El gran repliegue

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Manuel Alzina* 

Un lúcido, severo y racional análisis de la política neoliberal de Macri, instalado marketineramente como “la esperanza blanca” de los sectores reaccionarios, pero cuyos resultados distan de beneficiar a los porteños.

La Ciudad del Marketing
Cuando los cracks del marketing político-futbolero lograron venderle a los porteños la idea que Macri era el Berlusconi argentino, el daño ya estaba hecho. Luego solo tuvieron que inventarle un partido acorde a semejante producto y venderlo como se vende una hamburguesa de Mac Donalds. La derrota en 2003 y la caída en desgracia de su padrino político Carlos Menem, hicieron que nos oferten un producto más light, sin patillas pero con bigote. Mantuvieron el amarillo de la “M” pero usar el rojo hubiera sido demasiado y aunque el azul era el color elegido por Mauricio se decidieron por el negro. En 2005 nacía el producto PRO con los colores de los taxis porteños, al mismo tiempo que el proyecto del progresismo gris naufragaba en la tragedia de Cromañón, llevándose puesto finalmente a Aníbal Ibarra en 2006. Ni Hayek se hubiera imaginado que los colores que identificaban sus ideas anarcoliberales eran consumidas y votadas por más de dos millones y medio de porteños. Apenas asumió Macri en diciembre de 2007, dejo bien claro que en los taxistas jamás había pensado y que eso de la anarquía del mercado era una buena idea para hacer negocios.
El Berlusconi argentino inauguró su mandato apuntando contra el enemigo de cualquier liberal (los trabajadores y sus sindicatos) intentando echar a más de dos mil trabajadores contratados del Estado e interviniendo la obra social de los municipales con el discurso aplaudido por los medios (y no solo ellos) de acabar con los ñoquis y mejorar un servicio de salud municipal desastroso y caro. Como con los productos que nos venden las multinacionales, aprendimos que así como Coca Cola nos vende que cuida el medio ambiente, mientras envenena el Riachuelo y privatiza el agua de los países mas pobres del mundo, Macri vendía que hacía una cosa para defender los derechos de los porteños, pero hacía todo lo contario.
No pudo echar a los trabajadores por la resistencia de la sociedad, pero contrató sus propios ñoquis y con salarios mucho más altos. Intervino la obra social, pero no para mejorar el servicio de los afiliados, sino para ser parte del negocio y quedarse con una gran tajada. Nacía la esperanza blanca de la restauración conservadora en Argentina, al mismo tiempo que en Italia volvía a gobernar su alter ego Berlusconi, sin importar que tuviera en sus espaldas decenas de causas judiciales por lavado de dinero, sobornos, negociados con la cosa pública, vínculos con la mafia y escándalos sexuales. Macri tomaría nota de eso. Para gobernar a medida de sus intereses sería necesario avasallar al poder judicial e incumplir sus decisiones sin que importen las consecuencias.
No solo se encargará de vulnerar las decisiones judiciales sino también las decisiones del poder legislativo. El 6 de diciembre de 2007 veta la Ley 2601, que establecía la reparación a las víctimas del Plan Conintes, transparentando su línea ideológica, su futuro accionar en materia de derechos humanos y su idea de calidad institucional. Hará uso sistemático del veto y siempre orientado hacia leyes vinculadas a los derechos humanos, sociales o de consumidores y usuarios. Entre las más de setenta leyes vetadas, este año dejó sin efecto la Ley que establecía una prorroga a la emergencia habitacional, al cumplirse dos meses del conflicto del Parque Indoamericano donde perdieron la vida tres personas.
 
