La hora de Sudamérica.

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(dossier América Latina: artículo 2 de 7)

Néstor Restivo (*)

“Mientras los principales polos de la economía global están en crisis (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón), Sudamérica vive uno de los mejores ciclos económicos de su historia independiente.”

Oportunidades, riesgos y desafíos para los países suramericanos, para consolidar una vía de progreso, con industrialización, inclusión social e integración regional.

Mientras los principales polos de la economía global están en crisis (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón), Sudamérica vive uno de los mejores ciclos económicos de su historia independiente.
En el Norte cunden la recesión, el desempleo, los déficit fiscales (y los ajustes respectivos); hay en EE.UU., además de todo eso, peligro de deflación, y en Europa se agrega el riesgo de resquebrajamiento de la unidad monetaria, en tanto Japón ve cómo China lo sobrepasa en la histórica rivalidad como potencia regional y evidencia rasgos de estancamiento. Aquí abajo, en cambio, la mayoría de los gobiernos, surgidos de los escombros del neoliberalismo, que desde luego no está muerto todavía pese a su reflujo, han logrado una década excepcional que ni siquiera pudo quebrar la crisis global desatada en 2008.
Desde ya, los indicadores de pobreza, aun indigencia, desigualdad social y desempleo sudamericanos no son para festejar, pero en todos ellos se han dado avances significativos estos años.
En la reciente cumbre del Grupo de los 20 en Corea del Sur, los presidentes Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner, voces minoritarias en medio de una mayoría de líderes de los países responsables de los desequilibrios globales, hicieron referencia a ese contraste. Sudamérica puede hoy dar algunas lecciones sobre cómo gobernar teniendo como objetivo el crecimiento y la distribución (insistimos, aun con todas sus limitaciones) y no como cuco el látigo de “los mercados” y su permanente prédica en pos de un “ajuste” que les deje, a ellos, margen para mojar su insaciable codicia.
En 2003/2008, América Latina expandió en más de un tercio su Producto Bruto Interno, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Y luego del parate en 2009 por la crisis, este año se cierra otra vez en alza. Pero Sudamérica está inclusive arriba de ese porcentaje, por encima del promedio latinoamericano ya que éste arrastra como lastre el impacto de la crisis en México, Centroamérica y el Caribe, país y regiones mucho más atados a EE.UU y por tanto afectados por sus problemas.
En muchas naciones sudamericanas, el Estado recuperó herramientas con las que participar y orientar el ciclo económico. Desandó, en algunos casos, políticas nefastas de los años previos que llevaron al desastre, y los gobiernos que lo hicieron refrendaron su legitimidad en las urnas. Hicieron mucho más manejable el factor de dependencia y sometimiento más gravoso que experimentaron en décadas: el endeudamiento público, y en particular el externo (en promedio, la deuda pública neta como porcentaje del PBI bajó al 30%, contra más de 70% promedio que tienen los países ricos). Asimismo trazaron un mapa interesante en materia de integración que, pese a su lentitud, es hoy uno de los vectores de la continuidad de esos programas, ya que en el camino retroalimentan políticas comerciales, energéticas y aun financieras, todavía muy incipientes, que si se consolidaran podrían contribuir a hacer más perdurables la bonanza de estos años. La conciencia política y democrática ganada por muchos millones de latinoamericanos puede ser una garantía de que, tras haber alcanzado ciertos umbrales, no acepten el pasado de oprobio de décadas recientes, por ejemplo cuando llegue la próxima tanda electoral. Pero sería un enorme salto de calidad que ese potencial se plasmara en una conciencia regional de integración progresista. Ello reforzaría la voluntad de no retroceder en derechos ganados en estos años con los gobiernos de Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, Lula, o del kirchnerismo y del Frente Amplio.
Este auspicioso inicio de siglo no alcanza sólo a Sudamérica. Las economías de países de otras regiones como China, India y otros asiáticos crecen también con fuerza e incrementan su parte en el consumo y en el producto mundiales. En este último punto, en los así llamados “países emergentes” se pasó de un 19% a un 28% en los últimos cinco años y todo indica que ello continuará. Particularmente en el Producto Bruto Industrial, que pasó del 22% al 32%.
Pero este último dato esconde en verdad un desafío. En la última conferencia anual de la Unión Industrial Argentina, el CEO del principal grupo fabril con intereses en Argentina, Paolo Rocca, de Techint, dijo que mientras en los países del sudeste de Asia la participación del sector manufacturero en el PBI creció de 23% a 24% en el último lustro, en América Latina se redujo de 18% a 15%. Y ello fue así, añadió, por el proceso primarizador, que es también parte fundamental del crecimiento económico sudamericano reciente. Puede argumentarse que lo dice con su objetivo empresario de optimizar la renta de su negocio, los aceros planos y los tubos para oleo y gasoductos. Pero no deja de ser inquietante el planteo.
El actual ciclo mundial, y en particular por la demanda asiática, que concentra un tercio de la población mundial sólo en sus dos gigantes, ejerce una gran presión sobre los recursos naturales (y sobre el medio ambiente), cuya riqueza es ostensible en América Latina. Para nuestra región ello genera tantas oportunidades como amenazas. Porque es la raíz del proceso reprimarizador de nuestras economías.
El planteo que deberían hacerse gobiernos y sociedades del vecindario es cómo congeniar desarrollo con inclusión social y cuidado del medio ambiente, un equilibrio delicado y sensible que ya provocó roces entre fuerzas progresistas, como en Ecuador o Brasil. La región latinoamericana, desde la colonia para acá, fue extractivista en función de interesese mayormente extranjeros. No ha sido feliz el resultado. Sin desconocer ni desaparovechar económicamente los maravillosos recursos que tiene el área, la nueva élite dirigente tiene el gran desafío de convertir ese patrimonio en algo sostenible para beneficio de las grandes mayorías y base de procesos productivos de nuevo tipo que usufructen a la vez que protejan al medio ambiente y a sus principales criaturas: las mujeres y los hombres latinoamericanos.

*Néstor Restivo, periodista y licenciado en Historia (UBA)

2 respuestas a “La hora de Sudamérica.”

  1. En febrero Junin165 Capital Federal Martes 19 horas llamar a 4953 4856
    Preguntar por Amado.
    Cordialmente.
    Amado

  2. Envie un correo a tesis11@tesis11.org.ar

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