Movimiento Libres del Sur: Un nuevo mástil para las viejas banderas

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Daniel Ezcurra*

EL MUNDO Y LA ARGENTINA DE LOS ’90, Y DE LA ACTUALIDAD.

A lo largo de los últimos años, el paradigma neoliberal, en tanto organizador de sentido de la dinámica ideológico-económico-política, ha sido cuestionado, conmovido y puesto en crisis por una diversidad de procesos de resistencia que generaron una brecha en su dominación hegemónica.
La ofensiva imperial se ha ido, con el tiempo, estancando. En parte por las contradicciones económicas propias de un modelo de altísima concentración, cada vez más excluyente; que tiene como factor dominante a los EE.UU., cuya economía declina y pierde supremacía mundial, llevándolo a agresiones como la de Irak. En otra parte, porque la resistencia de los pueblos fue desgastando políticamente las estrategias imperiales, y derribando en forma paulatina sus gobiernos cómplices.

Tal crisis, en su escenario latinoamericano, ha puesto de manifiesto la emergencia de cambios en las correlaciones de fuerzas regionales fruto de un vigoroso crecimiento de la lucha social y política en el enfrentamiento de las regresivas transformaciones estructurales de la agenda neoliberal. Esta energía resistente caracterizada por su diversidad, sentó las bases de la emergencia, fortalecimiento y la llegada al gobierno de proyectos políticos con distintos grados de enfrentamiento a la lógica articulada por el llamado consenso de Washington.

La aparición en el escenario regional de gobiernos que reflejan, en distintos grados, la pérdida de hegemonía del modelo de acumulación neoliberal y la emergencia de alternativas populares en esos gobiernos en disputa, crea un escenario de acceso (en distintos niveles y sectores del aparato estatal) para organizaciones y movimientos sociales y políticos provenientes de sectores impugnadores, con su práctica resistente, del neoliberalismo.  

Surge así, desde la misma praxis de los sujetos político-sociales, una globalización contrahegemónica opuesta a la globalización del capitalismo neoliberal, sostenida y alimentada por múltiples actores (movimientos populares revitalizados, movimientos campesinos e indígenas, clases medias empobrecidas, organizaciones de mujeres, sectores estudiantiles, trabajadores empleados y desempleados, etc.) capaces de ir suturando la escisión entre lo social y político y de generar los fundamentos de un discurso y una cultura donde la soberanía democrática se articula con una mirada antisistémica de alcance regional y transnacional. Los distintos foros regionales y mundiales dan cuenta del vigor de ésta construcción.

El hiato en el control imperial ha disparado, en tanto necesidad para la acción surgida de la misma práctica, una rica búsqueda reflexiva sobre las alternativas económicas, sociales, culturales y políticas capaces de articular las fuerzas populares en proyectos societarios contrahegemónicos.
Desde ya que en el escenario concreto de estas prácticas no solo pesa la herencia neoliberal sino también la estructura económico-social limitada por la dependencia y el atraso en los nudos centrales de la tenencia de la tierra, los recursos naturales y las industrias básicas.

