Entre el sueño chino y la utopía

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Revista Nº 140 (03/2021)

(internacional/china)

Angel Negri*                      

Lo que observamos hoy día es un proyecto de gran aliento que se enmar­ca en lo que se ha denominado “el Sueño Chino DE REJUVENECIMIENTO NACIONAL” y que se quiere hacer realidad sobre el eje que se conoce como la “vía china”; que se inspira en el “socialismo con características chinas”

“Los caminos pueden ser guías, pero no senderos trazados”

                                                                                           Lao Tse*

Los sueños son una parte esencial de la experiencia humana y pueden ser inter­pretados de varias maneras, por ejemplo, como fuente de poder para alcanzar un nivel más profundo de comprensión. Los sueños han sido un objeto constante de interés desde los tiempos más remotos hasta el presente. Los sueños han jugado un papel poderoso en la historia. Los historiadores han reportado sueños de líderes famosos que han cambiado el curso de los acontecimientos como una forma de análisis cultural. Mientras el sueño americano puede expresarse como “mi sueño”, el chino se representa como “nuestro sueño”, lo cual tiene unas raí­ces profundas en una cultura preponderantemente colectivista.

Se plantean lograr una “China mo­deradamente acomodada” para el año 2021 cuando el PCCH celebre su centenario; y “una rica y poderosa” China para 2049 en el centenario de la República Popular. Para realizar el Sueño de China, según el Presidente Xi Jinping (secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China y presidente de la Comisión Militar Central) señaló que se requiere una segunda fase de reforma económica transformadora.

La Gran Iniciativa es la del Cinturón y La Ruta de la Seda. En efecto, el proyecto que ya ha comenzado a ejecutarse y que tendrá como objetivo el conectar por mar y tierra el Asia del Este, con el Asia Central y del Sur, el Medio Oriente, África, Rusia, la Europa del Este y la occidental hasta llegar a Inglaterra y a España. La Iniciativa de la Franja y la Ruta se ha convertido en un impulsor para la cooperación sino-latinoamericana en el campo de las infraestructuras. Hasta noviembre del 2020, un total de 19 países latinoamericanos y caribeños habían suscrito memorándums de cooperación en el marco de la Franja y la Ruta. Desde finales del siglo XIX se ha incubado el deseo de superar las épocas del colonialismo occidental que tanto los golpeó y lograr lo que han llamado y siguen llamando el rejuvenecimiento de China.

El enfoque de China en una recuperación económica y ecológica de la pandemia de la COVID-19 es bienvenido y se espera que contribuya a efectos positivos en la misma China y en Asia y el Pacífico durante los próximos años. China se ha convertido en el segundo socio comercial más grande de América Latina y el Caribe, al tiempo que esta región constituye el segundo destino de inversión en el extranjero de la RPChina. Es en un nuevo marco de cooperación basado en los siguientes objetivos estratégicos: la negociación y la ganancia mutua. Como resultado de esto, los lazos entre China y América Latina han tenido avances en los terrenos político, económico, cultural y de cooperación multilateral. China ha desarrollado tres pilares distintos hacia América Latina: compras de productos latinoamericanos, inversión china en América Latina y solidaridad política china con gobiernos latinoamericanos claves.   Ha indicado en diversos foros diplomáticos que brindará un escudo en la medida de lo posible para evitar operaciones de cambio de régimen contra Cuba y Venezuela. China como Argentina tratan de adaptarse al nuevo contexto; para que los dos países sigan impulsando las relaciones bilaterales, que requiere el estudio detallado y la innovación constante en términos de los contenidos, modelos y mecanismos de acción.

LIBERADOS DE LA POBREZA EXTREMA

Teniendo presente, la audaz iniciativa de la Ruta de la Seda; China informaba que los últimos y más remotos distritos del país se habían liberado de la pobreza extrema. Culminaba así un largo camino de varias generaciones que permitió a cientos de millones de personas sacudirse el subdesarrollo y la miseria más oprobiosa. En China, el umbral de pobreza se fija en un ingreso anual de 4.000 yuanes (510 euros) o 1,9 euros por día (según las normas internacionales es de 1,8 euros). El coeficiente de Gini** de China, el indicador de la brecha de riqueza, se redujo a 0,465 en 2019 desde el máximo de 0,491 en 2008. China liberó de la pobreza en los últimos 40 años a casi 800 millones de personas, cifra que representa más del 70 por ciento de la reducción global de la pobreza en ese período y también  lograron conjuntamente mejoras en aspectos más amplios como la salud, la educación y la seguridad. Se erradicó la pobreza a 832 distritos y 128.000 aldeas. El desarrollo industrial y el emprendimiento en las zonas rurales fueron además un factor clave en el proceso para aliviar la pobreza, como también lo fue la utilización de herramientas tecnológicas digitales, todo contemplado en los planes quinquenales. Hay que destacar que junto con la reducción de la pobreza, el nivel de ingresos de las clases bajas chinas ha aumentado sustancialmente, a la par de una mejora significativa en el desarrollo económico y en las condiciones de vida en las áreas pobres. El país asiático ha invertido cerca de 1,6 billones de yuanes (246.000 millones de dólares) de fondos fiscales en el alivio de la pobreza en los últimos ocho años. Poner fin a la pobreza encabeza los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para 2030.  Las organizaciones internacionales, entre ellas el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), han apoyado al país asiático, que por su parte ha tenido un rol activo en la cooperación mundial, contribuyendo con el suministro de material, ayuda financiera o personal a los esfuerzos de reducción de la pobreza de otras naciones.

