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La Obsolescencia del Cuerpo en el Neoliberalismo Tardío: Atomización por Sedación, Paradoja del Consumo y las Terminales de la Violencia Global1

Jorge Marcelo Tuero (1)

1.   Introducción: Los procesos de emergencia de la mutación del capitalismo y de la innecesariedad de los cuerpos y el descarte corporal en el Capitalismo Mundial Integrado

En la etapa contemporánea del capitalismo tardío, asistimos a una mutación civilizatoria y estructural que altera radicalmente la relación histórica entre el capital y el cuerpo humano. A diferencia de las fases anteriores de acumulación capitalista, el sistema de producción y reproducción social y económica “globalizada” y crecidamente tecnificada (cambio en la composición orgánica del capital, en específico, por el aumento del Capital Constante) ya no necesita de la explotación masiva de cuerpos para la producción de valor y su consabida extracción de plusvalor.

La automatización, la conformación de procesos algorítmicos y la “hegemonía” de la especulación financiera, han generado un sobrante significativo de la fuerza de trabajo (el componente de Capital variable en la composición orgánica del capital) en los procesos de producción, en su carácter estructural. El capital ya no tiene la necesidad de absorber e incorporar a la mayoría de los miembros de la población en el ámbito formal de trabajo, es decir, al mercado formal; por el contrario, genera cantidades masivas de hombres y mujeres sobrantes, personas cuya existencia física deberá ser gobernada: tratada, encerrada o desechada.

Esta dinámica de deshumanización y descarte se inscribe en lo que se define como el Capitalismo Mundial Integrado (CMI). En el marco de esta matriz de desarrollo del CMI, la maquinaria genera desposesión y produce el vaciamiento existencial, para ello, no discrimina personas, cuerpo, ni identidades específicas; sus acciones impactan de manera transversal sobre el conjunto de la sociedad, e impacta en la población, este proceso, termina erosionando el basamento mismo de la condición del ser social, (la cuestión ontológica) incluso más allá de las fronteras de género.   Sin embargo, en un sentido amplio y embrionario, se puede reflexionar que este “malestar global” e indiferenciado, va a encontrar canales de descarga, de vacío biopolítico, en terminales de violencia específicas: “hacia fuera”, mediante la proliferación de femicidios y crueldades de género, y “hacia dentro”, a través de la epidemia silenciosa del suicidio. Ambas violencias, constituyen los síntomas terminales de un lazo social desintegrado por la última ofensiva del capital, en el marco del

CMI y la paradoja: la innecesariedad de cuerpos disciplinados y productivos.

  • De la economía política y la invención del “hogar” (ámbito Privado): la utilización de la Fuerza de trabajo invisible y la creación de una mercancía invisible (producto), del Plusvalor oculto y de la reproducción social

Para tomar nota y comprender la profundidad de la crisis actual, es necesario e indispensable contrastarla con la estructura de la economía política del capitalismo industrial clásico. Durante el auge del modelo y el diagrama de poder industrial, el cuerpo del trabajador (obrero, Etc.) componía el motor necesario de la fábrica y el foco productor de “mercancías visibles” para el mercado. No obstante, este trayecto estribaba en una división sexual del trabajo rígidamente estructurada y resguardada por el orden patriarcal, que operaba bajo una aparente disociación entre el ámbito público y el privado.  En el espacio privado del hogar, la mujer utilizaba su fuerza de trabajo, la que quedaba “invisibilizada” y no remunerada. Lejos de constituir un reducto desconectado de las leyes del mercado, la economía política feminista ha demostrado que en el hogar se produce una extracción de plusvalor indirecto y una transferencia de valor oculta2.

