Respuesta a los comentarios del compañero Ignacio Paz a mi artículo “La situación económica, social y política, desde 2003”.

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dossier: debate (4 de 6)

Alberto Wiñazky*

Tanto en la economía como en la política, se fue configurando desde 2003 un  nuevo tipo de régimen: el desarrollismo, que fue la respuesta del sistema a la crisis de acumulación. Se aumentó la generación de bienes, la creación de empleo y el aumento del consumo, pero sin transformar el modo de acumulación de capital que la dictadura había impuesto desde 1976.

Quiero comenzar estas notas con un agradecimiento especial al compañero Ignacio, quien ha leído muy atentamente mi artículo publicado en la Revista Nº 108 y ha realizado muy importantes comentarios. Creo que este debate en la Comisión de Economía de Tesis 11 nos alentará a seguir en esta senda.

Para comenzar quiero señalar que mi trabajo no tiene por “objeto la crítica del kirchnerismo”, como señala Ignacio. Desde hace más de cincuenta años vengo bregando por centrar mis análisis en el funcionamiento del sistema capitalista y por supuesto, en el andar de  los gobiernos que representan a la burguesía, más allá si estos gobiernos han producido algún mejoramiento en el nivel de vida de la clase trabajadora, ya que mi preocupación se encuentra radicada en un tema central: la explotación del hombre por el hombre y como superar esta situación.

Por supuesto que he intentado analizar los hechos desde la metodología marxista y en ningún momento he pensado que utilizando dicha metodología, se pueda arribar a conclusiones infalibles, pero si entiendo que sin el uso de esta metodología, las conclusiones a las que podamos arribar serían generalmente erróneas.

Entrar en discusiones acerca de los aciertos o errores cometidos por los “clásicos del marxismo” escapa totalmente a esta propuesta y sería un tema a tratar en alguna otra oportunidad, dado que nos evadiría del aspecto central de esta controversia.

Con relación al tema del Estado, quiero señalar que por lo menos desde la primera guerra mundial, las posiciones socialdemócratas tradicionales se resumían en la hipótesis de que era posible utilizar el Estado capitalista como base para la transición al socialismo sin destruir al mismo tiempo el Estado capitalista. El Estado capitalista es visto por consiguiente como un instrumento esencialmente neutro, susceptible de ser utilizado por diferentes fuerzas de clase (“conjunto de distintos tipos y niveles…de diversas relaciones sociales de producción”) con propósitos radicalmente opuestos. Tal posición no invalida ni anula la formulación de demandas puramente tácticas y coyunturales hacia el Estado capitalista, que permitan lograr las reformas posibles, a favor de los sectores más desposeídos.

Pero estas intervenciones del Estado en manos de diversos sectores capitalistas, tienen límites estructurales por la situación  de la clase subyacente de la sociedad y por el poder que ejerce esta estructura o bloque de poder. Quiere decir que alcanzar determinados objetivos en beneficio de los trabajadores resulta imposible o las ventajas son temporarias.

En cuanto a los procesos que se han venido dando en América Latina, no creo de modo alguno que puedan ser calificados como “emancipatorios”. Las políticas implementadas en algunos países de la región, han permitido el mejoramiento en el nivel de vida de algunos sectores de la población, pero la política y la economía en las naciones periféricas, en un período de crisis orgánica del capital a nivel mundial y cuando están en juego importantes transformaciones en la distribución de ese poder mundial, estos países reciben presiones y directivas externas, para que se adapten a las modificaciones que se suceden en los centros. Pero los gobiernos periféricos disponen de márgenes variables de negociación, ante la existencia de movimientos contradictorios de la economía y la política mundial, que les permite determinar, en alguna medida, la configuración de las políticas internas.

Pero, el ejercicio del poder por parte de los integrantes de un bloque, en un momento histórico determinado, es tanto la expresión de las relaciones económicas dominantes, como también la representación de las instituciones, las organizaciones, la forma de conciencia y las ideologías a través de las cuales se expresa su poder de clase.

