América latina una nueva etapa: con fuertes vientos de cambio

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Roberto Papadopulos*

Es América latina la región de las venas abiertas. Desde él descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado en capital europeo o, mas tarde norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder.

Eduardo Galeano
                                                                                   

 

    Cada vez aparece mas claro que América latina vive una nueva etapa. Algunos analistas la definen como la “la tercera ola democrática en América latina”, otros, como el Presidente de la Argentina Dr. Nestor Kirchner en el reciente discurso en la Asamblea Nacional de Venezuela al conmemorarse el 195 Aniversario de la Independencia de aquel país señaló, que “soplan fuertes vientos de cambio en América latina”. Lo cierto es que si se analiza el mapa de nuestra América será fácil advertir la justeza de esas caracterizaciones. Sin duda existe un viraje hacia la izquierda en América latina.

    La realización de la IV Cumbre de las Americas desarrollada en Mar del Plata, los días 4 y 5 de noviembre y  la reciente XXX Cumbre del Mercosur  efectuada en Córdoba en los días 20 y 21 de  julio pasado. Decenas de encuentros bilaterales de los presidentes de  América, la realización del Foro de San Pablo en el 2002 y las distintas Cumbres de los Pueblos son antecedentes y piezas del nuevo rompecabezas que se esta construyendo en la América actual y ejemplos claros de la nueva situación. Justo es señalar que el mismo esta lleno de contradicciones, inmensas dificultades y apasionantes desafíos a superar.

    Contabilizar que el imperio recibió en América reveces no pequeños y, que su antiguo patio trasero, libra batallas por avanzar en profundizar su segunda independencia, esta a la vista. Pero este proceso abierto no esta aún consolidado, ni tampoco vencido el enemigo principal. El poder de los grandes grupos económicos y las oligarquías aun esta intacto.  Ante cada acción, individual o en conjunto de los países de América  para asegurar su independencia, EEUU contraataca, trata de aprovechar las contradicciones para meter cuneas, acordar con cada país –ejemplo; la presión que ejerce sobre la República de Uruguay o Paraguay para que firmen tratados de libre comercio y romper la construcción de la unidad regional en marcha.
   
     Luego de la década del 90 se vive una etapa de gobiernos desarrollistas, democráticos y en algunos casos con medidas importantes en el campo social, Ej. Venezuela y Bolivia, en los cuales el debate que despunta se orienta a encontrar nuevas formas de organización social y económica.
     
     La cantidad de gobiernos de avanzada en la región, las fuerzas que los sostienen y el carácter de las realizaciones de cada uno, tanto internas como en el plano regional que se han producido marcan los rasgos principales de esta nueva etapa.

    Trascendente es señalar que las luchas desplegadas por derrotar a las dictaduras en América instalaron democracias, que aún insuficientes y parciales, hoy se mantienen en permanente lucha por ampliarlas y mejorarlas con una mayor participación popular. La acción por defender y profundizar las mismas, comienza a estar más presente en la agenda de quienes, desde el gobierno, piensan en democracias no solo representativas sino más participativas.  

   El tiempo transcurrido del inicio de este cambio, con el triunfo del PT y  la coronación
de  Lula presidente en las elecciones del 2002  permite, al acercar nuestra lente y ampliar la fotografía, observar mejor los rasgos principales de estos procesos en marcha.

    De esta mirada, el primer cambio que se verifica es que en una serie de países han  llegado a sus respectivos gobiernos fuerzas de  izquierda. Nunca en la historia de América, estas fuerzas con políticas de alianzas amplias accedieron, elecciones mediante y con importante apoyo popular, a los gobiernos de sus países en el mismo período. Brasil, con el triunfo del PT; Argentina tras grandes luchas; Venezuela, con luchas y la construcción de  una nueva fuerza; Uruguay con el triunfo del FA; Chile  con la reafirmación del proceso y el triunfo de  Michelle Bachelet, símbolo fuerte de la derrota del pinochetismo; Bolivia donde Evo Morales de origen indígena, dirigente campesino y con el partido del MAS  (Movimiento al Socialismo), barrió al resto de los viejos partido políticos. A estos triunfos hay que sumar los hechos de Perú donde en las recientes elecciones se mostró un crecimiento de las fuerzas de izquierda; México en el cuál el candidato López Obrador con resultados aún  en disputa, se lo considera perdedor frente al oficialismo bajo un manto de sospechas, acumulando una fuerza muy importante; Haiti donde Rene Preval con el apoyo de las masas frustó el golpe de estado de EEUU y Francia del 29 de Febrero de 2004 con el secuestro y destitución de Jean-Bertrand Aristide.
  
    A esta nueva situación se debe sumar presencia de la indomable Revolución Cubana que aún en medio del brutal bloqueo y la permanente acción provocativa del imperio, ahora tratando de aprovechar el estado de salud de Fidel Castro, sigue en pie y avanzando. Según un dato reciente de la CEPAL, en los últimos cuatro años, ha estado creciendo a un ritmo del 5% y al 11% según datos del gobierno cubano. Hoy lucen con orgullo analfabetismo cero y enormes adelantos en la prestación de atención médica, ejemplos de lo que se puede hacer para mejorar la condición de vida de los pueblos de América.

