Hacia el Movimiento por Buenos Aires

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Claudio Lozano*

Promovemos la conformación del Movimiento por Buenos Aires como aporte a la construcción, desde esta Ciudad, de una nueva experiencia política que nos permita avanzar en la conquista de una sociedad libre de toda forma de dominación y que nos posibilite construir una Ciudad donde quepan todos los mundos y donde cada uno puede tener su lugar.


 
      Estamos convencidos de que nuestro país vive un nuevo tiempo político abierto por la participación de la sociedad y sostenido por la experiencia de creación y construcción de múltiples iniciativas y organizaciones populares. Los años 2001 y 2002, con su contenido de movilización popular, implicaron la clausura colectiva del consenso neoliberal y la apertura de un tiempo propicio para la afirmación de un Nuevo Proyecto de Sociedad.

 También permitieron constatar el límite que para la profundización de dicho tiempo expresara la ausencia de una experiencia política  de alcance nacional que sobre nuevas bases pudiera plantear una resolución popular de la crisis de aquellos años.  Es más, hoy puede percibirse, con absoluta claridad, el límite que representan las viejas prácticas políticas basadas en inhibir la participación popular y fuertemente articuladas con el poder económico consolidado en décadas de neoliberalismo y regresión salvaje.

 Queremos ser precisos, en las actuales circunstancias de nuestro país y de la región, toda política que promueva y profundice la participación popular con el objetivo de revertir la herencia de concentración y desigualdad, y que consolide el ejercicio de la soberanía nacional es una propuesta que favorece el avance del pueblo en la posibilidad de decidir sobre su propia historia. Asimismo, todo ejercicio institucional, que no interprete a las instituciones como marcos imprescindibles para dotar de legalidad a la participación popular, que promueva procesos de delegación de la soberanía del pueblo en personas supuestamente aptas para resolver el futuro, que no dote de legalidad a la organización de los trabajadores y que confíe en que un nuevo proyecto productivo y un nuevo patrón de justicia social es posible dinamizando el presente modelo concentrador y desigual, contribuye a esterilizar este momento político y terminará resultando funcional al status-quo vigente. Esta disyuntiva histórica presentada de manera simplista en un debate falaz que la lógica política dominante pretende instituir bajo la forma de la contradicción entre oficialistas extremos de una gestión versus opositores acérrimos a la misma, ha obturado el debate principal sobre el país que hay que construir y ha puesto en suspenso la participación de la sociedad. Obnubilados por respaldar o repudiar una gestión, arrojamos por la borda la importancia de un proceso político que abrió el pueblo argentino y perdemos de vista que es su marcha, son sus necesidades y es el debate sobre cuáles son las mejores alternativas para potenciar su intervención lo que debiera ocupar la reflexión y el accionar de las organizaciones populares. A consecuencia de lo expuesto, vivimos el deterioro de las opciones políticas donde un presente (plagado de límites e injusticias) sólo parece confrontar (y justificarse) con un pasado asociado a los 90’ sin que emerja una experiencia que reconociendo los dolores y las limitaciones del momento actual, pueda fundar en la conciencia y en el protagonismo popular una perspectiva de futuro.
 
 En la Ciudad de Buenos Aires, lo expuesto adquiere niveles extremos y exhibe también algunas particularidades.  El debilitamiento del debate y de la construcción política se expresa en la proliferación de candidaturas frente a un contexto de ausencia y dilución manifiesta de las fuerzas políticas.  Parece necesario en esta coyuntura, reparar en los últimos tres mensajes que diera la ciudadanía porteña.