La fuerza de trabajo de las mujeres e identidades feminizadas crea y reconstituye día por día el valor de la fuerza de trabajo de sus esposos, sus compañeros e hijas e hijos. Al cuidar, cocinar, limpiar, sanar y criar, las mujeres “subsidian” el o los costos de reproducción social de la fuerza de trabajo, es decir, de la mano de obra de los trabajadores. Sin este trabajo doméstico invisible, es decir, si no existiera, el trabajador debería consumir su propia fuerza de trabajo en las tareas sustantivas para la supervivencia y, de no ocurrir, el capitalista estaría en la obligación de elevar grandemente los salarios (ello afectaría la tasa de ganancias) para que el trabajador pueda conseguir en el mercado, los servicios que necesita. Al naturalizarse e invisibilizarse estas tareas bajo el velo afectivo del ‘acto de amor’, el capitalismo expropia y se apropia gratuitamente de este valor excedente, abaratando la reproducción de la vida y maximizando el plusvalor extraído en la línea de producción pública.

  • De la paradoja del CMI: Superproducción sin Cuerpos, y Necesidad del Consumo Masivo

La transición hacia el neoliberalismo contemporáneo dinamita el precario equilibrio del modelo industrial.  En el capitalismo actual, la contradicción fundante (producción social y apropiación privada de lo producido) es opacada y rota, al emerger la paradoja irresoluble, queda atrapado en ella, la paradoja del capitalismo neoliberal: el acelerado desarrollo e incorporación de avances tecnológicos, es decir, las “tecnologías de punta” y los procesos de “automatización”, permite alcanzar niveles récord de producción y superproducción (aumento de la productividad), empleando una cantidad cada vez más mínima de fuerza de trabajo viva. Ello genera que se incremente fuerte y exponencialmente la tasa de desocupación coyuntural y estructural.     Asimismo, para que el ciclo de acumulación capitalista no se frene, el Régimen social de producción capitalista va a necesitar fundamentalmente, que esos mismos de cientos, miles y millones de cuerpos (trabajadores y trabajadoras) excluidos compren, consuman las mercancías super-producidas.  Esta paradoja rompe de forma definitiva la contradicción fundante del capitalismo clásico, la misma que asumía que el trabajador, por medio de la contradicción entre la producción social y la apropiación privada, formaba parte del ciclo: vendiendo su fuerza de trabajo (su única mercancía) intercambiándola por un salario que le permitía consumir.

En esta nueva fase tardía, el capitalismo neoliberal, requiere y exige personas que consuman, pero genera, produce masivamente desocupados, quebrando el vínculo histórico, social y cultural entre trabajo y capacidad de consumo. Intentando subsanar, temporalmente este cortocircuito, el capital financiero desarrolla el proceso de endeudamiento masivo, espiralado y cruelmente hiperdigitalizado, se trastroca en una suerte de puente perverso hacia el abismo.   Al no contar con salario, el sujeto es llevado a “alquilar” y comprometer su capacidad de consumo futura, mediante el “acceso” al crédito usurario, inclusive para conseguir los bienes de subsistencia básica. De esta forma, la deuda se convierte en el cerco y/o el lazo invisible que sujeta y amarra al “cuerpo sobrante” a un espacio de mercado que a la par que lo desprecia como productor, lo parasita y le expropia su derecho a la vida, a la existencia.

  • Del Proceso de Sedación y el control por “anestesia”: del “Individualismo Social” a la

“Atomización social” por sedación

El sostenimiento de un orden social fundado sobre la exclusión y la paradoja del consumo sin salario, requiere de una mutación en los dispositivos de control y disciplinamiento anatomopolítico (disciplinario) y biopolítico (regulatorio). Desde mediados de la década del 1970, y a lo largo de las de 1980 y 1990, el neoliberalismo apelaba a una racionalidad instrumental, sustentada en los mitos del individualismo competitivo, la meritocracia y el éxito personal; persistía todavía una “promesa” — aunque tramposa— de la inclusión a través del esfuerzo personal en el mercado. En esta última fase contemporánea del CMI neoliberal, ante la evidencia empírica del descarte y el desdén estructural, se puede notar como esa racionalidad instrumental colapsa y es reemplazada por lo que voy a denominar, proceso de “atomización social por sedación”.

