Notas motivadas por la lectura de Eric Hobsbawm

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Julio Godio*
3/3/10

Este ensayo desarrolla un conjunto de reflexiones provocadas por la lectura del libro de Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX.



Como es conocido, Hobsbawm conceptualiza al siglo XX como un siglo “corto”, que comienza con la I Guerra Mundial y finaliza con la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del bloque de países de Europa Central y Oriental que formaron el llamado “sistema del socialismo real”. Para Hobsbawm, el siglo comienza con la “gran guerra”,desatada por los nacionalismos dominantes de los principales países europeos y que se extiende no sólo a Europa sino también a países coloniales y semi-coloniales.

La I Guerra Mundial, al mismo tiempo que es un fenómeno autodestructivo del capitalismo, da lugar a un proceso de reconstitución del sistema, en tanto logra derrotar a fuerzas sociales y políticas que, movilizadas por la carnicería, irrumpen en la escena política ejerciendo una crítica radical al sistema capitalista, principalmente en países europeos periféricos (como Rusia, Italia, Hungría, etc.) o provocando a través de movilizaciones sociales y políticas el derrumbe de dos grandes imperios dominantes en Europa (Alemania y Austria-Hungría).

Todos los países europeos beligerantes salieron exhaustos de la guerra. Todos experimentaron graves crisis sociales y políticas. Pero sólo en los países constitutivos del Imperio Zarista, especialmente en Rusia, se genera una “situación revolucionaria directa”, según la tesis leninista. Quizás se podría aplicar esta categoría a Hungría e Italia, pero acotándola a grandes ciudades, dado que en ambos la agitación revolucionaria no se extiende al campesinado.

La agitación revolucionaria incluyó una diversidad de “causas movilizadoras” que fueron el pacifismo, el antimilitarismo, los derechos de las mujeres, la creciente acción sindical por reivindicaciones laborales y la exigencia de democracia política, entre otras. Pero el mito movilizador más “duro” que se extiende a Europa (y a países coloniales, semi-coloniales y dependientes) fue el socialismo. Es en Rusia donde el objetivo del socialismo logra alcanzar, en octubre de 1917, la categoría de poder constituyente. La revolución socialista triunfa bajo la dirección del Partido Socialdemócrata, liderado por V.I. Lenin.

Salvo en EE.UU., donde el capitalismo se fortaleció, el resultado de la Gran Guerra fue una conmoción política en gran escala que se manifestó con movilizaciones anticapitalistas generalizadas. Esto ocurrió entre 1917 y 1923 en Europa. Pero el capitalismo no se derrumbó como creía Lenin. Logró reorganizarse. La Rusia Soviética quedó aislada. ¿Como logró reorganizarse el capitalismo, en un contexto de crisis económica, política y social que se prolongará prácticamente hasta los años ’50, debiéndose pasar por la otra gran guerra, la II Guerra Mundial (1939-1945)?

Hobsbawm no es totalmente preciso en este tema. Por ejemplo se atiene a las ideas ya clásicas de que el comunismo no logró constituirse como partido hegemónico en ningún país central, o que el liberalismo político era lo suficientemente fuerte en esos países como para frenar cualquier proceso de sovietización. Son ideas parcialmente correctas, pero insuficientes. Creo que se debería explorar en un terreno que permita entender todo el período que se inicia en 1914 y finaliza en 1991. En este terreno se podrían entender algunos fenómenos que se producen en momentos focalizados, y que alertan sobre el hecho de que el capitalismo sobrevive y realiza diferentes momentos de autorrevolución que garantizan su supervivencia.

Dentro de esta perspectiva, se debería revalorar por ejemplo la importancia de la Nueva Política Económica (NEP) en Rusia en 1921-1928, que con distintas formas volverá a intentar reaparecer en la misma URSS, en Polonia, en Hungría durante los años en los que pareció que el comunismo estaba en condiciones para disputar la hegemonía de los EE.UU., entre fines de los años ’50 y principios de los ’60, en plena “guerra fría”. El terreno escogido nos remita a una cuestión central del marxismo, la cuestión del agotamiento de la capacidad del capitalismo para garantizar el proceso de acumulación del capital.