La política del neoliberalismo; del unilateralismo y el proteccionismo representan un obstáculo en contra de la causa mundial de la reducción de la pobreza. El mundo debe guiarse de que solo mediante la cooperación abierta podremos abrazar el desarrollo común, que es la forma fundamental de erradicar la pobreza. La pobreza extrema no trata solo de la falta de ingresos o de los errores de las personas o de las familias, consideró Olivier De Schutter, relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos: “Se trata de opciones políticas que excluyen, discriminan y marginan a las personas” .Ciertamente este logro ha exigido perseverancia, voluntad política y también definir un modelo que permita atajar el problema con respuestas adaptadas a las condiciones locales. China, por ejemplo, priorizó la fórmula del desarrollo: infraestructuras, comercio, empleo, innovación, tecnologías, educación, servicios públicos, etc. Ha sido la acción decidida del Estado –y no del mercado- la que ha permitido alcanzar este trascendental éxito. Lo esencial a partir de medios propios, utilizando sobre todo mucha planificación y un peculiar sistema de apadrinamiento interno con fuerte inversión pública y definición de objetivos con el protagonismo de las regiones más desarrolladas del este del país e incluso de muchas empresas, sobre todo estatales, pero también privadas. Un total de 255.000 equipos fueron enviados para ofrecer apoyo en el terreno y más de tres millones de personas se desplazaron al campo como comisionados especiales para el alivio de la pobreza. De un hogar a otro, se fueron respondiendo las preguntas de quién necesitaba ayuda, quién debería proporcionarla, cómo debería prestarse dicho respaldo y qué normas y procedimientos deberían adoptarse para eliminar la pobreza. El país ha estimulado la creatividad de los residentes empobrecidos, tomando la iniciativa para liberarse de la pobreza. Todos estos actores, destinaron durante años parte de sus recursos y beneficios a auspiciar el desarrollo de las zonas más empobrecidas. China ha conseguido erradicar la pobreza extrema en plena pandemia. La superación de la pobreza no es la meta, sino el punto de partida para una nueva vida y nuevos emprendimientos, realizando esfuerzos para consolidar efectivamente los logros en el alivio de la pobreza y la vitalización rural.

El año 2021 marca el inicio del XIV plan quinquenal (2021-2025) de desarrollo económico y social de China, así como el comienzo de su nueva marcha hacia la construcción completa de un país socialista moderno; con características chinas. Esta extraordinaria conquista, política, social, económica y demográfica, cuenta con el antecedente de La  Reforma que  fue,  al  estilo  “confucianista”  chino, denominada  de  las cuatro modernizaciones***, originadas en las ideas de Chou Enlai y llevadas a la  práctica por Deng Xiaoping. Una triple transición: de una economía cerrada a una abierta; de una economía planificada a una de mercado y de una sociedad rural a una urbana. Es política externa china  para atender sus propios objetivos de largo plazo, el desarrollo pacífico, creación de un orden mundial multipolar y la reafirmación de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica, medios a través de los cuales el país asiático busca construir un nuevo modelo de relacionamiento internacional.

El modelo chino asume como un hibrido, con formas del “socialismo real”, socialismo con características chinas, del capitalismo, con presencia determinante del Estado. Estamos en un momento, de derrumbe de las certidumbres planetarias, ¿qué ha de venir, una nueva fase de la globalización, un proceso de desglobalización segmentado y parcial, otro ciclo de proteccionismo, un recodo de libre comercio para que retome con mayor fuerza el libre comercio recargado, hacia futuro? La globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los últimos siglos. A la vez es un tiempo más fértil, de pleno desafío político-ideológico, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Hay que construirlas, reinventar estos nuevos sentidos comunes, analizando de  manera crítica , sus conquistas, contradicciones,  fracasos y triunfos; que permitan visualizar un horizonte creíble, viable y esperanzador del futuro basado en la igualdad, la justicia y el bienestar.

Que significa CHINA para el mundo en este momento ?……se nos plantean la apertura de un abanico de interrogantes, de debates, de la UTOPIA del siglo XXI, que nos permitan avanzar en el entendimiento de esta rica y multifascética realidad.

*Angel Negri, químico industrial, escritor, participó en la dirección de semanarios políticos, director de “Tiempo Joven”, publicación Política-Juvenil, y en medios de la FM Comunitaria, colaborador de Tesis 11.      

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