La sedación operada por los Mass Medias y por los Medios Transversales (redes sociales), opera como el mecanismo de sedación contemporáneo y de anestesia colectiva, y se desarrolla y desenvuelve a través de una red, de un entramado de dispositivos tecnológico que accionan en forma bidireccional. Por un lado, los Mass Media tradicionales propagan narrativas de desinformación, miedo, resignación y/o distracción masiva. Por el otro, lo que denomino medios transversales —las redes sociales, las diversas aplicaciones: de microcrédito, de correo, de viajes, Etc. y las plataformas de interacción virtual que son creadas y/o controladas por procesos algorítmicos— tienden a colonizar la subjetividad a un nivel micropolítico y microfísico. Las plataformas digitales, empujan el proceso que aísla al individuo en “burbujas de consumo” hiperpersonalizadas y (según varios especialistas en el tema) la conformación de bucles de dopamina efímera.   En suma, las personas, ya no se encuentran solamente alienadas, en términos marxistas tradicionales; se hallan sedadas frente a su propia pantalla, a la vez que atrapadas en una “ilusión de conectividad” hiperactiva, cuando en verdad, en este proceso, en realidad se desmantela toda comunidad real, frenando, e imposibilitando que los cuerpos singulares y/o colectivos, compartan sus males, sus dolores y que logren politizar en el marco de un colectivo (la idea de un nosotros) su condición de desecho, y desde allí, tratar de transformar la situación.

  • El proceso de “colonización criminal” de los márgenes: La construcción del “desecho humano” y de la “violencia soberana”

La desatención y desprecio estatal y el repliegue, y abandono de los circuitos formales del trabajo, de demanda de empleo, no dejan las afueras y/o periferias de la sociedad (sociales) en un vano o vacío absoluto; estos territorios físicos y sociales, son capturados y colonizados por las economías informales, sean estas precarias y/o criminales (redes de narcomenudeo, narcotráfico, contrabando variado y secuestro y trata de personas, entre otras). Las economías delictivas se destacan y erigen como los “nuevos espacios de gobernanza” y se presta a capturar los miles y millones de cuerpos que la paradoja del capital desecha y los declara prescindibles.

Para el varón en general, desocupado y desclasado, que se ve, en muchos casos, imposibilitado de cumplir el “mandato patriarcal de ser el proveedor”, las estructuras criminales brindan un “camino accesible” y rápido a los bienes de consumo que son “exigidos” a través de los mensajes en los medios transversales y de una suerte de plataforma que motoriza la reintegración identitaria, esta vez basada en la violencia. En estos bordes marginales, desprovistos de las regulaciones éticas y morales, estatales y/o comunitarias tradicionales, los cuerpos de las mujeres y las identidades feminizadas pierden cualquier rastro y vestigio de ser social, de humanidad. Es decir, un Ser que puede vender su fuerza de trabajo con miras a lograr una vida digna. La FT deja de ser vista como un valor de uso, productor de otros valores y es rebajada y convertida en solo un valor de cambio, convirtiéndose en mercancías explotables, abusables, incluso a ser concebida como “botín de guerra” entre facciones masculinas en disputa. La desensibilización producida por la sedación masiva abona y prepara el terreno para que la destrucción de los cuerpos sea asimilada como un espectáculo más, dentro del flujo algorítmico, consolidando zonas de “sacrificio humano” donde la ilegalidad y el descarte potencian e intensifican a su vez, la letalidad de género.