a) En primer lugar, el fracaso absoluto del sistema político en su relación con la ciudadanía.  Hecho este que se manifestó con contundencia en la destitución del último Jefe de Gobierno.  Más allá de la opinión que pueda tenerse sobre la justeza o no de tal decisión, lo cierto es que mientras se dirimía la suerte de la principal referencia institucional, la ciudadanía porteña continuaba su rutina habitual sin involucrarse ni en su destitución ni en su defensa.  Está claro que esto no fue fruto de la casualidad, sino resultado de un sistema político que transformó la legítima demanda social de verdad y justicia frente a la masacre de Cromañón, en una nueva contienda electoral que resituaba la disputa entre Macri e Ibarra al tiempo que ocultaba el único debate que debió haberse dado: la relación entre el Estado y los negocios y los efectos de muerte que sobre los cuerpos y los sueños de los ciudadanos produce este vínculo no solo en esta ciudad, sino en todo el país.  Está claro que esta distancia entre el sistema político, el Gobierno de la Ciudad y los ciudadanos de este territorio, debe computarse como el fracaso más visible y elocuente para una experiencia política que pretendió presentarse como de “centroizquierda”.  Si tal categoría existe, es obvio que su tradición histórica remite a un tipo de gestión donde la participación popular en las decisiones ocupa un lugar fundamental. Este fracaso se expresa en la paradoja de una ciudad que en su propia Constitución fomenta la participación, mientras ésta es prácticamente inexistente en su funcionamiento institucional actual.
b) En segundo término, el fracaso en la conformación de Frentes (de esa supuesta centroizquierda), que se articulan para evitar el avance de la derecha pero que no suponen la confluencia en torno a una idea de país y de Ciudad.  Esta experiencia que protagonizáramos en el 2003 reveló sus profundas limitaciones.  Los frentes carentes de proyectos y constituidos contra determinada amenaza finalizan al otro día de la elección, transforman la conducción del Estado en un sistema de loteo interpartidario o entre grupos internos de los distintos partidos, balcanizan la gestión y terminan viabilizando el predominio de lo que supuestamente se quiere evitar.  El peso dominante del Macrismo en la legislatura ciudadana, la incorporación de alguno de sus cuadros al interior del Ejecutivo actual, el logro de iniciativas institucionales y hasta el Gobierno provisorio y simbólico del Macrismo en la Ciudad frente al viaje al exterior del actual Jefe de Gobierno, son evidencias palpables del fracaso de aquella estrategia que se presentó y se sigue presentando bajo la idea de “juntar a la centroizquierda para frenar a la derecha”.
c) El tercer mensaje es el fracaso, evidenciado en el 2005, de pretender que una sola persona o una sola tradición política sea la exclusiva expresión de una propuesta popular en la Ciudad.  El exagerado exclusivismo en la decisión de promover una propuesta configuró estrategias cerradas que al no poder receptar a los distintos actores y visiones del quehacer ciudadano limitaron posibles confluencias, fracturaron la construcción política debilitando la participación, y consolidando el predominio del status quo.

 Estos tres mensajes que la experiencia política reciente de la Ciudad nos plantea, se transforman en claves para definir los contenidos de la propuesta del Movimiento por Buenos Aires que pretendemos impulsar.

 No nos proponemos juntar a la “centroizquierda”.  Si por esto se entiende la configuración de prácticas que tanto en el plano institucional (por su tendencia a inhibir la participación popular) como en el económico-social (por no reducir las desigualdades) reproducen las lógicas del viejo y dominante sistema político tradicional.  Es esta política la que ha alejado al pueblo de la Ciudad de las decisiones, la que ha profundizado las desigualdades, y la que ha cristalizado el status quo en este territorio.  Entendemos al Movimiento por Buenos Aires como la puesta en marcha de un instrumento que le permita al pueblo de la Ciudad intervenir en las decisiones y resolver democráticamente en qué Ciudad quiere vivir.  “Para todos la misma Ciudad, en un país con Igualdad, Soberanía y Democracia”  son los principios que gobiernan nuestra propuesta.  Participación popular, proyecto para la Ciudad y amplitud en la convocatoria son las claves de trabajo para su desarrollo.

2) Nuestras propuestas:

 La participación como clave de trabajo pretende no reincidir en la retórica conocida.  Estamos convencidos de que sólo el ejercicio de la soberanía popular puede poner en cuestión las lógicas de dominación.  En la actualidad, el Estado de la Ciudad aparece maniatado por poderes que impiden que éste pueda actuar en nombre del interés público.  Es la capacidad de veto de los sectores más acomodados de la población porteña lo que limita la posibilidad de una reforma impositiva que termine con la inequidad que supone que el vecino de Lugano pague más impuestos que el de Recoleta.  Son los contratistas y los acreedores los que siguen fijando condiciones sobre el destino de los recursos públicos, es la lógica de reparto del sistema institucional entre las distintas parcelas del sistema político partidario y el mantenimiento de una burocracia sindical prebendaria y privilegiada que está lejos de representar a los trabajadores, lo que coadyuva en el sostenimiento de una maquinaria estatal que todos los años dilapida recursos que son fundamentales para la vida de los ciudadanos de Buenos Aires.

 Sólo con una mayor participación del pueblo de la Ciudad es que podrán desmontarse los límites señalados.  Y esta participación sólo puede lograrse en base a instrumentos concretos.  La estrategia del Presupuesto Participativo (orgánicamente aplicada y no solo enunciada como hasta ahora); la promoción de las Comunas como marco de participación para la decisión, la ejecución y el control presupuestario; y la ruptura del unicato sindical en la administración pública de la Ciudad propiciando la organización democrática y libre de los trabajadores, son ejes fundamentales para la democratización del Estado de la Ciudad de Buenos Aires.  Es la participación del pueblo de la Ciudad lo que posibilita independizar al Estado de los poderes constituidos y permite ponerlo en función de lo que debiera hacer y no hace: discutir e incidir en el modelo de Ciudad y defender a los habitantes de este territorio.  Desde estas condiciones, es posible plantearse una nueva estrategia fiscal en la Ciudad que desplace la lógica ortodoxa vigente hasta el 2006 y que se fundara en el mantenimiento de un fondo anticíclico que acumuló cerca de $ 1.500 millones en un contexto donde la Ciudad de Buenos Aires evidenció, respecto al comienzo de la última crisis (1998) más desocupados, un ingreso promedio inferior en un 25%,  una brecha de desigualdad entre el 10% más rico y el 10% más pobre que se expandió un 100%, 200.000 pobres y 70.000 indigentes más. Fondo que esterilizó recursos mientras se ausentaban políticas de alcance universal que restituyesen ingresos y posibilidades a los hogares, seguían ausentes estrategias serias en materia de vivienda social, se deterioraba la inversión en Salud y en Educación, y se agudizaban los desequilibrios territoriales al interior de la Ciudad.

