Debatiendo sobre Salud Pública.

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Colectivo Joven Tesis 11 (Laura Reta, Florencia Rodríguez, Adrián Berardi)* 

Relación cuerpo – sexualidad – aborto

Introducción

Estamos en momentos de cambios políticos y sociales, donde los vientos en Latinoamérica vienen de la izquierda y quieren instalarse y darle batalla al imperialismo; la Argentina parece no tener la intención de quedar fuera de este nuevo resurgimiento de un pensamiento social, pero como dijo Fidel Castro en su última visita al país, hay cosas que cambiar, “todavía es alta la mortalidad infantil”.
Es momento de poner la lupa en la Salud, sus funciones y sus deficiencias.
Intentaremos en este artículo llevar a discusión el tema de la salud pública, la relación salud-cuerpo, la sexualidad y el aborto, para comenzar a desentramar los cambios necesarios para que en nuestro hermoso país se pueda hablar realmente de un gobierno social.

En la Argentina actualmente tenemos un gobierno que quiere separarse de las últimas dos décadas de democracia. Luego de un proceso neoliberal creciente, la gestión Kirchner intenta imponer un capitalismo normal, regulado por el Estado, podríamos decir un modelo económico casi neokeynesiano; pretende desarrollar condiciones, que resultan muchas veces débiles, para el crecimiento y mejoramiento del empleo formal y la distribución de la riqueza; ¿pero qué pasa con la salud? El sistema de salud pública viene mostrando hace años su agotamiento. Las clases de recursos medios y altos prefieren la atención privada a través de prepagas, y las clases pobres o indigentes, sin elección, recaen en los hospitales públicos desbastados física e institucionalmente. Los reclamos por mejoras salariales, edilicias y de recursos de los trabajadores de hospitales públicos, muestran claramente el lugar que la salud ocupa en un gobierno “progresista”. No hay razones para considerar avances en este ámbito y si indagamos más profundamente nos encontramos con la inoperancia de los políticos encargados del desarrollo de la salud de la nación.
Claro está que, más allá de las cuestiones político-gubernamentales en el ámbito de la salud, hay otros aspectos que siguen quedando de lado en el desarrollo de nuevas políticas acordes a la situación actual en el país, donde la salud sigue siendo un espacio donde no se previene y sólo se cura como se puede, por supuesto, cuando hay recursos, instrumentos o personal para hacerlo. Si profundizamos nos encontramos que la salud pública carece de capacitación para enfrentar la legalización del aborto, la prevención de la drogadicción, la educación sexual en los jóvenes, la maternidad adolescente y otros aspectos que hoy rodean a la sociedad, como es la prevención del cáncer, del sida y de otro tipos de enfermedades que ponen, definitivamente, en riesgo la vida de las personas, y ni hablar de un correcto desarrollo de la relación cuerpo-salud-mente. El deterioro en el funcionamiento de la salud en la Argentina es directamente proporcional con el avance de la medicina en el mundo, mientras países como Venezuela o Cuba se constituyen como agentes del desarrollo de la prevención de enfermedades y de una salud pública para todos, en nuestro país los niños mueren de a cientos porque no tienen acceso a centros asistenciales, ya sea por cuestiones territoriales (distancia entre el hogar y el centro de salud), de trasporte o de recursos.
La Licenciada Patricia Schwarz  nos cuenta sobre las falencias del Estado en el área de la salud y los principales aspectos a tener en cuanta en el corto plazo: “El derecho a la salud debería referir no solamente el acceso geográfico y económico a los servicios de salud, sino también el acceso a la posibilidad de definir lo que es la salud para los individuos y comunidades, y recién entonces determinar las formas en que determinados servicios pueden garantizarla. Las concepciones de salud van de la mano con las políticas de exclusión – inclusión de una sociedad democrática. Para ello es necesario considerar a quienes ocupan posiciones subordinadas en el orden simbólico según género, sexualidad, etnia, edad, capacidad física, entre otros. Una de las falencias más acuciantes del área de salud de nuestro país es la falta de datos. La escasez de recursos imposibilita satisfacer la demanda de salud de la población, pero la falta de datos precisos empeora la situación. Sin datos no pueden realizarse diagnósticos confiables para destinar los pocos recursos existentes a políticas eficaces. El relevamiento de las problemáticas a resolver y de las condiciones en que éstas se manifiestan requiere la construcción de datos fiables, sin los cuales se dificulta la intervención. La crisis del INDEC empeora esta situación aún más”.
Si tuviéramos que retomar las investigaciones realizadas en el ámbito sanitario del país en la última década, podríamos obtener como resultado un total detrimento en el desarrollo de uno de los aspectos básicos para la vida, la salud. Y esto no tiene que ver solo con presupuestos o políticas de Estado, también está relacionado con la forma en que el sistema de salud incorpora a los pacientes (enfermos o no), y los ayuda a desarrollar una vida saludable a fin de prevenir lo que se puede prevenir y de acompañar y colaborar en una mejor vida en aquellos casos donde las soluciones ya no son posibles.
Está claro que el sistema de salud, en general, y de salud pública, en particular, están pidiendo auxilio, y es necesario, al igual que para las personas, dejar de implementar medidas que sólo curen momentáneamente y desarrollar de una vez por todas un sistema de salud acorde a las necesidades de un país como el nuestro que sufre día tras día las enfermedades sociales que el modelo neoliberal, producto de las décadas que nos anteceden, dejo.
Entre el cuerpo y el aborto

