Los tratados de libre comercio

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Revista Tesis 11 (nº 116)

(Internacional)

Alberto Wiñazky*

La crisis estructural del capitalismo incluyó, desde su inicio, reiteradas intervenciones militares de la OTAN en diversas zonas del planeta. Pero ante los repetidos fracasos en la ejecución de las políticas beligerantes clásicas, el imperialismo apuesta crecientemente a elaborar distintos proyectos comerciales, que le permitan ordenar el sistema económico mundial de acuerdo a sus intereses.

El sistema capitalista atraviesa desde la década de los setenta del siglo pasado, por un escenario global de crisis periódicas que afectaron severamente el régimen de acumulación iniciado en la posguerra. Reaparecieron en el capitalismo el lento progreso técnico, la caída de la rentabilidad, el débil ritmo de acumulación y el desempleo estructural. Ante esta situación se afianzó la doctrina del neoliberalismo clásico, que implicó el desarrollo de un mercado libre y global de los capitales y los tratados de libre comercio, que se encuentran en pleno período de discusión y aplicación.

Luego del fracaso de los EEUU con sus políticas armamentistas en Afganistán, Irák y Libia, más lo que está sucediendo en Siria, han quedado demostradas las limitaciones de su poderío militar  en la ejecución de políticas beligerantes clásicas. Estás políticas tratan de ser sustituidas por la geoeconomía, sin descuidar la venta de armas, ni su involucramiento en las zonas altamente conflictivas producto de la herencia colonial. Provocan con los ataques realizados conjuntamente con sus socios de la OTAN y mediante la utilización de drones y misiles, decenas de miles de muertos civiles y enormes destrozos. Asimismo, cobran importancia estratégica los grandes consorcios que asisten civil y militarmente en los territorios en disputa, que obtienen enormes ganancias con los recursos incautados.

De esta forma, EEUU y Europa apuestan crecientemente a proyectos comerciales que le permitirían ordenar el sistema internacional de acuerdo a sus intereses, apostando a las relaciones económicas como instrumentos estratégicos. Si estos planes resultaran exitosos, el potencial de la intervención militar si bien seguiría latente, especialmente por la presencia omnipresente del complejo militar-industrial, se ubicaría en un plano menos preponderante.

Estos planes llevarían a una creciente regionalización del comercio internacional, tal como sucedió tras la Gran Depresión de 1929, llegando a una partición del orden mundial capitalista. Aumentaría sobremanera la libertad económica, con el aumento significativo del poder de las grandes empresas y la desregulación de los mercados, rebajando en forma drástica los niveles de protección social y medioambiental. Disminuiría por otra parte, la capacidad de los gobiernos para poder legislar en beneficio de los ciudadanos, limitando el poder de los trabajadores a favor del sector empresarial.

Uno de los dos acuerdos en discusión es el tratado entre la UE y los EEUU, llamado Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, (en ingles Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP), es una propuesta de tratado de libre comercio (TLC) entre la UE y los EEUU, que se encuentra actualmente en un proceso de negociación. La filtración del anteproyecto reveló que el tratado no permitiría a los gobiernos aprobar leyes para la regulación de los sectores económicos estratégicos como la banca, los seguros, los servicios postales o las telecomunicaciones. El tratado permitiría la libre circulación de los capitales, impidiendo los controles estatales que son un instrumento político decisivo para contrarrestar los flujos desestabilizadores del dinero especulativo. Además establecería, entre otras cosas, cuotas para la circulación de los trabajadores y prohibiría a los países miembros la erradicación de los productos financieros de alto riesgo. Los EEUU consideran esta asociación como un complemento a su Acuerdo Estratégico Transpacífico.

El otro acuerdo en debate, es el Tratado de Libre Comercio Multilateral Transpacífico TISA (TPP en inglés) que congrega a once países de la cuenca del pacífico y algunos observadores, tal el caso de Uruguay. Lograron finalmente, luego de seis años, cerrar este acuerdo, que incluye a EEUU, Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Es un acuerdo con un profundo carácter geopolítico, con el cual los EEUU buscan recuperar su hegemonía dentro de un nuevo escenario global. Tiende a supervisar y acelerar la cooperación intergubernamental, que lograría la integración económica entre la UE y los EEUU más Japón, reflejando el 40% de la economía mundial, controlando el mayor stock de inversiones del planeta.

En la UE, las posibilidades de crecimiento quedaron empañadas bajo la sombra de la austeridad y el arraigo de corrientes nacionalistas de derecha y el decadente estado de la socialdemocracia. Las dos corrientes que prevalecen en la UE: liberales-conservadoras y socialdemócratas, atraviesan un período de escasa legitimidad política, ya que a ambas se las asocia con la austeridad y la transformación del Estado de Bienestar en un Estado liberal regido estrictamente por las leyes del mercado.

En las últimas elecciones y por primera vez en la historia de la UE, un nítido arco gris hizo su aparición en el Parlamento europeo a través de la irrupción de movimientos de extrema derecha, eurofóbicos, euroescépticos o populistas. En suma, las extremas derechas del viejo continente ganaron una enorme legitimidad, especialmente en el este de Europa, pero también en Francia, donde la abstención electoral alcanzó porcentajes contundentes. Sumada esta situación a los varios fracasos en la Ronda de Doha, hizo que la UE diera marcha atrás con el multiletarismo, comenzando a elaborar una red de amplios acuerdos bilaterales y regionales. Estos acuerdos son dirigidos hacia los países periféricos y también hacia países industrializados como Japón, Canadá y los EEUU. Su política comercial ha pasado así, a ser un instrumento de ofensiva que le permitiría exportar sus productos a un enorme mercado transatlántico.

De este modo, en un mundo post multiletarismo se enfrentarían entre sí los bloque de potencias comerciales competidoras, que intentarían incorporar a terceros estados, lo que llevaría a la agudización de la crisis económica. China, ante esta situación sostiene que el cuerdo TTIP puede llevar a una Guerra Fría en materia de comercio y ya ha comenzado a negociar un acuerdo regional con Australia, Corea del Sur, la India e incluso Japón y a impulsar una zona de libre comercio con los BRICS (sector que se encuentra muy deteriorado económica y políticamente), tratando de reducir la preponderancia del dólar como moneda de reserva mundial.

En 2012 el stock de inversiones mutuas acumuladas entre los EEUU y la UE ascendía a 2.8 billones de euros, convirtiendo a la relación comercial entre estos bloques en la más importante del mundo. (Informe del High Level Working Group, 2013). Por la filtración de estas tratativas, pudo saberse que este acuerdo incluye 26 capítulos que buscan regular un gran número de temáticas, que van desde el comercio y el dominio de las patentes medicinales, hasta la regulación del mercado del trabajo y permitirían levantar las barreras comerciales entre las economías ribereñas del pacífico, acentuando la dominación imperialista.

Precisamente, el primer paro general que la Central de los Trabajadores, PIT-CNT de Uruguay le realizó a Tabaré, incluye entre sus puntos de lucha, el rechazo a este acuerdo, donde participaba secretamente el Uruguay y que incluye el libre acceso de las transnacionales a los mercados de los servicios, sin limitaciones de ningún tipo. Ante este enérgico rechazo, el Plenario del Frente Amplio impulsó el abandono del Uruguay del TISA. Pero el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, sigue analizando la posibilidad de ingreso a la Alianza Transpacífico, sosteniendo que Uruguay “es un país con perfil exportador y por lo tanto internacionalista” (NODAL).

*Alberto Wiñazky, economista, miembro de la Comisión de Economía y del Consejo Editorial de Tesis 11.

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