron en el centro de más de la mitad de las disputas en América Latina.

La organización política de estos trabajadores posee especificidades. Más del 80% de ellas fue realizada por grupos informales. La relación con los sindicatos es heterogénea y frágil (un poco más fuerte en Europa, Australia y Nueva Zelanda). La tasa de sindicalización son aún más bajas de las que hay entre el conjunto de los trabajadores (htts://ilostat.ilo.org/topics/unión-membership/). Apenas el 5% de los trabajadores de microtareas, 1% de los freelancers, menos del 3% de los conductores de autos y casi 0% de los repartidores están sindicalizados. La no afiliación sindical puede tener varias razones   y no significa rechazo de la organización colectiva. Muchos trabajadores están buscando organizarse, o por lo menos comunicarse. Tanto es así que el 28 % de los conductores de móviles y el 33 % de los repartidores informan que participan de algún grupo de Whatsapp o medio social relacionado con trabajo. Algunas huelgas comienzan a ocurrir, como el caso de las huelgas de los repartidores de Brasil (bloqueo de las apps) y de Argentina. En marzo tuvimos la oportunidad de profundizar un poco más en el asunto al escuchar el discurso de Paulo Galo (https://www1.folha.uol.com.br/folha-100-anos/2021/02entregador-antifascista-critica- precarizacao-do-trabahlo-e-omissao-de-veiculos-da-impresa.shtml), uno de los líderes del movimiento de Repartidores AntiFascistas (Entregadores AntiFacisctas) en una actividad de la Fundación Perseu Abramo (https://teoriaedebate.org.br/colunas/somos-jovenes-sujeitos-de-direitos-essa-conquista-ninguem-nos-tira/) . En otros países (Austria, Alemania y Suecia) los sindicatos crearon el Fair CrowdWork website, que provee informaciones sobre las plataformas de trabajo y presta una de serie de auxilios a los trabajadores. La formación de plataformas colaborativas, especie de cooperativas de trabajadores, es una realidad en diversos países y ya comienza a ser ejercitada en Brasil (https://www.bbc.com/portuguese/brasil-53551592) La lucha por cambios legales es otra fuente de disputas. En noviembre de 2020 comentamos (https://teoriaedebate.org.br/colunas/biden-kamala-e-os-sinais-progressistas-dos-referendos-estadyais-nos-eua/) sobre el plebiscito en California/EUA, que destinado a clasificar a los trabajadores de las plataformas como empleados en lugar de autónomos, y que desgraciadamente fue derrotado. En Brasil ya tenemos el caso en que la Justicia del Trabajo reconoció (https://portal.trt3.jus.br/internet/conheca-o-trt/comunicqacao/noticias-juridicas/justicia-do-trabahlo-reconhece-vinculo-de-emprego-de-motorista-com-a-uber)  derechos  de los conductores del vehículos de Uber.

Retomando la pregunta que titula este texto “quién es la clase trabajadora de hoy?” un aspecto que sobresale es la diversidad. La diversidad de perfiles de trabajadores y diversidad y desigualdad de las formas de inserción en el mercado de trabajo. Tal como apunta Anna Tsing, en su “Supply chains and the human condition” (2009), no es de hoy que el capitalismo explora esa diversidad en el curso del proceso de acumulación. La flexibilidad es útil y al mismo tiempo indispensable para superexplotar el trabajo y la naturaleza.

Pero la diversidad es también fuerza potencial de los trabajadores y puede ser accionada en movimiento de contrapié y forjar movimientos tan resilientes y propositivos como diversa sea la clase trabajadora.

*Luisa Dulci es militante de la JPT, integra el Conselho Curador da Fandaçâo Perseu Abramo. Es economista (UFMG), profesora en Sociología (UFRJ) y doctorada en Ciencias Sociales, Desarrollo y Agricultura (UFRRJ).

**Isaac Grober, doctor en economía, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11

Fuente: Teoría y Debate. Edición 211.- agosto 2021

(1) 383 en el sector de delivery, 283 online web-base (181 de servicios de frelance, 46 de pequeñas tareas (microtask), 46 de competiciones y concursos de habilidades (contest-based)  y 19 de programación digital), 106 de transporte/taxi y cinco plataformas híbridas de taxi, delivery y e-commerce.

(2).- Ejemplo de las plataformas de transporte/taxi “Green Taxi Cooperative” y “ATX co-op –Taxi” de los EE.UU; “Eva”, de Canadá; la plataforma de delivery “Coopcycle” que opera en Bélgica, Dinamarca, Francia, Polonia, España, Reino Unido y Estados Unidos; los servicios de limpieza “Up&Go”, de los EE.UU; y el e-commerce “Fairmondo”, de Alemania.

(3).- Para las web-based, promedios de 35 y 31 años para países desarrollados y en desarrollo, respectivamente. Entre conductores de móviles y repartidores, promedios de 36 y 29 años, más bajas que la edad promedio de los taxistas y repartidores (44 y 31 años, respectivamente) que no perteneces a los de las plataformas.

(4).- El contexto oligopolista es característico del sector de tecnología que ha invertido mucho en las plataformas digitales de trabajo. En 2019 los ingresos de apenas siete empresas globales de tecnología (Amazon, Apple, Alphabet (controlante de Google), Microsoft, Alibaba, Facebook y Tencent) fue del orden de u$s 1.01 trillón. La inversión en las plataformas fue de U$S 119 billones en 2019, siendo 96 % en Asia, América del Norte y Europa y 4 % en América Latina, África y países árabes: u$s 62 billones en servicios de transporte/taxi, u$s 37 billones en delivery, u$s 17 billones en servicios híbridos (transporte y delivery) y u$s 3 billones en las plataformas online web-based.

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