¿Hacia dónde nos quieren llevar?

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Revista Tesis 11 (nº 118)

(Argentina)

Isaac Grober*

Expresión en la economía del proyecto político del poder real. La Argentina futura y el futuro de los argentinos. Tareas a las que están llamadas las organizaciones populares.

El título, en tono de interrogante, recoge el sentimiento de conmoción que se abate sobre la mayoría de nuestra sociedad, azorada por el brutal y veloz deterioro de sus condiciones de vida, sumado a la angustia por lo que le  pueda deparar el futuro.

Una adecuada respuesta a esa pregunta requiere alzar la mirada en dirección al horizonte tras identificar el rumbo que le imprimen las medidas que viene aplicando el poder real que está detrás de Mauricio Macri y su elenco ministerial. De continuar este rumbo ¿cuál  será la estructura económica y la conformación de la sociedad de la Argentina  futura? ¿Cuál será, dentro de ella, el lugar que nos tocara ocupar a cada uno de nosotros?

DESTINO DEL MERCADO INTERNO

El primer signo orientador de este nuevo rumbo es el conjunto de medidas destinadas a deprimir el mercado interno y con ello excluirlo como motor del crecimiento, sustituyéndolo por la operatoria con el exterior.

Para alcanzar este propósito se puso en marcha el arsenal disponible para el ajuste neoliberal: megadevaluación, eliminación de retenciones a la exportación, desorbitadas subas de precio así inducidas y ahora potenciadas con los tarifazos, favoreciendo todas una redistribución regresiva del ingreso que benefició en magnitudes multimillonarias al capital concentrado: terratenientes y grandes productores agropecuarios, la gran minería, el complejo exportador, las grandes empresas agroindustriales, las empresas productoras de insumos difundidos (acero, aluminio, petroquímica, etc) y al sector financiero. Sectores en general productores de commodities con acceso tradicional mercado mundial, en calidad de exportadores, o vinculados al mismo, con preeminencia de las multinacionales.

Obviamente también tienen el objetivo de comprimir el consumo y retraer la demanda interna, la promoción al rango de política oficial del despido de trabajadores y el intento – en parte frustrado por la resistencia sindical –  de fijar límites a los ajustes salariales, aunque aún con pérdidas para los trabajadores. Tampoco a nadie se le pueden escapar los objetivos estratégicos, que están detrás, de promover la formación de un ejército de desocupados: En lo económico, como instrumento de coerción para frenar los reclamos salariales y en lo político, debilitar el poder de las organizaciones sindicales en el ejercicio de la lucha de clases.

Completan este cuadro la reducción del gasto público y la paralización de la inversión en ese ámbito, en una carrera que no exhibió frenos ni para desmantelar áreas del aparato estatal que atendían necesidades sociales de carácter vital, ni de otras que operaban como soporte en los juicios por crímenes de lesa humanidad.

Desde un enfoque estructural, la primera consecuencia objetiva e inevitable     – además del abultamiento de la masa de pobres e indigentes y la de los desequilibrios sociales y regionales – es el debilitamiento y hasta la desaparición de empresas y actividades, en particular industriales, que se nutren del mercado interno. Su  ineludible derivación es el crecimiento de la desocupación estructural, mucho más cuando a lo anterior se le agrega la política de liberalización de importaciones, obligando a la industria local a enfrentar una oferta externa ávida de mercados  en el marco de un mercado mundial deprimido y en crisis desde hace varios años

De estas penurias tampoco quedan excluidas ciertas producciones regionales, como ya ocurre con la producción de cerdos, leche, yerba o frutas del Alto Valle, ni las de muchos pequeños y medianos productores agropecuarios, hasta hace poco ilusionados con la devaluación y la eliminación de retenciones y ahora afectados por la suba de costos de los insumos, del gasoil, de los servicios que contratan y del arriendo, cuando no son propietarios,  más los inequitativos precios que reciben de los acopiadores y exportadores, cuando venden.

