Subjetividad en el trabajo actual


Martes 26 de Enero de 2010

JULIÁN MARTÍNEZ * Subjetividad en el Trabajo actual El autor analiza comparativamente las condiciones de trabajo entre la época fordista y la actual, con las nuevas tecnologías.

Bajo el capitalismo, aquellos que no cuentan con los medios de producción tienen que vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario que les permita vivir y mantener a su familia. Esta afirmación, que es muy repetida en las ciencias sociales (sobre todo en la tradición marxista que de hecho hace hincapié en la condición de «Desposeída» que asume la clase obrera) puede llevar a ver al «trabajo» como una actividad que no presenta diferencias relevantes a lo largo de los años, al menos en cuanto a la relación social que existe entre Capital y Trabajo. (Por supuesto que es evidente que la constante innovación tecnológica lleva a que se trabaje de manera distinta, pero no es el único factor que se debe considerar al analizar el tipo de trabajo reinante en el mundo actual).

El elemento que creo pertinente introducir como factor explicativo, es el de la subjetividad que, como veremos, asume un rol fundamental en el trabajo y la producción de nuestros días que claramente no tenía veinte o treinta años atrás. Para entender cómo ha llegado a tener hoy tal importancia y poder explicar de qué manera opera en cuanto a la productividad, es necesario dar cuenta primero de las características del trabajo y la producción en el régimen anterior que imperó durante gran parte del siglo XX, y que podemos denominar fordista. Luego, mediante la descripción de los cambios ocurridos en las sociedades que condujeron al cambio de régimen, se puede observar hoy qué elementos fueron reformulados y por qué aparecen de la manera en que lo hacen. Fordismo Descrito de manera breve, se puede decir que la producción en el modelo fordista era fundamentalmente industrial, organizada en el marco de grandes polos productivos que tenían como unidad principal a la fábrica.

La cadena de montaje era el mecanismo central en torno a la cual estaba dispuesto el trabajo humano, caracterizándose éste por la repetición y la mecanización. La jornada laboral era algo fijo, al igual que la permanencia en un mismo empleo durante varios años o toda la vida. Los saberes específicos que requería el puesto de obrero industrial se adquirían exclusivamente en el interior de la fábrica, y escaso o nulo lugar se dejaba al desarrollo de la subjetividad, la innovación o la improvisación, ya que los procedimientos que hacían a la elaboración de las mercancías se caracterizaban por una gran rigidez. Sin embargo, desde fines de la década del sesenta, varias circunstancias hacen que se generen cambios fundamentales en la organización de la producción y del trabajo, así como también se producen grandes transformaciones de las características de los estados nacionales y las sociedades típicamente «salariales». Repasando la literatura al respecto…

Varias visiones intentan explicar estos cambios, centrándose en distintos aspectos que según los enfoques que se empleen, los consideraran más o menos relevantes para dar cuenta de las grandes transformaciones que están operando. Lejos de tener que optar por una, creo que existe la posibilidad de combinar algunas de las teorizaciones (ya sea que se centren en aspectos tecnológicos, en las características de la clase obrera, en procesos objetivos del desenvolvimiento del capital o en el nuevo tipo de bienes producidos) para de esa manera abarcar todas las aristas posibles de los fenómenos analizados. Antonio Negri, en su libro «Imperio», nos dice que desde fines de los sesenta en los países dominantes, se dan fuertes rechazos al trabajo fabril por parte de la clase obrera, mediante ataques a toda posibilidad de aumento de la productividad en el interior de las fábricas. Describe una situación de repudio contra los regímenes disciplinarios laborales que caracterizan al periodo1.