La guerra se produce en un momento que se torna inaceptable para el capital la supervivencia de formaciones económico-sociales arcaicas( una de ellas es el Imperio Ruso) que entorpecían  el nacimiento de una nueva fase de expansión del capitalismo a escala mundial Me inclino a pensar que lo que sucedía en 1914 era que la supervivencia de grandes áreas del mundo no incorporadas al mercado mundial no permitía la continuidad del proceso de acumulación del capital a escala mundial. Salvo EE.UU., cuyo capitalismo no necesitaba colonias, los principales países capitalistas europeos sí necesitaban resolver situaciones especiales, entre ellas producir cambios favorables al capitalismo en la Rusia Zarista y redefinir las áreas de influencia en lo que luego será denominado “Tercer Mundo”. Sin resolver esos cuellos de botella era imposible para el capitalismo seguir cumpliendo con su tarea histórica de generar mercados y dinamizar así el proceso de acumulación

Los mercados son instituciones preexistentes al capital, y al mismo tiempo son instituciones que lo sobrevivirán. La versión generalizada de que los mercados son entidades puramente económicas es falsa. En realidad, los mercados organizan las relaciones sociales entre los hombres. Es cierto que las relaciones sociales se sostienen en las relaciones económicas. Estas se producen y reproducen dentro de las actividades productivas que ejercitan los hombres, organizados en clases sociales, comunidades étnicas o pluriétnicas; en los mercados organizados por el Estado-nación o a escala global. Pero lo que debe subrayarse es que los mercados dan significado a la iniciativa de los hombres. Permiten construir la subjetividad.

Así planteado el tema, se comienza a entender que el problema planteado en 1914 era que se había declarado una guerra entre estados-nación imperialistas. Cada uno de ellos pretendía dar formato a los mercados luego de un nuevo reparto de Europa y el mundo. La clase social dominante pretendía que los mercados fuesen aptos para condicionar a las subjetividades. Esa condición exigía resolver la correlación de fuerzas entre clases sociales, objetivo sólo realizable por estados-nación sustentados en sistemas de producción avanzados y consolidados. Por eso, ya la I Guerra Mundial es pensada con métodos productivos; la guerra se ejerce con recursos violentos, pero los hombres que participan han sido socializados en su mayoría por los sistemas socio políticos y económicos nacionales. Marx sostenía que la clase obrera industrial era única fuerza revolucionaria consecuente.

La sociedad capitalista estaba guiada por el individualismo extremo. Las sociedades se habían organizado para producir “infiernos”. Sólo las religiones pretendían monopolizar la vida después de la muerte, ofreciendo la posibilidad de liberación del infierno y la promesa de entrar al cielo. Era una promesa falsa, pero poderosa, en tanto incluía la opción de que cumpliendo con los mandatos religiosos los hombres podrían habitar en la “ciudad de Dios”. La utopía religiosa era fuertemente atractiva para salir del “infierno real” en que vivían los hombres, Pero el desarrollo del acontecimiento bélico puso en claro para muchos individuos que salir de la guerra implicaba alcanzar la paz y terminar con la carnicería.

El capitalismo fue colocado en la picota. Millones de soldados decidieron entre 1917 y 1918 que la opción de morir en las trincheras no era compatible con la esencia del hombre. El pacifismo generalizado que sucede al término del conflicto era la respuesta de soldados y sectores de la sociedad civil que buscaba establecer  una humanidad pacifica, posible luego de haberse experimentado la crueldad del capitalismo.

Dado que la tesis de Marx de que el socialismo triunfaría primero en varios países capitalistas desarrollados (Alemania, Francia, Inglaterra, e incluso EE.UU.) era errónea, la historia se encargó de enmendarla, creando las condiciones en una zona euroasiática en la que el capitalismo no era el modo de producción dominante: el Imperio Ruso. En él convivían mayoritariamente ( aunque no solo) tres pueblos etnícos: eslavos, tártaros y mongoles. Era un extenso país campesino gobernado por una casta aristocrática pluriétnica que poseía la tierra y ejercía su función de clase dominante La mayoría de la población eran campesinos pobres. El régimen político descansaba en una monarquía feudal. La burguesía industrial rusa era débil y concentrada en sectores de la industria liviana. El Imperio Ruso era, al decir de Lenin, una “cárcel de pueblos”.

A principios de siglo, en 1905, se habían producido en Rusia levantamientos de la clase obrera (San Petersburgo, Moscú) contra el zar. Pocos años después fueron seguidos por levantamientos campesinos contra la aristocracia feudal, exigiendo la división de tierras. En ninguno de estos levantamientos había participado la burguesía rusa, demostrándose así que carecía de voluntad revolucionaria para liderar un proceso eminentemente democrático-burgués. La ausencia de la burguesía fue sustituida por la clase obrera que, objetivamente, aparece como la clase mas revolucionaria dentro de un esquema de revolución democrático-burguesa.

