“Unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode, se jode…”. (Lito Borello)

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(situación nacional/movimiento obrero)

Lito Borello*

“El proceso de confluencia entre los movimientos sociales y el movimiento obrero adopta una fuerte relevancia en la acumulación de fuerzas del campo popular. Existe un salto cualitativo y cuantitativo en la sinergia de la unidad en la acción de las mejores expresiones del movimiento sindical/gremial junto a los movimientos sociales y populares.”


Transitamos un tiempo de contraofensiva restauradora/conservadora a nivel global. Algunos la interpretan y la caracterizan como crisis civilizatoria. El Papa Francisco, por su parte, la entiende como crisis integral donde une la situación sociopolítica y económica pero también incluye la crisis medioambiental. En la región Nuestroamericana, interpretamos que desde el poder imperial yanqui despliegan un intento de recolonización de América Latina. Es en este marco en dónde las resistencias y las luchas populares tenemos el desafío de ir construyendo una hoja de ruta que nos permita retomar la iniciativa política de un tiempo emancipador que le dé conclusión a aquella primera etapa Independentista de comienzos del siglo XIX.

En este sentido, la reconfiguración del sujeto político y del sujeto histórico, artífices y constructores de un tiempo por venir, cobra altísima gravitación.  El proceso de confluencia entre los movimientos sociales y el movimiento obrero adopta una fuerte relevancia en la acumulación de fuerzas del campo popular. Existe un salto cualitativo y cuantitativo en la sinergia de la unidad en la acción de las mejores expresiones del movimiento sindical/gremial junto a los movimientos sociales y populares. Estos últimos, se han convertido en la fuerza motriz principal, punta de lanza de este momento de fuertes luchas en las calles en contra de las políticas neoliberales del gobierno de Mauricio Macri. En tal sentido, habría que apuntar que es el sector más castigado con las políticas de descarte que se implementan desde un nuevo modelo de dominación a nivel global, un capitalismo extractivista, depredador y financiero que está provocando niveles de injusticias insoportables y, como venimos denunciando, engendran tragedias al romperse el contrato social, al dejar de existir el estado de derecho y al poner en riesgo la paz y la democracia.

Transitamos también una crisis en donde consideramos es necesario  repensar el estructuramiento del movimiento popular. En general, todas las estructuras organizacionales transitamos una crisis que nos obliga a repensarnos y a reconfigurar la manera de llevar adelante un concepto que todos acuñamos, “la unidad de los trabajadores”. Van naciendo nuevos agrupamientos, nuevas expresiones organizacionales, nuevos liderazgos y se va demostrando en la práctica, en la lucha y en las calles, quiénes son coherentes entre lo que piensan, lo que dicen y cómo actúan. Sin recetas, sin esquemas y sin dogmatismos, es necesario ir caminando, recorriendo ese camino al calor de la pelea. Lejos y muy lejos del pesimismo paralizante o de la justificación fácil para la inacción, y mucho menos, muy lejos del posibilismo “esto es lo que se puede”.

Las desigualdades e injusticias que genera este capitalismo van haciendo cada vez más urgente el retomar las rebeldías e ir construyendo las nuevas insurgencias. En ese proceso, la unidad del movimiento de los trabajadores, concepto acuñado en el último tiempo por Juan Carlos Smith, un claro referente del movimiento obrero histórico, comprueba que existe una mayor comprensión a la hora de entender la amplitud, pluralidad y diversidad del sujeto que expresa la clase, es decir, los trabajadores. En los últimos años, el recorrido empírico de la lucha ha consolidado esta nueva y superadora mirada que expresa el dirigente sindical. Retomando, se hace indispensable entonces el seguir trabajando en función de la unidad y el seguir encontrando denominadores comunes que nos permitan ir avanzando en la acumulación de fuerzas, no solamente para resistir, sino para la construcción de una alternativa de modelo de país y de una sociedad mucho más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre. El Papa Francisco suele decir en el último tiempo, “este sistema no da más”,  “hay que construir otro mundo posible”. Una sociedad que no sea conducida por aquellos adoradores del dios dinero que están poniendo en peligro, no solamente a la sociedad, sino también al planeta.

¿¿¿Tenemos 2019???

