Camino de salida a la crisis

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Isaac Grber*

Los padecimientos que recaen sobre las espaldas del grueso de los argentinos, en particular las de los más vulnerables, son de vieja data aunque terriblemente agravados por la política neoliberal, extractivista de tinte neocolonial del gobierno de la LLA.

La raíz de tales padecimientos tiene como origen el modo capitalista de producción local en crisis, en el marco de la crisis general del sistema capitalista mundial.

Una revisión objetiva de la dimensión y profundidad de esta crisis y la de su carácter revela que nos gobierna una derecha que sin titubeos se ha alineado al imperio con las dotes propias de un cipayo, llegando incluso a suscribir acuerdos comerciales consesiones de ventajas y derechos soberanos a cambio de casi nada y otros de  “colaboración” militar, todo sin someterlos,  como es su obligación  constitucional, al Congreso Nacional. Se está rifando la soberanía política y la independencia económica.

En ese marco y asentado en un modelo abrazado a la valorización financiera de los capitales – la especulación financiera – se viene desarrollando una política extractivista con ventajas impositivas, cambiarias y aduaneras (RIGI) que capitalizan las corporaciones multinacionales y que, de perdurar y consolidarse, hipotecarán el futuro del país. Un enclave colonial asentado sobre los recursos hidrocarburíferos, la energía, la minería y la producción agropecuaria. Actividades todas que demandan poca mano de obra, máxime cuando además no se les exige utilización de insumos ni de bienes de capital de producción local, ni industrializar tales recursos, agregándoles valor en nuestro país. Se potenciará el desempleo.

Por eso sigue creciendo la fuga al exterior de los capitales, la deuda externa, los intereses. Cae el poder de compra de los ingresos populares, el empleo, el consumo y la producción. El cierre de empresas no tiene límites, en particular industriales. Con la caída de la actividad económica y una política impositiva que favorece a los capitales más concentrados, cae la recaudación tributaria y por eso es más severo el ajuste. Baten récord el endeudamiento y la mora de los créditos personales y empresarios

En estas condiciones, por las necesidades presupuestarias para el pago de deudas y los intereses, que no tienen techo, el ajuste y la motosierra funcionando a todo vapor logra que la universidad, la salud y la educación públicas, agonicen.  Lo mismo acontece con los organismos culturales y los dedicados a la investigación y la ciencia. Pero crece la represión, retroceden las tareas oficiales por la Memoria, la Verdad y la Justicia, se desguazan los organismos que están abocados a satisfacer las tareas por la preservación de los derechos humanos y hasta se reivindica la dictadura cívico eclesiástica militar y sus políticas.

Un partido – LLA – que asumió bajo el lema de “la moral como política de Estado” y jurado a terminar con la casta y los privilegios, termina ahora acosado por escándalos de corrupción como el $Libra, créditos del Banco Nación, ANDIS, Adorni, etc., etc. montado sobre una situación económica muy compleja, pero que favorece al capital más concentrado en detrimento del grueso de la población. Nadie prevé cambios positivos sustanciales de aquí a las próximas elecciones. No sería de extrañar que empeoren.

De sus resultas tenemos un gobierno débil y jaqueado, paralizado, trabado incluso para tratar proyectos legislativos y con un poder real, su sustento, temeroso de que se caiga este proyecto o modelo de crecimiento, de destrucción del Estado y de consolidación de su poder. De ahí los tejes y manejes de la cúpula de la derecha de ubicar un sustituto, que sostenga los mismos atributos que la gestión de Milei. No está descartado que salgan triunfantes en sus intenciones. En tal caso, dadas las tensiones acumuladas, un futuro negro nos acecha.

Así pues, por la actual estructura de propiedad y de poder la superación de nuestra crisis impone el reemplazo del actual modo de producción, propósito que conlleva reformas estructurales que desalojen a los actuales detentores del poder económico. En otras palabras, la sustitución del poder real y con ello la toma del Estado y no la mera conquista del gobierno. La construcción de un Estado de nuevo tipo y contenido.

En camino hacia esa meta se plantea como requisito una clase obrera organizada y movilizada con una envergadura tal que sea capaz de enfrentar y doblegar al poder real. Una clase aglutinada tras un programa alternativo, expresión de los cambios estructurales requeridos para alcanzar la ansiada meta. Dicho de otro modo, la exigencia de una clase obrera con una conciencia de contenido revolucionario capaz de liderar el proceso de cambios.

Enfrentados a la actual realidad argentina nos surge el siguiente interrogante ¿será suficiente un programa como el mencionado para organizar y movilizar a una masa significativa de trabajadores que, como a diario se denuncia, padecen hambre o carece de empleo, que comen o pagan el alquiler, que los aterra el riesgo de integrar el tropel de gente en situación de calle? ¿de trabajadores que hoy se movilizan tras un mísero subsidio o renuncian a comprar medicamentos? Millones, aún con relaciones formales de trabajo, en blanco, con un ingreso inferior al de la línea de pobreza y otros por debajo de la de indigencia.

¿Habrá muchos trabajadores que hoy, con estas falencias, se movilicen con vocación de poder, por el no pago de la deuda externa, el control de la banca y del comercio exterior, la derogación de las leyes de Milei por la inversión extranjera (RIGI), contra negocio especulativo financiero o desarrollar una oposición férrea a la guerra imperialista?

Una observación objetiva sobre el panorama de la clase trabajadora argentina y hasta la del movimiento popular en su conjunto, confirma que hay movilización, que hay ánimo de lucha. Lo prueban infinidad y diversidad de marchas y huelgas. Su insuficiencia y debilidad radica en su dispersión. Cada organización, incluso las más numerosas, pelea por lo suyo. Dificil en estas condiciones modificar la conciencia, formar un ejército popular con vocación de poder. Entonces ¿Cómo se sale de esto y se dan pasos en pos de un estadio superior? ¿Cómo sumar fuerza y construir poder popular?

En primer lugar, es necesario que las organizaciones laborales se aglutinen en torno a un programa mínimo de reivindicaciones comunes (ej. trabajo, salarios, techo, transporte y salud, educación) y formular un plan de lucha común, operando en forma coordinada para lograr la satisfacción de ese plan. Junto con él y en la medida que se crezca, ir desplegando la batalla cultural en dirección a una conciencia revolucionaria. De esa lucha también surgirá la nueva dirigencia, la que hará superar la crisis de representatividad de la que adolece la realidad argentina.

Además hay otra parte del conglomerado popular que está creciendo y también perturbada por el avance de la crisis, que está organizada en múltiples entidades  promotoras y defensoras de sus derechos e ideales que   también lucha, pero en forma dispersa, lo que les quita fuerza y eficacia. Casos como los de los jubilados, universitarios, feministas, personal de la salud, los vinculados a los discapacitados, científicos, artistas, las entidades que aglutinan a quienes defienden y promueven los derechos humanos, entre otros. La fortaleza de la LLA está en la división y confrontación dentro de la oposición. 

Por todo lo dicho, es primordial en esta etapa lograr la derrota de los libertarios y sus aliados. Como lo dicho en el caso de las organizaciones sindicales, es imperioso un centro coordinador de las luchas, actuando en común y subordinado a un programa alternativo que los contenga

Sin lucha no hay cambios. Pero la lucha de entes aislados carece de eficacia Es imperioso que coordinen sus luchas, para que, actuando en unidad, se transformen en una fuerza que en conjunto con los sindicatos de trabajadores, despliegue y triunfe su voluntad de progreso y democracia.

*Isaac Grober, Contador Público y Magister en Economía, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11

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