     El segundo aspecto a tener en cuenta es que  en el reconocimiento de las fuerzas y organizaciones que abrieron cauce a la llegada a los respectivos gobiernos, que sostienen las medidas que hasta ahora se han tomado, se observa lo siguiente. Primero que todos los sectores que ganaron las respectivas elecciones tienen larga trayectoria y sus raíces están en las grandes luchas que se desplegaron en los últimos 50 años; la Revolución Guatemalteca y los gobiernos democráticos de Juan José Arevalo y Jacobo Arbenz, la insurección popular en Bolivia en 1952, la triunfante Revolución Cubana que marcó un antes y un después en las luchas de América, la Republica Dominicana de 1965 que sufrió el desembarco de los marines, la experiencia en Granada derrotada con la invasión de 1965, Panamá de 1989, el camino recorrido de la Revolución Sandinistas, lo relizado por la UP en la Chile de Salvador Allende. Todas las luchas por la recuperación y los cambios democráticos, contra el hambre y la miseria tienen profundas huellas digitales en los movimientos que sostienen el actual cambio en América.

     Esas grandes luchas y las acciones continuas dieron resultados que significan un salto cualitativo. El triunfo de Lula en Brasil y las acciones de gobierno están sostenidas por la construcción del PT,  los cambios en el Uruguay de Tavare se reconocen en la trayectoria del Frente Amplio con la unidad amplia de las fuerzas de izquierda sin exclusiones; las propuestas revolucionarias de Hugo Chavez en Venezuela la respaldan la más amplia movilización del pueblo que derroto el intento de golpe de estado y ganó las elecciones y organizó miles Consejos Comunales, que al decir del mismo presidente consituyen la posible palanca capaz de impulsar adelante la Revolución Bolivariana. Bolivia donde otra vez las movilizaciones populares, en particular los trabajadores y campesinos con su dirigente, Evo Morales a la cabeza, derrotaron al gobierno pro yanqui de Sánchez de Losada dando un giro de 180ª a la historia. En nuestro país, los intentos frustrados de acción común, y, las luchas desplegadas en la década del 60, 70 y de fines de 2000/2001 representan el nuevo germen de la construcción, necesaria, de un poderoso movimiento social y político, basado en la democracia participativa, que sea el sustento de los cambios en marcha. Esta radiografía muestra un esqueleto más poderoso, más arraigado en lo obrero y popular, más amplio, más democrático, con una visión más comprensiva de la necesidad  de las alianzas que hay que construir para derrotar al enemigo principal; el imperio de EEUU, los grandes grupos económicos y las oligarquias.       

        El tercer aspecto nuevo en la situación  de América, lo conforma las múltiples medidas que se han tomado y están en marcha no solo en el plano interno sino también en el plano regional. Para poder apreciar la magnitud de la tarea planteada, bueno es tener en cuenta que América latina tiene el 44% de su población por debajo del nivel de la pobreza y el 20 % por debajo de la indigencia. Tal vez el continente que acumula mayor desigualdad. Por ello la toma por parte del estado del control de los recursos naturales en Venezuela el petróleo y la minería, al igual que en Bolivia el gas, son medidas profundas. También el Plan Hambre cero lanzado por el gobierno de Lula el cual, con la Bolsa Familia, alcanzó ya a 9 millones de familias y casi 40 millones de personas (ver articulo de Niko Schvarz-pag.   ). Argentina donde se acordó el aumento del salario mínimo a $ 800 y la jubilación mínima a $ 450,  se baja la desocupación, mediante la creación de nuevos puestos de trabajo y se aseguro a los jefes y jefas de familia una entrada mínima Se aseguró, convenio mediante con Venezuela, reactivar los Astilleros Río Santiago y se desarrolló una política de derechos humanos con la condena del oprobioso periodo de  la dictadura militar del 76 y el juzgamiento de los principales responsables.   
  
    No pocos y muy importantes son los acuerdo a nivel regional. En la ultima reunión de Córdoba; la presencia de Venezuela con miembro activo y Bolivia como invitado, el Mercosur  representa el 76% del PBI del cono sur, lo que significa un refuerzo del bloque y una oportunidad de crecimiento. En la misma se acordaron una ampliación de productos a comerciar con Cuba (2720 de los cuales el 76% ingresa a Cuba sin pagar aranceles), la creación de un Banco, la concreción del gasoducto que unirá varios países. Las conversaciones avanzadas para eliminar el dólar en los intercambios comerciales y reducir los costos de las operaciones cambiarias entre Brasil y Argentina, representan un salto cualitativo. Igual el haber limado asperezas entre Uruguay y Paraguay. Como así también atender los problemas de los socios más chicos.

               
    Aún así, falta recorrer un difícil camino, que tendrá en la capacidad para discernir al enemigo principal y construir poderosos movimientos sociales y políticos con fuerte presencia de trabajadores y sectores avanzados de la intelectualidad, la piedra angular de la presente etapa. 

 

*Roberto Papadopulos, periodista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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