Argentina fue uno de los países donde las políticas neoliberales alcanzaron mayor nivel de agresividad, deteriorando de manera dramática las condiciones de vida de las mayorías. Fue la época de las relaciones carnales, de las privatizaciones, la apertura económica, la convertibilidad, el único camino, la pizza con champagne, etc.
Las naciones más débiles fueron azotadas por el saqueo feroz y la destrucción de sus capacidades productivas; Allí están el estancamiento, cuando no el retroceso, del PBI y la redistribución del ingreso en nuestros países durante los noventa para formarse una idea de ello.
Las mayorías de nuestras naciones fueron arrojadas a la desocupación, la pobreza y la marginalidad. En nuestro país tuvimos la mejor radiografía de las consecuencias del modelo neoliberal.
Como contracara de este proceso creció la resistencia. La de un puñado de naciones (como Cuba y luego Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia y Uruguay en Latinoamérica) con gobiernos soberanos, y también y por sobre todo la de los pueblos agredidos. Los argentinos tuvimos un protagonismo destacado en este cambio de época.
Así llegamos a la actualidad, con un nuevo contexto ideológico, político y económico, distinto al de principios de los noventa, en el mundo y en el país, con un rechazo que se generaliza hacia el neoliberalismo y el predominio norteamericano, extendiéndose hasta los países centrales. Acompañado esto aparece el surgimiento de nuevos polos de desarrollo económico en distintas naciones del tercer mundo, que permiten a ellas y a muchas de las demás buscar brechas en el corset de la dependencia impuesto por los países industrializados.
En nuestro país, se derrumbó estrepitosamente el consenso al neoliberalismo y cundió el rechazo a sus promotores externos e internos. La resistencia y el repudio ciudadano echaron a Cavallo, a De la Rua, apuraron la retirada de Duhalde y obligaron a Menem a no presentarse en la segunda vuelta de las presidenciales. Procediendo el pueblo, además, a elegir para gobernar a Néstor Kirchner. Presidente que con audacia y superando significativos obstáculos, va orientando la Nación argentina hacia un nuevo Proyecto Nacional, de desarrollo justo y soberano.
EL NUEVO PROYECTO NACIONAL
¿Cuál es el proyecto de país en que estamos embarcados, y al que se oponen resueltamente tanto las fuerzas imperialistas, en especial norteamericanas, como sus socios locales, esos que nos hundieron en el peor de los mundos? El Presidente Kirchner lo ha dibujado en reiteradas oportunidades: una nación reindustrializada, defensora de sus derechos e intereses en el ámbito internacional, integrada con sus hermanas latinoamericanas, con un Estado y un mercado interno fuertes; de empleo pleno y digno, sin pobreza, con justicia y movilidad social, donde se defienda el medio ambiente y haya educación y salud destacadas; con renovación institucional y política, sin corrupción; de igualdad de género y respeto a los derechos humanos, a los de las mujeres y los niños, los jóvenes y los ancianos, sin ninguna discriminación, con democracia real y participación popular. En definidas cuentas: un país en serio donde valga la pena vivir.
Para llevarlo adelante, sin dudas, es necesaria una extensa alianza de clases y sectores sociales interesados en él; que contenga desde las mayorías populares de trabajadores, pobres de la ciudad y el campo y clases medias, hasta el propio empresariado nacional. La batalla será dura y áspera, y hay que unir para librarla con éxito todo lo que sea susceptible de ello, con la mayor amplitud.
Advertimos la oportunidad de apelar al término kircherismo como un trazado diagonal que arrastra y redefine los posicionamientos, las actitudes y las identidades políticas pretendidamente saturadas. Movimientos, frentes, surgen con nuevos bríos de una historia que busca la revancha de los que saben que no han sido vencidos.

La polarización que implica la construcción de hegemonía es, antes que un residuo, un efecto deseado provocado por una presencia molesta a los ojos de los detentadores del elaborado saber de las “buenas maneras” de la política. Ella es la clave para consolidar, fortalecer y profundizar la brecha que se ha abierto.

La convocatoria a un espacio plural, retoma lo mejor de la tradición movimientista nacida al calor de las movilizaciones de la década del ’40. Una apuesta que exige una profunda madurez de quienes ansían la consolidación de las tres banderas históricas.

