Ingreso Básico Universal Global

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INGRESO BASICO UNIVERSAL GLOBAL (IBUG)

“…Hasta el momento ha prevalecido en casi todos los países, la concepción restrictiva de desplegar la actividad económica con el solo fin de lograr el máximo bienestar para sus habitantes. De ahora en adelante, el panorama se amplía, tendiendo a aunar esfuerzos en el nivel regional e internacional a fin de elevar, en mutua colaboración, las condiciones de vida de la sociedad universal del porvenir…” (Juan Domingo Perón)

No hay verdadera libertad ni justicia, si las crisis globales, se resuelven con repliegue individual y nacional, sin tener en cuenta ni contemplar la humanidad ni compartir la responsabilidad por su destino.

Según el informe WEO (World Economic Outlook Database) del FMI de octubre del 2025, sobre las “Perspectivas de la Economía Mundial”. El crecimiento económico mundial, sigue mostrando una notable resiliencia, pese a las graves perturbaciones comerciales generadas por EEUU y la política arancelaria impulsada por la administración Trump, que generó una mayor incertidumbre. Para el 2026, la proyección de crecimiento (según ese organismo de crédito internacional), llega al 3,3% , una revisión al alza, de 0,2 puntos porcentuales con respecto a octubre del 2025, atribuible sobre todo a un mayor crecimiento en EEUU y China. Y según datos del mismo año, casi el 50% del PBI mundial, está concentrado entre las economías de EEUU, China y la Unión Europea más el Reino unido, con estimaciones de que alcanzarán a concentrar finalizado el año, el 55% del PBI global.

Vivimos en un mundo que produce más riqueza que nunca en la historia humana. El Producto Bruto Interno global supera hoy los 115 billones de dólares anuales, mientras la tecnología, la productividad y la capacidad logística alcanzan niveles que eran impensables hace apenas medio siglo. Sin embargo, más de la mitad de la humanidad, vive con ingresos insuficientes para garantizar una vida material digna. Y si tenemos en cuenta los niveles de desarrollo sociológicos, queda a las claras, que este tipo de contradicciones son estructurales.

La economía global está profundamente concentrada. Un conjunto reducido de países: Estados Unidos, Europa, China y algunos otros,  produce cerca del 75 % del PBI mundial, con poco más de la mitad de la población. Al mismo tiempo, las grandes corporaciones concentran ganancias extraordinarias, tributan por debajo de las tasas legales y operan en una arquitectura financiera diseñada para la elusión y la fuga de divisas a paraísos fiscales; lo que genera como resultado, importantes escenarios de pobreza masiva.

Frente a esta realidad global, es menester, desarrollar propuestas, en torno de un Ingreso Básico Universal (IBU) global, ajustado por costo de vida. Esto que parece una utopía ingenua o una consigna ideológica, es en realidad, la respuesta racional a un problema real. ¿Cómo garantizar un piso material de existencia, en un mundo que cuenta con los medios para hacerlo?

La opinión pública, suele formular mal el problema, al preguntarse, si “¿Alcanza la plata?”, si “¿Los Estados pueden pagarlo?”, o si “¿Su implementación generaría inflación?”. Todos estos interrogantes parten de una premisa falsa: Qué la riqueza necesaria todavía no existe, pero los datos macroeconómicos, muestran exactamente lo contrario.

Garantizar un ingreso mínimo digno, equivalente a unos 6.000 dólares anuales ajustados por costo de vida, para toda la población mundial costaría alrededor del 30% del PBI global. Es decir, menos que las ganancias corporativas anuales, apenas el triple del gasto militar mundial y una fracción de los recursos que hoy se pierden por evasión y elusión fiscal; lo que demuestra, que el problema es político, no es ni económico ni financiero!