Destaca Nancy Fraser, “Por último, tal como lo concibo, el capitalismo caníbal precipita una amplia variedad y una compleja mezcla de luchas sociales: no solo luchas de clase en los puntos de producción, sino también luchas fronterizas en las articulaciones constitutivas del sistema. Allí donde la producción se topa con la reproducción social, el sistema incita conflictos relativos al cuidado, tanto público como privado, remunerado y no remunerado. Allí donde la explotación se cruza con la expropiación, fomenta luchas en torno a la “raza”, la migración y el imperio. Y, asimismo, donde la acumulación se da contra el límite de la naturaleza, el capitalismo caníbal desencadena conflictos en torno a la tierra y la energía, la flora y la fauna, el destino del planeta. Por último, cuando los mercados globales y las megacorporaciones se encuentran con los Estados nacionales y las instituciones de gobierno transnacional, este sistema provoca luchas relacionadas con la forma, el control y el alcance del poder público.  Todas estas vertientes de nuestro predicamento actual encuentran lugar en una concepción ampliada del capitalismo que es a la vez simultánea y diferenciada. (…).  Una vez que ampliemos nuestra concepción del capitalismo, también tendremos que ampliar nuestra visión de su reemplazante. Sea que lo denominemos “socialismo” u otra cosa, la alternativa que busquemos no puede tener por finalidad reorganizar tan solo el sistema económico. También debe reorganizar la relación de ese sistema con todas las formas de riqueza que hoy en día canibaliza. Lo que debe reinventarse, por lo tanto, es la relación entre producción y reproducción, entre poder privado y público, entre sociedad humana y naturaleza no humana.  Puede parecer una tarea difícil, pero es nuestra única esperanza. Solo si pensamos en grande podremos darnos una oportunidad de vencer a la implacable ofensiva del capitalismo cuyo objetivo final es devorarnos.”3 A su vez, es dable tomar nota de como ya en fines de la década del 80 (1989), nos planteaba Guattarí: “EL PLANETA TIERRA vive un período de intensas transformaciones técnico-científicas como contrapartida de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio ecológico que amenazan, a corto plazo, si no se le pone remedio, la implantación de la vida sobre su superficie.  Paralelamente a estas conmociones, los modos de vida humanos, individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro. Las redes de parentesco tienden a reducirse al mínimo, la vida doméstica está gangrenada por el consumo «mass-mediático», la vida conyugal y familiar se encuentra a menudo «osificada» por una especie de estandarización de los comportamientos, las relaciones de vecindad quedan generalmente reducidas a su más pobre expresión… La relación de la subjetividad con su exterioridad ya sea social, animal, vegetal, cósmica se ve así comprometida en una especie de movimiento general de implosión y de infantilización regresiva. La alteridad tiende a perder toda aspereza. El turismo, por ejemplo, se resume con frecuencia a un viaje in situ en el seno de las mismas redundancias de imágenes y de comportamiento. (…), cuando en realidad sólo una articulación ético-política que yo llamo ecosofía entre los tres registros ecológicos, el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de clarificar convenientemente estas cuestiones. El problema es saber de qué forma se va a vivir de aquí en adelante sobre este planeta, en el contexto de la aceleración de las mutaciones. técnico-científicas y del considerable crecimiento demográfico. Las fuerzas productivas, debido al desarrollo continuo del trabajo maquínico, demultiplicado por la revolución informática, van a liberar una cantidad cada vez mayor del tiempo de actividad humana potencial. Pero ¿con qué fin? ¿El del paro, la marginalidad opresiva, la soledad, la ociosidad, la angustia, la neurosis, o bien el de la cultura, la creación, la investigación, la reinvención del entorno, el enriquecimiento de los modos de vida y de sensibilidad?4

  • De la Procedencia y la emergencia de las terminales de la crueldad: un aporte para pensar el Femicidio y el Suicidio: la incidencia e impactos que operan a partir del incremento de personas sociales que quedan a la intemperie social

El resultado definitivo de la atomización y el desmantelamiento de los andamiajes colectivos es la producción de un sujeto a la intemperie social. La intemperie representa la ruptura radical de todos o casi todos los vínculos sociales (el empleo estable, la participación en la militancia, el sindicato, el club, el centro cultural, la red de vecindad y parentesco, la trama ampliada en el barrio y la solidaridad vecinal, Etc.) que constituyen ontológicamente al ser humano como un ser social. Desvinculado y ante las asperezas de un mercado hostil y falto de un entramado comunitario que lo contenga y lo ampare, el sujeto experimenta en su materialidad, el “colapso existencial” a través de dos de las terminales de la crueldad sistémica.

