Lucha de clases y cine: La guerra silenciosa, Stéphane Brizé, Francia, (2018)

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Crítica de cine

Valentín Golzman*

La lucha de clases al desnudo

“Los films sobre el desempleo acostumbran a remitirnos mucho más a la confirmación de sus consecuencias que a la revelación de sus causas.”[1]

A lo largo de los más de cien años que tiene la producción cinematográfica, la ausencia del tema laboral es una de las características de la gran mayoría de los films. En millones de dramas y comedias el trabajo aparece solo como telón de fondo. Obviamente, los conflictos  que surgen en el mundo del trabajo también están ausentes. No obstante, muy de tanto en tanto el cine, como expresión ideológica y artística de su tiempo, nos acerca la representación fílmica del trabajo y de sus interrupciones.[2] Es el caso del film que nos ocupa.

Isabel Rauber encabeza el primer capítulo de su texto Descolonizar la subjetividad [3] con la frase “La barbarie del capitalismo al desnudo”. La misma bien podría haber sido el título del film La guerra silenciosa, Stéphane Brizé, Francia, (2018), que se estrenó hace unas semanas en Buenos Aires.

La película narra la lucha de más de 1.000 trabajadores despedidos de una fábrica instalada en Francia, perteneciente a capitales alemanes. Dos años atrás, bajo la promesa de la empresa de mantener la fábrica en marcha por cinco años, los obreros cedieron parte importante de sus salarios. Repentinamente la empresa, obedeciendo el mandato de sus accionistas,  no conformes con el nivel de utilidades que les brinda la fábrica, decide cesar sus actividades y trasladarse a un país con salarios más  bajos.

Brizé logra representar en toda su magnitud la codicia del sistema capitalista globalizado: la fábrica no cerrará producto de una crisis o recesión: ocurre que no gana lo que inversionistas y accionistas exigen. Y los trabajadores son un insumo más de la cadena productiva. Así lo reafirma la actitud empresaria:

Contable de la empresa, (en una reunión con los delegados): “Nuestro margen el año pasado fue del 3,8%. Los objetivos del grupo son del 7%.”

Delegado sindical: “La realidad es que para los accionistas nunca se gana lo suficiente. ¿Cómo hacen para ganar más dinero? Cierran la fábrica de Agen y la trasladan a Rumania, donde los trabajadores reciben cinco veces menos.”

El film hace su centro en la lucha de los trabajadores por mantener en marcha su única fuente de recursos. El director toma partido por la causa de los obreros y los acompaña en su lucha, al abrir al film con una frase de Bertolot Brecht: “Aquél que combate puede perder, pero quien no combate ya perdió.”

La cámara en mano de Brizé acompaña los momentos álgidos del film, se introduce dentro del grupo de trabajadores al punto de parecer fusionarse con el mismo. El montaje de muchas de las secuencias es acelerado. Las reuniones en los interiores –filmadas plano y contraplano- acompañan la velocidad de los diálogos.

El intercambio que se  establece en los primeros minutos del film parece ser universal en momentos de conflictos:

Director de la empresa: “Disculpen pero entiendo que hoy no hay trabajadores de un lado y dirección del otro. Estamos todos en el mismo barco. ”

Delegada: “Si estamos en el mismo barco entonces estamos en la cubierta inferior, con las ratas y la mierda, y ustedes en la superior”.  

D: “La realidad del mercado es sumamente dura. Ni usted ni yo podemos hacer nada.”

El film pone en escena y destaca descarnadamente– y ese es uno de sus muchos méritos- un sistema empresarial y estatal que, junto a medios de comunicación que mistifican los hechos, abandona los trabajadores a su suerte.

La película está construida de modo tal que mantiene al espectador en constante expectativa. En ese sentido colabora la música, similar a todo lo largo del film, cuyo ritmo y volumen se magnifican en las secuencias álgidas. 

Estamos frente a un film que por su ritmo y verismo puede aparentar ser un documental o un episodio televisivo. La diferencia con aquellos reside en que La guerra silenciosa representa, paso a paso, todo el proceso de desarrollo del conflicto y –lo más importante- pone en evidencia a los responsables, coloca en primer plano la voracidad del capital. Los documentales o las notas televisivas solo suelen mostrar momentos puntuales. En La guerra silenciosa tenemos representado la totalidad del complejo proceso: una patronal que no cede, al tiempo que busca romper la unidad obrera, trabajadores que luchan y el Estado, que cuando interviene, pese a una pretendida actitud imparcial e incluso de supuesta protección al actor más débil, termina en la práctica alienándose con la patronal y reprimiendo a los trabajadores con las fuerzas policiales.

El director nos introduce en el sentir, pensar y actuar de los distintos sectores involucrados. Durante dos horas, pone en escena personajes elaborados fuera de todo esquematismo. Los trabajadores estan representados en toda su complejidad, resaltando sus contradicciones y angustias a medida que transcurre el tiempo sin arribar a conclusiones. Los representantes de la empresa se muestran imperturbables, argumentando sobre lo irreversible de la decisión y el representante del Estado sostiene posiciones ambiguas.

La falta de actuación del Estado, paralelamente al ofrecimiento de la empresa de sumas de dinero por encima de la normal a quienes acepten el despido, generan desgaste y división entre los trabajadores.

El film invita a reflexionar, a debatir situaciones que rememoran escenas del cine de Laurent Cantel (Recursos humanos y El empleo del tiempo) y el de los hermanos Luc y Jean-Pierre Darden (Dos días y una noche).

La actuación de Vincent Lindon representando al delegado Eric Lauren, que vive profundamente la justeza de los reclamos y decide luchar hasta lograr que no cierre la fuente laboral, es convincente y brillante, al punto que invita al espectador a tomar posición por su causa e incluso provoca el deseo de poder acompañarlo.

Son perfectas y creíbles las actuaciones tanto de la Jefa de Recursos Humanos (Isabelle Rufin) como la del delegado del Gobierno, que representa al Estado (Jean-Noel Tronc).

La guerra silenciosa es un film necesario. Sus imágenes ayudan a comprender e interiorizar los mecanismos generales del capitalismo globalizado en su actual etapa financiera, cuya acción depredadora actúa también en nuestro país. Muchas de las situaciones representadas en el film no son ajenas a nuestra cotidianidad. Mientras cerramos esta nota nos parece escuchar el ruido de las cortinas metálicas de las empresas que cierran en Argentina.

*Valentin Golzman, Economista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11

Ficha técnica

Título original: En guerre (At War) año 2018

Duración. 113 min.

 Francia

Dirección Stéphane Brizé

Música: Bertrand Blessing

Fotografía: Éric Dumont

Elenco: Vincent LindonJacques BorderieBruno BourtholValérie Lamond,Guillaume DrauxMélanie Rover

El film puede obtenerse en los videos clubs, entre ellos Bellini 4802 8456.

Reparto


[1] Monterde, José Enrique. La imagen negada. Representaciones de la clase trabajadora en el cine. Ediciones textos, Valencia, España. (1997). Pág. 37.

[2] Destacan entre otros, Tiempos modernos, Estados Unidos, Carlos Chaplin (1936);  Lloviendo piedras, Ken Loach Gran Bretaña, (1939); La huelga, Unión Soviética, Serguei Eisenstein, (1925). Juan sin ropa, Argentina, Héctor Quiroga, (1919); La Patagonia rebelde, Argentina, Héctor Olivera (1974); Los traidores, Raymundo Gleyser, Argentina, (1973).

[3] Rauber, Isabel, Descolonizar la subjetividad. Acercándonos Ediciones. Munro (2019) Pág19.

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