Vivir de arriba y flotar
Así como los muchachos del liberalismo económico utilizaron a la perfección las enseñanzas de Joseph Goebbels sobre la mentira y la propaganda política para hacer negocios y destruir al Estado en todo el mundo, Macri incorporó una variante original, pero no menos nefasta para los ciudadanos, en materia de administración gubernamental: flotar con el derrame. Flotar en la Ciudad no solo será una chicana de sus opositores ante las inundaciones, con las cuales prometió terminar en su campaña infructuosamente, sino todo un modelo de gestión de gobierno. Achicar el Estado, hacer negocios privados y flotar con la bonanza nacional e internacional, será la singular versión PRO de la teoría del derrame. Criticar el modelo nacional y popular de fuerte regulación e intervención estatal y distribución de la riqueza, inaugurado por Néstor y profundizado por Cristina Kirchner, pero vivir de él. Subejecutar los presupuestos de educación, salud, desarrollo social y vivienda, para que se encargue el Estado Nacional (por derrame) de las necesidades de los porteños y aumentar los presupuestos de publicidad y propaganda (nunca dejar de vender la hamburguesa), recolección de basura, bacheo y plazas, bicisendas, seguridad u obras como la del Arroyo Maldonado, negocios pilares de la gestión PRO. Vivir de arriba desde joven le sirvió a Mauricio Macri, pero a poco de cumplirse tres años y medio de gestión, los resultados demuestran que eso no favoreció a los porteños:
* La Ciudad más rica del país tiene medio millón de personas con problemas de vivienda, mayores índices de pobreza y desnutrición infantil, teniendo el mayor PBI per cápita, en la Ciudad de mayor recaudación por habitante ($4112 anuales), y habiendo recibido casi 40% más de fondos nacionales, creció la mortalidad infantil un 10%, entre 2007 y 2010, siendo las más afectadas las zonas de Lugano, Soldati y Villa Riachuelo. En la Ciudad Amarilla alrededor del 6 % de las personas habitan en conventillos, hoteles, pensiones, ranchos o casillas. El 11 % de los hogares se encuentran en situación de hacinamiento y aproximadamente el 39% de las personas que habitan esos hogares no son propietarios de la vivienda, casi un tercio son inquilinos, y un 10 % reside en una vivienda de manera irregular o precaria. Sus índices de desempleo son superiores a los de La Rioja y Jujuy por primera vez en la historia.
* En materia de educación y salud la situación es similar, siendo la falta de gas en el Borda y la      subejecución escandalosa del presupuesto para obras y mejoramiento en escuelas, un símbolo del deterioro de dos aéreas estratégicas, con el objetivo de dejarle servido el “mercado” a las prepagas y la educación privada, quien recibió 918 millones en 2010 duplicando lo que recibía al inicio de la gestión macrista. La subejecución presupuestaria no impidió el endeudamiento, todo lo contrario. Desde que Mauricio asumió la Ciudad no ha dejado de endeudarse y tendrá este año que pagar casi 2400 millones de pesos en concepto de intereses y amortizaciones. Este año declaró que emitirá nuevos bonos de deuda por 800 millones y refinanciará otros 1200 millones más, recorriendo el camino opuesto que sigue el Gobierno Nacional con su política de desendeudamiento y siguiendo las antiguas recetas de los organismos internacionales, que en 2001 fueron enterradas por los argentinos y que tan explosivos resultados genera en el norte de África, Portugal, Irlanda y Grecia.
* En materia de transporte, la extensión de la red de subtes desnuda con claridad el pensamiento de negocios macrista y cómo concibe las políticas de Estado: como la obra no la hacen sus empresas socias (Calcaterra o Ghella por citar algunas) y por ser una obra iniciada por los anteriores gobiernos con otras empresas, no aceleró las obras e incumplió con la promesa de 10km de subte por año. Si no hay negocio propio no hay para todos, no hay Estado. Tal idea puede aplicarse también en materia de seguridad, donde dejó sin seguridad a los hospitales y creó una Policía Metropolitana para aplacar la “sensación de inseguridad” en algunos barrios porteños, pero con el objetivo de hacer negocios y privatizar la seguridad ciudadana, dejándola en manos de agencias privadas; tarea iniciada en el país en la década infame de Menem, por la dupla recontramacrista Toma-Ritondo. Esta dupla ha estado implicada directa o indirectamente en cada uno de los escándalos del PRO, como fueron y son la represión ilegal de la UCEP, las escuchas ilegales, las designaciones en la Metropolitana de Palacios y lo peor de la resaca de la policía y, por supuesto, los hechos del Parque Indoamericano, ensayo inoportuno de la teoría de golpe cívico-policial que tan bien percibió la Presidenta y que ya había fracasado en la Ecuador de Rafael Correa.
 