34 Nancy Fraser: “Capitalismo Caníbal”, Pág. 9 y 10, Editorial Siglo XXI, Argentina, abril de 23023.

Félix Guattarí: “Las tres ecologías”, Pág. 7 a 9, Editorial, Pretexto, España, 1990. Primera Edición, Paris, 1989.

El Femicidio y la Violencia Expresiva: Cuando el varón5 es arrojado a la intemperie social6 y despojado de sus soportes materiales y simbólicos de vida, la violencia del capital “globalizado” que lo precariza, se internaliza y se desplaza.

El sujeto social, va quedando carente de capacidad material y simbólica (cultural, social, afectiva) y de poder real en el ámbito público y frente a un capital abstracto e invisible, en el que el orden patriarcal, opera como un fusible o correa de transmisión.

El varón recurre a la violencia doméstica y criminal como una suerte de mecanismo de “soberanía sustituta”. Parafraseando a Rita Segato, el Femicidio en esta última etapa transmuta de una violencia puramente disciplinaria e intrahogar (típica de los años 80 y 90, donde se ocultaba entre las paredes y era caratulada de “crimen pasional”) hacia una violencia expresiva, pública, degradante y cruel. El cuerpo feminizado se convierte en el último territorio físico y material donde el sujeto desahuciado y deslazado socialmente por el mercado, y el CMI, puede llegar a inscribir su potencia perdida, ejerciendo una “dominación letal” como compensación ante su propia obsolescencia sistémica.

El Suicidio como Autodestrucción Transversal7: Por otra parte, cuando la violencia de la intemperie social se vuelve y se vuelca hacia el propio cuerpo, deviene en uno de los extremos, en suicidio. Al haberse roto las mediaciones sociales y los espacios de solidaridad colectiva, el sufrimiento psíquico (la depresión, el pánico, la ansiedad por la deuda, la angustia del desempleo, la exclusión de y por la paradoja del consumo) se privatiza y patologiza por completo.

Lo interesante de analizar es que, bajo el influjo de la “sedación de las pantallas”, el individuo asume el descarte social no como una falla estructural del sistema, sino como un fracaso moral e individual, y sobrevienen la culpa y la resignación. El punto es que cuando la “burbuja financiera” estalla y la “anestesia digital” deja de hacer efecto, el sujeto a la intemperie se descubre en una “soledad ontológica” absoluta. El suicidio se expande y tiende a proliferar entonces, como el final o el desenlace trágico de una subjetividad creada y surcada en forma transversal por los discursos sociales dominantes, y la sobreactividad que, una vez despojada de sus vínculos vitales, sociales y culturales que lo constituyen como ser social y que es declarada económica y productivamente innecesaria por y para el Capitalismo Mundial Integrado, asume como “verdadero” el discurso social dominante y ejecuta sobre su propio cuerpo el veredicto de “desecho” que el sistema ya ha dictaminado.

7.   Conclusión: Reflexión sobre la politización del malestar y la necesidad de una tendencia a la reconstrucción del lazo social y de un territorio social comunitario

En concreto, el incremento exponencial de los femicidios y de los suicidios en la última fase del capitalismo neoliberal, no puede, ni debe ser leído bajo las anteojeras de la “patologización individual”, la “criminalidad aislada” o la “fragmentación de las opresiones.”

Ambos fenómenos constituyen las manifestaciones sintomáticas y trágicas de una misma crisis civilizatoria: la degradación de la condición humana bajo la égida del Capitalismo Mundial Integrado , un sistema que expulsa a los cuerpos de la producción, los encadena al consumo humano presionado, los sujeta y cerca mediante la deuda, y los desvincula y los atomiza socialmente a través de las mediaciones sociales que expanden los impactos de la sedación digital.

