El ARA San Juan y las realidades del presente (por Juan Chaneton)

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Revista Nº 125 (04/2018)

(política nacional)

Juan Chaneton*

“Si se hundió por fallas técnicas o por falta de mantenimiento, ello deja expuesto al Estado nacional por carencia de una política de defensa nacional. Si lo hundió el enemigo que ocupa ilegalmente las Malvinas, ello deja expuesto al gobierno nacional no sólo por falta de una política de defensa nacional sino, además, por servilismo ante las potencias extranjeras o, en su caso, por traición a la patria…”


Según información del sitio www.argentinatoday.org reproducida en www.institutodeestrategia.com, un documento del Consejo de Seguridad ruso afirma que el presidente estadounidense Donald Trump habría requerido, el 14 de diciembre último, una conversación telefónica con su homólogo eslavo, Vladimir Putin, durante la cual éste habría impuesto a Trump de la información de que dispone la Federación Rusa atingente al hundimiento del ARA San Juan el 15 de noviembre de 2017.

La fuente originaria de dicha información, según Argentina Today, es el sitio www.newsstreet.ru, y la especie consiste, básicamente, en lo siguiente: el ARA San Juan fue hundido por un avión chileno con instrumental experimental de EE.UU. en maniobras con los británicos realizadas en zona de exclusión vigente en las adyacencias de Malvinas.

La información sigue consignando que un espía, de nombre Alexei Zhitnyuk, fue descubierto y detenido por la seguridad del Estado de Rusia (FSB) cuando trataba de obtener “… acceso a documentos navales secretos rusos y archivos relacionados con el buque de guerra especial de 5320 toneladas Yantar de la Flota del Norte”.

En realidad, a estas horas es la inteligencia estadounidense la que procura obtener información sobre el buque militar Yantar, enviado por el presidente Putin para buscar al submarino argentino cinco días después de su hundimiento, y ello debido a que la nave rescatista de propósito especial se halla equipada con drones sumergibles y dos pequeños submarinos, el Rus y el Konsul, cada uno con una tripulación de tres personas y que pueden sumergirse a una profundidad de 6.000 metros. Una joya en su tipo, sin duda, y nada más sensato que averiguar si se puede clonar, mucho más en tiempos en que Rusia acaba de anunciarle a la OTAN que los escudos antimisiles de esta entente guerrerista han quedado obsoletos ante los hipersónicos mach 7 de ojivas múltiples que, va de suyo, pueden borrar de la faz del planeta a EE.UU. y Europa juntos en cuestión de minutos.

La generosidad de Rusia enviando un buque especial propio para ayudar en el rescate, acaba de ser contestada por el presidente argentino instruyendo a la Armada nacional para que no permita al Yantar la búsqueda del submarino siniestrado doscientas millas más al sur de la zona inicialmente fijada, que es donde el comandante de la nave rusa asegura se encuentra el ARA San Juan. Esto estaría significando que el gobierno de Macri es connivente con los enemigos del Estado en orden a garantizar la impunidad de los eventuales autores del crimen que ocasionó la muerte de 44 militares argentinos.

Si se hundió por fallas técnicas o por falta de mantenimiento, ello deja expuesto al Estado nacional por carencia de una política de defensa nacional. Si lo hundió el enemigo que ocupa ilegalmente las Malvinas, ello deja expuesto al gobierno nacional no sólo por falta de una política de defensa nacional sino, además, por servilismo ante las potencias extranjeras o, en su caso, por traición a la patria si hubiere mediado un acuerdo entre EE.UU., Inglaterra, Chile y la Argentina para no encontrar al sumergible.

De este modo, un capítulo menor del enfrentamiento geoestratégico en el nivel global se comenzó a escribir incluso antes del 15 de noviembre de 2017, día en que desapareció el submarino. El enemigo de los EE.UU. debe, obligatoriamente, ser enemigo de la Argentina y la ideología cipaya del gobierno macrista acepta que el Yantar es un barco “espía”, que es el argumento estadounidense que, implícitamente, hace suyo el gobierno argentino.