El gran repliegue
Los grupos económicos comprendieron luego del fallecimiento de Néstor Kirchner, la profundidad y el favoritismo que habían alcanzado sus políticas y las de su esposa en la sociedad Argentina. Algo habían avizorado en los festejos del Bicentenario, donde millones de personas rompieron el cerco mediático de la mufa cotidiana. Por lo tanto habilitaron el subibaja electoral, constatando esa cruda realidad que les dejo el repliegue como única opción. Tal repliegue es sobre la Ciudad, el único bastión en disputa real y donde claramente esta es: entre quienes quieren integrar la “perla del plata” al proyecto nacional y popular por un lado y aquellos que la han dejado al borde de la privatización y la anarquía del mercado por otro. Mauricio Macri pasó de ser la esperanza blanca de la restauración conservadora a símbolo del repliegue desesperado de algunos grupos económicos, quienes se han prometido protección y colaboración mutua, sellando el acuerdo con el escandaloso negocio de la educación digital (Proyecto Quinquela) que dejará en manos del grupo Clarín la friolera de $ 1.119,2 millones a cambio de campaña para la reelección de Mauricio e impunidad mediática ante causas judiciales y negocios hasta 2016, año del Bicentenario de la declaración de la Independencia Nacional.
La disputa real en la Ciudad será entonces entre dos proyectos, como dijimos, pero la decisión de “Plantón” Solanas no es solo parte del cinismo de un ego retroalimentado, sino la expresión de un progresismo antinacional y gorila agotado que ha decidido jugar la carta que le queda a quienes ya ha juzgado la historia: la capacidad de daño. Es clave entonces que esta vez lo candidatos del Kirchnerismo no repitan viejas recetas y errores. La decisión presidencial de habilitar tres candidatos antes de inclinarse por la fórmula Filmus-Tomada, no solo parece ser el convencimiento de los límites del progresismo como opción en la Ciudad, luego del helicóptero Cromañón, sino también la certeza  que indica que para disputar el bastión mas duro y conservador de la Argentina, harán falta no solo el progresismo y el peronismo kirchnerista sino también una cuota de novedad que articule tras de sí a aquellos que quieren integrar a la Ciudad al proyecto nacional y popular, pero también a los sectores de la sociedad que votaron al macrismo desde el centro y la centroderecha buscando eficacia de gestión y políticas públicas integradoras. Algo que la sociedad reconoce claramente desde el 2003 a nuestro gobierno.
La decisión de la Presidenta, conductora del proyecto, seguramente ha tenido en cuenta estos y otro elementos al decidir los candidatos a Jefe, Vicejefe y primer Diputado. Tal elección y la disputa en la Ciudad son claves no solo para la continuidad del proyecto luego de las elecciones presidenciales de Octubre, sino también para que millones de porteños tomen la sartén por el mango y decidan, de una buena vez por todas, sepultar al neoliberalismo que le hace a la Ciudad lo que Menem le hizo al país y que va a contramano del presente venturoso del país y Latinoamérica, mal que le pese a Macri, Clarín, Techint y Vargas Llosa.
 
* Manuel Alzina – CTA CAPITAL

2 respuestas a “El gran repliegue”

  1. Me gusto la nota. Es muy buena.

    Saludos

  2. Muy interesante y profunda la nota. Felicito a la revista y a quienes contribuyen al debate.
    Hacen falta mas cuadros jovenes como este muchacho.

    Un abrazo

    Julio Macias

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