Ese frente, que es hoy el kirchnerismo, no es el simple producto de una sumatoria de partes, ni un “modelo para armar”. Es el producto de una puja al interior suyo, el desenvolvimiento de una correlación de fuerzas.
Es claro que dentro de esa unidad que debe sostener al nuevo proyecto nacional en marcha, hay importantes diferencias de acuerdo a los intereses que allí existen. Estas diferencias se expresan luego en estrategias, políticas y tácticas disímiles. No nos debe ser indiferente cual de ellas se predomine, ya que de ello se derivará no solo el tipo de país que construyamos, sino incluso hasta la posibilidad concreta, llegado el caso, de llegar o no al mismo.
La nueva nación a construir, a diferencia de la que gestó el primer peronismo a partir de 1946, contempla un mayor grado de contradicciones entre el empresariado nacional (o por lo menos la parte dominante del mismo) y las clases populares. En aquel entonces la tarea excluyente era la sustitución de importaciones, y para ello había que dinamizar el mercado interno. Mayores salarios, salud, educación, un Estado fuerte que intervenía en la economía, eran aspectos complementarios de que las empresas obtuvieran mejores ganancias. Hoy esa realidad abarca una parte del modelo económico que hay que instalar, ya que sin duda una de las tareas pendientes es reconstruir el mercado interno. Sin embargo ahora la locomotora deben ser las exportaciones, y tenemos una parte no desdeñable de las mismas en manos de grandes grupos económicos locales e internacionales. Estos sostienen que para tener éxito en la disputa de los mercados internacionales hay que mantener salarios bajos, mucha concentración de ingresos en sus manos, un Estado bastante prescindente, un mercado interno no muy fuerte ni integrado, mas bien para los altos ingresos, etc.
No es difícil ver entonces que las contradicciones al interior de este nuevo proyecto nacional son mayores y mas intensas que en las anteriores experiencias nacionalistas que vivió la Argentina. Y que además se extienden a otros terrenos por fuera de la economía. Por ejemplo en la política y en el terreno social, estos sectores más concentrados, fracturados del bloque de poder del período neoliberal, sostienen que hay que recuperar los partidos tradicionales, y en especial al PJ con su vieja dirigencia, para manejar sin demasiados sobresaltos la nueva etapa. Lo mismo opinan respecto de las conducciones sindicales: mejor malo conocido que bueno por conocer. Estas posturas, sumadas a otras como la no revisión profunda del pasado dictatorial y del menemista, hablan a las claras de lo limitado de la intención transformadora de quienes las sostienen al interior de la alianza de gobierno.
Por otra parte, las experiencias de acercamiento a la esfera Estatal, de las demandas, formulaciones políticas e identitarias y prácticas de participación democráticas de los sectores populares, son parte de la una compleja realidad actual. Un importante número de acciones se han convertido en campo de experiencia práctica en pleno desarrollo, que a la vez que operan sobre la acumulación del campo popular, van incidiendo en la correlación de fuerzas, dentro de los gobiernos populares y entre estos y los sectores del privilegio.

