Editorial semanal de Tesis 11. LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA

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En nuestro país, como en todo el capitalismo, se viene desarrollando una tendencia a la frustración, incredulidad y desesperanza con respecto a que la democracia pueda resolver los problemas económicos y sociales, en particular de los sectores mayoritarios de la población.

Esto, a su vez, está provocando la aparición y crecimiento de espacios políticos y personajes de tendencia ideológica retrógrada, a veces con contenidos neofascistas, que denostan la democracia y sus instituciones, descalifican a “los políticos” en general y preconizan soluciones autoritarias y antidemocráticas que, demagógicamente, las exponen como solución favorable incluso para los sectores populares. Engañosamente se autodenominan “libertarios” y argumentan que, entre otras cosas, hay que eliminar al Estado para así ir hacia una total libertad individual. En realidad, en las actuales condiciones de oligopolización globalizada de la economía, esto consiste, objetivamente, en darles una total libertad a los grupos concentrados de la economía. Es decir, llevar el neoliberalismo al extremo, lo cual restringiría profundamente la libertad individual.

La base objetiva de todo esto es que, en la época actual de profunda crisis económica, social y política del capitalismo, de carácter estructural y tendencia permanente, con la economía globalizada y hegemonizada por los oligopolios y, en particular, por su parte financiera especulativa, la expresión política institucional del sistema, es decir la democracia liberal representativa, ha caído en deslegitimación y crisis, como consecuencia de estar sus instituciones (poderes ejecutivos, parlamentarios y judiciales, medios de difusión y parte de los partidos políticos) penetradas, dominadas y corrompidas por el capital oligopólico. Entre otras manifestaciones, esto se personifica en políticos y legisladores que sirven al interés de los grupos económicos concentrados en lugar del interés del pueblo que los votó, lo cual produce frustración en los sectores populares, generando así las condiciones para que a veces caigan en las redes del discurso de la ultraderecha.  

Ocurre que el proceso de concentración de los ingresos y la riqueza y su contraparte, mayor desigualdad social y profundización y extensión de la pobreza, no sólo deterioran la calidad de vida material de las mayorías, sino que también restringen su capacidad de decisión individual y además se tornan en un obstáculo objetivo a su participación en la toma de decisiones en el ámbito público, en lo que nos concierne a todos, es decir en la política.

En particular el Estado, institución que para el concepto del liberalismo sería propiedad del conjunto de la población y representaría el interés común, en realidad en el capitalismo representa, esencialmente, los intereses de la clase capitalista. Pero, si en la etapa de la libre competencia, era espacio en disputa particularmente por las distintas fracciones de la burguesía, en la actual etapa monopolista es crecientemente hegemonizado por los oligopolios.

Sin embargo, el Estado, al ser un espacio en disputa, aun cuando principalmente por los sectores del capital, permite a los sectores populares, a través de sus organizaciones, luchar por diversas vías, particularmente cuando llegan al gobierno, por utilizarlo, al menos parcialmente, en favor de sus intereses y, si logran suficiente relación de fuerza, para incluso cambiar el sistema económico social capitalista por otro superador, de un carácter social cualitativamente más elevado.

Pero la creciente oligopolización de la economía y, consecuentemente, la cada vez mayor hegemonía de los grupos económicos concentrados en las instituciones de la democracia liberal representativa, particularmente en el Estado, estrechan cada vez más las posibilidades para los sectores populares de incidir en ellas por la sola vía de la democracia representativa y delegataria. Los sectores populares necesitan entonces una relación de fuerzas cada vez mayor para aumentar sus posibilidades de incidir en su favor en esas instituciones.

Por ello, para superar la crisis de la democracia liberal, cuyas consecuencias las pagan principalmente la clase trabajadora y el conjunto de los sectores populares, lo que se requiere es una profundización de la democracia, superando la democracia representativa y delegataria mediante el desarrollo de una democracia participativa, directa y autogestionaria, en las propias organizaciones de los sectores populares y en las instituciones del Estado. Esta es la mejor vía para elevar la conciencia de los sectores populares mediante la práctica socio-política, desarrollar de esa manera fraternidad y con ello cambiar la relación de fuerzas.

En ese sentido, en las últimas décadas, particularmente en América Latina, pero también en otras regiones, se manifiesta el fenómeno de la aparición y desarrollo de las denominadas “organizaciones sociales” y, en muchos casos, su confluencia en red con sindicatos y partidos políticos, en movimientos sociopolíticos que, en general, tienen expresión electoral. Estos espacios ofrecen un escenario más propicio para la participación democrática en la gestión de las propias organizaciones sociales y de los movimientos sociopolíticos. En esto se destaca la utilización creciente de las herramientas de la revolución informacional en cuanto a comunicaciones, acceso y transmisión de información, coordinación de acciones usando las redes sociales, etc. Toda una praxis política que resulta ser una vía más elevada para el desarrollo de la conciencia.

El problema no es que esté fracasando la democracia en general, sino que la creciente oligopolización de la economía provoca una creciente crisis de la democracia representativa y delegataria, lo cual no se resuelve, en favor del interés de los sectores populares, eliminando la democracia, sino desarrollándola hacia las formas más elevadas de la democracia participativa y directa.

TESIS 11.

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