En la Argentina se pudo definir el amor.

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Adrián Berardi* 

En la Argentina, el 15 de julio de 2010 se decidió que el amor necesitaba de una ley que garantice la libertad e igualdad de los amantes; una ley que rompa con las categorías preestablecidas, y reconocidas, para descubrir una palabra solo en la forma de ejercerla… Amar. 

 “Porque todos somos iguales, es que todos somos diferentes”

EZLN

 

Según la Real Academia Española, la palabra amor proviene del latín y significa “sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.

 

Sin embargo, todos sabemos que el amor es una categoría que no puede ser explicada como tal, el amor es un sentimiento que solo puede ser comprendido en el interior de cada individuo, y es solo ese sujeto que sabe cómo expresarlo. Está claro que el amor no se resume en una palabra o categoría, el amor no se puede definir si no se siente y no se descubre si no se expresa; es decir que el amor está vinculado a la individualidad de cada sujeto pero también a la individualidad del otro que recibe ese amor.

 

Es decir que en principio el amor se siente y se expresa siempre y cuando existan – como mínimo- dos personas involucradas en tan misterioso sentimiento. Entonces podemos entender que el amor como tal no puede ser definido si no es en su acción, acción que irremediablemente necesita la existencia de una “Relación Social” donde no media –necesariamente- más que este sentimiento imposible de explicar, mas allá de expresiones lingüísticas del vocabulario.

 

El amor no pone como término de su existencia ningún tipo de limitación sobre quien puede o no puede amar, no habla de sexo, ni de religión, ni de color de piel, ni de cultura; es decir que el amor como tal es igual para todos, todos somos iguales ante el amor, somos vulnerables ante la existencia de este y por sobre todo defendiendo este sentimiento, defendiendo a la persona que amamos.

 

Entonces el amor se liga a la igualdad. Según la Real Academia Española, la palabra Igualdad viene del latín y significa: “Correspondencia y proporción que resulta de muchas partes que uniformemente componen un todo”.

 

Según esta definición, podemos entender que la igualdad permite que los sujetos dejen de ser simple individuos y se conviertan en un todo, un todo que en el amor conforma una pareja, una pareja en la cual los sujetos involucrados se aman y se reafirman como un ser.

 

Entonces entendemos que para amar es necesario saber que aquel sujeto al que amamos, siente y ama como también nosotros lo hacemos. La igualdad entre los sujetos es un requisito innegable para que exista el amor.

 

Claro que si el amor necesita de la igualdad, también necesita de la libertad, libertad para elegir a quien amamos y como lo amamos, es una libertad natural, una libertad por la que se lucha, ¿quién no ha luchado por la persona a la que ama? ¿Cuántas veces se toman decisiones libres que cambian nuestras vidas porque el amor apareció en el instante menos esperado?

 

Libertad es definida por la Real Academia Española como “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.”

 

Es decir que el amor se siente y se ejerce bajo la existencia de sujetos iguales y autónomamente libres.

 

Así de una categoría que a todos nos cuesta definir, surgen condiciones que hacen que el amor se pueda expresar, existir, crecer.

 

Sin embargo hubo y hay lugares donde la igualdad es coartada y la libertad no se puede ejercer, hay lugares donde los sujetos no pueden vivir su vida como quieren, como sienten, como aman.

 

Hay lugares donde se considera que la libertad es poder ejercer sus derechos, pero el amor no aparece como un derecho; hay lugares donde la igualdad entre los sujetos, es una igualdad ante la ley pero no ante los otros sujetos.

 

La Real Academia Española define al derecho como un “conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva”. Y a la ley como una “regla y norma constante e invariable de las cosas, nacida de la causa primera o de las cualidades y condiciones de las mismas”.

 

Sin embargo poco nos dicen estas definiciones del amor, porque el amor no necesita de derecho, no necesita de ley; el amor es autónomo y libre por si mismo, y los sujetos que sienten amor, por el hecho de sentirlo son libres y son iguales, por encima y mas allá de toda ley y de todo derecho.

 

Pero los sujetos vivimos en sociedad, de las más antiguas a las más modernas, de las más grandes a las más pequeñas, en ella los sujetos aman y viven su amor, y por más que el amor esté prohibido los amantes lucharán por liberar su amor de las ataduras sociales que intentan contenerlo por no estar regido ni por la ley ni por el derecho. Es decir que los sujetos cambian la libertad de amar por la ley y el derecho que les garantiza la “normalidad” de una supuesta mayoría representada en la sociedad.

 

Es ahora la sociedad en su conjunto quien pretende la existencia de una democracia como garante de la ley y el derecho, y por sobre todo la igualdad de todos bajo ella.

 

Luis Tapia, filósofo boliviano, define a la democracia como “una forma igualitaria de autodeterminación”[1] e implica la existencia de un espacio en el cual existe una pluralidad de sujetos y donde se piensan y se organizan las relaciones de la vida cotidiana, donde los sujetos individuales debaten y construyen en forma colectiva las formas de existencia.

 

Es decir que la democracia es el mejor espacio para que el amor nade libremente en las aguas de las relaciones y sienta la igualdad y libertad de los sujetos que hacen posible que esa categoría – “amor”- siga siendo exclusiva de aquellos que lo sienten, y lo viven.

 

En la Argentina, el 15 de julio de 2010 se decidió que el amor necesitaba de una ley que garantice la libertad e igualdad de los amantes; una ley que rompa con las categorías preestablecidas, y reconocidas, para descubrir una palabra solo en la forma de ejercerla… Amar. Entonces cuando el Congreso Nacional logró sacar el velo de una sociedad que no entendía que el derecho también se refiera a la libertad de amar como seres libres e iguales, en ese momento cuando la ley de un dios que no media entre los hombres parecía natural, justo ahí, se dieron cuenta que el amor es lo naturalmente sagrado, y que la lucha por él es el mayor derecho que debe garantizar la ley.

 

Hoy todas las personas en Argentina pueden contraer matrimonio amparados por la ley, hoy el amor es un derecho.

 

El “matrimonio igualitario” puso en rieles a nuestra democracia, que con sus defectos y virtudes dio lucha para que el amor se cargue de sentido, para que el amor se debata y se acepte como diferente para cada uno de nosotros.

 

Todos pudieron expresar sus percepciones de cómo se debería amar, todos fueron libres de decir – muchas veces en forma racista y xenófoba – por qué dos personas de un mismo sexo no podían casarse, todos fueron escuchados bajo la lógica de que todos somos iguales, entonces solo bastaba mostrar que el amor es igual para todos los sujetos libres que deciden amar, sin importar más que ese amor.

 

Hoy no podemos decir que ganó una minoría, hoy ganó la igualdad, la libertad, la democracia, pero por sobre todas las cosas triunfó la definición de amor.

 

El amor puede ser definido como un sentimiento profundo –imposible de explicar – hacia otra persona, cualquiera sea su sexo, cultura, religión o nacionalidad y puede ser ejercido en la Argentina en forma libre entre personas iguales y amparadas por el derecho de la ley hasta sus últimas consecuencias. 

*Adrián Berardi, estudiante de sociología, miembro del Consejo de Redacción de Tesis 11. 

 


[1] Tapia Luis (2009) “Pensando la democracia geopolíticamente” Muela del diablo, La Paz. PP. 15

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