Frente a este panorama de intemperie social generalizada, la escapatoria no radica en contestaciones atomizadas o en el refugio dentro de las mismas redes transversales que mercantilizan la angustia. Se vuelve perentorio cicatrizar las heridas y constituir el o los lazos sociales que han sido quebrados. Se debería gestar ideas y acciones que propendan a desarrollar una politización del malestar, que involucre de manera transversal sino a toda, cuanto menos a una gran mayoría de las personas y grupos de personas de la sociedad, superando la falsa dicotomía de procedencia social y cultural, de género, de religión, de etnia, de edad, Etc. para entender que la

precarización existencial nos afecta a todos.

Refiriendo a la emergencia de los diversos movimientos y organizaciones sociales, destaca Fraser que: “Consideradas en conjunto, las contribuciones genuinas de estos movimientos no llegan aún a constituir un nuevo sentido común ecopolítico. Tampoco convergen todavía en un proyecto contrahegemónico de transformación ecosocial que pueda, al menos en principio, salvar el planeta. Indudablemente, en ellos están presentes elementos transambientales esenciales, como derechos laborales, feminismo, antirracismo, antiimperialismo, conciencia de clase, promoción de la democracia, anticonsumismo y antiextractivismo. Sin embargo, esos elementos no se han integrado aún en un diagnóstico sólido de las raíces estructurales e históricas de la crisis actual. Lo que falta hasta nuestros días es una perspectiva clara y convincente que conecte todos nuestros males presentes, ecológicos o de otro tipo, a un único sistema social y, mediante esa conexión, nos permita vincularnos

56 Hago foco en el varón, dado que, en la mayor parte de las estadísticas, la abrumadora mayoría de femicidas son hombres. Lo expuesto, es descriptivo, no destaca aspectos absolutorios, ni que atemperen los actos de femicidios.

En concreto, se piensan los hechos y/o sucesos acontecidos, como producto del sistema social capitalista en la etapa neoliberal que, si no lo produce, cuanto menos lo potencia en forma sustantiva.

 No se niega aquí el aspecto relacionado con la decisión individual, lo que se plantea es el marco general en el cual, el sistema capitalista en esta etapa neoliberal, no necesita tantos cuerpos (por eso la paradoja). Es decir, en ese marco, no se tiene que preocupar por cuerpos (una cantidad masiva) subjetivados, y disciplinados para producir (una cantidad masiva), sanos, educados, útiles (productivos y disciplinados)

entre sí.[1]”

Nuevamente, veamos como Guattarí nos decía: “La verdadera respuesta a la crisis ecológica sólo podrá hacerse a escala planetaria y a condición de que se realice una auténtica revolución política, social y cultural que reoriente los objetivos de la producción de los bienes materiales e inmateriales. Así pues, esta revolución no sólo deberá concernir a las relaciones de fuerzas visibles a gran escala, sino también a los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo. Una finalización del trabajo social regulado de forma unívoca por una economía del beneficio y por relaciones de poder sólo conduciría, en el presente, a dramáticos callejones sin salida. (…).   En cada uno de estos ejemplos aparece la misma denuncia de los modos dominantes de valoración de las colectividades humanas, a saber: 1) el del imperio de un mercado mundial que lamina los sistemas particulares de valor, que sitúa en un mismo plano de equivalencia: los bienes materiales, los bienes culturales, los espacios naturales, etc.; 2) el que sitúa el conjunto de las relaciones sociales y de las relaciones internacionales bajo el dominio de las máquinas policiales y militares. En esta doble pinza, los Estados ven cómo su papel tradicional de mediación se reduce cada vez más, y a menudo se ponen al servicio conjugado de las instancias del mercado mundial y de los complejos militaroindustriales”[2]

 Estamos ante la convergencia de los procesos de subsunción ya no solo del trabajo, sino de la sociedad por el capital, el proceso de la paradoja de la abundancia excluyente y el de la emergencia y/o profundización del analfabetismo político.