Una primera conclusión o respuesta a la pregunta del principio es que la depresión del mercado interno, de perdurar en el tiempo, junto con generar desaparición de empresas y mayor concentración de riqueza, con preponderancia en manos de multinacionales,  alterará con ello la estructura económica y productiva del país, reprimarizará la producción y las exportaciones, con el resultado de una nueva y más permanente red distributiva del ingreso nacional, ahora sí todavía más consolidada y regresiva. Por eso también resultará alterada la conformación y composición de la estructura social, hecho que afectará también a sectores de ingresos medios y a pequeños y medianos empresarios y productores de la ciudad y del campo.

En adición, esta mayor concentración de ingresos redundará en una mayor concentración del  excedente en manos del bloque de poder, valor que de no canalizarse hacia un destino productivo, se volcará a su valorización en lo especulativo financiero.

EL MERCADO CAMBIARIO Y LAS CORRIENTES FINANCIERAS

En esta búsqueda del rumbo que está marcando Cambiemos hacia la Argentina futura, ubicamos el segundo signo orientador y es el que está centrado en el ámbito de lo financiero y cambiario.

Con las publicitadas “virtudes” de  la libertad de mercado, justificaron la  eliminación del llamado “cepo” cambiario y las normas que regulaban los flujos financieros internacionales. Así se han abierto las puertas para ingresar y sacar divisas del país sin restricciones. Este encuadre, argumentan, creó las condiciones para el ingreso de capitales, con el que – aseguran – resolverán la restricción externa, más el agregado del incremento y diversificación de la producción y el empleo por vía de la inversión extranjera directa. Sintetizando, a esto llaman “salir del aislamiento” “ingresar al mundo”, para lo cual previamente el grupo de poder local se subordinó al escandaloso, por lo gravoso, acuerdo de resolución del juicio con los fondos buitre.

Pero la realidad muestra que pese a la reducción en divisas del costo laboral – devaluación mediante – y la práctica culminación del “trabajo sucio” del que se ufana  el ministro Prat Gay, no hay el menor indicio de ingreso de inversiones productivas. Es un resultado explicable cuando la demanda interna se desploma y la del exterior se desenvuelve en un mercado mundial sobrevendido, sin poder emerger de su crisis.  Salvo situaciones puntuales o la absorción de empresas existentes o la extranjerización de recursos naturales, vale la pregunta:, inversiones productivas ¿para vender lo que produzcan a quien?

Lo que sí han florecido son los ingresos de corte financiero: unos, respondiendo al mayor endeudamiento de la Nación y de las provincias para cubrir sus desajustes fiscales – que con Macri han crecido – y otros, los capitales golondrina atraídos por las exorbitantes tasas de interés – que han llegado hasta el 38%- que el Banco Central paga, alimentado la conocida bicicleta financiera y que en lo esencial sirve para formar caja que cubra, a un costo fenomenal, el giro de dividendos y la fuga de capitales, principal causa de la restricción externa. Son tasas de interés que  inhiben todo intento de inversión productiva y contribuyen al objetivo de  comprimir al mercado interno.

Resumiendo, nos enfrentamos con un panorama que en tanto no alienta perspectivas de aumento significativo de exportaciones, ni por tanto de ingresos genuinos de divisas, se ha institucionalizado una operatoria que sistemáticamente obligará a contraer nuevas deudas para pagar las viejas, acrecentadas cada vez por nuevos intereses y comisiones, más el sometimiento a los condicionamientos impuestos por el capital financiero mundial.

Segunda conclusión o respuesta a la pregunta del inicio: con el rumbo que le imprimen las medidas de Cambiemos, nuestro país se irá transformando en una plaza en la que irá adquiriendo mayor gravitación el patrón de acumulación y valorización del capital financiero y parasitario, reinsertado plenamente a la Argentina en la lógica del sistema financiero mundial y como apéndice subordinado a ese poder. Consecuencias: más dependencia económica, menor soberanía política, paraíso de una minoría poderosa. El resto será tributario e  invitado de piedra en ese festín.

LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO.

Argentina termina de incorporarse como Observadora en la Alianza del Pacífico (AP), Tratado de Libre Comercio de indisimulada  subordinación a los EE.UU. Por boca de nuestro presidente sabemos también de la intención del gobierno argentino de promover un avance, en un proceso de convergencia entre el Mercosur y esa Alianza, para concretar un Tratado con EE.UU primero y ”después con el mundo entero”.