La salud pública, como área del Estado, se basa en una concepción de salud/enfermedad acorde al encuadre hegemónico, siguiendo sus patrones ideológico/científicos; esto es, en un sistema capitalista neoliberal con determinado tipo de desarrollo de las relaciones de trabajo, de la tecnología y las comunicaciones, nos encontramos con ciertas formas de hablar de la enfermedad y la salud, además de referirnos a un cuerpo sano y un cuerpo enfermo.
Si buceamos un poco en el mensaje que se nos plantea como sujetos desde el mercado y desde la propaganda de salud en el modelo vigente, es fácil encontrarnos frente a planteos de lo corporal que siguiendo la tradición occidental dicotomizan al cuerpo en mente y “cuerpo como organismo biológico”. Nos encontramos ante un dilema en tanto, siguiendo a la Dra. Scwartz, abordamos el cuerpo como lugar de individuación, factor retomado por la concepción neoliberal de la salud para ratificar que “garantizarla corresponde al ámbito privado, como una responsabilidad de cada sujeto”. Nuevamente ante la dicotomía público/privado.
El cuerpo máquina, instrumento de trabajo al servicio de la productividad, es otro que el cuerpo placer que se nos impone y que nos propone el mercado en un juego frustrante, nos encontramos ante el problema de un cuerpo objeto de consumo; herramienta que se usa y deshecha y más vale cuanto más rédito produce sin importar cómo está inserto en las prácticas laborales. Cuerpo prostituido. Cuerpo mercantilizado. Se nos enfrenta un cuerpo consumista de gaseosas light y asientos de vehículo cada vez más confortables e inaccesibles, cuerpo fechitizado y glorificado por la publicidad, cuerpo que en el ámbito privado se dedica al ocio, a cultivar la belleza y al gimnasio. Si puede.
Mens sana in corpore sano. Si analizamos un poco este tipo de frases que, podemos decir, fundan históricamente una concepción sobre la salud/enfermedad y el cuerpo en nuestra sociedad, seguimos encontrando en primer lugar esta dicotomía cuerpo/mente y de la mano una normativa sobre qué es la salud, qué es un cuerpo sano y qué corresponde hacer en pos de ese cuerpo. Nosotros pensamos al cuerpo como una unidad bio psico social histórica. Desde este lugar es menester acercarnos al cuerpo como una totalidad dinámica, una unidad: ser en el cuerpo. En relación a esto debemos hablar de salud apuntando al desarrollo integral de las capacidades humanas. El enfoque sobre salud deberá contemplar, entonces, todas las áreas de este ser integral: la orgánica, encuadrada dentro de lo que nos construye como sujetos; la psicológica, en una trama sociohistórica.
Cuerpo espacio de poder. Al abordar desde aquí al cuerpo, éste deja de ser organismo biológico que será anatomizado, diseccionado e higienizado para ser símbolo cargado de significación (personal, identitaria y, en fin, social). Lugar de significaciones que no serán homogéneas porque las culturas que las producen no lo son, sino significaciones contradictorias, antagónicas, entrecruzadas en una permanente dinámica. El discurso hegemónico de poder construye, a través de ciertas normas, al cuerpo. Esta construcción se produce performativamente, es decir, a través de la reiteración de ciertas prácticas que moldean al cuerpo; estas prácticas pueden ajustarse o desviarse de las normas, pero siempre serán definidas en torno a ellas. Las prácticas corporales, y en especial las sexuales, tan caras al sistema de la salud pública, son objeto de interpelación por parte del mercado, la publicidad y el Estado, como espacio de condensación de poder. Hoy en día existe una práctica censurada y prohibida en tanto es una práctica que transgrede a la norma y que pretende apropiarse de cierto poder sobre el cuerpo: el aborto.