El neodesarrollismo actual no tiene nada que ver con el proceso desarrollista del frondizismo. Este fue la consecuencia de las necesidades de una fracción de la burguesía local, que había colaborado en la destitución del peronismo, y se alió en forma subordinada con el capital imperialista, para ampliar su cuota de ganancia, en detrimento de los intereses de los trabajadores.

En el 2003, y con posterioridad al derrumbe económico y social acaecido en la Argentina a fines de 2001 y como resultado de la rebelión popular que cuestionó severamente los principios neoliberales vigentes desde 1976, se abrió en el país una etapa política de nuevo tipo. La fracción política (el kirchnerismo) que se hizo cargo del Estado en el 2003, trató de construir sobre las ruinas del capitalismo neoliberal, una identidad propia que llamó “capitalismo normal o serio”. Partió del intento de resucitar la mítica burguesía nacional, al tiempo que lograba disminuir la conflictividad social e incrementar la actividad económica a través del desarrollo del mercado interno. Garantizó la estabilidad que reclamaba el poder económico más concentrado y recompuso simultáneamente el proceso de acumulación.

La implementación del proyecto neodesarrollista, bajo una política de conciliación de clases, estimuló el ascenso de un sector del capital productivo más concentrado, dando un impulso a la demanda agregada. Se expandió el empleo y se restauraron los ingresos de un sector de los trabajadores, con un  importante incremento del consumo, pero sin remover, en momento alguno, los elevados niveles estructurales de precarización laboral. Fue también un elemento decisivo en este período, la forma utilizada por el kirchnerismo para controlar las reivindicaciones de las clases asalariadas, la agitación de los sectores medios urbanos y las movilizaciones piqueteras. Esta situación fue canalizada a través de un proceso de mediación y cooptación de los dirigentes de distintas organizaciones populares y sindicales.

Es en definitiva una respuesta que esperaba el sistema, en el sentido de permitir el proceso de acumulación de los sectores más concentrados, pero que incluyó diversos elementos que no concuerdan totalmente con los intereses del bloque de poder. Por ej. los juicios de lesa humanidad, las paritarias, el mayor poder adquisitivo, la asignación universal, los subsidios, estatización de las afjp, etc. Pero, el Estado en el capitalismo, es la clave en el sostén de la estrategia de acumulación y valorización de los capitales. Sin embargo, en determinados momentos, el Estado parece oscilar alternativamente entre el capital extranjero más concentrado, los grupos locales diversificados y la burguesía local. Al mismo tiempo, otorga mejoras a los asalariados formales, quienes han obtenido una recuperación de las conquistas sociales severamente disminuidas durante los noventa (ha sido así por lo menos hasta el 2013). Esta aparente fluctuación del Estado kirchnerista por sobre las clases no puede ser total ni permanente, ya que mientras el orden económico y social consista en un sistema de dominación conjunta entre distintas fracciones de clase, el Estado, incluso en una coyuntura en la que emerge como políticamente autónomo al actuar por encima de las clases, continua operando como sostén de este sistema de dominación. En consecuencia sirve esencialmente a los intereses de las distintas fracciones de clase dominantes, aun cuando en algunas oportunidades llegue a obligar a estas a someterse a las normas estatales vigentes. Pero, al mismo tiempo esta fluctuación es lo que ha permitido “el crecimiento, la generación de valor, la disminución de la desocupación”, que no ha sido por arte de magia, sino por la ejecución de este tipo de políticas. (C.Marx – El 18 Brumario…..)

