Movimiento sindical: La búsqueda de la unidad

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Revista Tesis 11 (nº 118)

(Argentina)

Gerardo Codina*

El nuevo escenario político, económico y social precipitó un intenso proceso de reunificación sindical. Pero no es alentado por todos con los mismos objetivos ni trascurre sin que operen sobre él los factores de poder que se benefician de la dispersión. Las potencialidades y los obstáculos de una renovación necesaria.

A fines de junio, Mariano Recalde presentó en la Facultad de Derecho un libro de su autoría. El dirigente de La Cámpora y presidente del Congreso del Partido Justicialista porteño publicó la obra titulada “Modelo sindical argentino”. Junto a él en la presentación estuvieron dirigentes de varias organizaciones sindicales. Compartieron el panel Daniel Catalano (ATE Capital), Aníbal Torreta (Sutecba), Omar Autón (UPCN) y Cristian Giménez (Sindicato de Comercio, Sección Capital).

El tema elegido por Recalde es significativo para el sindicalismo. El modelo de “unicidad promovida” por el Estado fue reforzado recientemente por un fallo de la Corte Suprema, que determinó que sólo son titulares del derecho de huelga las organizaciones sindicales inscriptas en el registro establecido por el 14 bis de la Constitución. La concepción de este modelo fue lo que selló el acuerdo estratégico entre el sindicalismo y el peronismo emergente en 1945.

Quienes acompañaron a Recalde en el estrado expresan diferentes agrupamientos formales e informales de organizaciones sindicales. Catalano integra la CTA, central alternativa generada en los 90 como escisión de la tradicional CGT y un sindicato, ATE, que es la principal organización de una de las dos fracciones en las que se dividió la CTA, la llamada “autónoma”.

Sutecba por su parte participa de la versión cegetista dirigida por Hugo Moyano, mientras que las otras dos organizaciones militaron estos años en la encabezada por Antonio Caló. La diversidad de sectores no impide el diálogo y fue presentada por parte de Recalde, como su libro, como un aporte a la unidad del movimiento sindical.

Un escenario similar se vio al cierre del último congreso nacional de la Asociación Bancaria, una semana más tarde. Compartieron la mesa de cierre los máximos referentes de las cinco centrales hoy existentes, excepto Caló que fue representado por el emergente Héctor Daer. En sus alocuciones todos dieron por recuperada la unidad del movimiento obrero. En el caso de los cegetistas, con una fecha cierta para ungir una nueva conducción: el próximo 22 de agosto.

¿Qué unidad y para qué?

Casi desde la formación del movimiento sindical argentino se encuentra la búsqueda de la unidad a modo de un horizonte permanente. Como la sombra sigue al cuerpo, junto a ese objetivo aparece también recurrentemente la pregunta sobre para qué. Con una particularidad, en la medida que se logró consolidar organizaciones nacionales únicas por actividad, la pertenencia de cada entidad a un encuadramiento político sindical determinado no implicó su fragmentación interna.

Esa búsqueda de la unidad siempre se alimentó de la convicción de que así ganaba el movimiento sindical en su conjunto, capacidad de presión para alcanzar las reivindicaciones comunes a todos los trabajadores. Por ejemplo, el marco normativo que regula y protege su actividad o la vigencia de paritarias libres.

El cambio dramático de horizonte político, económico y social que precipitó el acceso a la primera magistratura de Mauricio Macri, promovió pronto la exploración de las vías de acción común por parte de la dirigencia sindical argentina. La iniciativa fue tomada por los sectores más esclarecidos y hecha propia por los desencantados por las promesas incumplidas del PRO.

El resultado inmediato fue de alto impacto. La presentación conjunta de las centrales sindicales en la Cámara de Diputados y de Senadores puso en la agenda política la preocupación por el creciente desempleo, desmentido hasta el cansancio por el actual Gobierno. El resto de la historia es conocido. La sanción de la ley prohibiendo los despidos fue respondida por un veto presidencial. En el medio, una vigorosa movilización conjunta de las organizaciones sindicales mostró el potencial político de la unidad y la creciente preocupación entre los trabajadores por el desempeño de las políticas instrumentadas por la actual gestión.

Dos meses más tarde, ese impulso parece haberse diluido. Por el lado cegetista, en parte por la presión de la agenda endogámica de su propia reunificación y por la tarea de chantaje hecha desde el poder. Pero además, con un argumento de racionalidad política: “Golpear solo cuando se puede lastimar. No hacer el gasto cuando la jugada está perdida.”, como se puede leer en un reportaje hecho a Hugo Moyano en el último número de la revista Crisis.

Como quiera que sea, acordar calendarios, criterios de selección de próximas autoridades y eventuales formatos de la máxima conducción futura, distrae de las cuestiones urgentes para los trabajadores, aunque concite la máxima atención de la primera fila dirigencial. El 3 de junio se realizó en ese sentido un Comité Central Confederal unificado, con la participación de 198 sindicatos. Allí se fijó el 22 de agosto para el Congreso normalizador que elegirá la futura conducción.