Los bolcheviques, aleccionados por los sucesos revolucionarios, aceptan la tesis de Lenin de que sólo un partido socialista puede liderar esa revolución democrática y, una vez coronada, pasar a la revolución socialista. El ala socialista moderada (los mencheviques) persiste en la tesis de que debe ser la burguesía liberal la clase que lidere la revolución democrático-burguesa. Entre febrero y octubre de 1917, en un contexto de descomposición del poder político y militar del zarismo, los bolcheviques eliminarán uno por uno a sus contendientes liberal-burgueses y liberal-socialistas, logrando el control de los soviets de obreros, campesinos y soldados. Triunfa la revolución socialista en Rusia.

Ahora bien, dado el curso jacobino que adopta el proceso revolucionario, el tema de la relación entre socialismo y mercado no fue tema de debate .El tema pierde significación porque los bolcheviques, liderados por Lenin y con mayoría de la clase obrera como sustento, están convencidos de que la revolución socialista se extenderá de Rusia a Alemania. Se organiza el llamado “comunismo de guerra”( l918-1920) Surge un marxismo teñido del utopismo socialista, en el que el mercado (como institución) es una categoría económica “burguesa”. El socialismo ruso, aliado al socialismo alemán, podría edificar un sistema socioeconómico en donde la planificación central sustituya las relaciones mercantiles. Según Lenin, los países irían sumándose al polo socialista.

El tema de los mercados era un tema no resuelto en la historia del bolchevismo. En efecto, la cuestión estaba planteada en Rusia cuando a fines del siglo XIX la postula el llamado marxismo “legal”, sosteniendo que el problema de Rusia era la insuficiencia de los mercados. Se registra un desarrollo incesante de los mercados, pero constreñidos por el sistema económico-social feudal. Lenin reconoce este dato en su libro El desarrollo del capitalismo en Rusia, que es su principal obra de investigación socioeconómica. Escrita a fines del XIX, durante su reclusión en Siberia, en ella se describe el proceso de descomposición del feudalismo por el avance de la “industria de los kústares” que se van formando en el campo ruso por la separación entre actividades agrícolas y profesiones artesanales. Se estaba desarrollando lentamente una base capitalista bajo formas embrionarias dentro del feudalismo ruso.

Pero la conclusión de Lenin —políticamente viable (“todo el poder a los soviets”) pero económicamente errónea (“ comunismo de guerra”)— se basaba en que el capitalismo no podía convertirse en el modo de producción dominante en Rusia. La época de las revoluciones burguesas había pasado. A Rusia sólo podía sucederle que una revolución burguesa acelerase la implantación del capitalismo en algunos segmentos limitados. El resultado sería la formación de un régimen capitalista enfermo . Dado que este tipo de capitalismo no-integrado en el proceso de producción de materias primas (agrícolas, mineras, etc.) era cuasi-marginal dentro de la economía rusa ( y generado en gran medida por grandes empresas extranjeras) y, dado el atraso rural, el capitalismo no podría desarrollarse en Rusia.

¿Cómo se explica que una conclusión sea políticamente viable y al mismo tiempo económicamente errónea? Se explica porque estamos hablando de dos dimensiones distintas ensambladas dentro de una formación económico-social inestable que preanuncia su final histórico. Rusia nunca realizaría una revolución burguesa clásica, pero podía ser el escenario de una gigantesca revolución popular liderada por socialistas (que desde 1918 pasan a llamarse comunistas) que derrumbaría al zarismo. Tal acontecimiento sucedió en 1917, en un país convulsionado por su derrota frente a Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. La revolución sería diseñada por Lenin en su obra El Estado y la Revolución, que agrupa dos libros diferentes: su primer parte es un modelo bien fundamentado de táctica para conquistar el poder, y la segunda consiste en una serie de propuestas cercanas al socialismo utópico, y por lo tanto inviables.

El desafío de resolver positivamente la contradicción entre socialismo y mercado se planteaba imperiosamente en Rusia en 1921, cuando, una vez finaliza la guerra civil y al mismo tiempo fracasada la anhelada revolución en Alemania (lo que se hará visible en 1923), el nuevo Partido Comunista de Rusia( PCR b) se encuentra frente a la disyuntiva de mejorar las condiciones de trabajo en el campo o caer. Los levantamientos campesinos en Ucrania contra las requisas forzadas de alimentos, que se venían practicando durante el “comunismo de guerra” (1918-1921), obligaron a Lenin y los dirigentes comunistas rusos a pensar que era necesario introducir algún sistema de economía de mercado en el campo, donde predominaban campesinos usufructuarios de las tierras nacionalizadas. Se establece un régimen de capitalismo de estado.

