Carlos Mendoza*
El acelerado desarrollo de la IA (inteligencia artificial) y las advertencias de científicos especializados en ella sobre la posibilidad de que se independice y se torne destructiva para la especie humana, lleva a analizar si esta fuerza productiva es compatible con el sistema económicosocial capitalista.
La historia muestra que los sistemas económicosociales han sido reemplazados por otros, de carácter social cualitativamente más elevados, cuando el desarrollo de las fuerzas productivas se tornó incompatible con el sistema anterior, generando condiciones objetivas para su reemplazo por el sistema superador de condiciones económicosociales compatibles con ese desarrollo de las fuerzas productivas.
Del esclavismo al feudalismo y del feudalismo al capitalismo
Sucintamente, las principales revoluciones históricas de ese tipo fueron las siguientes:
-En la transformación del sistema esclavista al feudal, en el imperio romano, la producción basada en la explotación extensiva de tierras por parte de los propietarios, amos esclavistas, mediante el trabajo de los esclavos, principal fuerza productiva, dependía de capturar cada vez más esclavos mediante nuevas conquistas territoriales. Cuando el imperio llegó a sus límites, la escasez de esclavos aumentó su precio en el mercado y dejó de ser rentable su explotación, porque el costo de los mismos y su mantenimiento ya no permitían la rentabilidad. Entonces los grandes propietarios gradualmente parcelaron sus tierras y se las cedieron a colonos y a esclavos liberados para que la trabajaran y le pagaran al dueño con renta o parte de la producción. Los esclavos devinieron siervos. Ese sistema se generalizó en propiedades feudales, donde legalmente el siervo estaba ligado a la tierra, explotaba una parcela propia y, en general, trabajaba para el señor feudal el grueso de la tierra. Así, la principal fuerza productiva de aquella época, que era la fuerza de trabajo humana, evolucionó desde el esclavo, que no tenía interés en la producción, al siervo, más interesado en la producción.
-En la transformación del sistema feudal al capitalista, en la Europa medieval, el desarrollo, entre otros, de la manufactura, el comercio y la navegación, generaron una creciente burguesía urbana, que necesitaba de obreros libres, de libre circulación de mercancías, que la tierra pudiese comercializarse, y otras libertades económicas que chocaban con las relaciones feudales de propiedad hereditaria, siervos atados legalmente al feudo, gremios de artesanos y poder político absoluto de las monarquías, lo cual terminó provocando revoluciones, impulsadas por la emergente burguesía, tales como la Revolución Liberal Inglesa y la Revolución Francesa, a lo que se sumaron las revoluciones independentistas en América. El proceso capitalista consecuente transformó a los siervos en obreros objetivamente obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado.
En el capitalismo.
En la evolución del sistema capitalista, surge actualmente la cuestión de si el nivel de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas, muy particularmente por el advenimiento y posibilidades de la IA y su vinculación con la robótica, no ha generado ya las condiciones objetivas de su superación por un sistema de carácter social más elevado.
En efecto, las perspectivas de la IA, particularmente si alcanza el nivel de superación de la inteligencia humana e independencia respecto de nuestra especie, denominado “nivel general”, provocan en general, y particularmente en los especialistas que la desarrollan, profundas preocupaciones sobre su evolución y comportamiento si no se logra controlarla mediante una regulación.
La IA abre ilimitadas posibilidades positivas, si se logra utilizarla como herramienta al servicio de la sociedad; pero también implica graves riesgos, si se la utiliza negativamente para el interés social, o si actúa por su cuenta siendo que no se tiene idea de cuales podrían ser las consecuencias para la sociedad humana.
Una de las tendencias del desarrollo de la IA con la robótica, es que podría liberar al ser humano de la carga del trabajo, siempre que se la controlara socialmente de manera positiva. Pero otra tendencia podría ser que elimine el trabajo humano, sin un control social, lo que expulsaría a los seres humanos al desempleo sin protección, o en el mejor de los casos, recibir algún tipo de subsidio decidido por los dueños de las grandes tecnológicas.
En cuanto a instaurar una regulación de la IA, para controlarla positivamente, debería ser internacional. En tal sentido China es el país que encabeza las propuestas en esa dirección: En 2023 presentó una “Iniciativa Global de Gobernanza de la IA” ante la ONU, y el 16 de julio del 2026 encabezó la constitución de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, por sus siglas en inglés), integrada por 29 países. Por el contrario, el gobierno Trump, de los EEUU, se ha opuesto públicamente a cualquier tipo de regulación internacional, e incluso ni siquiera del Estado estadounidense, argumentando que debe ser libremente desarrollada, para asegurar a EEUU su dominio económico y militar mundial. Lo que es aún más grave, Trump ha decidido la irracional idea de que las grandes desarrolladoras de IA se autorregulen.
A su vez, incluso algunos de los propietarios de las tecnológicas más importantes en el desarrollo de IA de los EEUU, han hecho propuestas para enfrentar los riesgos que supone su evolución: Sam Altman (OpenAI), ha propuesto que los ciudadanos tengan participación accionaria en el capital generado por la IA; Elon Musk (xAI / X) ha afirmado que la evolución de la IA y la robótica harán necesaria la institucionalización de un sistema de renta básica universal para las personas; Dario Amodei (Anthropic), plantea que los beneficios de la IA se gestionen por instituciones internacionales, evitando que solo algunos países se beneficien.
Regulación internacional de la IA, sistema de ingreso universal, participación de la sociedad en la propiedad de acciones de las empresas de IA, gestión internacional de los beneficios de la IA; Propuestas que son claramente de formas típicamente socialistas, contrarias a las formas típicamente capitalistas basadas en la concentración creciente de la propiedad de medios de producción y distribución de bienes y servicios, por oligopolios que, a su vez, impulsan las políticas del neoliberalismo, totalmente opuestas a ese tipo de regulaciones estatales y sociales.
El acelerado desarrollo de la IA y la robótica y su vinculación, constituyen un disruptivo nuevo paradigma en el desarrollo de las fuerzas productivas, que ya no pueden ser incorporadas por el sistema capitalista sin ahondar profundamente, y tal vez catastróficamente, la crisis; lo cual crea la objetiva necesidad de que la clase trabajadora y demás sectores populares impulsen un cambio de sistema hacia otro de carácter social más elevado, que se expresaría en cada país en diversas formas de sociedades de tipo socialista, según las realidades e historia de cada uno.
*Carlos Mendoza, ingeniero, especializado en temas políticos y económicos, escritor, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.
