Alberto Wiñazky*
EL sistema capitalista atraviesa desde los años setenta del siglo pasado, por un escenario global de crisis sucesivas que han afectado negativamente el ciclo de crecimiento iniciado en la posguerra. Reaparecieron la caída de la rentabilidad en el sector productivo, el bajo ritmo de acumulación de capital, la caída de los salarios y el aumento del desempleo estructural.
Durante este período continuó la ejecución de programas económicos y sociales que, respondiendo al paradigma del orden neoliberal, fortalecieron el poder de clase de la burguesía más concentrada, aumentando el nivel de explotación de la clase trabajadora.
La caída de la tasa de ganancia y el colapso de la generación de valor se constituyeron en los elementos centrales que interrumpieron el auge económico de los treinta años posteriores a la posguerra. Esta caída había encontrado una línea de respuesta en los gobiernos de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan desde 1981 quienes sostuvieron el libre movimiento de los capitales, las privatizaciones y la libertad de los flujos comerciales que deberían funcionar como la garantía de un orden espontáneo y eficaz y proveer los mecanismos necesarios que permitirían asignar adecuadamente los recursos.
Estos fundamentos se convirtieron en la justificación teórica que dio lugar a la implementación de políticas económicas y sociales neoliberales produciendo cambios cualitativos intensos y perdurables para el conjunto de la sociedad. Se concretó también un cambio importante en la logística que permitió la implementación de nuevos sistemas de transporte logrando que el sistema capitalista se agrupe en un conjunto de flujos comerciales. Asimismo, el crecimiento de la informatización logró, a su vez, compilar eficaz y rápidamente los nuevos conocimientos que se fueron desarrollando.
El Estallido en 2008
Septiembre de 2008 se constituyó en un punto de inflexión en el capitalismo. Derivó en la crisis de la desregulación, la apertura comercial y las privatizaciones, de Margaret Thatcher y Ronald Reagan acentuando la especulación financiera. Esos elementos se habían constituido en el conjunto dinámico del sistema capitalista en un mercado mundial plenamente integrado. 2008 no solo marcó la agudización de la crisis a nivel global, sino también el ingreso del capitalismo a un proceso que incluyó la desglobalización neoliberal.
Si bien el proyecto neoliberal se ha visto muy afectado por lo sucedido en 2008, de modo alguno se ha replegado a pesar que por la sobreacumulación de capital y por la sobreproducción de mercancías se acentuó la tendencia al aumento de la composición orgánica del capital, disminuyendo la tasa de ganancia. Los grupos multinacionales sustituyeron en consecuencia gran parte de las inversiones en los sectores productivos para pasar a actuar en los mercados financieros, arbitrando elementos de carácter especulativo. En otras palabras, se produjo una articulación entre la producción y las finanzas que se convirtieron en términos inseparables de un mismo proceso, actuando como un sistema único e integrado a nivel mundial. De forma tal que el sistema financiero fue alcanzando un grado importante de autonomía frente a la producción real, que por su magnitud se constituyó en un hecho sin precedentes en la historia del capitalismo.
Es decir que, en el capitalismo, la caída de la tasa de ganancia y a renglón seguido la aparición de la crisis, resultaron ser dos aspectos inseparables que, al conjugarse, afectaron severamente el funcionamiento general de la economía. Esta situación reflejó la existencia de un mundo con desigualdades en el crecimiento, que incluyó una diferenciación social intensa con diferentes tasas de pobreza entre países y regiones y diferentes desarrollos tecnológicos entre estados centrales y periféricos. Por otra parte, se acentuaron distintas asimetrías que han representado las condiciones de poder existentes, es decir las relaciones de carácter imperialista y neocoloniales impuestas por los países centrales que agravaron la dependencia y el atraso de la periferia ante el régimen hegemónico vigente.
La Inteligencia Artificial
Por la encarnizada disputa sobre el predominio mundial de la IA se ha desarrollado en los últimos tiempos un feroz enfrentamiento entre EE. UU y China que ha resultado funcional a la internacionalización financiera que llevaron a cabo las fracciones dominantes del capital y que actuaron con relativa independencia en relación al ciclo macroeconómico global.
Pero el futuro de las sociedades humanas no debe estar pendiente de la disputa que en estos momentos divide a las dos potencias económicas. Un ejemplo de esta problemática lo ofrece EE.UU. La expansión de la IA se está convirtiendo en la mayor apuesta económica de la historia de EE.UU. eclipsando las inversiones que se realizaron para financiar en el pasado otros proyectos de infraestructura como los ferrocarriles, las autopistas o internet. (Michael Roberts, 2026). Pero lo más importante en las presentes circunstancias sería impulsar una negociación internacional que se encuentre encaminada a controlar en cualquier lugar del mundo el desarrollo de esta tecnología. Debería definirse que un sistema que pueda llegar a superar las capacidades cognitivas humanas debería estar sometido a estrictos controles por parte de los diferentes estados que hoy se encuentran enfrentados por el dominio de esta tecnología a nivel mundial.
De forma tal, que resultaría necesario imponer un control político que permitiría despojar a la sociedad de un peligroso desarrollo incontenible en manos de un reducido grupo de corporaciones de las potencias en pugna. El desarrollo de la Inteligencia Artificial ha llegado a una situación en la que los sistemas en juego son capaces de actuar, coordinarse y eludir mecanismos de superproducción sin intervención humana. En consecuencia, resultará fundamental insistir en la necesidad de aplicar los controles necesarios para prevenir los movimientos del capitalismo que siempre se producen en beneficio de los sectores más concentrados y en perjuicio de los trabajadores y del conjunto de la población.
Conclusiones
Es necesario por lo tanto dejar señalado que las transformaciones económicas y políticas que se produzcan en la sociedad capitalista, como con la IA, en el que en todos los casos la valorización del dinero y el dominio imperialista funcionan como objetivo central, sería imposible controlar a los capitales transnacionales con el montaje democrático de los partidos del establishment y las instituciones que los regulan. Lo mismo sucede con los pasivos ambientales, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación de los bosques nativos, la erosión de los suelos, el uso abusivo de los agroquímicos y la presencia de los gases de efecto invernadero, que han llevado a la destrucción de los ecosistemas.
Por lo tanto, quedará en manos de los trabajadores y los demás sectores oprimidos cuestionar decisivamente las relaciones de explotación capitalistas tendiente a evitar que la crisis y la dominación del capital perduren y se repitan sin un final determinado. Será esta una situación que se ira definiendo durante las luchas que se libren para lograr la transformación de la sociedad y el desarrollo del poder popular. Es decir, que los trabajadores deberán constituirse en los dueños de su propia política y de su proyecto político avanzando en su conciencia crítica, originando de este modo las condiciones que les permitirán recrear, con un contenido clasista y antimperialista, los instrumentos políticos que definirán el único camino que llevará a la emancipación definitiva del ser humano.
*Alberto Wiñazky, economista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11
