La oposición que viene

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 (situación nacional)

Gerardo Codina*

“Con (el) escenario regional preñado de dificultades y riesgos deberá…lidiar Alberto Fernández, sabiendo que a sus espaldas el macrismo, la derecha oligárquica y la prensa hegemónica se aprestan a socavarlo desde el primer momento, con ferocidad y ningún escrúpulo. La unidad popular es lo que permitió torcer el rumbo impuesto por Macri. Conservarla y ensancharla, la única posibilidad de sostener los nuevos aires en este contexto.”

Macri y sus allegados leyeron sagazmente la realidad el 11 de agosto. La elección sucedió y fueron duramente derrotados. Supieron todo el tiempo que no se podía revertir el resultado, pese a lo que afirmaron en público. No había ninguna posibilidad de dar vuelta el plebiscito sobre su gestión en el que la sociedad votó en su contra. Se abocaron entonces a prepararse para encabezar la oposición. La gira de los 30 días tuvo ese objetivo. Lo mismo que abandonar en los hechos el gobierno, endosando todos los problemas a la futura gestión de Alberto Fernández.

Primero Macri debía vencer a sus rivales internos, dentro de Cambiemos. No sólo los radicales díscolos, que siguen juntando coraje y agravios para marcharse de una coalición de la que tras cuatro años, salen perdiendo presencia territorial y representación parlamentaria, además de desdibujarse como opción ante la sociedad. Sino también, en primer lugar, del tándem Larreta – Vidal, que busca su oportunidad para desalojar al ex presidente de Boca del centro de la escena política.

Menos visibles, los socios del poder económico también se alejaron de Macri. A fuerza de puro pragmatismo, deben y buscan negociar con la futura cabeza del Estado argentino. Pero además, magullados por una experiencia en la que también ellos perdieron (a veces, mucho), salvo los socios y testaferros de la familia presidencial.

El reacomodamiento de Macri fue sincrónico con el replanteo del poder en toda la región y con el tono virulento que asumió la confrontación entre los factores en disputa. Bolivia es un trágico ejemplo de los nuevos tiempos que tiñen de sangre a Nuestramérica. El revanchismo de clase y racial que se evidencia en el accionar de quienes tomaron allí por asalto las instituciones, aduciendo un supuesto fraude de los seguidores de Evo Morales, puede ser un mal presagio para la futura confrontación política en nuestro país.

El posicionamiento de Patricia Bullrich al frente del partido macrista y el tratamiento corrosivo de la prensa monopólica respecto de la futura administración, anticipa que también en nuestro país la virulencia de la lucha política puede escalar. No como en Chile, Ecuador o Colombia, debido a la resistencia popular ante la pobreza incrementada por los gobiernos neoliberales. Sino como en Brasil o Bolivia, fogoneada por una derecha que se niega a cualquier avance en materia de justicia social.

Detrás de esta eclosión de conflictos en la región, se vislumbra la sombra de una contienda de gigantes respecto del rumbo mundial. Estados Unidos no quiere retroceder más en el que considera su patio trasero y China sigue expandiendo su influencia paulatinamente, a medida que se transforma en una economía avanzada e iguala en tamaño al gigante norteamericano.

Pero más allá de esa confrontación, lo que no tolera nuestro Gran Hermano son las autonomías de los países de la región. En ese contexto además, parece haber cambiado su estrategia global para afianzar su dominio político. Promover los conflictos internos, las divisiones y los rencores de unos contra otros parece ser la nueva herramienta privilegiada también para nosotros, después de haber sido utilizada con éxito en el espacio post soviético y en el mundo islámico.    

Reinstalar la Cuarta Flota y volver a usar la OEA como Ministerio de Colonias contra Venezuela y Bolivia, saludar la intervención militar en el proceso político boliviano y silenciar las brutales represiones que padecen los pueblos chileno, ecuatoriano y colombiana, muestran el peor rostro del hegemonismo norteamericano revivido después de casi cincuenta años.

Con ese escenario regional preñado de dificultades y riesgos deberá también lidiar Alberto Fernández, sabiendo que a sus espaldas el macrismo, la derecha oligárquica y la prensa hegemónica se aprestan a socavarlo desde el primer momento, con ferocidad y ningún escrúpulo. La unidad popular es lo que permitió torcer el rumbo impuesto por Macri. Conservarla y ensancharla, la única posibilidad de sostener los nuevos aires en este contexto.

*Gerardo Codina. Psicólogo. Instituto del Mundo del Trabajo UNTref. Miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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