Editorial semanal de Tesis 11. LOS PUEBLOS NO SE RINDEN

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El largo camino de la pandemia muestra cada vez más claramente la magnitud de la crisis general del capitalismo y el rotundo fracaso de las recetas neoliberales para resolver las cuestiones sociales y el cuidado del medio ambiente. No solo no resolvió, sino que agravó la miseria, la desocupación, la falta de trabajo, la sanidad y la vivienda digna para todos. Acrecentó las diferencias entre los más ricos y los más pobres. Para esto la nave insignia del capitalismo, los Estados Unidos, desató guerras, destrucción y muerte. Impuso políticas de bloqueo para intentar doblegar a gobiernos populares. Puso en marcha, con los medios hegemónicos de información y parte de los poderes judiciales, el desprestigio y detención de dirigentes populares (law fare). Su objetivo es siempre asegurarse gobiernos que les garanticen la entrega de sus riquezas y lo apoyen en sus políticas para no perder el dominio geopolítico, en especial en su lucha contra China y Rusia. Sus recetas produjeron ya, una crisis de carácter civilizatorio. El discurso de Joe Biden a las Cámaras reconociendo el fracaso de algunas recetas neoliberales es una necesidad de reponer su fuerza interna para la disputa mundial y en alguna medida -no muy creíble- una confesión de parte. 

La República de Colombia, sin ser la única, es hoy la expresión más clara y tremenda de este modelo. El gobierno del actual Presidente Iván Duque, hijo predilecto del reaccionario y asesino Uribe, siguió con las mismas políticas. Hoy el pueblo sufre las consecuencias de la pandemia y las insuficientes políticas sanitarias para enfrentarla, el sabotaje a los acuerdos de paz logrados en La Habana con las FARC que dejó, en una década, más de 300 mil muertes y ahora en lo que va del año el asesinato de 57 dirigentes sociales y 22 ex combatientes de las FARC, las permanentes políticas de ajuste contra los sectores populares y otras miserias. Y ahora el intento -por tercera vez- de poner en marcha una regresiva reforma tributaria, con el aumento del IVA, que descarga el ajuste sobre los trabajadores y sectores de capas medias. Ajuste que se contrapone al aberrante anuncio de la compra de aviones de guerra por 14 billones de pesos. El PUEBLO DIJO BASTA YA. Y ganó las calles con gran heroísmo y desafiando la brutal represión, del ejército, la policía y las fuerzas de grupos de civiles de ultraderecha.

En Colombia la lucha sigue creciendo. La fuerza de la lucha popular es incontenible y presagia llevarse a todo el régimen por delante. Ya se canta “Duque chau, chau, chau!”. Según organismos de DDHH hay más de 50 muertos y 550 desaparecidos y hay denuncias de violaciones y torturas. Pero van los jóvenes al frente manifestando que lo hacen por sus abuelos y padres jubilados, por trabajo digno, por salud, por una educación para todos, contra la represión, por la paz y una verdadera democracia; contra las políticas neoliberales de los gobiernos que las aplican a sangre y fuego. Comenzaron como luchas espontaneas, pero tienen una larga historia y ahora con una importante experiencia. Se destaca la ampliación del Comité Nacional del Paro, surgido en 2019, con más de 60 organizaciones, y la Central Unitaria de Trabajadores. Organizaciones que en una reunión con el Presidente reafirmaron sus demandas y su disposición a seguir la lucha.

Importa señalar el contundente pronunciamiento del Presidente Alberto Fernández sobre la situación en Colombia, de la necesidad de que se pare la represión y se convoque al dialogo. Que contrasta con el apoyo del gobierno de Estados Unidos al Presidente Duque. 

Esta experiencia de lucha que combina la gran movilización y la construcción de la unidad del pueblo, un camino a una hegemonía y un discurso antineoliberal, no solo es válida para Colombia. Es una experiencia para todos los pueblos. Para el chileno que ganó la calle contra las políticas de Piñera; para el ecuatoriano que tendrá un presidente neoliberal que prometió más ajustes; para el de Brasil para derrotar al neofascista de Bolsonaro; para el boliviano que tendrá que seguir defendiendo la recuperación del gobierno después del golpe de estado reaccionario.

Es también una experiencia para el pueblo argentino, ya que necesitamos fortalecer el Frente de Todos, garantizar su unidad desplegándolo en cada lugar, sumando a todas las fuerzas populares y multiplicando, por todas las formas, la movilización popular, para parar los intentos de consumar un golpe blando. Es condición avanzar en reafirmar y recuperar espacios de soberanía: del dragado y balizamiento del complejo fluvial Paraguay, Paraná y Rio de La Plata donde habría que constituir una empresa estatal que se encargue de ello; de las empresas energéticas; de las plataformas de conectividad; de eslabones de la producción y distribución de los alimentos de la canasta básica; de políticas para fomentar el trabajo y el salario digno; de educación y sanidad para todos. Fortalecer y garantizar una democracia participativa en la discusión y ejecución de un proyecto nacional y popular, e impedir que las fuerzas reaccionarias recuperen el gobierno para sus políticas e intereses.      

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