Si el problema de la economía es global, la solución también debe serlo. La clave del planteo es comprender que una renta básica no puede ser nacional, si la economía es global. Países como Alemania o España podrían financiar un ingreso universal con entre el 4 y el 7 % de su PBI. Países como India o gran parte de África no podrían hacerlo sin transferencias internacionales. Pretender que cada Estado resuelva en soledad lo que es una desigualdad estructural del sistema mundial es, en el mejor de los casos, ingenuo y en el peor, una forma elegante de justificar la inacción y negar la historia política y económica mundial.

Un IBU global financiado proporcionalmente al PBI y distribuido según población y costo de vida permitiría algo elemental: “que nacer en un país u otro no determine la posibilidad de sobrevivir dignamente.” Lo que la dirigencia política mundial debería buscar, es la verdadera “igualdad de oportunidades”, generando un punto de partida material común, dotando a cada habitante de la tierra, con los recursos mínimos, que permitan garantizar un desarrollo social con equidad. En un momento mundial, donde sus organismos internacionales tradicionales están en crisis y cuestionados, en torno a su eficacia; nos encontramos ante la oportunidad de generar los acuerdos mínimos necesarios, para que en pos del tan mentado “bien común”, estos cumplan con el rol de llevar bienestar social a todos los rincones del planeta.

Algunos amantes de la escuela clásica, podrían errónea y/o maliciosamente, calificarlo de caridad o dadiva, pero lo que en realidad no están apreciando, es la estabilidad económica, que esta implementación generaría, sin olvidar de mencionar, que esto no solo no pone en riesgo ninguna riqueza particular, sino que hasta permitiría que EEUU pueda sostener el dólar como moneda de referencia de la economía global. Según el último informe de Oxfam del mes de enero 2026, los milmillonarios, disfrutaron de otro año record en 2025, las 3000 fortunas más grandes del mundo, alcanzaron los 18,3 billones de dólares, a noviembre del 2025, lo que supone 2,5 billones de dólares más que en 2024. Durante el mismo año, la riqueza de los milmillonarios, aumentó tres veces más rápido, que la tasa anual promedio, de los 3 años anteriores. Solamente con lo que se incrementó su riqueza en el último año, se podrían distribuir 250 dólares a todas las personas del planeta y aun así, los milmillonarios continuarían siendo 500000 millones de dólares más ricos. Otro dato económicamente obsceno, muestra que los doce hombres más ricos del planeta, acumulan en conjunto, más riqueza, que la mitad más pobre de la población mundial. Es decir que 12 personas concentran más riqueza que 4000 millones de personas. Y respecto a la “inseguridad alimentaria”, una de cada cuatro personas en el mundo, sufre de inseguridad alimentaria moderada o grave. Incluso en Europa y EEUU, hay más de 92 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria, recibiendo algún tipo de asistencia, a pesar de ser dos de las regiones más ricas del planeta. Con tan solo el 65% de la riqueza que ganaron los milmillonarios en el ultimo año, sería posible terminar con la pobreza en todo el mundo.

Volviendo al IBUG, los países que más aportarían a este sistema serían también los que más se beneficiarían indirectamente. Un mundo con menos pobreza extrema es un mundo con mayor demanda efectiva, mercados más estables, menor conflictividad social y menos migraciones forzadas. El ingreso básico universal, lograría ampliar el mercado, al incorporar a miles de millones de personas como sujetos económicos reales, ávidos de consumir los bienes y servicios que el mercado ofrece.

Lejos de desincentivar el trabajo, el IBUG eleva el salario de reserva y elimina la extorsión del hambre. Obliga a que los empleos mal pagos mejoren o desaparezcan, y fortalece la producción de bienes y servicios reales frente a la especulación financiera. En aquellos lugares  donde se implementa, los salarios reales tienden a subir, no a bajar.

Un diseño serio del sistema exige una condición fundamental, impedir que estos ingresos puedan transformarse en instrumentos de especulación financiera o consumo suntuario. El objetivo no es alimentar burbujas financieras, sino sostener la vida material y la economía real. Por eso, el ingreso debe estar orientado al consumo básico, los servicios esenciales locales y la producción interna, con mecanismos de trazabilidad que impidan su captura por circuitos rentistas y permitan el diseño de políticas públicas (on demand), tendientes a garantizar la eficiencia económica, transformando al capitalismo salvaje, en un sistema gobernable.

