Verano de descontento para Obama

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JOEL KOVEL*

Traducido del inglés por Carlos Mendoza**

En el nº 90 de nuestra revista, publicamos un artículo de Joel Kovel sobre la esperanza despertada por Obama. En este artículo hace un crítico balance del gobierno Obama.

Como he escrito en un artículo anterior, la cultura de EE.UU. está todavía convulsionada por el inusual hecho de que Joe Wilson, un oscuro, mediocre y reaccionario congresista por Carolina del Sur, se levantó y le gritó «usted miente» a Barack Obama, mientras el presidente suministraba su «último» discurso sobre su programa de asistencia sanitaria, el 9 de Septiembre, ante una sesión conjunta del Congreso. Este asunto, la aprobación de la agenda doméstica de Obama, había sufrido, durante el extraordinario verano del 2009, una asombrosa serie de estridentes, engañosas, intensamente racistas y amenazantes protestas.

El efecto global fue de revelar un proceso político en extremo caos. Obama estaba tratando de poner en orden su fortuna política con su discurso, uno más de una serie de soberbios riesgos que ha voluntariamente enfrentado en varios momentos críticos de su turbulenta carrera. El discurso del 9 de Septiembre fue una de esas situaciones, hasta que la intemperante explosión de Wilson revelara que los asuntos habían traspasado el límite luego del cual ya no se los podía rescatar solo con finas palabras. Desde entonces, Wilson ha sido censurado por el Congreso, luego de disculparse y desdecirse de su disculpa, por su grosería y, seguramente, pasará al olvido.

Pero su significado consiste en el hecho de que cruzó una invisible pero poderosa línea. Ninguna personalidad oficial, que se recuerde, había tratado a un presidente con semejante rabia y falta de respeto y nada puede borrar el shock del evento como un auténtico signo de estos tiempos. Es demasiado malo que el contenido de lo que Wilson hizo haya recibido tan poca atención. Abiertamente, el congresista estaba pretendiendo que era mentira lo que Obama estaba diciendo cuan- JOEL KOVEL* Verano de descontento para Obama En el nº 90 de nuestra revista, publicamos un artículo de Joel Kovel sobre la esperanza despertada por Obama.

En este artículo hace un crítico balance del gobierno Obama. do afirmaba que su programa de asistencia médica no cubriría a ninguno de los 12 millones de inmigrantes indocumentados (la gran mayoría de América Latina), quienes actualmente ocupan los más bajos rangos de la clase trabajadora. Wilson estaba errado, porque en realidad el cuidadosamente elaborado plan de salud pública de Obama ha sido también cuidadoso en excluir a los «aliens», precisamente para suavizar la rabia del sustancial sector vernáculo de la derecha de los EE.UU. Pero haciendo esto, el 44º presidente ha hecho más que consentir, como un vulgar político standard, a los reaccionarios.

Ha ido más lejos, como lo han señalado Alexander Cockburn y otros, al negar su propio programa de asistencia sanitaria – que explícitamente prometía asegurársela a cada mujer, hombre y niño, en suma, a cada ser humano en los EE.UU – en contraste con el actual inhumano y vergonzoso sistema. Calmando al racista Wilson – y a todo el ala derechista racista, que ahora avanza a través del país como una plaga de langostas – Obama en realidad ha hecho una alianza con ellos. Y, negándoles a los trabajadores inmigrantes indocumentados la extensión de derechos humanos, que él mismo considera que integra su reforma del sistema de salud pública, extiende la alienación de la población indocumentada desde tecnicismos burocráticos hasta la propia pertenencia a la especie humana.

Entonces, permítasenos no disculpar a los horribles y desquiciados reaccionarios, que ahora cabalgan fuerte en los EE.UU. pero, permítasenos también ver como la cobardía y la traición del centro-liberal crea las bases de la reacción y ayuda a producir racismo. El fracaso de Obama está condicionado por los altos ideales que despertó en su carrera hacia el 28 Tesis 11 / nº 93 octubre – noviembre 2009 poder. El contraste con la administración previa es instructivo. George W. Bush fue certificablemente el peor presidente en la historia de los EE.UU., y un criminal de guerra, cuya patología llevó a la destrucción de toda la sociedad de Irak, conjuntamente con varios miles de ciudadanos de su propio país.

