El tango y la metáfora.

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(Cultura/Cine/Libros/Sociedad)

Edgardo Rozycki*

La metáfora que siempre embellece la prosa y la poesía y estimula la imaginación también lo hizo con el tango en todas sus épocas.

La metáfora es una figura que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, sobre la base de una comparación tácita. Al menos eso dice la Real Academia Española.

Mi exagerada, a veces, adicción borgeana me lleva a transcribir una anécdota relatada por Roberto Alifano, discípulo y compañero de viajes de Borges, quien volcó en su libro El humor de Borges, algunas de esas vivencias.

Cuenta Alifano  que en una oportunidad acompañó a Borges al banco para averiguar el saldo de su cuenta, la empleada que se ocupaba de ello le dijo: “Un momento Sr. Borges, voy a ir a asegurarme, porque no le quiero decir una cosa por otra”. Georgi miró a su adlátere y comentó: “Esta chica quiere matar la metáfora”.

La simplicidad de los genios siempre nos ayuda a entender las cosas que de otra forma aparecen complicadas.

Las metáforas adornaron como guirnaldas poéticas multicolores todas las etapas del decir tanguero, pero, desde mi entender, no comenzar con el genial Homero Expósito sería intentar minimizar al Astro Rey de la especialidad:

“La casa tenía una reja pintada con quejas y cantos de amor.

La noche llenaba de ojeras la reja, la hiedra y el viejo balcón…”

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“Tus ojos de azúcar quemada tenían distancias doradas al sol.” (Pedacito de cielo)

“Trenzas, seda dulce de tus trenzas,

Luna en sombras de tu piel y de tu ausencia…”

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“Trenzas de color de mate amargo

Que endulzaron mi letargo gris.” (Trenzas)

“Un arrabal con casas que reflejan su dolor de lata…

Un arrabal humano con leyendas que se cantan como tangos.”

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Allí conversa el cielo con los sueños de un millón de obreros…

Allí murmura el viento los poemas populares de Carriego.” (Farol)

“Nació en un barrio con malvón y luna

Por donde el hambre suele hacer gambetas

Y desde pibe fue poniendo el hombro

Y anchó a trabajo su sonrisa buena.

La sal del tiempo le oxidó la cara

Cuando una mina lo dejó en chancleta…”  (Te llaman malevo)

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Y Horacio Ferrer, otro de los grandes “metafóricos” del tango:

“Hoy que Dios me deja de soñar,

A mi olvido iré por Santa Fe,

Sé que en nuestra esquina vos ya estás

Toda de tristeza, hasta los pies.”

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“Andaré tantas cuadras y allá en la plaza Francia,

Como sombras fugadas de un cansado ballet,

Repitiendo tu nombre por una calle blanca,

Se me irán los recuerdos en puntitas de pie.” (Balada para mi muerte)

Muy bella la aceptación que propone de la muerte, y su descripción relacionada con la pérdida de los recuerdos, que se irán en puntitas de pie… y repitiendo el nombre amado. Una joyita.

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Y hablando de decir una cosa por otra digamos que el emblemático tango El choclo, que nació sin letra, no se refería, por cierto, a la gramínea americana y a su producto, la mazorca, sino al órgano sexual masculino.

Tampoco tuvo letra en su origen otro tango, Cara sucia, que no hablaba de las facies de un preadolescente comiendo chocolate, sino, en este caso, del femenil órgano sexual, tantas veces relacionado con la fuerza de una yunta de bueyes, en el decir popular.

Otra perlita del decir una cosa y sugerir otra: Celina era una yegüita rajadora que acostumbraba picar apenas se alzaban las cintas —en esa época—, y un tango se llamó Va Celina en la punta. Ante la obviedad sólo podrían caber redundancias. Se las ahorro…

Me voy a permitir lustrar el ego. Escribí en el 2002 un tango al que puso música Rolando Trozzi: se llama Siempre Buenos Aires, siempre y rescato dos frases que vienen a cuento:

“Cuando el Gran Gordo lloraba, con las manos esposadas

A esa caja de Pandora, tan sonora,

Con dolor”.

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“Y una bandada de viejas, de lengue blanco en la testa,

Nos sacuden la memoria, con la historia,

De un revés”.

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Y  ahora, ¿qué tal un cacho de lunfardo?… un cacho.

Agonía de un rufián de Carlos Alberti:

“Yo sé que me ha fichao la tenebrosa,

La veo sobre el negro carromato

Mostrarme su guadaña espamentosa

Pa´ transportarme hasta la quinta´ el ñato.

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Yo tengo un pedigré que no se achica

Y hago pata ancha ante cualquier parada…

¡Ni amortajado lo verán que hocica

A este tungo, en su última largada.

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Cuando embroquen mi cancha gavionera

Y los puntos que calzo en el gotan,

Que se ajusten las santas las polleras,

Porque el cielo será de este rufián”.

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Y finalizamos con Álvaro Yunque:

“Esgunfia de tanto engorro

Dijo a las costuras: ¡Alto!

Un día se apretó el gorro

Y rajó para el asfalto.

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De un bulín en otro anduvo,

De Venus la laburaba

Y entre que bajo y que subo

El tiempo le dio la biaba.” (Novela moral)

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Para concluir, retomaré algo ya dicho por mí en otro artículo: La calidad de la poesía tanguera —¡que inmodestia!— es inversamente proporcional a las expresiones de machismo.

*Edgardo Rozycki,  médico, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

Una respuesta a “El tango y la metáfora.”

  1. Me ha impresionado su oratoria, tan llena de exactitudes. Yo vivo en Rosario de Santa Fe. Estoy impresionado con su dominio del lenguaje.

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