La penalización del aborto, como es sabido, no impide que las mujeres aborten; pero sus efectos negativos sí se hacen notar. Las consecuencias son nefastas: provoca la creación de un mercado clandestino que atenta contra la salud y la vida de las mujeres: aborto ilegal es aborto mercantilizado. Aborto ilegal es aborto privado; penalizándolo se logra retenerlo en la vida privada de las mujeres, despolitizado y desideologizado, ajeno a la agenda pública, extraño a las políticas del Estado. Aborto naturalizado y homogeneizado, que oculta las significaciones, motivos y contextos disímiles en los que las mujeres abortan. Para pensar el aborto es necesario pensar también en clase social, edad, etnia, estado civil y otras características biográficas y sociales de las mujeres. Las estrategias y posibilidades frente a un embarazo no son las mismas para una mujer pobre que para una mujer de clase media/alta, lo cual no implica que estas últimas no sientan, cuando abortan, el efecto estigmatizante de la penalización. Aunque las primeras acceden sólo a procedimientos inadecuados y en condiciones de salubridad casi nulas que las ponen en una situación de riesgo de muerte, las mujeres que pueden acceder a especialistas diplomados y condiciones saludables no escapan al miedo, la culpa y el desamparo que la ilegalidad supone.
También es importante decir que somos nosotras, las mujeres, las que abortamos; y este no es un dato menor. No por nada se dice que si los legisladores y los Papas abortaran, éste sería legal. Concretamente: leyendo el artículo 86 del Código Penal y siguiendo a la filósofa argentina Laura Klein , nos encontramos con las dos excepciones que permiten el aborto. Transcribimos: “… no es punible: 1) si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios; 2) si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para el aborto.” Son los casos de los llamados aborto terapéutico y aborto eugenésico respectivamente. ¿Qué hay detrás de estas dos excepciones?, y entonces, ¿qué hay de prohibido en los casos que reprime la ley? En el primer caso se supone que la mujer tuvo relaciones sexuales con un hombre con la intención explícita de quedar embarazada, pero factores ajenos a su voluntad impiden que ella pueda proseguir con el embarazo, el cual termina en aborto y no en parto. El segundo caso, supone a una mujer que no tenía la intención de quedar embarazada, pero cuyo embarazo es el resultado de relaciones sexuales forzadas, en contra de su voluntad.
La sexualidad femenina como destino está aquí presente como nunca; la lógica patriarcal y la moral cristiana se articulan en este texto como siempre en las temáticas mujer/sexualidad. El aborto es “soportable” sólo en la medida en que la mujer dice no a la sexualidad (inciso 2) o dice sí a la sexualidad pero con fines procreativos (inciso 1). Sexo = procreación, mujer = madre. Y en contra de todo esto nos atrevemos a decir que sólo la práctica de una sexualidad libre, el acceso a anticonceptivos y una educación sexual desde la infancia permiten que las mujeres no aborten. Paradojas si las hay: ellos “en contra del aborto”, penalizándolo y negando la sexualidad y el deseo de las mujeres; y nosotras en contra del aborto, luchando por la despenalización, gritando nuestra sexualidad y expulsándola hacia fuera, para que sea pública y no privada. ¿O será, como dice Joseph Vicent Marques, “nosotros contra el aborto; ellos, contra las mujeres”?  Nosotras contra el aborto, ellos contra nosotras.
Para abordar la sexualidad es necesario un Estado laico real y no formal, que no se deje presionar por intereses privados de la Iglesia y otros sectores conservadores. Dicho Estado tiene la responsabilidad de prevenir, y no sólo curar, atendiendo aquellas situaciones que vulneran a las mujeres y su salud. Las actuales políticas preventivas del Estado actúan como paliativos y no atacan las causas directas e indirectas de la situación de aborto. Es necesario abordar los elementos que hacen que exista el aborto con educación sexual incorporada a todos los niveles de formación, concientización y sensibilización con respecto a la situación de las mujeres, ejercicio temprano de la no violencia en los varones, capacitación de los proveedores de salud (médicos, parteras, enfermeras), acceso a métodos de anticoncepción (preservativo, píldoras e inyecciones hormonales, DIU, ligadura de trompas, anticoncepción de emergencia) y planificación familiar. Además es necesario hacer cumplir los abortos invocados por la ley. Al momento de escribir este artículo trascendió el caso de una joven santafesina de 20 años que, estando enferma de cáncer, quedó embarazada. Los médicos decidieron por ella suspender el tratamiento para el cáncer con el fin de proteger al feto. En este caso se admitía el caso de aborto terapéutico pero ni la joven ni su familia lo sabían y los médicos no se lo notificaron. El resultado fue la muerte tanto de la joven como del feto.
Es a partir de la articulación de los elementos presentados en una política global que se puede evitar garantizar un bienestar general, físico, psíquico y social. Las políticas públicas son mecanismos y acciones del Estado moderno y burgués que implican cierta intervención y regulación por parte de éste como productor y garante de bienestar. Desde mediados de los ’70 y durante las décadas del ’80 y’90 las políticas públicas sufrieron un grave retroceso, dado los procesos de privatización y desregulación promovidos por el modelo neoliberal. Fue en esta etapa histórica que se puso en jaque las pretensiones de neutralidad y universalidad del Estado liberal, ya que cada vez más los individuos debían recurrir al mercado para satisfacer sus necesidades. En el ámbito de la salud esto implicó el aumento de cobertura de las prepagas en las clases medias y altas y el deterioro de la atención pública, perjudicando a los más pobres. El abandono de la salud pública tuvo sus consecuencias en las condiciones edilicias, en los salarios de los profesionales de la salud y en el tratamiento de los pacientes, que terminó con el desprestigio de las instituciones públicas.
El gobierno actual, como dijimos en la introducción de este artículo, intenta implementar un capitalismo regulado a través del aumento del empleo y la redistribución de la riqueza. En los casos de educación y salud tiene un discurso universalista, donde ambos servicios públicos se suponen accesibles a todos. Aunque existe un avance en la legislación nacional, éste no pasa del nivel jurídico y formal, ya que no se registran políticas concretas de inserción para aquellos excluidos del sector productivo, de la educación y la salud. Las políticas están desfasadas de las necesidades de las personas, las cuales cambian de acuerdo al lugar geográfico en el que viven, su clase, género y orientación sexual, edad y costumbres culturales entre otros. En el ámbito de la sexualidad, los avances legislativos datan de la sanción de la ley 25673 en el 2002 que crea el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. Esta ley reconoce derechos reproductivos y sexuales, como el acceso a una educación sexual, a anticonceptivos, y tiene como fin fomentar una sexualidad libre de discriminaciones y violencia. Uno de los puntos que se destacan es “…potenciar la participación femenina en la toma de decisiones relativas a su salud y procreación responsable” . Dicha participación supone mayor poder de las mujeres sobre su propio cuerpo y sexualidad y, parece entrar en contradicción con lo establecido por el Código Penal en su artículo 86. El gobierno actual, en consonancia con un estado liberal y democrático tradicional, establece derechos sexuales como derechos humanos pero no efectiviza dichos derechos en un aumento del poder de las personas sobre su cuerpo. En el aborto este mecanismo realiza una separación dicotómica entre la mujer como ciudadana que posee el derecho de libertad de decisión y autonomía sobre su sexualidad, y la mujer de carne y hueso que no consigue anticonceptivos en los centros de salud de su comunidad, no puede evitar embarazos no deseados, no escapa a los maltratos de sus compañeros, y es penalizada en cuanto se practica un aborto. Quizás sea necesario pensar al aborto como una cuestión de poder social y femenino a ejercer, y no como un derecho sexual que el Estado liberal nos ha regalado. 

