Pasado y presente: Del 25 de Mayo de 1810 al 9 de Julio de 1816. La “grieta” que hizo posible la independencia

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Historia/Argentina

Claudio Esteban Ponce*

La crisis del imperialismo español a comienzos del siglo XIX, y los conflictos bélicos que derivaron en el dominio europeo de la Francia napoleónica, provocaron acciones políticas en las colonias americanas con el objetivo del autogobierno. De México hacia el sur, se produjeron convulsiones sociales y políticas que fueron apaciguadas cuando Fernando VII retomó el trono de España luego de cuatro años de obligado exilio. Con el regreso del monarca la sublevación colonial fue controlada “casi” en su totalidad, solo las Provincias Unidas del Río de la Plata resistieron al imperio y permanecieron rebeldes redoblando la apuesta por la independencia. Entre el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816, principales “fiestas patrias” de la Argentina, se dio el proceso revolucionario por la liberación del imperio español. Estas efemérides no son solo recuerdos congelados en el tiempo: remiten a un ejemplo de lucha que nos interpela y compromete permanentemente en nuestro presente.

El accionar de nuestros padres fundadores, aquellos que tuvieron el coraje de enfrentar al imperialismo español, logró el primer gobierno criollo el 25 de mayo de 1810. No conformes con ello, fueron por todo el objetivo que se habían propuesto desde la destitución del virrey, haciendo posible que la independencia fuera acordada seis años después aún sabiendo que la declaración del Congreso de Tucumán significaba una guerra declarada contra el poder dominante. Ahora bien, más allá de lo difícil y traumático que fue el enfrentamiento militar con España, lo más complejo anidó en los conflictos internos que devenían desde la Revolución de mayo. No todos deseaban la independencia, ni a todos les convenía la misma. Más aún, los grupos que estaban de acuerdo con la independencia estaban divididos entre sí porque tenían visiones e intereses sectoriales enfrentados respecto de la organización de un nuevo Estado. En fin, como una clara forma de aprendizaje el pasado siempre se relaciona con el presente, lo que demuestra que todo proceso de transformación social, política y económica siempre generó conflictos internos  en el movimiento transformador. Desde mayo de 1810 se dio la división entre “Morenistas y Saavedristas”, enfrentados respecto de la organización de un nuevo país, se dio desde ya la confrontación entre los que defendían la monarquía contra los que predicaban la ruptura con España, y hasta la pugna en el seno de la propia Iglesia Católica Institucional, que estaba dividida entre los obispos que predicaban a favor del Rey y los curas que con sus sermones se habían convertido en verdaderos “oradores de trincheras” en favor de la Revolución. Todo este contexto mostraba que la sociedad colonial estaba signada por la confrontación. La humanidad rioplatense estaba rasgada por la ideología y la praxis política que demandaba la coyuntura de los primeros años del siglo XIX. La “grieta” de la que tanto se habla en cierta dirigencia política de la actualidad, como si la misma fuera un pecado político aparecido en Historia Argentina con el peronismo primero y con el kirchnerismo después, es una falacia que solo responde al intento de menospreciar la praxis política democrática y legitimar a la clase dominante local aliada a las actuales formas de supremacía extranjera, dominación que en el presente se logra, según sostuvo Pierre Bourdieu, mediante la colonización semiológica de las subjetividades en las mayorías populares.

La Historia nos ha enseñado que todos los procesos de transformación llevados a cabo por la voluntad colectiva de los seres humanos, implicaron profundos conflictos entre los que pugnaban por conservar todo y los que pretendían revolucionar todo. El pseudo argumento del discurso político que puso de moda el capitalismo reinante, caracterizado por criticar la contienda democrática como una forma de ruptura social que denominaron “grieta”, y que según dicha teoría la misma es solo fomentada por los movimientos nacionales y populares, no es más que un embuste para mostrar una postura indefinida en materia ideológica que solo intenta avalar los fundamentos anti-políticos del neoliberalismo. Las sociedades de todos los tiempos se desarrollaron en el devenir de la historia a través de la lucha de clases y sectores que confrontaron para lograr esa síntesis superadora que hiciera posible una mayor perfección en la convivencia humana. Ese devenir dialéctico inmanente en la evolución de los pueblos solo se transformó en “violencia social” con la puesta en práctica del concepto de “imperio”, o sea, de dominación o explotación de minorías que se apropiaban indebidamente del fruto del trabajo de las mayorías, a partir de allí se hizo realidad como una praxis política sistémica.     