Pero Bush fue también sincero en que explicitó su lealtad a su basamento de clase. A través de todas sus mentiras, uno siempre supo donde él estaba parado. Tal como dijo en un discurso en un meeting de ricos aportistas, durante su campaña presidencial del 2004, se encontraba feliz de estar con sus bases: «los que tienen y los que tienen más». La maraña de mentiras comenzó desde el concepto de que la clase dominante y sus valores fueron declarados beneficiosos y democráticos y lo catapultaron a él mismo con fantasías de neoconservadurismo y fundamentalista cristiana supremacía. Mucha gente que no pertenecía a la clase dominante gustaba de escuchar las fanfarronerías de Bush, porque los hacía sentir virtuosos, fuertes y vindicativos, pero es justo decir que no fueron arrastrados por visiones de un nuevo y mejor mundo.

Ellos sabían que Bush no tenía intención de hablar por ellos ni de cambiar las bases de la sociedad. Por el 2008, Bush había totalmente desgastado su aceptación pública, inclusive entre muchos miembros de la élite, quienes habían empezado a oponérsele profundamente e incluso a alarmarse por su temeridad, grandiosismo y pobreza de juicio. Cada serio candidato en la elección presidencial del 2008 actuó contra el legado de Bush. Que Obama haya prevalecido, se debió al hecho de que pareció capaz de atravesar las grandes divisorias abiertas durante los años de Bush y hablar a y por la gente común.

Esta cualidad comenzó a percibirse como una radical promesa. Fue tomado por ser, como lo dijo Colin Powell cuando endosó su candidatura, una «figura transformadora»; y Obama hábilmente manipuló su propia imagen. Las más cotizadas palabras de su campaña fueron «cambio» y «esperanza». «Audacia » fue otra de esas palabras, y nadie, cualquiera fuera su posición respecto a la cuestión racial, pudo dudar de la audacia de un hombre negro accediendo al más poderoso puesto en el mundo. No importó que Obama diera amplia indicación, durante su campaña, de que él no era un radical, sino un hombre totalmente de compromisos, en la manera de la élites.

El hecho de que Obama haya hecho algo tan radical, parecía hacer de él un hombre radical. Y pareció también que la cuadragésimo cuarta presidencia iba a entrar en la largamente esperada «era postracial » en la historia de los EE.UU. Yo no voté por Obama y advertí, por aquí y por allí, que no había que tomar a Obama por una especie de Mesías. Pero ciertamente sentí el poder de esa «Esperanza» despertada por su remarcable victoria. Digo esto para subrayar el hecho de que, a pesar de mi mejor conocimiento, había empezado, como millones de ciudadanos, a ser entusiasmado por el drama de ver un hombre negro en la Casa Blanca. Que se haga realidad una gran esperanza propia genera el deseo de que se ponga más en juego, deseo de una profunda transformación.

Pero cuanto más uno es elevado por el deseo, más dura y dolorosa es la caída. Ese ha sido el caso, debido a que las esperanzas excitadas por Obama van cayendo en la nada. El resultado ha sido una especie de enojo mayor y más profundo que el excitado por Bush. Con Bush fue un relativamente simple sentimiento de rabia. Con Obama ha comenzado una paralizante sensación de traición y abandono. A la situación no la ayuda para nada el hecho de que la performance de Obama ha resultado ser peor que el normal compromiso que se suele construirse en el proceso político. El no ha balanceado mucho las posiciones progresistas y conservadoras, ya que simplemente ha abandonado el progresismo, excepto la floreada retórica.

El ha continuado las políticas de Bush, con un suave lustre de izquierda, pero sin un cambio esencial, e inclusive a veces las ha tornado peores, al punto que la izquierda, aun interiormente desgarrada, permanece largamente inerte e incapaz de actuar contra él. Han habido algunos gestos que recuerdan sus promesas: Una mejor, o menos incompetente, política con relación a las víctimas del huracán Katrina; cierta sensatez en la política exterior respecto a Corea del Norte y Rusia (la aventura de instalar un sistema antimisiles en Polonia está en proceso de ser desactivada). Virtualmente cada uno de los siguientes aspectos ha desastrosamente quedado marcado en su rostro: El bloqueo a Cuba ha sido renovado, mientras que a Chávez se le mantiene un revolver sobre la cabeza y a la brutalidad de Colombia se la sigue recompensando;

