Rosario: lengua e identidad.

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Dossier: Construcción del Movimiento Político Social (artículo 3 de 3).

Edgardo Rozycki*

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro de que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos intereses particulares y concluyamos nuestra obra con honor. Al americano libre corresponde transmitir a sus hijos  la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

José de San Martín

Allí se llevó a cabo el Congreso Internacional de la Lengua Castellana (mal llamada “española” por algunos no hispanos que la hablan). En la clausura del Congreso, el humorista Fontanarrosa, nuestro “Negro” Fontanarrosa, reivindicó ciertas palabras para él irremplazables: “pelotudo” y “mieRda”, poniendo intensidad en la pronunciación de la “ere”, porque si no –según afirmaba– pierde el énfasis y por lo tanto la verdadera dimensión de su significado.
  Si bien es cierto que Rosario no es la capital de la provincia de Santa Fe, como muchos suponen, fue la capital de dos hechos de significativa importancia con muy pocos días de diferencia.
 Allí se llevó a cabo el Congreso Internacional de la Lengua Castellana (mal llamada “española” por algunos no hispanos que la hablan). En la clausura del Congreso, el humorista Fontanarrosa, nuestro “Negro” Fontanarrosa, reivindicó ciertas palabras para él irremplazables: “pelotudo” y “mieRda”, poniendo intensidad en la pronunciación de la “ere”, porque si no –según afirmaba– pierde el énfasis y por lo tanto la verdadera dimensión de su significado.
 Es un hecho positivo que las palabras que se sienten como pertenencia del pueblo, que son amasadas en las calles, en los lugares de trabajo y en los mismos hogares, sean reconocidas en los estratos académicos como agentes democratizadores del idioma (¡para “horror” de Borges!) sin perder altura y enriqueciendo la lengua nuestra de cada día.
 Pocos días más tarde, en una jornada que podría transformarse en un hito histórico, fundacional, se realizó el “Encuentro Nacional por la Soberanía Popular. Por un nuevo Proyecto de Nación”. Nos reunimos en ese lugar  730 militantes, de más de 300 organizaciones provenientes de todo el País. La convocatoria era, como dicen en el interior, “un por las dudas”: Por las dudas sirva.
 El obispo metodista Pagura, que era el encargado de abrir el acto, fue quien señaló que Rosario, otrora cuna de la bandera nacional y cuna del “Che”, podría ahora convertirse en cuna del Movimiento Político Social.
 Dos décadas atrás, compañeros de organizaciones hermanas de Brasil y Uruguay, emprendieron  un camino similar. Luego de algunos años de lucha, tuvieron la posibilidad de acceder al gobierno de sus países, lo que si bien no es igual a acceder al poder les abre la brecha para escribir una historia distinta. Y, como decimos entre nosotros, “por algo se empieza”…
 ¿Qué nos ha pasado –y aún nos pasa– a los argentinos que tardamos tanto en darnos cuenta de que el único camino para alcanzar un cambio es la unidad del campo popular?
 ¿Quizá las palabras dichas por Fontanarrosa sirvan para adjetivarnos?
 Volviendo al encuentro, respiramos en él un clima lleno de alegría, emociones y esperanzas. Parecía una cordial reunión de más de 700 amigos que pugnaban por hacer realidad lo que tres días antes parecía una utopía (¿tan ansiosamente esperada?).ç
 Pero la emoción fue todavía mayor para los compañeros de “Tesis 11”, que desde hace algo más de 2 años nos venimos abriendo paso con un claro objetivo, reflejado en las entrevistas, artículos, charlas, debates y otros senderos similares, y plasmado al mismo tiempo en nuestra revista: constituir un movimiento político, social y cultural como única herramienta para lograr cambios en favor del pueblo.
 La palabra “hegemonía” no fue excluida de la lengua castellana.  En realidad, no debería serlo. Pero si lo pensamos desde la política, ¿cuántas veces el campo popular perdió –en manos de la derecha– un sindicato, un centro de estudiantes o, incluso, alguna posibilidad electoral, con el temor de que la unidad suponía la pérdida de la hegemonía? ¿Y cuántas otras veces, centrado ya en la dirección de las organizaciones, se minimizó su gestión por las mismas causas?
 El fenómeno de las asambleas barriales es paradigmático: perdieron a la mayoría de sus integrantes, se atomizaron, y, principalmente, malgastaron su poder de gestión y se aislaron de los vecinos.
 Una mirada abarcadora de la historia de encuentros y desencuentros de los partidos políticos del campo popular nos muestra idéntica realidad.
 En la vereda opuesta, se erigen dos ejemplos trascendentes de encuentros de numerosas organizaciones populares: por un lado, la consulta del Frente Nacional Contra La Pobreza, Por El Trabajo y La Producción (FRENAPO), en noviembre de 2001, con 3.200.000 votos que refirmaron la consigna “Ningún Hogar Pobre en la Argentina”; y, por otro, en noviembre de 2003, lo acontecido con la autoconvocatoria “No al ALCA”, que sumó 2.300.000 votos, avalando una propuesta netamente antiimperialista. En ambas oportunidades se dio una característica inédita hasta 2001: la confluencia de organizaciones pertenecientes al campo popular sin fines electorales.
 Estos hechos, inscriptos en la historia previa al encuentro en Rosario, dieron sus frutos, ya que a la vez que fueron jalonando el camino, nos brindaron la experiencia de actuar con compañeros de distintas organizaciones con un objetivo consensuado. En síntesis, ya no estamos partiendo de cero.
 Por lo tanto, hago una propuesta: que se excluya del diccionario político argentino la palabra “hegemonía”, que tanto mal ha causado a los intereses del pueblo, y se la cambie por la palabra “consenso”, mucho más adecuada para los que soñamos y militamos por un mundo mejor, en el cual impere la democracia participativa como única forma de asegurar el poder popular.
 Tenemos por delante una tarea ardua y difícil, pero también magnífica y estimulante. Ella implica cambiar el rumbo político de nuestro país y liberarnos completamente del execrable modelo neoliberal que ha demostrado, y esto a nivel mundial, su espíritu genocida.
 Ése cambio al cual aspiramos debe iniciarse en nosotros mismos. No será un trabajo fácil despojarnos de las viejas formas de hacer política. Debemos respetar el consenso, cuidarlo e ir nutriéndolo, trabajar sin urgencia, sumando nuevas propuestas consensuadas, pero teniendo siempre presente un objetivo totalizador y contenedor, al tiempo que comprometido.
 Debemos respetar a las minorías; éstas no deben sentirse derrotadas sino aportadoras de una idea alternativa que habrá que tener siempre presente.
 Debemos confrontar las ideas con entusiasmo, pero sin ofensas, sin palabras hirientes, sin chicanas, sin la presión de los “aparatos”. Es demasiado grande el objetivo sobre el que queremos trabajar como para entorpecerlo con pequeñeces.
 Tres deberían ser los pilares de apoyo de nuestro Movimiento: la democracia participativa, la construcción de abajo hacia arriba y el respeto del consenso.
 Allá vamos.

*Edgardo Rozycki, Médico, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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