Las organizaciones populares tienen, en este escenario, un importantísimo rol a cumplir como espacio de la participación de las mayorías. La interacción entre el trípode que significan la construcción colectiva del conocimiento (en el respeto y puesta en valor de los distintos tipos de saberes), la fuerza popular organizada (en tanto vehículo de los sujetos de transformación) y el Estado como escenario de construcción de ciudadanía (y espacio de la relación social de una determinada hegemonía); es una apuesta que creemos necesario asumir por parte de aquellas y aquellos que seguimos apostando a la transformación social.
UN NUEVO MOVIMIENTO POLITICO
La alianza que hoy apuntala al gobierno nacional es, de hecho, un amplio y diverso frente. Este se extiende por un variado espectro político e ideológico; expresión, en última instancia, de los distintos sectores sociales confrontados en distinto grado con el neoliberalismo precedente. Tenemos allí desde una parte no desdeñable del PJ, partidos, grupos o dirigentes de centro y centroderecha, algunos vecinalistas de ideología diversa y franjas del radicalismo, hasta una porción significativa del centroizquierda y de la izquierda, peronistas y no peronistas.
Esta realidad, con seguridad, no se va a modificar en lo que resta de este mandato de Néstor Kirchner. Es muy difícil que vayamos, en ese período, hacia la constitución de un solo partido o movimiento político. Es casi imposible ver eso en tamaña diversidad, y con la necesidad de sumar más sectores aun en dirección al 2007. Por el contrario, lo más probable es que tiendan, al interior de este frente, a agruparse aquellos con mayores afinidades políticas e ideológicas para tener más peso a la hora de las decisiones. Eso mismo, por tanto, debemos buscar las expresiones más consecuentes de este nuevo proyecto nacional.
Nuestro gran acierto ha residido en comprender la nueva etapa que se ha abierto en el mundo, en Latinoamérica y en la Argentina; esto nos ha permitido jugar un papel aceptable en estos primeros dos años de reconstrucción nacional, y acumular fuerzas. Sin embargo, nuestra debilidad ha estado en no haber podido constituir, hasta ahora, una fuerza política común que nos permitiera materializar el peso real con que contamos, como parte del proyecto del Presidente Kirchner, en la vida del país. Otros sectores, mucho menos interesados en producir cambios profundos, se han aprovechado de ello.
Es llegado el momento de revertir esto. Comienza para el gobierno y el país una etapa decisiva: vamos dejando la crisis atrás y se avecinan las grandes definiciones respecto de la nación que buscaremos. Nuestra voz debe comenzar a ser más potente en este nuevo escenario.
Para ello decidimos fundar este nuevo Movimiento Político, que nos agrupe y nos potencie en los marcos del Frente para la Victoria, a los que anhelamos una patria verdaderamente distinta, libre y soberana; abierto a la incorporación de todos los compatriotas que aspiren a refundar el país.
Un Movimiento que sostendrá junto a Néstor Kirchner, bien en alto las históricas banderas nacionales, populares y latinoamericanas. Abiertamente opuesto al imperialismo y al neoliberalismo en cualquiera de sus formas. Que propugnará una sociedad más justa y plena, con la participación activa de la ciudadanía en su construcción. Que aspirará a representar en sus intereses por sobre todo a los trabajadores, los desposeídos, los estudiantes, los pequeños campesinos, los pueblos originarios, la intelectualidad más progresista y a las clases medias menos pudientes.
Con un papel destacado, en todas sus líneas, de las compañeras y los jóvenes.
Un Movimiento democrático y participativo, con mucha militancia e inserción social, y dirigentes honestos. Ajeno por completo a las prácticas de la vieja política tradicional de nuestro país.
Capaz de formar y aportar muchos cuadros al Estado que tenemos que construir.
Decidido, en definitiva, a ser un actor destacado en la formulación y la construcción de una nueva Argentina.
Resumimos los principales lineamientos que guían las acciones de las mujeres y hombres de Libres del Sur.
EN LO POLITICO
1) Creemos en la democracia participativa, en la que el pueblo sea protagonista. Con mecanismos de consulta y decisión directa de la ciudadanía en las grandes cuestiones nacionales, provinciales y municipales; y posibilidad concreta de revocatoria de los mandatos de gobernantes.
2) Hay que reformular el sistema político argentino sobre otras bases, terminando con la corrupción, la degradación ética y el clientelismo de la dirigencia y los partidos tradicionales.
3) Y construir un nuevo Movimiento Nacional que, como expresión de las mayorías populares, sea el sostén político de la refundación soberana de nuestro país.