 Sobre la Mecánica del CMI y la Subsunción Integral y Extra-ganancia: El CMI supera la mera extracción de plusvalor en la esfera productiva para colonizar la dimensión del consumo y la vida cotidiana. La subsunción de la sociedad transforma el tiempo libre y las necesidades vitales en nichos de valorización, generando extra-ganancia a través de la captación del deseo y la subjetividad.

De la Individualidad a la Dividualidad: Bajo la lógica de control que plantea Gilles Deleuze, el sujeto pierde su integridad política para ser fragmentado en «dividuales»: perfiles de consumo, algoritmos y métricas crediticias. Esta fragmentación resquebraja las facultades que están en la base de nuestro devenir humanidad: el de la abstracción, la simbolización, proyección en tiempo y espacio, es decir, la historicidad, instaurando una «ética escindida» que atomiza lo individual de lo colectivo.

La Paradoja de la Hiper-productividad Excluyente: El desarrollo científico-tecnológico permite alcanzar una productividad en minutos que podría liberar tiempo humano, es decir, en términos de Guattari, tiempo de actividad humana potencial. Sin embargo, bajo la apropiación singular del capital, esta abundancia se traduce en la generación de «cuerpos sobrantes», excluidos del ámbito del trabajo y del consumo, alterando drásticamente las coordenadas tempo-espaciales de la experiencia humana.

El Analfabetismo Político y la Operación Semiótica: Los dispositivos mass-mediáticos hegemónicos operan mediante la sustracción y la des-subjetivización, instalando un «sentido común» alienante. Esto provoca que sectores populares se autoperciban en posiciones sociales que no ocupan (falsa percepción de sector y/o de clase), yendo al extremo, de ir erosionando la democracia popular y reduciéndola a un mero trámite formal y/o vaciando su sentido ontológico.

El Territorio Social como Campo de Batalla Ecosófico: La idea del Territorio Social no constituye, ni se constituye solo en un mero soporte geográfico, sino que consiste en una trama viva donde se disputan la producción, la memoria y la vida.  Frente a la desterritorialización del CMI, la respuesta requiere una praxis ecosófica articulada en los tres registros que convergen:  Volver a crear y/o recrear: comunidades de cuidado mutuo, la reactivación de grupos con acciones y solidaridades territoriales presenciales, propender a la reapropiación del tiempo y a las prácticas y los usos ralentizados, frente a la tiranía del algoritmo que empuja la hipervelocidad y la hiperactividad en las redes sociales, que a su vez empujan a la irreflexión, y la sobre-emocionalidad.

Es momento de reconocer que en estas acciones e ideas se presentan y representan las únicas vías posibles para arrebatar los cuerpos sociales (singulares y colectivos) a la lógica del descarte y de esa manera, fundar una existencia del ser humano en la cual la vida humana vuelva a ser socialmente constituida, protegida y valorada, desde un marco ecosófico.

1 Jorge Marcelo Tuero. Breve semblanza: Licenciado y Profesor en Sociología, Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

En la actualidad, trabaja como docente en el nivel superior de la Provincia de Buenos Aires, en los profesorados: ISFD Nº1 “Abuelas de Plaza de Mayo”, de Avellaneda y ISFD Nº101, de Avellaneda.

Se ha desempeñado como parte del Equipo Directivo del ISFD Nº1: como Regente, desde el mes de mayo del 2011, hasta el mes de julio de 2019, cuando asume como Vicedirector, desde inicios de julio de 2019, hasta el 30 de noviembre de 2022. A su vez, ha sido Regente desde inicios de julio de 2018 hasta inicio de julio de 2019, en el ISFD Nº101.

En todos los casos, por concurso de antecedentes y oposición.


[1] Nancy Fraser: “Capitalismo Caníbal”, Pág. 118, Editorial Siglo XXI, Argentina, abril de 23023.

[2] Félix Guattarí: “Las tres ecologías”, Pág. 9 a 11, Editorial, Pretexto, España, 1990. Primera Edición, Paris, 1989.

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