La importancia que hoy tiene la conmemoración de las acciones realizadas por los rioplatenses en mayo de 1810 y en julio de 1816, que iniciaron el proceso de formación del Estado Argentino y ayudaron a la independencia de otros Estados de Sudamérica, no debieran ser solo un “acto administrativo”, ni en el ámbito escolar ni en el político-institucional. Por el contrario, la efeméride y el acto recordatorio de la misma tienen por objetivo social y político el conocimiento histórico y el fortalecimiento de la identidad nacional en el conjunto de la población. El festejo de las “fiestas patrias” nos remite a nuestros orígenes y nos obliga a renovar el compromiso de defender nuestra soberanía política, independencia económica y justicia social frente a las diversas formas de intervención extranjera ligada a los intereses sectoriales de las minorías locales. En los últimos años asistimos a las pretensiones de hacer desaparecer esa identidad tanto en Argentina como en muchos países de América Latina. La Administración macrista, que arribó al gobierno en 2015, inició un ciclo devastador que tuvo por objeto destruir todo lo construido en los tres gobiernos anteriores. La transformación cultural iniciada a posteriori de la crisis del 2001, referida fundamentalmente a la independencia económica, no fue suficiente por una relación de fuerzas desigual en la contienda entre el Estado y los monopolios multimediáticos. Si bien el kirchnerismo intentó una revisión del pasado poniendo en vigencia muchos temas olvidados como el de los Derechos Humanos y las consecuencias del Terrorismo de Estado, o la recuperación del sentido de las “fiestas patrias” como las que fueron convertidas en festejo popular en el bicentenario de la Revolución de Mayo, los últimos doce años de gobierno peronista no alcanzaron para crear la conciencia sociocultural necesaria que pudiera persuadir a la ciudadanía de cuál era el enemigo interno y externo al que se estaban enfrentando. El retorno de la derecha expresada en la alianza política que llevó a Macri al gobierno, inició una política análoga a las desarrolladas por las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX, retroceso en materia de derechos sociales y laborales, destrucción de la industria nacional, endeudamiento externo y  entrega de la soberanía nacional. Pero fundamentalmente, lanzó una contraofensiva salvaje para destruir toda organización de trabajo comunitario, toda prédica colectivista y todo programa cultural que implique la mayor presencia del Estado como auxilio de los más desprotegidos. La consigna de “la Patria es el Otro”, que pretendía educar en el compromiso solidario con el semejante, fue reemplazada por la difusión de la “meritocracia individualista” que pregona el “egoísmo” como fundamento del desarrollo humano y del capitalismo neoliberal. Macri se encargó de que las “Fiestas Patrias” dejaran de ser fiestas y dejaran de ser populares. Las convirtió en una circunstancia errónea del pasado, y dejó en claro que hubiese sido más beneficioso para los pueblos de América Latina si no hubieran dejado nunca de ser “colonia”. Una concepción nunca expresada pero siempre avalada por las oligarquías locales que durante doscientos años fueron socios y cipayos de los imperialismos de turno.

Hoy día, y tal vez más que nunca, es importante recordar nuestra independencia. Saber de nuestra historia y conocer que jamás fue fácil la lucha por la defensa de nuestra libertad soberana. Hoy, que por tomar un ejemplo de entrega la gestión cambiemos está destruyendo todo los logros de nuestro desarrollo nuclear, que está entregando y privatizando nuestro patrimonio nacional, hoy más que hace dos siglos, debemos dejar de lado la falacia del concepto “grieta” y renovar el coraje de quienes decidieron luchar por una nación libre de toda dependencia. La coyuntura nos convoca a impedir que el mismo linaje oligárquico lleve a cabo la tarea de convertir a la Argentina en un Estado asociado y al servicio del imperialismo neoliberal. La participación popular y el voto alcanzarían para dar el primer paso, pero toda Revolución Cultural no es sencilla y requiere profundizar la transformación apenas iniciada en 2003. Como siempre sucede en la Historia, todo queda por hacer…

*Claudio Esteban Ponce. Licenciado en Historia. Miembro de la Comisión de América Latina de Tesis 11

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