Nace así la NEP. Sólo interesa plantear aquí la hipótesis de que la NEP, pensada por Lenin desde la práctica, podría haberse constituido en un gran modelo de economía socialista de mercado no sólo atractivo para la recién formada URSS (1922), sino también para las alas de izquierda de los partidos socialdemócratas y socialistas de otros países. En tanto creación desde la práctica por Lenin, éste, de haber vivido, quizás hubiese llegado a las mismas conclusiones teóricas a las que llegaron los comunistas chinos casi 60 años después.

Los partidos socialdemócratas y socialistas europeos, que sostenían que los experimentos marxistas-leninistas eran modelos de capitalismo de Estado, adoptaron sin embargo ideas de esas experiencias para legitimar programas de “economía mixta”. La economía mixta se asienta en la economía de mercado, pero se propone ensamblar dos tipos de propiedad: la privada y la estatal (pública). Se trataba de armonizar dos sistemas económicos diferentes. Tal es la tesis socialdemócrata sobre la economía mixta. Esta tesis, que se alejaba del marxismo (que es centralmente una teoría de las relaciones entre el capital y el trabajo), sin embargo se ajustaba a la necesidad de regular y democratizar a las economías de mercado, principalmente a aquellas que existen en los países capitalistas avanzados.

Las ideas keynesianas se pueden resumir de este modo: el Estado no suplanta pero si organiza los mercados. Se aplicaron en los países desarrollados, en principio en los EE.UU. durante los años ’30 y luego de la II Guerra Mundial en Europa occidental, y también en países del Tercer Mundo, con capitalismos “intermedios”. En síntesis, Keynes sostenía que el Estado y el mercado eran instituciones complementarias. El Estado debía ser la principal institución que coordine al capitalismo; el mercado era una institución basada en la competencia, que bajo la regulación del Estado podía coordinar exitosamente la economía.

Hasta los años ’80 —cuando irrumpe el neoliberalismo— en muchos países capitalistas predominaban las formulas keynesianas. Se consideraba que determinadas actividades se podían coordinar mejor si el Estado limitaba su presencia en el mercado. Pero se aceptaba que la sociedad, a través de las instituciones estatales y políticas, debía intervenir para establecer un círculo virtuoso entre acumulación del capital y fomento de la demanda a través de una creciente distribución equitativa del ingreso.

Las sociedades modernas, en su mayoría capitalistas, se organizan en estados-nación soberanos. En el marco del capitalismo global han desaparecido los imperios clásicos y todo el planeta está cubierto por estados-nación que constituyen un gran sistema político mundial. Los EE.UU. dominan a escala mundial, pero no son un imperio clásico; sí un nuevo tipo de imperio mundial, por su capacidad de condicionar  al sistema económico y político mundial. La globalización ha transformado al mundo en un gran mercado, cada vez más integrado. El socialismo marxista-leninista, en su versión estalinista, ha sido destruido. Sólo China, que se ha embarcado en la aventura de construir una “economía socialista de mercado”, integrada a la economía global, compite como sistema al capitalismo.

Desde el momento en el que quedo claro que la tesis de Marx sobre eventuales revoluciones socialistas en los países industrializados no se cumpliría, el comunismo se fue transformando en una utopía. Sin embargo, la versión marxista-leninista se constituyó al mismo tiempo como estrategia exitosa en algunos países, ubicados en la periferia del sistema capitalista, en primer lugar en China, pero también en otros países tercermundistas. A fines del siglo XX, con la caída del sistema estatal del socialismo real, se hizo evidente que el socialismo era inviable si no se integraba con los mercados.

La libertad económica y la creatividad técnica y empresarial  constituyen realidades que el socialismo no puede soslayar. Sólo a través del mercado y por lo tanto de la competencia de precios es posible lograr una asignación eficiente de los recursos humanos y materiales. En las fases iniciales del desarrollo económico la intervención del Estado es indispensable para la acumulación primitiva, necesaria para impulsar la revolución industrial, proceso que será más veloz si no se confronta con fuertes bolsones de resistencia campesina y si el Estado está decididamente comprometido con modelos sustentables y democráticos de desarrollo.