Las brillantes promesas del discurso de Obama en El Cairo en Junio giraron hacia un cóJoel Kovel Verano de descontento para Obama 29 mico redireccionamiento de sumisión al Sionismo y al lobby de Israel (EE.UU. expresó su «pesar» por el reciente incremento de los asentamientos decidido por Netanyahu y sus «graves dudas» acerca del informe Goldstone que establece atrocidades en la guerra de Gaza); La Secretaría de Educación de Obama está procediendo a privatizar y militarizar las escuelas y avanza el inhumano y estúpido régimen de exámenes estandarizados; La «Patriot Act» (Acción Patriótica) ha sido extendida, los gays siguen siendo licenciados por los militares y todas las promesas de desintoxicar las políticas de Bush-Cheney de torturas y ejecuciones están girando en redondo;

El proyecto Waxman-Markey (NT: proyecto de Ley estadounidense sobre Energías Limpias y Seguridad, impulsado por los senadores demócrata y republicano Waxman y Markey), que se suponía introduciría la posibilidad de control sobre las emisiones de carbón, ha sido devorado vivo por los lobistas de las industrias de hidrocarburos. Así ha ido, con idas y vueltas, hasta llegar a los espectaculares fracasos cuyas llamas echan luz sobre el resto: Desde el comienzo Obama dejó saber que era leal al «Partido de la Guerra», que dirige y expresa al capitalismo de los EE.UU. Cual típico político Demócrata que prueba su hombría redoblando hazañas militares, corrió a tomar la guerra de Afganistán como suya propia, e igualó a Bush perorando retórica sobre extirpar a los terroristas de Al Qaeda.

Ahora, como la guerra Afghana consume aun otro imperio y se extiende a Pakistán, él se enfrenta con un espinoso dilema, para cuya solución no demuestra aptitud. Enfrentado con la más grave crisis económica desde 1930, Obama tomó ciertas medidas que estimularían y harían mover la economía nuevamente – en esto se demostró superior a los Republicanos, cuyas únicas ideas han sido reducir impuestos – pero hizo esto con una orientación tal que dejó esencialmente inmodificadas las instituciones y las personas responsables de la crisis. Más aun, la recuperación ha dejado, hasta ahora, a la gran masa de ciudadanos sufrientes en ruinas y promete incrementar el gran abismo entre ricos y pobres, lo cual es el sello del capitalismo de los EE.UU. y el signo de su radical insostenabilidad.

El reciente discurso de Obama proponiendo una reforma del sistema financiero fue una mala broma que no afectó a ningún alto ejecutivo de grandes bancos. El empleado promedio de Goldman Sachs gana U$S 700.000 por año y el Citigroup acaba de otorgar U$S 10 millones a cada uno de sus 25 más altos ejecutivos y U$S 100 millones a su principal negociador. La pieza central de la política doméstica de Obama, la reforma del sistema de asistencia sanitaria, tiene en este momento una orientación tal que empeorará el ya espeluznante sistema. Unos 3.300 lobistas de empresas farmacéuticas y de seguros, bajaron a Washington (6 por cada miembro del Congreso) y parecen haber tenido éxito, no sólo en destruir la alternativa «Single Payer» (NT: asistencia sanitaria pagada por un único organismo público) – esto es, una extensión del actual «socialista» sistema «Medicare» para personas de edad – alternativa preferida por la mayoría de médicos, enfermeras y el electorado, sino que también han destruido la esperanza por una decente «opción pública», en otras palabras, la posibilidad de permitir a la gente suscribirse a planes de salud de bajo costo, que le otorgarían una mínima honestidad al sistema con fines de lucro. «Single Payer», no es solo la vía de justicia y derechos humanos, sino la única posibilidad para racionalizar los desestabilizantes efectos de las industrias de la salud en toda la economía.

Por cierto el sistema tiene solo un módico apoyo de la clase trabajadora, preocupada por la desventaja que le generaría a las empresas norteamericanas que comercian con el exterior (NR: Eventual impacto sobre el empleo en EE.UU). Barack Obama, ampliamente reconocido como un hombre inteligente, debe saber todo esto y sin embargo permite que la pesadilla continué. ¿Por que? La explicación estandard por esta y por todas las defecciones de la administración Obama ante el capital, es que él heredó un sistema tan vinculado al privilegio y la corrupción que es muy difícil cambiarlo.