Uno de los mitos más persistentes es que un ingreso básico universal sería “anticapitalista”. La evidencia y la historia muestran lo contrario. Los grandes momentos de expansión y estabilidad del capitalismo como el “New Deal” y el “Estado de bienestar europeo”, con el desarrollo logrado en la posguerra,  estuvieron asociados a fuertes mecanismos de redistribución e incentivos, que nada tuvieron de parecido a la desregulación absoluta.

El IBUG no elimina la propiedad privada, no suprime la ganancia ni reemplaza al mercado. Lo que hace es establecer un piso civilizatorio, por debajo del cual nadie puede ni debería caer. En ese sentido, no amenaza al capitalismo productivo; solo restringe el capitalismo parasitario y especulativo. El IBUG posee Viabilidad Económica, tendría impactos macroeconómicos positivos y Alcances Sistémicos, lo que generaría un piso de dignidad para un mundo cada vez más desigual

Ahora, si el sistema es viable, financiable y estabilizador, ¿por qué no se implementa? La respuesta es incómoda pero clara, porque implicaría de parte del poder económico concentrado, perder control sobre la renta y el poder estructural que detenta. No se trata de que las élites económicas no puedan pagar el costo; se trata de que no quieren renunciar al monopolio de la inseguridad como mecanismo de disciplinamiento social. Un ingreso básico universal global no solo redistribuye dinero, también redistribuye poder y volvería a poner a los Estados en el centro de la Escena del poder global.

En conclusión el mundo enfrenta una disyuntiva histórica. Puede persistir en un modelo que produce riqueza concentrada y pobreza masiva, o puede asumir que garantizar la existencia material es una condición básica para cualquier orden económico sostenible. Un ingreso básico universal global, seguramente no sea el fin de los problemas del mundo. Pero sí es el comienzo de una respuesta adulta a una pregunta elemental: ¿Tiene sentido que, en un planeta capaz de producir abundancia, millones de personas sigan viviendo en la miseria? La respuesta depende de la Política y de su capacidad de asumir las responsabilidades que el mundo le reclama.

Porque un ingreso básico universal global, no rompe el capitalismo; sino que lo salva de sí mismo y de sus cada vez más recurrentes crisis sistémicas.

Nota: “Cuando hablamos de más de 115 billones de dólares, suele ser muy difícil mensurar mentalmente, semejante cantidad. Con la intención de ser bien gráficos, podríamos decir, que si quisiéramos gastar todo ese dinero a razón de un dólar por segundo (es decir, unos u$s 86000.- por día), nos llevaría casi 4 millones de años lograrlo.

Referencias:

  • Banco Mundial – World Development Indicators
  • FMI – World Economic Outlook
  • OFAM – Oxford Comittee for Famine Relief
  • OCDE – Global Taxation Reports
  • World Inequality Database
  • OIT – Global Wage Report
  • UNDP – Human Development Report
  • Informe BCCL

Rodrigo de Echeandía

Abogado especializado en Negociación Colectiva y Empleo Público. Psicólogo social. Dirigente sindical. Gestor Cultural y de Políticas Públicas, Editor, Emprendedor Editorial. Fue Coordinador General de Juventud de la Cruz Roja Argentina; Secretario General de UPCN en la Delegación Ministerio de Cultura de la Nación; Secretario de Comunicación y Prensa de UPCN Secc. Capital. Fue Asesor de la  Secretaría de Trabajo de la Nación; Gerente de Medios, Exhibición y Audiencias en el INCAA; posee publicaciones en medios especializados sobre el Futuro del Trabajo; Colaborador del I.M.T. de la Untref (Julio Godio); Docente – Capacitador. Miembro del Concejo editorial de la Asoc. Civil, Cultural y Biblioteca Popular Tesis11

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