4) Tenemos además que reformular las FFAA, sobre las bases del ideal sanmartiniano, de servir a la patria y a su pueblo y no a sus enemigos. En el mismo sentido depurar las fuerzas de seguridad y policiales: que sean para servir realmente a la comunidad y nunca más para agredirla.
5) Y terminar de reconstruir el sistema judicial de la nación, poniendo fuera del mismo a los magistrados que contribuyeron, corrupción y represión mediante, a la destrucción de la Argentina en los años recientes.
6) Debe haber Verdad y Justicia para los crímenes del terrorismo de Estado, y para los cometidos por la represión en democracia.
7) Tenemos que elaborar y aprobar otra Constitución Nacional que exprese la nueva Argentina que estamos construyendo y a la que aspiramos, poniendo fin a la del Pacto de Olivos.
EN LO ECONOMICO
1) Queremos un Estado fuerte, que intervenga en la economía y los servicios, y los regule. Que controle al poderoso y defienda al débil.
2) Que los trabajadores participen en las empresas públicas y privadas, y los usuarios en las de servicios.
3) Que haya presupuestos participativos en todos los municipios.
4) Que se renacionalicen el petróleo y el gas.
5) Se reformule el sistema impositivo para aumentar en el tiempo los gravámenes sobre las rentas y disminuir los que afectan al consumo.
6) Y se regrese al sistema previsional de reparto, alcanzando jubilaciones dignas.
7) Que tengamos un creciente fortalecimiento de la Banca Pública.
8) Con pleno apoyo a la pequeña y mediana empresa, al cooperativismo y a la economía social.
9) Y se materialice la reforma del régimen de tenencia de la tierra, con apoyo paralelo al mediano y pequeño productor rural, y dando batalla al monocultivo de soja.
9) Como también sentar las bases para conquistar un salario justo, pleno empleo y trabajo digno.
10) Avanzando sin descanso hacia una mas justa redistribución de la riqueza.
11) Establecer una defensa incondicional del medio ambiente y la ecología de nuestro país.
12) Y un fuerte apoyo al desarrollo científico-técnico nacional.
EN LO SOCIAL
1) Que tengamos educación, salud y vivienda para todos. Y se deroguen las leyes Federal de Educación y de Educación Superior.
2) Que exista pleno respeto a los derechos de las mujeres. Entre otros, a tener igualdad de oportunidades y retribuciones que los hombres, a acceder a los puestos de dirección del Estado, empresas y organizaciones sociales; como así también a los de responsabilidades políticas. Que tengan libertad para disponer de su cuerpo y se despenalice el aborto.
3) Pleno respeto a los derechos de los trabajadores, los niños, los jóvenes y los ancianos.
4) Como así también a los de los pueblos originarios.
5) Estamos contra todo tipo de discriminación por ideas, raza, orientación religiosa, sexual, nacionalidad o por cualquier otro motivo.
6) Y nos oponemos a la concentración de la propiedad de los medios de difusión. Proponemos la derogación de la Ley de Radiodifusión actual; y apoyo firme del Estado a los medios alternativos.
7) Estamos por la decidida promoción de la cultura nacional en todas sus manifestaciones.
EN LO INTERNACIONAL
1) Nos oponemos al ALCA, a las presiones del FMI, de la OMC y de los poderosos del mundo que pretenden seguir determinando el rumbo de nuestra nación e imponiéndonos el libre comercio.
2) Reivindicamos, sin concesiones, nuestra soberanía sobre las Malvinas y las islas del Atlántico sur.
3) Estamos por la Unidad Latinoamericana.
4) Como así también por la defensa de la Revolución cubana, de la Venezuela Bolivariana y de la Bolivia de Evo Morales, frente a toda agresión de los EEUU.
5) Propugnamos la ampliación y consolidación del Mercosur; y la creación de un parlamento del mismo que contribuya a la integración y a resolver en un marco de unidad sus conflictos.
6) Apoyamos a todos los pueblos del mundo que son agredidos por las políticas imperialistas y neoliberales.
7) Repudiamos la invasión norteamericana a Irak, y exigimos el inmediato retiro de las tropas.
8) Estamos decididamente en contra del gobierno de George W. Bush.

* Daniel Ezcurra
Coordinador Cátedras Bolivarianas de la Universidad Popular Madres de
Plaza de Mayo
Director del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana.
Coordinador Cátedra Juana Azurduy, Historia de Mujeres, mujeres en la
historia (Programa de Fortalecimiento de derechos y Participaciòn de
las Mujres Juana Azurduy – Consejo Nacional de Coordinación de
Políticas Socilaes, Presidencia de la Nación).

Nota:
El lanzamiento Nacional del Movimiento Libres del Sur s realizó el
jueves 27 de Abril de este año, en el Centro Costa Salguero de la
Ciudad de Buenos Aires. El Movimiento está conformado por la unión del
Movimiento Barrios de Pie, el Partido Comunista Congreso
Extraordinario, la Agrupación Martin Fierro, el Frente Barrial 19 de
Diciembre, la Agrupación Envar el Kadri y la Corriente Patria Libre.

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