Demasiada presión, a través de múltiples canales, forzarían al presidente, quién, después de todo, es solo la cabeza de una inmensa burocracia, cuyas partes funcionan de acuerdo con la inercia de generaciones del poder del dinero. Obana, se argumenta, sería simplemente eliminado, ya sea por vía electoral o por asesinato, si hiciera frente a eso. Yo en cambio sostengo que la falla reside en el propio Presidente y que el mayor aspecto en esto es su temor. Tomemos el sistema de salud, solo una parte del todo, pero indicado para un hombre valiente y determinado, con el coraje de sus convicciones, para hacer cambios. Aquí Obama tiene la lealtad del pueblo y claramente la de los trabajadores del área de salud.

Todo lo que tenía que hacer era tomar la oportunidad, siempre abierta a un Presidente, de controlar el debate público, y podría haber construido una indetenible coalición. Estaba en su poder impulsar una serie de audiencias, desde el comienzo de su período de gobierno, que expusiera los males del monstruo de tres cabezas, de empresas de seguros, industria farmacéutica e industria hospitalaria. Hubiera sido perfectamente posible deslegitimar a esos maleantes. Por ejemplo, se ha revelado por el infatigable sindicato de enfermeras, que en California solamente, las compañías de seguros rechazan en promedio uno de cada cinco reclamos, sembrando con ello inmenso y fácilmente inteligible sufrimiento.

Luego de algunos meses de eso, ningún miembro del Congreso podría sostener su oposición a la instalación de un sistema racional de salud. En cuanto a la amenaza de una derrota electoral en 2012, no hay duda de que es una posibilidad. Pero, ¿y con eso que? ¿Vamos a legitimar un oportunismo, que sacrificaría tanto bien, solo para 30 Tesis 11 / nº 93 octubre – noviembre 2009 tener otros cuatro años de viajar en el avión presidencial? En cualquier caso, un político con imaginación y coraje, saltaría hacia la perspectiva de ir hacia el pueblo para decirle que él va a hacer lo correcto y no lo oportuno, y dejar los lobbies, los peces gordos y los Comités de Acción Política bajo la condena pública. No es el fin del mundo tener un solo período presidencial, como lo demuestra la distinguida carrera política post-presidencial de Jimmy Carter. En cualquier caso, esa estrategia es probablemente el mejor camino para ser reelecto, dada la profundidad de la crisis, y es éticamente muy superior que jugar el cobarde rol de un mendicante.

Luego está el riesgo de asesinato, completamente real. Incluso es ya muy real. He escuchado estimaciones de 30 a 60 amenazas por día dirigidas contra el Presidente, mientras tanto, hombres con armas semi-automáticas, tolerados por la policía, han aparecido en una cantidad de mítines y «mítines comunitarios». Los EE.UU. tienen una larga historia de bizarras y violentas corrientes políticas subterráneas, muchas veces sembradas con racismo. No se puede decir si cierto coraje político mitigaría o no el peligro actual, pero ciertamente valdría intentarlo. A como están las cosas, la base orgánica de Obama, perdiendo esperanzas cada día, es crecientemente apática e incapaz de irradiar el espíritu que pudiera detener la plaga racista.

En cuanto a los que están infectados de esta plaga de racismo, hay que decir que están respondiendo, desilusionados, a un verdadero sentimiento de pérdida, amenaza, humillación e indiferencia. En Julio último, Glenn Beck, su principal demagogo, les ha dicho, «Wall Street es el dueño de nuestro gobierno. Nuestro gobierno y esas gigantescas Corporaciones se han fusionado». Es el estribillo estandard del populismo, fácil de manipular en ausencia de una izquierda coherente y con conciencia de clase, lo que puede llevar a la búsqueda de chivos expiatorios. Obama aun tiene el poder de reparar esas heridas. Que lo haga es crecientemente dudoso. Una terrible sensación de inminente tragedia empieza a asomar. Hay tiempos en los que los EE.UU. recuerdan mucho a la Alemania de Weimar.

*Joel Kovel: Académico norteamericano, militante ecologista, escritor, ha publicado los libros «Capitalism, Nature, Socialism», The Enemy of Nature (traducido y editado en español por Teisis 11 con el título «El enemigo de la naturaleza ») y Overcoming Zionism.

**Carlos Mendoza, ingeniero, escritor, especializado en temas de economía política, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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