Cumbre TICAD 2022 ¿Cuál es el juego de Japón en África?

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Por Beto Cremonte*-
Culminó la cumbre bilateral entre Japón y África con nuevas promesas y pocas certezas, pero con la clara intención de poner freno a China en el continente negro.

La octava Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo Africano (TICAD 8) careció de impulso, en parte porque el primer ministro Fumio Kishida no asistió al evento en persona y en parte por la escasa participación de miembros importantes de los gobiernos africanos. El primer ministro japonés debió realizar esta cumbre de forma remota ya que contrajo Covid en días previos a la realización de la misma.   

El número de funcionarios africanos de alto nivel que se unieron a la conferencia se redujo sustancialmente desde la reunión anterior de TICAD, aunque Japón intentó impresionar a los países del continente con una oferta para brindar ayuda de “alta calidad” en competencia con China y Rusia, que han estado impulsando su influencia sobre África, relegando al otrora imperio nipón.

Con su historia de más de un cuarto de siglo, la TICAD está adquiriendo mayor importancia como conferencia internacional multilateral para abordar cuestiones de desarrollo en África, en esta oportunidad se llevó a cabo los días 27 y 28 de agosto en Túnez. Su nomenclatura significa “Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo Africano”, y más allá del Gobierno de Japón es copatrocinada por las Naciones Unidas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco Mundial y la Comisión de la Unión Africana (AUC), todos organismos con una clara influencia occidental. Entonces la pregunta pertinente es: ¿A qué juega Japón en África? O ¿Para quién juega? 

Rusia, China y su influencia en África

Japón fue una vez el mayor donante de ayuda para África. Pero la situación cambió después de que China lanzó el Foro de Cooperación China-África en 2000. El papel de Japón está ahora a la sombra de China. La guerra es una buena oportunidad para emparejar una ecuación un tanto dispar y alcanzar a China desde el discurso de una mejor calidad de su ayuda pero el camino parece no ser del todo sencillo.

Según los interlocutores japoneses China está brindando ayuda agresivamente a los países en desarrollo bajo la iniciativa de La Nueva Ruta de la Seda, pero el discurso que tanto EE.UU, Europa y por supuesto Japón repite, es que China también está bajo fuego por su llamada “diplomacia de la trampa de la deuda”, en la que el país aumenta su influencia sobre las naciones receptoras de ayuda al endeudarlas fuertemente. Claramente solo es el tañido de un solo lado de la campana. Pero es el que más conviene replicar. De hecho, para resaltar la diferencia entre el enfoque de Japón y el de China, Kishida dijo en TICAD 8 que Japón y África son socios que «crecen juntos», y prometió establecer una cuota de préstamo especial de hasta 1.000 millones de dólares para apoyar la reestructuración de la deuda de los países africanos. Nada dijo el primer ministro japonés de que el gobierno de China, (el prestamista bilateral más grande de África), confirmó la condonación de la deuda de 17 países del continente por 23 préstamos sin intereses que vencían a finales de 2021.

Redespliegue occidental, colaboración oriental 

Como hemos señalado la guerra en Ucrania movió abruptamente el tablero geopolítico mundial y para muchos países representa una oportunidad única de recuperar terreno perdido en torno a las relaciones con el continente africano, que a pesar de sus problemáticas endémicas de guerras éticas, pobreza, debilidad política de alguno de sus gobiernos, inestabilidad de gobernanza, etc, sigue presentándose como una enorme caja de recursos necesarios (y saquebles). Entonces no es casualidad que ante la avanzada de China y Rusia en el continente africano, occidente utilice todas sus herramientas para frenarlos. Herramientas que pueden ser diplomáticas, como la visita de Anthony Blinken o de intervencionismo militar como está sucediendo en el Cuerno. Claro que un Japón girado cada vez más hacia occidente también puede ser una muy buena herramienta.

Un claro ejemplo de esto es que el líder japonés en la ceremonia de apertura de TICAD 8, se refirió al fracaso de la conferencia de revisión del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares en Nueva York, diciendo que es extremadamente lamentable que los participantes no hayan podido adoptar un documento final debido a la oposición de Rusia. Fijando así una clara posición a pedido de los EE.UU y los socios en contra de Rusia.

Salón del Consejo de Seguridad de la ONU

Por una silla en el Consejo de Seguridad

Japón se comprometió a abogar por una ‘silla permanente’ para África, dicho enunciado fue realizado en el marco de una cumbre en el marco de las múltiples propuestas que han girado en el mundo frente a la necesidad de una reforma en el actual Consejo de Seguridad de la ONU, evidenciadas, según los expertos, en la imposibilidad de haber conseguido contener la explosión de la guerra en Ucrania.

