Sobre “El Opio del Pueblo”.

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Vincent Taconet*

La Religión y el Deporte, una Analogía desde el Marxismo.

Vamos  a prestarnos a un juego analógico,  temerario por cierto,  pero que puede servir para una reflexión interesante.

La siguiente es una cita extraída de la contribución a la crítica de la filosofía del derecho de HEGEL, de un tal Kart MARX: “La miseria religiosa es, por un lado, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida por el dolor, el alma de un mundo sin corazón, y es, al mismo tiempo, el espíritu de una época sin espíritu. Es el opio del pueblo”.

Qué sacrilegio saludable podemos cometer?

Reemplazar,  en esas 2 frases, la palabra religioso por deportivo, y la palabra religión por deporte.

Obviamente, la práctica religiosa difiere mucho de la práctica deportiva. Pero ambas tienen una dimensión colectiva, institucional, sacralizante, así como la segunda, incluso en sus manifestaciones profanas, pudo con frecuencia sustituir a la primera al punto de dar la impresión de que la religión podía desaparecer al cabo de un período histórico reducido: Marx además, pensaba que era necesario suprimirla.  Cómo está esta cuestión 150 años más tarde?

Pero, así como podemos dedicarnos religiosamente a una actividad política, también otras prácticas, como la práctica deportiva, revivifican los comportamientos ilusorios, los desplazamientos de masas, los apasionamientos pasajeros, las inversiones mágicas, mientras que las multinacionales roban en el mercado del deporte y se enriquecen con los derechos de transmisión. El último libro de Loïc WACQUANT sobre el box contradice o no estas afirmaciones?

Sí, pero puede una ilusión ser combatida con otra?  Para decirlo en pocas palabras, recordemos que en el siglo XX, en los países socialistas, casi en forma simultánea se creyó terminar con las prácticas religiosas al tiempo que se valorizaba al deporte hasta otorgarle casi un valor supremo, como en la ex RDA.

Qué balance podemos hacer? La religión no desapareció, muy por el contrario. Y el deporte, institucionalizado por un lado, apreciado masivamente por el otro, no es más que la manifestación caricaturesca  de las contradicciones del mundo dominado por el capitalismo en el que vivimos. La crítica radical a la religión y al deporte son ambas necesarias, pero ni la supresión de la religión ni la del deporte se pueden decretar… Aun más, es justamente con los deportistas y con los creyentes (a veces son los mismos) con quienes intercambiamos y actuamos para superar un capitalismo destructor, pero que avanza a buen ritmo.

La unidad en la acción no se construye ni con la complacencia ni  con la negación del otro. “Hacer con” no es componérselas o complacer al otro, es buscar juntos soluciones y un campo de acción común. Hemos sufrido demasiado por una concepción mesiánica de la política y de la reflexión teórica. Los retrocesos o los errores con frecuencia son caminos empedrados de buenas intenciones. Cuando el gran LE CORBUSIER concibió e hizo construir la CIUDAD RADIANTE en Marsella, obra social y arquitectónica extraordinaria, él creyó que obraba bien. Dirigiéndose a la CGT, escribía al respecto: “Hice una obra adecuada para habitar, a ustedes les corresponde lograr que su gente se habitúe a ella”.

Sin duda, debemos realizar un cambio revolucionario. Consiste, ante todo, en escuchar la diversidad y las aspiraciones de los otros y hacer  de ellas el objeto de nuestros debates y de nuestras acciones. En Francia, en Europa y en todo el mundo, se abren en este campo co-elaboraciones colectivas, posibilidades prodigiosas que debemos lograr que fructifiquen en profundidad y en la práctica.

*Vincent Taconet, Profesor de Literatura Clásica, Presidente de Espaces Marx. Aquitaine-Bordeaux-Gironde.
Obtenido de Espaces Marx.

Traducido por Margarita Cohen (traductora pública nacional)

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