La sexualidad en debate

Para cerrar este artículo es importante destacar que la sexualidad también forma parte del sistema de salud pública, la Lic. Patricia Schwarz  nos cuenta sobre la importancia de la educación sexual y los avances logrados en la sociedad: “El ejemplo más concreto y contundente es la sanción de la ley que permite que los adolescentes consulten a un médico sin la presencia de un adulto. Otro ejemplo del mismo tenor es la nueva Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas (Nº 2110) de la Ciudad de Buenos Aires. Se está avanzando en garantizar los derechos de los menores, a la vez que se está limitando el poder de la patria potestad, el terreno ganado lo ocupa el Estado”.
En lo que respecta específicamente a la educación sexual, Schwarz nos comenta  que “es una responsabilidad del Estado y de la comunidad, no pertenece únicamente al terreno privado. Como ciudadanos tenemos derecho a una sexualidad plena y a la información sobre el tema. El Estado debe garantizar el ejercicio de ese derecho. Una de las vías es la educación sexual en la escuela. Si bien es una actividad que las escuelas desarrollan hace mucho tiempo de modo independiente, es preferible que el Estado intervenga en los contenidos transmitidos a los alumnos, para homogeneizar criterios y garantizar el respeto a la diversidad. La nueva ley de educación sexual de la Ciudad de Buenos Aires abre ese camino. La ley contempla la cooperación entre todos los sectores de la comunidad, escuela, hospital, organizaciones de la sociedad civil, esto quiere decir que si bien toma de la institución médica sus conocimientos fisiológicos y anatómicos respecto de la sexualidad humana, considera que ésta es una construcción social y es necesario abordarla desde múltiples aspectos, sobre todo los sociales. Separar la sexualidad de la función reproductiva y de las características anatómicas, de la mera genitalidad, permite profundizar y desarrollar los significados socio culturales, históricos de las prácticas sexuales”.
Así, la salud y la educación encuentran un punto de inflexión interesante en donde los gobernantes deberán poner el ojo y tomar medidas para que los avances logrados no queden en la nada. La salud pública necesita transferir su función de curar a prevenir, necesita ver al cuerpo como un conjunto de aspectos físicos y mentales más allá de las funciones orgánicas, necesita encontrar las vías que guíen a una sexualidad libre, plena y segura. Hay mucho por cambiar, también depende de cado uno de nosotros, hay que pensar y exigir una Salud pública, sana, responsable y coherente.

• Laura Reta, Florencia Rodríguez, Adrián Berardi (integrantes del “colectivo joven Tesis 11”)

  Patricia Schwarz: Licenciada en Sociología – Universidad de Buenos Aires (UBA), Doctorada en Ciencias Sociales- UBA. Maestranda en Investigación en Ciencias Sociales -UBA
Investigadora del Área de Salud y Población – Instituto de Investigaciones Gino Germani de Facultad de Ciencias Sociales – UBA. Becaria de doctorado de CONICET. Profesora de la cátedra de Psicología Social de la carrera de Sociología de la Fac. Cs. Soc. – UBA.
  . Laura Klein, “Fornicar y matar”, Ed. Planeta
  Joseph Vicent Marques, “¿Contra el aborto o contra las mujeres?”
  Ley citada en: Susana Checa (comp.), “Realidades y coyunturas del aborto”, Ed. Paidós

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