Si trabajar para lograr la unidad pudo ser mostrado como la primera prioridad, una vez lograda será el tiempo de empezar a dar respuestas a las demandas de la sociedad. Comenzado el segundo semestre, muchos gremios deben retomar sus negociaciones paritarias en un contexto en el que ya saben que la inflación duplicó las cifras de aumento que habían logrado para la primera mitad del año y que no se detiene la sangría de puestos de trabajo.

Los límites del cambio

De todos modos, la reunificación de la CGT significará una oportunidad para el reemplazo de viejos liderazgos y la potencial emergencia de nuevas referencias. Perspectiva que puede abortar en una reproducción de lo viejo. Una futura conducción colegiada mostrará una los límites de lo posible en el actual cuadro de situación. Una transición con pocas fortalezas y muchas contradicciones internas.

El principio de acuerdo alcanzado supone una distribución equivalente entre tres sectores de volúmenes políticos y sindicales desiguales. Cada una de las actuales tres CGTs aportará 15 integrantes al futuro Consejo Directivo que surgirá por consenso del próximo Congreso Confederal. Ese arreglo tiene a primera vista dos problemas. La dificultad del sector de Barrionuevo para arrimar quince organizaciones nacionales trascendentes y la división del sector de Caló, producto de varias escisiones, entre ellas la del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) liderado por el taxista Omar Viviani, que reclama su propio espacio y postula a Sergio Sassia de la Unión Ferroviaria para los primeros lugares. Así los tres sectores considerados inicialmente son al menos cuatro, o cinco, si además se considera el liderado hoy por la Bancaria, que aglutina otro desprendimiento pequeño, pero significativo conceptualmente del espacio de Caló, el del llamado Núcleo del MTA, antiguos laderos del Moyano kirchnerista.

El restante espacio antiguamente contenido en la CGT de Caló y que le daba volumen de agrupamiento mayor en el espectro sindical nacional, es el integrado entre otros, por la UOCRA de Gerardo Martínez, UPCN de Andrés Rodríguez, Comercio de Armando Cavalieri u Obras Sanitarias de José Luis Lingieri. Este sector postula hoy al renovador Héctor Daer como su candidato a integrar el secretariado de la futura CGT.

A los nombres de Daer y Sassia hay que sumar el acuerdo del sector de Moyano en postular a Juan Carlos Schmid de la Confederación de Trabajadores de Trasporte y que el estacionero Carlos Acuña, será la expresión del sector de Barrionuevo.

Así las cosas, no hay mayor optimismo entre quienes desean una verdadera renovación. En parte, porque más allá de la foto de la unidad, las diferencias políticas entre los sectores son profundas. En opinión de un reconocido experto “no aparece en el horizonte un cambio de dirigentes como se quisiera sino la continuidad disfrazada de terceto. Basta recordar que Daer es diputado de Sergio Massa y su fidelidad a la causa peronista está cuanto menos en discusión. Carlos Acuña es un hombre de Barrionuevo y los únicos intereses que defiende Barrionuevo son los propios, alcanza analizar la cantidad de despidos de su actividad sin que haya planteado un solo reclamo. Y por ultimo está Schmid, que es un hombre sumamente inteligente, pero es la continuidad de Moyano.”

La discusión pendiente

Esa renovación es resistida por algunos internamente, pero demandada por una sociedad que cambia velozmente y por la necesidad del conjunto del movimiento popular de que el movimiento sindical recupere prestigio y capacidad de convocatoria para promover un horizonte de sociedad en la que los trabajadores y el trabajo argentino tengan lugar pleno, con sus derechos reconocidos y efectivizados.

Aunque la unidad es visualizada como necesaria e inevitable por todos, el debate sobre el rol del movimiento sindical en la actual coyuntura muestra matices diferenciales significativos. ¿Es tarea del sindicalismo revertir el clima político de consenso que aun preserva la nueva conducción del estado o deben asumir esa responsabilidad las fuerzas políticas de oposición?

El sindicalismo sabe que, aislado políticamente, corre riesgos de perder mucho de lo que tiene conquistado, si se arriesga a una confrontación abierta con un poder gubernamental con el que debe negociar permanentemente. Máxime cuando se trata de un elenco gobernante que no tiene empacho en recurrir a la extorsión, aprovechando todas las zonas oscuras que puedan encontrar entre los historiales de cada uno de los dirigentes sindicales. Así lo hicieron para domesticar a los municipales porteños al comenzar el primer periodo de Macri como Jefe de Gobierno, así lo volvieron hacer ahora para acallar las protestas contra el veto a la ley antidespidos.