En este tiempo en particular es imposible soslayar que nos va a inundar una cultura preponderante electoralista, en una educación cívica de nuestro pueblo en donde pareciera que nos han inoculado la interpretación de que “la única manera de hacer política es pensar en alguna lista electoral o meter algún candidato”. Década tras década, de esta última etapa “democrática”, se ha ido degradando cada vez más la posibilidad cierta de que los sectores populares, sus organizaciones naturales y sus referentes emergentes, puedan llevar adelante un verdadero ejercicio de participación y protagonismo en estas democracias incompletas, de las cuales somos prisioneros en tanto sólo una parte minoritaria de una casta, corporación o clase política, se reserva el privilegio de ser los hacedores de una frase mencionada en una Constitución falleciente y que requiere de una urgente reescritura: “El pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. Mientras tanto, vayamos acumulando fuerzas con prácticas que perforen el techo de una democracia representativa que cada vez más limita y obstaculiza las verdaderas, profundas y urgentes transformaciones estructurales revolucionarias que se requieren.

Habremos de ir encontrando tácticas electorales… que no nos conformarán, al tiempo de ir poniendo nuestro centro de gravedad en la construcción de un programa popular que exprese y sintetice un instrumento que facilite la unidad, organización y articulación de todo el Pueblo y sus organizaciones naturales para ir construyendo el Poder Popular necesario para enfrentar al poder fáctico, es decir, al poder real, más allá de una institucionalidad que se va evaporando y va dejando lugar a un escenario proclive a un modelo de dominación que va haciendo de nuestras Patrias y de nuestros Pueblos objeto de guerras de nuevo tipo, guerras no convencionales, guerras híbridas, golpes blandos y un universo de conceptos nuevos que vamos teniendo que asimilar al tiempo de padecerlos.

Por lo tanto, no es solamente actuar eligiendo candidatos sino también aportando desde la construcción de un programa popular, vertebrador de los puntos fundamentales que entendemos estratégicos para una nueva sociedad y para una nueva Argentina, como lo hicieran en su momento el Programa de Huerta Grande de la CGT de los Argentinos o los 26 puntos de Ubaldini. Creemos indispensable trabajar de manera mancomunada en todo el movimiento popular, en el movimiento de los trabajadores, hacia un programa que, independientemente de los candidatos, nos permita acumular fuerzas. Tanto el mal gobierno de Mauricio Macri como el próximo gobierno por venir, sería auspicioso que nos encuentre habiendo podido resolver la elaboración de dicho programa popular.

Hoy por hoy, entonces, tenemos el desafío de repensarnos pero al mismo tiempo de retomar el hilo histórico de aquel imaginario libertario de San Martín y de Bolívar. Pensar en un mundo donde quepan todos los mundos. Soñar un proceso de independencia que nos dé condiciones y garantías del ejercicio de la soberanía de nuestro país y de la región, aspirar de la manera más concreta a aquella historia de una Patria Justa, Libre y Soberana.

Reforma Agraria

Siguiendo el hilo conductor de la reflexión, en tanto la elaboración de un programa popular que exprese cabalmente los intereses de la patria, de nuestro Pueblo y de los trabajadores en particular, entendemos que en esta coyuntura que ya describimos, en el tiempo próximo inmediato un punto fundamental es la ¡reforma agraria ya! Sin tener la aspiración de que en estas pocas líneas agotemos la importancia estratégica de este punto, quiero nombrar algunos elementos.   Este capitalismo, está inundando al planeta de guerras, hambre, miseria y muerte, al tiempo de ir concentrando en muy pocas manos el poder económico, el poder financiero y la tierra.  Esto que se advierte a nivel mundial, en los últimos años en la región de América Latina y en la Argentina ha alcanzado niveles insospechados.  Necesitamos repartir la tierra de manera urgente para combatir el hambre y la pobreza. Repartir la tierra para los que la trabajan y desarrollar una fuerte economía popular, fomentando el desarrollo de la agricultura familiar en contra de una agricultura industrial diseñada para el beneficio de unos pocos y que está poniendo en riesgo a la naturaleza, la humanidad y al planeta mismo.

Es indispensable en un proceso de desarrollo soberano construir las condiciones para defendernos de las guerras económicas que desatan los poderes globales ante las naciones y Pueblos que se proponen un camino independiente y que hacen padecer a los mismos el desabastecimiento de alimentos básicos, como las situaciones que vemos en países hermanos como Venezuela.

Por último, decir que la promoción y desarrollo de una economía popular habla de ir construyendo una economía alternativa a la que nos propone el capitalismo tal cual lo padecemos hoy. Una economía que desarrolla capacidades de autogestión. Una economía que va generando elementos constitutivos de la nueva sociedad por venir. Una práctica que promueve el asociativismo en sus diferentes formas y la construcción comunitaria que alimenta y acumula con la finalidad de otro mundo posible.  Es por eso que el poder se encarga de entorpecer su construcción y fortalecimiento, porque advierte en ella la importancia estratégica en el objetivo de la construcción de otra sociedad, de otro mundo posible.

*Lito Borello, Secretario de Derechos Humanos de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular). Coordinador Nacional de la organización social Los Pibes.

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