El capitalismo no es sólo un modo de producción, es un sistema económico, social y político. Se desarrolla a través de ciclos, que incluyen fases de crisis (Kondratiev). El sistema capitalista ha producido varias “autorrevoluciones”, que han seguido a las diferentes crisis desde 1873 hasta la actualidad. Estas crisis han sido crecientemente mundiales. La anterior crisis (1929) ya fue definidamente una crisis mundial; la actual crisis financiera mndial (2008), generada por la subsunción del capital productivo al capital financiero, todavía no ha finalizado.

Después de la II Guerra Mundial comenzó una larga fase de desarrollo del capitalismo, que produjo grandes cambios. Esta larga etapa, que se desarrolla en los llamados “años de oro” (1948-1975). Incluye como fenómeno la “guerra fría” (1948-1989) entre el capitalismo y el comunismo, de la que el capitalismo emerge como vencedor. Durante la etapa (l948-1975) —que es calificada por Hobsbawm como “el gran salto adelante”— el capitalismo produjo una reestructuración y reforma sustancial que sienta las bases de la globalización y la internacionalización de la economía. Esa reestructuración incluyo sistemas de economía mixta. Fue promovida por el Estado. Fue posible por la planificación estatal.

Los “años de oro” democratizaron al mercado. Multiplicaron la capacidad productiva de la economía mundial. La organización del trabajo sufre cambios de fondo con el pasaje del fordismo al toyotismo. Esta etapa se inició en los países desarrollados, liderados por los EE.UU. El núcleo duro de esta etapa incluye varias revoluciones tecnológicas. Se extiende a países del Tercer Mundo que recurren a la planificación para acelerar el desarrollo industrial.

Durante esos “años de oro”, apoyados políticamente en una alianza entre el capitalismo y la socialdemocracia, los cambios en la economía se manifiestan en la composición de género de la clase obrera, produciéndose un ingreso masivo de la mujer al trabajo. El feminismo continúa expresando manifestaciones político-culturales de clase media, pero surge un poderoso movimiento de género destinado a promover la igualdad no sólo en el trabajo sino en la vida familiar: se constituye la “familia de dos salarios”.

Durante los años de oro se produce una “revolución cultural” que, como hemos dicho, abarca cambios en las empresas, en las trayectorias laborales y en los deseos e ideologías de los jóvenes, que se expresan en rebeliones universitarias, como el Mayo francés, y en segmentos radicalizados de los jóvenes trabajadores asalariados, como en los años ’70 en Italia.

Pero todos estos cambios convergen en una institución fundante de la sociedad: la familia. Se erosiona el patriarcado y se desarrolla la familia nuclear. Aumentan exponecialmente los divorcios en las familias católicas, así como las familias monoparentales.

El breve comentario sobre el período 1948-1989 tiene por objetivo ejemplificar sobre las capacidades del capitalismo de realizar autorrevoluciones. En estos años se cumplió un objetivo de alcance mundial: frenar al comunismo y crear las condiciones para su caída. A principios de los años ’60, parecía que el comunismo terminaría por vencer al capitalismo. Era una ilusión; la URSS era sólo una potencia militar, pero su base económica era atrasada. Los pueblos que la componían, después de 50 años de soportar al viejo sistema económico-social que había igualado “hacia abajo”, estaban adormecidos. Pero como se demostrará en 1991, esos pueblos lo que aspiraban era constituirse como economías de mercado, pero conservando logros sociales alcanzados durante los años de socialismo estalinista.

La historia ejerció una cruel venganza sobre los partidos comunistas en todo el mundo. Sufrieron procesos de disgregación y la mayoría desapareció, entre ellos el poderoso PCUS. Hobsbawm nos relata brillantemente en su libro esa historia, que comienza en la I Guerra Mundial y se desarrolla como una lucha sin cuartel entre el capitalismo y el socialismo. Pero no aporta suficientes argumentos para descubrir lo que fue esencial: la derrota ideológica y moral del comunismo fue el producto de su intento sin destino de creer que se podía crear un sistema que marginaba y limitaba el papel de los mercados.

Fueron los mercados como instituciones sociopolíticas los que terminaron por permitir que el capitalismo venciera al socialismo. La derrota de éste fue la peor de las derrotas, porque fue una derrota no sólo técnica (diferenciales de productividad) sino esencialmente una derrota cultural, que es lo más grave que le puede suceder a cualquier movimiento político. En el caso del socialismo, fue la derrota de un sistema que supuestamente, como asegurara Nikita Jruschov en los años ’60, terminaría por “enterrar al capitalismo”.Pero tal profecía no se realizo. La realidad fue lo contrario.

*Julio Godio, sociólogo, escritor, especializado en temas laborales.

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