Efectivamente, no se produjo ningún cambio en el paradigma de acumulación de capital que se viene desarrollando desde 1976. En la Argentina 7 de cada 10 de las 500 empresas más grandes del país son extranjeras (322 son de capital extranjero y 178 son de capital nacional). El poder de las fracciones empresariales oligopólicas es determinante, ya que su participación en el valor bruto de producción fue durante la convertibilidad del 17.6% para las empresas nacionales y del 56% para las extranjeras. En la posconvertibilidad (2002-2008) la participación de las extranjeras fue del 75.4% y específicamente en la industria el grado de concentración pasó del 33.1% al 40.9%., (publicado en la revista Herramienta – otoño 2014) En cuanto al sector financiero, en 2013 las ganancias de este sector ascendieron a $ 29.179 millones, un 66.8% más que en 2012 y el capital concentrado, en su conjunto, incrementó sus utilidades entre 2010 y 2011 en un 48.6% De manera que el nivel de extranjerización y concentración del sector productivo y bancario se ha profundizado desde la posconvertibilidad.

DATOS RECIENTES

Según el INDEC en el primer trimestre de este año, la cantidad de obreros integrantes de la industria manufacturera cayó 1.2% frente al mismo período del año anterior. Fue la segunda baja consecutiva, dado que en el cuarto trimestre de 2013 el empleo fabril se contrajo un 0.3%, siendo la baja más pronunciada desde 2009.

El trabajo fabril viene mostrando en los últimos meses magros resultados. El INDEC, ha señalado que en marzo la producción manufacturera se contrajo 5.9% frente al mismo mes de 2013. Se trató de la octava baja consecutiva y la más fuerte desde la crisis de 2002. En el acumulado del primer trimestre, la industria registró una baja interanual de 3.1%., integrando lo que se conoce como “la pobreza estructural”. Como contrapartida la indigencia exhibió una baja del 5.8% al 5.5%, manteniendo los descensos de años anteriores. En cuanto a la canasta básica alimentaria total, que es la que permite medir el nivel de pobreza, mientras que para el INDEC se encontraba en $ 1783, para el Observatorio de la UC se ubicaba en $ 4142, para el último trimestre de 2013. Indudablemente que la devaluación y la suba inflacionaria del primer trimestre de 2014, deben haber incrementado la pobreza. En esto va derivando la política del kirchnerismo, al no haber tomado medidas estructurales que como señalo, no podía tomar por sus limitaciones ideológicas.

Es absolutamente cierto que el país tiene un menor nivel de endeudamiento externo, si bien en estos momentos se ha comenzado a revertir esta situación y posiblemente en el futuro inmediato el endeudamiento externo se incremente. Tengamos en cuenta que los superávit externos que permitieron este parcial desendeudamiento tuvieron que ver con el elevado precio que desde 2003 tienen los comodities exportados por la Argentina. La inversión en el sector industrial ha sido paupérrima y una vez colmada la capacidad productiva de las industrias, nos encontramos con el proceso inflacionario que no será posible contener. Es importante no sostener las tesis monetaristas o la teoría cuantitativa del dinero, dado que la emisión monetaria no tiene nada que ver con el proceso inflacionario. Pero hay que tener en cuenta que ha aparecido un importante déficit fiscal (hacia donde apuntan los sectores más concentrados) que será de difícil o imposible solución en el momento actual.

En el default de la deuda soberana, el kirchnerismo no tuvo nada que ver. Fue declarado por Rodríguez Saa, en un momento donde los vahos alcohólicos habían hecho estragos en su estado de ánimo. Por el lado del Club de París y los pagos al CIADI mi posición es totalmente opuesta al arreglo que pretende hacer el gobierno.

En definitiva creo que el patrón de acumulación actual, no es congruente ni con Martínez de Hoz ni con ningún otro Ministro de Economía. Es totalmente congruente con los intereses de los sectores más concentrados que en la economía de la Argentina son totalmente dominantes y como bien dice Ignacio quieren erradicar este proceso, por las elecciones, o por cualquier otro medio, a pesar de las enormes ganancias acumuladas. Pero me parece que no va a ser necesario ningún cambio, sobre todo si el gobierno actual sigue haciendo “el trabajo sucio” para dejar al próximo el camino allanado que les permita despotricar contra “los populismos”.