Sin saber todavía que el gobierno de Macri se aprestaba a dejar en “libertad domiciliaria” (vale la ironía, de ahí las comillas) a Alfredo Astiz, la hermana del submarinista Celso Vallejos, muerto en el ARA San Juan, Marta Vallejos, manifestó que le resultaba francamente increíble que “en democracia haya gente con mente genocida”. También declaró su desilusión por haberle puesto el voto a Macri y remató contundente: “… el circo y la mentira no aguantan más porque no se pueden esconder 44 vidas” (www.codigobaires.com.ar; nota “Para los familiares del ARA San Juan, Macri  «… tiene mente genocida…»”). Al cierre de esta nota, Marta Vallejos llevaba más de 40 días de ayuno en la base naval de Mar del Plata a la espera de que el Gobierno y la Armada Argentina le den respuestas satisfactorias sobre lo acontecido con el submarino.

Lo cierto es, también, que, al día de hoy y luego de cuatro meses desde la desaparición del ARA San Juan, han quedado patéticamente expuestas la vulnerabilidades argentinas a lo largo de la costa patagónica y en el Atlántico sur. Se trata de una región nominalmente bajo jurisdicción y soberanía argentinas pero sobre la cual el Estado no tiene ni la capacidad técnica ni la vocación política de ejercer su dominio eminente. La hegemonía en el mar, en el Atlántico sur, la tiene Inglaterra, es decir, la OTAN. Esta situación se torna evidente ahora pero tiene una base jurídica que viene desde los tratados de Madrid de 1990 en virtud de los cuales el tándem Menem-Cavallo reconoció la potestad soberana de Inglaterra para disponer en torno del archipiélago una “zona de exclusión”.

Así las cosas, se torna irrelevante el pase de facturas entre la Armada y la jefatura de Gabinete, cuyo titular dijo en el Congreso que el ARA San Juan navegaba junto a la costa de Malvinas porque su función “secundaria” era monitorear los movimientos de la marina y la fuerza aérea inglesas, algo que fue corregido luego por la Armada. Se trata de patéticos escarceos que sólo prueban la espantosa incompetencia de ambas áreas del Estado para hacerse cargo de asuntos de evidente relevancia estratégica para el país de los argentinos.

Tampoco cabe, dado el contexto reseñado, hacerse ilusiones acerca de los eventuales logros de la denominada “Comisión Bicameral Especial Investigadora sobre la Desaparición, Búsqueda y Operaciones de Rescate del Submarino ARA San Juan”, que acaba de constituirse en el Parlamento. Se trata, al igual que aquel célebre “Informe Rattenbach” sobre lo acontecido en la guerra de Malvinas, de movimientos institucionales en la superestructura política de un país derrotado que, encima, cuenta con un gobierno cuyo negocio es delegar la geopolítica en sus aliados off shore. Aquel informe, al menos, mostró al mundo que lo que los militares y cierta progresía llamaron entonces “guerra antiimperialista” había sido, en realidad, una maniobra irresponsable, aventurera y criminal perpetrada por una dictadura en decadencia moral irreversible. Pero es poco  -repetimos-  lo que puede esperarse del poder legislativo del país cuando es el propio jefe del Estado el que se halla identificado más con las políticas anglosajonas que con los intereses nacionales.

Sigue en pie la necesidad de que la sociedad argentina emerja de su serialidad indiferenciada y amorfa para devenir proyecto de país soberano al cual se lo pueda dotar de una política de defensa nacional. Es el proyecto popular industrialista con base en la clase obrera y aliados y convocando a las fuerzas armadas que sólo pueden autorrealizarse como fuerza armada con sentido y finalidad en un marco global antihegemónico, antianglosajón y en alianza con los actores globales que pugnan por un orden mundial multipolar. Las construcciones políticas que estén en condiciones de abordar estos desafíos brillan por su ausencia en la Argentina. Fin de ciclo soberanista en la región no es lo mismo que derrota pero tampoco será fácil construir lo nuevo y lo nuevo no es ganar la elección que viene con cualquiera, a cualquier precio y con el solo leit motiv de ponerle un límite a Macri. Massa y Urtubey, por caso, no son ese límite.

*Juan Chaneton, periodista.

Una respuesta a “El ARA San Juan y las realidades del presente (por Juan Chaneton)”

  1. Fanny Josefina Olivera Palacios dice:

    Totalmente de acuerdo y muy claro

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