No aparecen privilegiadas en el debate actual sobre la unidad sindical las propuestas que hacen sectores referenciados en el MASA y el Núcleo del MTA, sobre la necesidad de que el movimiento obrero recupere la concepción de un propio modelo de nación y desde allí convoque a todos los sectores que convergen en el hacer productivo nacional. El desencuentro entre estos sectores por razones políticas, como la fractura del bloque de diputados nacionales que promovió el MASA con el fogoneo de “sanguchito” Bossio, les resta también consistencia e interlocución.

A la inversa, se escuchan voces de creciente significación, como la del titular de la Asociación Bancaria, que remarca el carácter político de la dirigencia sindical y la necesidad de recuperar la agenda nacional en el debate y que no sea esa agenda definida solamente por los intereses empresarios.

Limitarse a las cuestiones sectoriales y no avanzar sobre las condiciones de realización que hacen posible una sociedad justa con trabajo digno para todos es, además, dice Palazzo, una negación del carácter esencialmente solidario que debe tener el movimiento obrero. Y pone como ejemplo a su gremio que, teniendo bien resueltas cuestiones propias, no se distrae de la defensa del trabajo de otros sectores, porque sabe que, tarde o temprano, el deterioro de las condiciones de vida del conjunto, termina afectando a todos. Lo hace al tiempo que afirma que es comprensible que las fuerzas políticas derrotadas tengan que procesar internamente las razones que les impidieron prevalecer en la puja democrática y que por ello el sindicalismo no puede detenerse a esperar los tiempos de la política.

Sin embargo todavía falta desarrollar una reflexión más profunda sobre la vinculación entre el movimiento obrero y el poder político, aun cuando ese poder lo ejerza un partido ajeno a su ideología. Pocos tienen la convicción de que no puede subsistir un movimiento obrero “dependiente” del gobierno de turno, sin ideas propias y sin vocación de defender a sus trabajadores, si por subsistir se entiende tener capacidad de liderar el movimiento nacional.

Del lado de la CTA, con la compañía de algunos pocos sindicatos cegetistas, la continuidad de la movilización callejera conlleva el riesgo de un desgaste prematuro si no logra arrancar mejoras en algún plazo prudencial. El respaldo político mayoritario que todavía contabiliza el nuevo gobierno lo blinda en lo inmediato frente a la multiplicación de conflictos y protestas aun desarticuladas y minoritarias que existen ante el continuo atropello de las conquistas alcanzadas en los últimos doce años. Ese aislamiento es reforzado por la complicidad mediática con la restauración conservadora en curso y obliga a pensar las alternativas de comunicación como parte de las tareas esenciales y centrales de cualquier conflicto.

Primeros brotes verdes

El clima deliberativo en el que se encuentra el movimiento sindical argentino impulsa la recuperación de mucho de lo mejor que alumbró a lo largo de su extensa historia. Los programas de Huerta Grande y La Falda, de la CGT de los Argentinos, los 26 puntos de Ubaldini, son algunos de los textos a los que se vuelve, propiciando su actualización a las presentes circunstancias y a las nuevas realidades internacionales. El debate de la política salió de los marcos exclusivos de lo sectorial e incluye todos los temas de la agenda nacional.

En ese proceso, además, en algunas organizaciones surgen democráticamente nuevas conducciones o algunos colectivos logran coronar la emergencia de nuevas entidades, como el Sindicato de Trabajadores Judiciales (SiTraJu). También se recrean los viejos agrupamientos que enlazaron en los años 70 expresiones del llamado “peronismo de base”.

Las conducciones de las organizaciones nacionales más comprometidas con una renovación conceptual del movimiento obrero además recorren el camino de la unidad y la promoción del debate sobre las tareas del sindicalismo, incorporando las expresiones que se organizan transversalmente en las regionales de la CGT. En ese escalón local del entramado sindical, las divisorias de aguas que partieron las cúpulas nacionales raramente se encuentran y por el contrario se multiplican las acciones solidarias que desbordan encuadramientos muchas veces artificiales. Así se pudo ver en el cordón industrial de Rosario o en Comodoro Rivadavia, con profundas movilizaciones que integraron a toda la sociedad o en el plenario celebrado en Villa Constitución, al que llegaron militantes y dirigentes de distintas regiones del país.

Otra forma de construcción de la unidad en la acción se verificó con la movilización de la comunidad universitaria, cuyas condiciones de actividad se puso en riesgo por el tarifazo que desbordó los presupuestos asignados. La convergencia de sindicatos cegetistas y de la CTA, docentes y no docentes, se combinó con la movilización de los estudiantes, incluso de sectores que forman parte de la coalición de gobierno.

Estos hechos muestran que en la defensa del trabajo argentino, de la salud y la educación pública, y en el debate sobre el modelo de nación necesario para lograr en democracia la justicia social que posibilite la realización armónica de todos los sectores, es posible no sólo alcanzar la unidad y movilización de las organizaciones sindicales, sino de nuestro pueblo todo.

* Gerardo Codina, psicoanalista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.  Secretario de la Corriente Nacional Konfluencia Popular.

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