La independencia inconclusa: la libertad por concretar.

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Claudio Ponce*

…Porque soy como el árbol talado que retoño,
y aún tengo la vida…
para la libertad, sangro, lucho, pervivo…
Miguel Hernández

Un análisis del sentido para nuestros tiempos de la declaración de la independencia, hace 189 años.

El 9 de julio de 1816 los criollos de las Provincias Unidas del Río de la Plata acordaron declarar la independencia de un Estado a constituir. Luego de intensos debates en el seno de la clase política local y bajo la presión de un marco externo signado por la intención de Fernando VII de recuperar las colonias sublevadas, concertaron la declaración de autonomía política que los enfrentaba con el imperialismo español.
Más allá de los enfrentamientos internos, para muchos activistas de aquellos tiempos fue una decisión arriesgada y corajuda que apostaba muy fuerte a la posibilidad de hacer factible los ideales revolucionarios. Para otros, con intereses más mezquinos, la ruptura con España sólo significaba la posibilidad de obtener mayores beneficios económicos y mayor concentración de poder. Por lo tanto, como en todo proceso de transformación política, en esta lucha también encontramos a los idealistas, a los detractores, a los agoreros, a los oportunistas y a los traidores. No todo fue gloria en la gesta iniciada por el Congreso de Tucumán. No faltaron propuestas de quienes hoy siguen integrando el grupo anquilosado de próceres, que frente al contexto adverso de la lucha contra la Corona española, propusieron que los territorios del Plata retornaran a la obediencia al rey de España o de lo contrario se convirtieran en protectorado de otro imperio, el británico. 
El pasado, a través de la indagación o la comprensión del mismo, está estrechamente vinculado al presente. El estudio de la historia, entre su diversidad de objetos, intenta reconstruir las acciones humanas anteriores derivadas de la conflictiva relación entre las necesidades y los hechos. Esta dialéctica del devenir humano supone una constante transformación cultural del presente, moldeando las estructuras ideológicas de las personas y contribuyendo a la formación de una identidad colectiva.
¿Qué representa el 9 de julio hoy para los argentinos? ¿Cómo se concibe el día de la independencia en la actualidad? ¿De qué manera nos vale evocar el conflicto pasado y revivir un nuevo conflicto presente?
 En primer lugar, se puede observar como la fecha en que se recuerda la génesis de nuestra libertad política a través de actos escolares o protocolares relativamente pasatistas, y con discursos reproducidos para cumplir una formalidad. El objetivo que ello persigue, como sostienen algunos autores, es congelar los hechos históricos como actos desconectados de toda realidad, deshumanizándolos, vaciándolos de sentido y promoviendo la ruptura de toda influencia sociopolítica que las vivencias del pasado puedan ejercer en la transformación del presente. 
Pero también, enfocando la mirada desde otro ángulo, nos encontramos con la posibilidad de retomar los ideales de aquellos que creían tener la revolución al alcance de sus manos. Año tras año tenemos la posibilidad de tomar conciencia de que la independencia comenzó en 1816, pero no terminó allí, quedó inconclusa. Que hoy como ayer, el camino hacia la libertad política también se encuentra obstaculizado por  detractores, agoreros, y por “sofisticados traidores” que pregonan los beneficios de una mayor dependencia de las nuevas formas de dominación imperialista.
La declaración de la independencia estuvo signada por la incertidumbre y por la inseguridad que significaba una guerra contra el imperio dominante. Evocar este conflicto puede generar la fuerza necesaria para enfrentar los condicionamientos actuales, puede crear las condiciones objetivas para terminar el proceso de liberación iniciado en los albores del siglo XIX.
Esta forma de interpretar la historia puede resultar peligrosa para todos aquellos que pregonan la culminación de los cambios y la imposibilidad de construir una sociedad basada en la equidad y la justicia. Cuando desde una tribuna política se escuchan discursos que proponen dejar de lado el pasado para poder mirar hacia el futuro, los argumentos expresados encierran un grado de mendacidad y de contradicción que ni siquiera los propios enunciadores se detienen a medir. Son palabras que están cargadas de muerte, conllevan en sí mismas un quietismo absurdo que niegan la posibilidad del libre albedrío y del perfeccionamiento humano en el desarrollo de su vida social y política. En todo caso, si de futuro pretendemos hablar, este tiempo verbal representa el dilema que el hombre enfrenta como proyecto arrojado a su existencia, como “ser” inacabado en constante desarrollo de su “ser”, como elección que debe tomar desde el presente escrutando sabiamente en el pasado.
La Argentina actual tiene mucho de analogía con el 9 de julio de 1816. La centralidad del poder dominante difiere políticamente pero condiciona de la misma manera. Los escasos recursos de capital nos ubican en inferioridad de condiciones respecto de la competencia extranjera. La lucha política se presenta como un conflicto prolongado que demanda una firme convicción y creencia en el éxito de la misma. De esta forma, podemos intentar recrear las vivencias de nuestros ancestros en su lucha por la independencia imaginando que su acción estaba fundada en la memoria de los levantamientos libertarios tales como los de Túpac Amaru o Mina Gerais, que fueron violentamente reprimidos por  la violencia del sistema colonial.  De igual manera, los actos de nuestro presente pueden estar iluminados por la memoria del pasado remoto y reciente. El desafío de continuar la marcha sobre las huellas de las luchas precedentes es lo que nos demanda la historia.
Desde la militancia política, desde el desarrollo educativo y desde la promoción social, el tránsito de los ideales a la praxis sigue pendiente.

[1] Goldman, Noemí. Crisis Imperial, Revolución y Guerra (1806-1820), en Goldman, Noemí (Directora de Tomo) Revolución, República, Confederación (1806-1852). Nueva Historia Argentina, Tomo III, Buenos Aires. Sudamericana. 1998.

[1] Véase, Vannucchi, Edgardo. Pensar Mayo hoy. Tesis 11. Número 77. Buenos Aires, mayo-junio 2005.

[1] Vattimo, Gianni. Introducción a Heidegger. México, Gedisa, 1987.

[1] Chaunu, Pierre. Historia de América Latina. Buenos Aires, EUDEBA, 1988.

*Claudio Ponce, historiador. 

 

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