Macri y la restauración conservadora en Argentina

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Revista Tesis 11 (nº 120)

Ignacio Paz*

A un año de la asunción del  gobierno, un nuevo escenario se ha instalado para el pueblo argentino.

El triunfo electoral de Mauricio Macri le ha permitido la restauración y actualización de los valores y políticas conservadoras que históricamente han sustentado las clases dominantes en el país.

Doce años de kirchnerismo, un quiebre “casi accidental” de más de 60 años de políticas antipopulares, encuentran ahora su antítesis en el gobierno de Cambiemos.

Vuelven  las clases dominantes a concentrar el poder político y el económico, para apropiarse de la renta y la riqueza nacional. Esta vez en un gobierno “atendido por sus dueños”.

Doce años de  una política nacional y popular, aún con falencias y faltantes, representó para los sectores del gran capital agro industrial, comercial y financiero algo que no podían permitir, incluso obteniendo grandes ganancias, por su posición dominante, gracias al crecimiento de la economía,

Doce años de una política distinta a la tradicional en Argentina. Doce años de mejoras sustanciales en el nivel de vida de la población, en el consumo popular, en el avance de los derechos sociales, en la situación de los jubilados, en la reconquista de bienes nacionales (YPF, Aerolíneas Argentinas, Aguas y servicio ferroviario).

Período de la historia con reducciones significativas del desempleo y la marginalidad social, donde la reivindicación principal de las centrales obreras era por reducir el impuesto a las ganancias de los salarios.

Todo esto es lo que vino a cambiar “Cambiemos”, con un triunfo electoral basado en el tramposo slogan de mantener todo lo positivo y mejorar lo aún no realizado.

Con un año de gobierno, la estrategia conservadora de reducir los salarios, en términos de capacidad de compra, se está concretando. El salario como costo significa con su reducción un aumento de ganancias empresariales. En términos de distribución de la renta nacional, se operó una brutal traslación de ingresos desde el bolsillo popular al de los sectores más concentrados de la economía.  La caída del salario real, en el primer año de gobierno de Macri, representa un redistribución regresiva del orden de los 20.000 millones de dólares (es decir aumento de participación de las ganancias en la renta nacional del orden de 5 puntos, pasando de un 54% / 46% (salarios) a un 59 / 41. Y en descenso!  Un gobierno de ricos para los ricos.

La reducción del salario y los despidos masivos de empleados públicos y privados, lleva a una caída en picada del mercado interno. Se desmantela la industria nacional (sobre todo pymes) a través de la caída del consumo y el ingreso de productos importados provenientes de países asiáticos con mano de obra barata. Todo esto se traduce en un retroceso de toda la economía en su conjunto que para este año estima su caída en un 2,5 / 2,8%

Como consecuencia de la macrodevaluación del peso, primera medida del gobierno de Macri, se ha producido en estos primeros doce meses la estampida inflacionaria más alta de los últimos 15 años (Se estima en 40 /45% en 2016). Se hablaba en campaña electoral de que reducirían la inflación.

Con el argumento de aumentar las exportaciones, se devaluó el peso y se eliminaron las retenciones al agro y la minería, lo que representó un aumento de más de 120% en los ingresos del sector agroexportador, pero al mismo tiempo se produjo un inmediato aumento de los precios de los comestibles para el consumo interno de más del 60%.

¿Cuál es “la pesada herencia” ?

