Rodolfo Walsh, una pasión argentina.

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Horacio Ramos*

“El coronel elogia mi puntualidad:
– Es puntual como los alemanes – dice.
– O como los ingleses – .
El coronel tiene apellido alemán. Es un hombre corpulento, canoso, de cara
ancha, tostada.
– He leído sus cosas – propone -. Lo felicito”.

De este modo se inicia el fascinante cuento que Walsh titulara “Esa mujer”, en el que sugiere un diálogo con el militar que, luego de “la fusiladora”, fue encargado de ocultar el cadáver de Eva Perón. Es un texto seco, de alta tensión emotiva, visceral, en el que se relata el doloroso y extraño destino del cuerpo de aquella mujer, amada por los humildes, y víctima, en 1955, de una crueldad ultrajante.

Este escritor, tan nacional por su lenguaje y estilo, había nacido en Choele – Choel, en la provincia de Río Negro, en 1927, descendiente directo de la primera inmigración irlandesa que arribó a estas playas. Destacado emergente de la generación literaria del ’55, publica en la revista “Mayoría” los capítulos del libro que lo hiciera trascender más allá de su labor periodística: “Operación Masacre”, sobre los fusilamientos de José León Suárez en 1956; inmediatamente, con “El caso Satanowsky” (1957), desnudó los sucios entretelones de la dictadura de la década del ’50. Con los años, en 1969, dio a luz su “¿Quién mató a Rosendo?”, en el que describe el asesinato del dirigente metalúrgico Rosendo García, tragedia ocurrida en el local de la ya desaparecida pizzería “La Real”, de Avenida Mitre y Sarmiento, en Avellaneda. En estas tres obras, narradas con dinamismo y suspenso, rasgos propios del folletín y la crónica policial, Walsh nos muestra los sucesos ocurridos, rescatados del silencio por su paciencia de investigador y expresadas, “negro sobre blanco”, con la sagacidad de un gran novelista.
Estos trabajos son fruto de su impronta imaginativa, sazonada por un compromiso ideológico que fue cimentando con persistencia de orfebre. Así, su labor en el periódico de la CGT DE LOS ARGENTINOS, ahondó aún más ese lazo entrañable con el mundo de los trabajadores, y que lo hiciera viajar a Cuba una vez producida la Revolución, para fundar, junto con Jorge Ricardo Masetti ( un hombre de Avellaneda), la agencia de noticias “Prensa Latina”. Vuelto a la Patria, los cuentos excitantes de sus libros “Los oficios terrestres” (1966) y “Un kilo de oro” (1967), nos revelan a un refinado autor que encuentra en el dramatismo que impone cierta tensión lírica y un elaborado tono vivencial, el saludable propósito de una indagación incisiva del paisaje de nuestra tierra y el calibre de su temperatura ideológica. Pero su búsqueda de un horizonte plural, habitable para las sufrientes mayorías, le exigió un vínculo mayor; en consecuencia, incorporado a las organizaciones armadas que luchaban contra la dictadura que asoló al país a partir de 1976, creó una red noticiosa clandestina para que derrumbara la maleza de la desinformación y descubriera los crímenes que se ocultaban.

Este ser humano que supo conjugar concepción del mundo y estilo de vida, envió a la tiranía en 1977, su ya reconocida “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”, la que señalaba en sus párrafos finales: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno, he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí, hace mucho tiempo, de dar testimonio en momentos difíciles”. Al día siguiente, 25 de marzo, un grupo de tareas de la ESMA lo asesinaba en plena calle. Quienes pudimos descorrer el velo de nuestra historia contemporánea y sus miserias leyendo sus obras inolvidables, sentimos que algo muy nuestro nos fue robado en aquella tarde en el barrio de Monserrat. Pero la memoria de los pueblos, testigo insobornable, tendrá siempre la imagen de Rodolfo Walsh en su costado más lúcido y transparente. Palabra y gesto, sus armas más nobles, echarán raíces y madurarán en el tiempo.
 *Horacio Ramos, poeta y periodista, miembro del Consejo de Redacción de “Tesis 11”.

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