Más explicito, Prat Gay, en su reciente visita a España, afirmó que el Gobierno apuesta por un rápido acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y que tal acuerdo es el camino hacia el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP)

Referido al TPP vale ahora la transcripción de la opinión de Carlos Rang, especialista en Estudios Latinoamericanos: “Toda esta estrategia es funcional a la necesidad del Unipolarismo para la reconfiguración global. El resultado de este proyecto político estratégico es la emergencia, desarrollo y consolidación de la dominación, por parte de las plutocracias que controlan la organización de las redes financieras globales. El capital transnacionalizado y su forma de valorización no cabe en los moldes nacionales, por eso se ve compelido a promover mega acuerdos de libre comercio. Estos crearían el mayor mercado del mundo (otorgándole derechos ilimitados en sus inversiones y en la solución de sus controversias) y tendencialmente van sentando las bases para el nuevo orden y la gobernanza global. De conseguir los objetivos e  imponer los mega acuerdos, la estrategia se va a visibilizar como la pérdida total de la soberanía nacional, el saqueo y la rapiña de los recursos naturales, la desregulación, desindustrialización, reprimarización y extranjerización de la economía, la privatización de todas las áreas sociales y estratégicas (ley de Reparación Histórica de los Jubilados?), la destrucción del empleo, flexibilización y precarización absoluta de la fuerza de trabajo, la exclusión, pobreza y marginalización a gran escala”(1)

No advertimos demasiada incompatibilidad ni incoherencia  entre el rumbo que viene transitando Cambiemos y lo que para Carlos Rang significará  el TPP. Más aún, hasta podría afirmarse que existe confluencia.

¿COMO SE SALE DE ESTO?

La movilización y los reclamos de los sectores populares frente a esta agresión oficial a sus derechos y calidad de vida, es en esencia una lucha política contra un proyecto político en el que lo económico es sólo parte.

Lamentablemente asistimos a una oposición dispersa y pareciera ignorante o desinteresada del rumbo por el que se nos está conduciendo, más motivada en su accionar por su encuadre ideológico, su oportunismo político o personal o  subordinada a los condicionamientos y la extorsión presupuestaria  desde el gobierno central.

Del mismo pecado también debe hacerse cargo parte de la dirigencia sindical que con resistencias reacciona cuando la presión de las bases se hace insostenible y  amenaza la continuidad de su poder.

Entonces, desde el más genuino interés  y necesidad de los sectores populares: ¿cómo se sale de esto?

Partimos del hecho que el poder al que se enfrenta el pueblo es vasto y poderoso. Además de tener como soporte el manejo económico y financiero del país, cuenta de su lado con la capacidad de desinformación y de construcción de sentido común de los medios de comunicación, una parte de los cuales es parte del poder real; Poder real que tiene ramificaciones en el poder judicial, en partidos políticos, en los servicios de inteligencia y en las fuerzas de seguridad, que tiene asimismo extensiones hacia el exterior y cobertura internacional.

Todos los que objetivamente se ven afectados por el proyecto oficial, asalariados, jubilados, sectores de ingresos medios, pequeños y medianos empresarios y productores, tienen como única arma  – potencialmente poderosa – la movilización en defensa de sus derechos, apuntando a integrar en esta lucha a todos en su condición, con un alcance amplio, plural, diverso, sin sectarismos, en un ejército que en paralelo con el cursar de las batallas irá elevando su conciencia y su fuerza moral y que actuando coordinadamente, construya unidad en la acción.

El protagonismo del movimiento popular es la única respuesta a la necesidad de cambios. Es irreemplazable. No es esperando al mesías o delegando en dirigentes que actúen en nombre del pueblo como se va a resolver este conflicto. “Los líderes, son importantes y en algunas coyunturas decisivos, pero nunca para sustituir la participación  protagónica  de los pueblos, sino para desencadenarla y potenciarla” (2)

*Isaac Grober, Contador Público y Magister en Economía, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

(1) Fernanda Vallejos en “Macri nos conduce al TPP” reproducido por ¨La nave de la Comunicación” junio 2016.

(2) Isabel Rauber, “Reflexiones desde abajo. La clave del protagonismo popular”.

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