 Recursos sin aplicación mientras la Ciudad invierte apenas un 1% en áreas como Producción, Empleo y Urbanismo, cuando la coyuntura económica vigente así como el extendido universo de PyMEs, o la dotación de recursos humanos y científico-técnicos de los que dispone la Ciudad, permitiría poner en debate “qué modelo productivo sería deseable” y posibilitaría promover la consolidación de sistemas económicos barriales que sostenidos en mayores niveles de planificación, cooperación y especialización, redundaran en el impulso a la producción y el empleo.  Recursos disponibles mientras se postergan obras públicas imprescindibles como el anillo de autopistas o la autopista ribereña. Estrategia fiscal de corte ortodoxo que no se resuelve incurriendo en un déficit en las cuentas públicas (como hiciera la actual administración) que oculta, en la práctica, una suerte de libre albedrío en la determinación de los precios de los principales contratistas de la Ciudad.

 Sólo con un Estado de la Ciudad imbuido del interés público y por lo tanto sostenido en mayores niveles de participación, será factible lograr la autonomía plena de la Ciudad y transformarse en un protagonista exigente del imprescindible gobierno metropolitano que hay que promover.  Está claro que la Ciudad de Buenos Aires es el núcleo de una Región Metropolitana mayor que la condiciona y determina.  Es evidente que los límites jurídicos y políticos de la Ciudad no coinciden, es más son desbordados, por la dinámica económica y social del área metropolitana.  Ciertamente las problemáticas de la seguridad, del transporte, de las cuencas hídricas, de la salud, la educación, la producción, y el trabajo, resultan difíciles de gobernar sin completar la autonomía del Estado Ciudadano y sin coordinar una nueva experiencia en torno a la región metropolitana.

 Tenemos planteos para hacer y propuestas para discutir.  Pero sentimos también que atravesamos un momento fundacional donde se define la posibilidad de parir una nueva experiencia política.  Y creemos que la distancia que exhibe la ciudadanía con el sistema político dominante y con muchas subculturas militantes es la primer señal a considerar en este proceso fundacional.  Por eso esta iniciativa del Movimiento por Buenos Aires nace para ser compartida con todos los que tengan vocación de hacerlo y con el objetivo de ser modelado en la marcha.  Pretende escuchar antes que hablar, buscará recorrer barrios y comunas, hospitales y escuelas, conversar con el universo cultural de una ciudad compleja, así como compartir los lugares de trabajo y la actividad empresarial y comercial de una ciudad que merece otro destino que el que le propone, una y otra vez, la especulación inmobiliaria. Buscaremos encontrar métodos (encuestas, asambleas, voto, etc.) para plebiscitar las prioridades del pueblo de la Ciudad. Se trata de una iniciativa abierta a la participación de grupos de opinión, organizaciones sociales y no gubernamentales, experiencias partidarias y culturales.

 Discutiremos el país y nuestro lugar en él.  Y será desde estas prioridades que presentaremos como Carta Popular de los Ciudadanos de Buenos Aires, que buscaremos influir sobre el diseño institucional que se dirime el año próximo.  En este sentido, las elecciones del año 2007 no son un punto de llegada para nuestra propuesta sino una escala a considerar.  Queremos gobernar Buenos Aires y sabemos que para hacerlo habrá que demostrar una profunda amplitud.  Sólo tenemos dos condiciones en la relación con otros sectores o fuerzas políticas.  En primer lugar el proyecto a encarar debe ser el resultado de un debate colectivo, y en segundo lugar, el modo, los alcances y las personas que deban encarnar institucionalmente esta iniciativa, deberán ser el resultado también de una decisión colectiva.  Para que las representaciones no pierdan sentido agotemos la inventiva y moldeemos nuestras iniciativas y convocatorias para que el Pueblo de la Ciudad se haga presente, se sienta parte y protagonista de un nuevo proyecto.

 Decidamos en qué País y en qué Ciudad queremos vivir.

 Para todos, la misma Ciudad.

*Claudio Lozano
Mesa Nacional CTA
Corriente Política Germán Abdala
Diputado de la Nación

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