Fumio Kishida, manifestó su compromiso con abogar por que, en el marco de una eventual reforma al organismo, se configure el otorgamiento de una ‘silla permanente’ para algún país africano, advirtiendo que, actualmente, este continente (al igual que Oceanía), no cuenta con ese tipo de representación en el alto organismo. A lo que el líder nipón consideró como una ‘injusticia histórica’ que debe ser remediada, añadiendo a su vez que, el contexto en el que se creó la actual estructura de la ONU, y de sus instituciones, muchas veces no responde al sistema mundial actual.

En ese sentido, el dirigente de ese país asiático apuntó, según declaraciones recogidas por medios internacionales, que “para actuar de forma eficaz” y trabajar en pro de la paz y la seguridad en África, “es urgente poner remedio a la injusticia histórica”.

Sobre el plan de acción que traza Japón, o sus dirigentes para la consecución de la meta planteada en el marco de su compromiso con África, Japón estima que dicha propuesta será presentada en 2023, momento en el que el país asiático asuma su puesto como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, elegido para el periodo 2023 – 2024.

La composición actual del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, es de 15 miembros de los cuales solamente cinco de ellos, Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Alemania, cuentan con estatus de miembros permanentes del órgano, mientras que los otros 10 puestos son turnados, de forma rotatoria por los otros países que componen la institución internacional, quienes son elegidos a través de votaciones regionales, para efectuar su papel durante periodos de 2 años; no obstante, en muchos de los casos, los estados que llegan a ocupar una de las sillas no permanentes, no logran jugar un papel de peso en la entidad. En ese contexto, los miembros permanentes también están dotados de beneficios adicionales, en tanto cuentan con el poder o derecho a veto, con lo que logran obstaculizar muchas de las resoluciones que buscan impulsarse en el marco del instrumento.

Precisamente, frente a ello, el pasado mes de abril, el reino de Liechtenstein, respaldado por Estados Unidos, convocó, en el seno de la Asamblea General de la ONU, a un espacio para discutir un proyecto de resolución que modificaría algunas de las facultades actuales del Consejo de Seguridad, para obligar a los Estados que hagan uso del derecho al veto, a ‘justificar’ su ejercicio. El proyecto de Liechtenstein, copatrocinado por medio centenar de países entre ellos Estados Unidos y España, obliga a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad a que justifiquen su recurso al veto, en un intento de limitar su uso. Este proyecto debería ser sometido a votación muy pronto.

Jefes de Estado africanos, representantes de organizaciones internacionales y líderes empresariales privados se reunieron en Túnez para la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo Africano

¿30 mil millones de dólares para impulsar el desarrollo de África o para frenar a China?

La cumbre finalizó con una promesa de inversión de 30.000 millones de dólares para impulsar el desarrollo del continente africano, el más desfavorecido de todo el mundo sin lugar a dudas, pero que aun así está pagando un precio muy alto por esa ayuda internacional que llega en forma de “colaboración” y se paga en forma de intervencionismo y saqueo a los recursos naturales africanos.

El fondo de inversión que prometió Kishida será entregado a la Unión Africana (UA) en un plazo máximo de tres años, que a su vez será el tiempo en el que los nipones también se comprometen a acompañar a los países africanos en “su proceso de desarrollo”. “Japón guiará al continente africano en este importante proceso de desarrollo financiero, que estará orientado a repotenciar los campos de la ciencia, la educación, la tecnología, la industria y la salud”, afirmó el líder del Gobierno nipón durante su intervención en la TICAD.

El desglose de los 30 mil millones de dólares para África que el gobierno japonés promete será, según los iformes, de esta manera: 4.000 millones serán destinados al desarrollo de la tecnología ecológica, otros 5.000 millones para financiar el pago de la deuda de los países africanos y unos 5.000 millones se utilizarán para apoyar a las nuevas empresas y la industria. Además, se destinarán 1.200 millones a fortalecer el sistema de producción de alimentos, agricultura, educación y salud.

De esta manera Japón intenta volver a ser fuerte en el continente africano. Medidas y promesas tentadoras que no dejan de esconder los verdaderos objetivos y alianzas que se tejen detrás. China y Rusia proponen medidas concretas para los africanos y eso inquieta a occidente que ve como pierde terreno diplomático y de influencias en los gobiernos africanos que ven en la guerra y en esas asociaciones (Rusia y China) una verdadera oportunidad de descolonización. Francia fue echada por el gobierno de Malí, Somalia resiste en Tigray los embates del TPLF apoyado por el AFRICOM, Sudáfrica se niega a votar en contra de Rusia en la ONU. La misma UA ha mantenido reuniones fructíferas con Putin y Xi Jinping y ha logrado acuerdos históricos de colaboración bilateral.

Seguramente el camino para África no sea fácil y cada día deba superar nuevos obstáculos, lo cierto es que tampoco le está siendo a las viejas potencias imperiales y coloniales penetrar en terreno africano. Japón parece jugar ese juego.

*Beto Cremonte es docente, profesor de Comunicación social y periodismo, egresado de la Unlp, Licenciado en Comunicación social, Unlp, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS Unlp.

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