  • En realidad, más allá de los falsos argumentos exhibidos por el gobierno para el “sinceramiento” (es decir el ajuste), los años de gobierno kirchnerista dejaron en el país una herencia. Esa herencia es “virtuosa” para los sectores populares que comprobaron que es posible tener un gobierno con otras políticas económicas, sociales, culturales y de derechos. Que era posible tener salarios más dignos, con mayor poder de compra. Que era posible tener acceso a bienes de consumo (electrodomésticos, bicicletas, motos, autitos, etc.), que se podía pensar en tener un techo propio. Esa herencia también permite comprobar lo que no se logró aun, lo que falta, los nuevos caminos que habría que  transitar para evitar obstáculos habidos.
  • Para la restauración conservadora,  precisamente esa herencia se convierte en “pesada”. Se trata de cambiar todo eso. De volver atrás. De demostrar que todo eso era un espejismo. Que no era verdad. Que los sectores populares no podían permitirse todo eso. Que era una “fiesta” que había que “pagar”. No importa que duró doce años ininterrumpidos. Que durante todo ese tiempo creció el salario, creció el consumo, creció la economía del país. Que se renacionalizaron servicios esenciales. Que se fijaron tarifas de servicios con subsidio estatal que representaban salarios indirectos para la población (aunque incluso se incurriera en injusticias de subsidios a sectores más pudientes). Se convierte en algo “pesado” desapoderar a un pueblo que había comenzado a comprobar que todo eso era posible.
  • Se convierte en “pesada herencia” tener que despojar a los trabajadores del salario, de sus derechos, de su condición de vida y hacerlo en las condiciones de vigencia de instituciones democráticas y no a través de un golpe de estado.  Es pesado cooptar voluntades en la oposición,  lograr voluntades en gobiernos provinciales, en fuerzas opositoras, en dirigentes sociales, sindicales y políticos.
  • Es pesado, degradar el salario entre 10 y 14% en el año (que representa una suma aproximada de 18.000 a 24.000 pesos por trabajador registrado) e intentar compensarlo con un bono optativo de $ 2.000 argumentando la debilidad de las finanzas estatales, cuando al mismo tiempo se condonan deudas a los grupos contratistas de servicios de electricidad por más de 19.000 millones de pesos.
  • Es “pesado”  recibir un país con casi pleno empleo (5,6% de desocupación) y producir más de 140.000 despidos además de suspensiones por falta de trabajo, y pretender tener consenso social..
  • Es “pesado” recibir un movimiento sindical que peleaba contra Cristina por la eliminación del impuesto a las ganancias del salario y pretender domesticarlo por mucho tiempo, con olas de despidos, hambre y desocupación, que ningún dirigente sindical puede resistir durante mucho tiempo sin arriesgar su posición.
  • Es “pesado” recibir un país desendeudado (En 2015 40.000 millones de dólares = 8% PBI), prometer una “lluvia de inversiones”, por el solo cambio de gobierno y comprobar que no hay tal “lluvia”, en un mundo “en sequía” y aprovechar el bajo nivel de deuda heredado, para retomar el camino de la deuda externa que llevó al país a crisis recurrentes y sobre todo a las de 2001 y 2002.  .
  • Mientras los Kirchner desendeudaban al país y administraban los dólares provenientes de las exportaciones, Macri duplicó la deuda externa, pasando de 40.000 millones de dólares en 2015 a más de 80.000 en 2016 y  con proyección de triplicarla en 2017  llevándola a 120,000 millones de dólares. Pero lo peor es que este endeudamiento externo no es para nuevas inversiones productivas, sino que tiene como objetivo permitir la dolarización de las ganancias de los grupos dominantes y su fuga masiva vía giro de dividendos y  regalías, y paliar el déficit del presupuesto interno (que además  es en pesos¡).
  • Ingresamos al tradicional y peligroso círculo vicioso del ajuste perpetuo. Las exenciones impositivas a los grupos dominantes reducen la recaudación fiscal. A su vez el achicamiento del mercado interno provocado por la baja de salarios y desempleo, reduce aún más  los ingresos al fisco por impuestos. Esto lleva a un resultado fiscal negativo permanente que se busca cubrir con ajuste y deuda externa en dólares. Dólares que tendrán un costo financiero creciente en las cuentas del estado que provocarán mayores déficits y, en consecuencia,  reducciones y ajustes en los gastos sociales y sueldos . El círculo vicioso es entonces,  más déficit, más ajuste, más deuda externa, más intereses, más ajustes, y así sucesivamente.
  • Además, se aumenta la fragilidad de la estructura cambiaria y financiera del Estado por la apertura de las fronteras financieras que produce el ingreso de dólares “golondrinas”, que llegan para obtener altas tasas de interés y luego reconvertirse en dólares y fugar.

No obstante, el gobierno después de haber hecho lo que hizo con la inflación, con el salario, los despidos, etc., basa su discurso en promesas para un futuro mejor.

En medio de este descalabro de habla de recuperación para 2017 y quizás Macri quiera parodiar el famoso cuento de Sholem Aleijem, un notable escritor judío de origen ruso, quien pintó con agudeza mordaz ciertas tácticas del poder.

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En uno de sus cuentos, relata las condiciones miserables de los habitantes de un pequeño pueblito de judíos en la Rusia zarista del siglo 19. Así, un día uno de sus integrantes se dirige  al rabino (autoridad religiosa y política para esa comunidad en la Rusia zarista) y le pide consejos para solucionar su aterrante situación familiar. Son 10 personas, entre mujer, hijos, suegros, cuñados, nietos y otros familiares que viven atiborrados en una pieza pequeña e inmunda, en la que no pueden moverse, ni respirar.  El rabino piensa y le pregunta si tiene animales, a lo que el pobre campesino responde que tiene dos chanchos.  Entonces el rabino le dice que meta a los dos chanchos también en esa covacha. El pobre campesino azorado, abre sus ojos y no entiende pero cumpliendo los preceptos bíblicos de obediencia al rabino, se va de allí para hacerlo.  A los diez días, el hombrecillo vuelve, desesperado, diciendo que toda su familia está al borde la muerte, por el olor, los deshechos de los chanchos, la presión de unos contra otros que no pueden siquiera estar de pie. Que todo eso es peor que un infierno, que si antes estaban mal ahora están mucho peor y que no aguantan más esta situación.  El rabino piensa un poco y le dice: “bueno, ahora saca los dos chanchos de la pieza¨.  El campesino sale corriendo para cumplir la nueva orden.

Al otro día vuelve el pobre infeliz y arrodillándose frente al rabino, besa sus manos y le dice “¡¡Gracias rabino, ahora sí que vivimos bien¡¡”.

*Ignacio Paz, economista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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