Otro autor italiano, Lazzarato, haciendo hincapié en este último punto, habla de una situación en donde los mecanismos disciplinarios no alcanzan a cumplir su cometido, que es el de contener las divergencias y bifurcaciones que las nuevas subjetividades presentan, y que ante esa incapacidad de «encerrar el afuera», en el futuro, el poder intentará «modular» estas nuevas cualidades que hasta entonces se intentaban contener2. Por su parte, Virno analiza la situación italiana de esos años y también da cuenta de procesos de desprecio del obrero frente al trabajo, traducidos en sabotajes o en lentitud intencional que atentaban contra los niveles de producción establecidos. Además menciona nuevas características que está asumiendo la clase trabajadora, entre las cuales se pueden citar un rechazo a la idea de puesto laboral fijo, una cierta capacidad autoempresarial, preferencias por la autonomía individual y una tendencia hacia la experimentación.3

Ante esa situación de notables transformaciones de la clase obrera, Negri plantea que el capital tuvo dos opciones, que fueron, por un lado, la de revertir este proceso social, mediante una fuerte represión que le permitiera retomar el control del proceso productivo (opción muy difícil de llevar a cabo) y por el otro, la opción de cambiar la composición misma del proletariado de modo tal de poder, mediante una transformación tecnológica, «integrar, dominar y aprovechar sus nuevas practicas y sus nuevas formas »4. Lazzarato, como se expuso más arriba, habla de modular las nuevas cualidades que se vio que no podían ser neutralizadas. Concretamente, nos dice que a las prácticas disciplinarias se agregaron mecanismos de control que operaron gestionando la vida, entre los cuales el trabajo es fundamental. De esta manera, vemos cómo según los autores, las nuevas características que asumen las clases trabajadoras son incorporadas al proceso de producción, con lo cual el trabajo asumirá necesariamente nuevas formas, entre las cuales (como se ha mencionado ya) la subjetividad tendrá un rol central5.

El nuevo trabajo, nos dice Virno, ya no puede ser repetitivo y mecánico como en el fordismo, ya que de esa manera no es competitivo con las nuevas tecnologías aplicadas que requieren de cualidades nunca antes requeridas para la producción y que no será posible adquirirlas en el interior del lugar de trabajo, sino que se referirán a virtudes que se obtienen por fuera del mismo, es decir, en el ámbito de la vida.6 Retomando a Marx, Virno menciona dos tipos de trabajo intelectual, a saber: el que genera mercancías que son independientes de su productor (como un libro o un cuadro), y aquél en donde el producto no puede ser disociado del acto mismo de producción (aquí un ejemplo sería la ejecución de un instrumento o de una pieza de baile).

Según el autor italiano, este segundo tipo de trabajo intelectual es la categoría que mejor describe el trabajo en el régimen posfordista, donde la actividad del trabajador evoca un virtuosismo que antes era propio del arte y de la práctica política.7 El nuevo trabajo, entonces, requiere de cualidades de innovación, creatividad, flexibilidad, adaptación8 y cooperación que mediante la utilización, según Berardi, de redes informáticas de comunicación, hacen al conjunto de los procesos de producción. 9 Este trabajo, dirá Negri, a diferencia del período previo (es decir, el fordista), es predominantemente inmaterial, debido a la gran migración de la industria al sector de servicios, compuesto por actividades de salud, educación, finanzas, transportes, entretenimientos, publicidad, etc.

Es inmaterial, nos aclara, porque produce bienes inmateriales, y es predominante no por un criterio cuantitativo de producción, sino porque la importancia de los servicios y de la nueva herramienta por excelencia, la computadora, subordinan a todos los procesos de producción. Este trabajo inmaterial a través de redes comunicacionales requiere, de nuevo, de la incorporación de la subjetividad humana al trabajo, así como la flexibilidad y la cooperación se vuelven requisitos indispensables.10 Subjetividad y Ley del Valor Ante estas nuevas formas, la antigua ley del valor se vuelve obsoleta11, ya que no es posible medir el trabajo en términos de «horas-hombre», como era años atrás.