Por otro lado, la pulseada en el tema de precios va siendo ganada por los monopolios y las medidas que no tomó a tiempo el gobierno no han sido por ineficacia o incompetencia, sino por las limitaciones ideológicas del neodesarrollismo.

En cuanto al “Que Hacer” diría lo siguiente. Creo que corresponde analizar las perspectivas que tiene la clase trabajadora, los sectores medios radicalizados, los movimientos sociales comunitarios y barriales, más los intelectuales comprometidos con la independencia de clase de los trabajadores, para intentar superar la dominación que ejercen sobre estos sectores las fracciones más concentradas y la burguesía local, en combinación con diversos aparatos burocráticos, sindicales y políticos que integran la superestructura.

Este período de transición a recorrer, debe tener como objetivo la creación de espacios contrahegemónicos que permitan modificar las relaciones de fuerzas en el seno del Estado a favor de los intereses de los asalariados y sus aliados. Debería constituirse de este modo, una economía participativa, fundada en el interés colectivo de los trabajadores y la pequeña burguesía empobrecida, en consonancia con las reivindicaciones por las que también luchan los sectores postergados en otros países de América latina, para lograr que un mundo mejor sea posible.

La intelectualidad aliada a los sectores del trabajo, pueden desempeñar un papel muy importante en la lucha incesante entre lo viejo y lo nuevo; incidir con su acción en la tarea de desmontar las distintas formas de dominación y explotación de los asalariados y apoyar las necesidades que tienen los trabajadores de independizarse de la dominación ideológica e intelectual que mantiene el estado capitalista a través de la cultura, los sindicatos burocratizados, el periodismo, el arte, la escuela, la ciencia y las creencias religiosas. De esta forma, los intelectuales dejan de ser solamente un aliado de los asalariados, pasando a constituirse en una fuerza potencial de enorme valor, ligada estrechamente a los sectores populares en la lucha por lograr su independencia del orden establecido por el capital, y donde el saldo común de esta crisis, será un  viraje hacia la derecha más promercado. El neodesarrollismo en Argentina enfrenta hoy sus propias contradicciones. El bloqueo generado por sus propios límites, plantea a las organizaciones populares debatir el camino de la transición y superación dialéctica en una dirección no capitalista. En cualquier caso, es urgente rescatar las experiencias de auto-organización y autodeterminación social para evitar que esta crisis del populismo vuelva a ser, una vez más, la crisis de la izquierda.

Dos temas finales. En cuanto a que el proceso kirchnerista no se ha propuesto instaurar el socialismo en la Argentina y que se ha repetido innumerables cantidades de veces en nuestras reuniones, no comprendo como un gobierno burgués hasta los tuétanos, más allá de las concesiones realizadas, con sus bases afirmadas en los sectores más concentrados podría instaurar el socialismo. Este planteo es un disparate. Los populismos latinoamericanos, por sus propias características han sido históricamente confrontativos con los distintos bloque de poder, pero sin cuestionar en momento alguno la dominación capitalista; pero repito incluyen medidas que no resultan tolerables para los poderes fácticos de turno, como señalamos más arriba. El otro tema, el de la inflación, por supuesto que no es producida por este gobierno, sino por los sectores más concentrados y por su disputa por el excedente, pero creo que es necesaria otra discusión sobre esto.

La “pureza ideológica de izquierda” es la única que va a permitir, en algún momento, realizar los cambios que los sectores populares necesitan para lograr su independencia de clase, construir un cambio radical en la modalidad de producción y reproducción social en el camino hacia el buen vivir.

Como dije al principio, este tipo de debates nos enriquece a todos, por lo tanto sigamos debatiendo.

*Alberto Wiñazky, economista, escritor, miembro de la Comisión de Economía y del Consejo Editorial de Tesis 11. –

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