Allí, la permanencia frente a una máquina durante un determinado período de tiempo, daba como resultado una incorporación de un valor más o menos constante que respaldaba la «ley del valor» y, por consiguiente, permitía analizar los niveles de explotación a partir de la cantidad de plusvalía extraída en el tiempo de la jornada laboral. El nuevo tipo de trabajo no permite analizar el valor de la misma manera. Las modalidades que asume, mucho más complejas e interconectadas entre sí, vuelven difusa la posibilidad de determinar la cantidad de valor que cada integrante del proceso productivo incorpora, en un momento en el cual, nos dice Berardi, el capitalismo no necesita adueñarse de toda la jornada laboral de un sujeto, ya que puede tomar diversos fragmentos de tiempo de distintas personas y combinarlas mediante la red, para completar el proceso productivo.12

Pero de ninguna manera, nos aclara Negri, debemos pensar que ya no existe el valor o la explotación. Antes bien, lo que ocurre es que se hace imposible medirlos en términos cuantitativos. Descentralización de la Producción Otra característica fundamental que observan los autores a partir de las transformaciones sufridas por el capitalismo desde la década del setenta, es la descentralización de la producción. El repudio al trabajo por parte de los obreros y canalizado como lucha de clases al interior de las fábricas, es interpretado por el capital mediante procesos de descentralización que expulsan la lucha afuera de la fábrica, lugar que ya no será la unidad productiva por excelencia. En su lugar, el capital tiene absoluta libertad para moverse por el mundo para buscar trabajadores a quien explotar13 y las nuevas características de trabajo serán radicalmente distintas a las del período fordista.

Ahora, la cantidad de trabajo empleado será menor (lo cual redunda en grandes cantidades de desocupados) y las condiciones de dicho trabajo estarán caracterizadas por la precariedad, traducida por una parte en la no existencia de reglas, salarios y jornadas fijos, y también, y más importante, en la «disolución de la persona como agente de la acción productiva»14. ¿Comunismo, pero del capital? La idea de que la mayor innovación tecnológica redundaría en un menor tiempo de trabajo necesario para la producción, se dio en este período que es analizado, pero sin generar una situación favorable a la clase trabajadora.

Antes bien, Virno habla de una «gestión capitalista de la brusca reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario» a través del desempleo estructural, la precarización, los empleos «Part- time» y los retiros anticipados15. Esta situación que varios autores llaman «Comunismo del capital» (también debido a la idea de que en el Comunismo, se decía, el hombre iba a poder explotar su subjetividad en vez de dedicarse al trabajo mecánico), que surge como respuesta al rechazo al trabajo, y que se implementa gracias a la aplicación de la informática a la producción, genera, a mi criterio, una situación de grandes penurias para la clase desposeída, que tiene que conformarse (sobre todo en el tercer mundo) con empleos mal remunerados y en donde las condiciones de trabajo son deficientes, a riesgo de pasar a formar parte del gran número de desocupados estructurales que no parecen tener posibilidad de incorporarse al proceso productivo, y que constituyen un sector de la sociedad que el neoliberalismo descuidó (y descuida) notablemente, bajo la revitalización de darwinismo social que se observa en quienes aseguran que la cuestión pasa por «estar o no dentro del sistema», reconociendo así la posibilidad de que éste no incluya a todos, y hace recaer la responsabilidad en los individuos, cuyas desventuras serían culpa de ellos mismos por no haberse preparado lo suficiente o por no haber sabido adaptarse a cambios irremediables.

* Cursa estudios en la UBA en la carrera de Ciencias Políticas, siendo militante del Partido Encuentro por la Democracia y la Equidad de Avellaneda. Notas 1 Negri – «Imperio» 2 Lazzarato – «Políticas de acontecimiento» 3 Virno – «Do you remember contrarevolution» 4 Negri – «Imperio» 5 Lazzarato – «Politicas de acontecimiento» 6 Virno – «Virtuosismo y revolucion» 7 Virno – «Virtuosismo y revolucion» 8 Negri – «imperio» 9 Berardi – «Generacion post-alfa» 10 Negri – «Imperio» 11 Negri – «Marx y el trabajo: el camino de la desutopia» 12 Berardi – «Generacion post-alfa» 13 Berardi – «Generacion post-alfa» 14 Berardi – «Generacion post-alfa» 15 Virno – «Do you remember contrarevolution?»

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