Llenar el Vacío

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Dossier sobre «Elecciones Nacionales»-artículo 2 de 3.

EDGARDO ROZYCKI*

Cuando la coyuntura electoral es tomada, no para capturar un cargo político, sino para la construcción estratégica de un movimiento, con democracia participativa, que pueda resolver la crisis, que aún padecemos, a favor del Pueblo, podemos descubrir, con asombro quizá, que hay algo nuevo en Política.

El Movimiento Buenos Aires para Todos, si como así parece continúa desarrollándose, habrá de ocupar un lugar vacío en la política de nuestra capital —y en el ámbito nacional como Movimiento Político Social y Cultural (M.P.S.yC.)—, un lugar de tal magnitud y tan vacío, que nosotros mismos — creo— no prevemos aún la idea de su dimensión.
Si bien la política no se rige por las leyes de la física, sabemos por la experiencia que para llenar un gran vacío es necesario un gran cuerpo, y que, a su vez, el vacío nos atrae hacia él, haciéndonos el camino más fácil.
En la actualidad, el panorama político nacional no puede ser analizado desde la historia y la perspectiva de los grandes partidos políticos, dado que se han convertido, cada uno de ellos, en varias bolsas de gatos. Ni siquiera desde el tradicional esquema “derecha-izquierda”.
Hoy en día, la sociedad política se divide entre quienes se oponen al gobierno y los que lo apoyan. Entre los primeros, debemos señalar a la derecha fascista, con arraigo aún en  instituciones armadas; el capital financiero, que no puede hacer los negocios de la década del 90; los defensores del neoliberalismo, cuya estructura sigue casi intacta; la cúpula de la iglesia católica —viejos protagonistas de nuestra historia—; los radicales R; los radicales L; los Margaritos; parte del socialismo; la inefable Carrió (con lo que le queda); la caterva prehistórica que se reunió en San Luis; y los sectores de la izquierda radicalizada: el P.C. (¿?),el M.S.T., el P.T.S., el MAS, el P.O., el P.C.R., etc. En síntesis, una oposición de amplio espectro, como lo son algunos antibióticos, que sirven para liquidar a cuanto bicho se les ponga adelante.
Entre los segundos, se cuentan los empresarios de la producción, que nunca ganaron tanta plata; algunas privatizadas (entre ellas, REPSOL, recientemente favorecida por una prórroga de contrato,  lesiva a la soberanía); muchos de los delincuentes que integraron o integran esa asociación ilícita conocida como P.J.; los radicales k; los socialistas de la provincia de Buenos Aires y muchos de la ciudad de Buenos Aires; grupos del Frente Grande; gran parte de las estructuras sociales del P.C. ( Movimiento Cooperativo, APYMES, etc.); la opinión pública, y una importante franja del campo popular: Libres del Sur, Federación Tierra y Vivienda, el Frente Transversal, Nacional y Popular, que conduce Edgardo de Petris, y otros compañeros de la Central de los Trabajadores de la Argentina, C.T.A., con quienes, en mi opinión, deberíamos entrar en contacto para consensuar acciones en forma conjunta.
Pero, ¿qué encontramos entre estos dos grandes grupos? Un enorme vacío, un espacio virtual que debe ser ocupado con el Movimiento Buenos Aires Para Todos, en el ámbito capitalino, y con el Movimiento Político Social y Cultural (M.P.S.yC.), en el orden nacional, como fue la propuesta de la C.T.A. en sus últimos congresos.
En general, la izquierda carga sobre sus hombros una pesada historia de errores políticos, enfrentamientos y divisiones, entre otras cosas. Y como consecuencia de estos desquicios hemos sufrido y seguimos sufriendo las derivaciones de esas políticas, en las cuales el sectarismo fue el eje que se repitió en cada ocasión.
En contraposición a esta situación, la derecha aparece como coherente e inequívoca.
Claro que a ellos les resulta más fácil: les basta con defender sus intereses económicos, con lo cual consiguen el poder político. A veces lo ejercen desembozadamente, a través de gobiernos de facto. Otras, cogobiernan, haciéndolo entre sombras. Y, en otras oportunidades, como sucede actualmente, ejercen todo su poderío para satisfacer sus objetivos. Lanzan a los medios de comunicación, a la manera de un ejército invasor, como jueces de conciencias, siempre bendecidos por la santa iglesia católica.
Si alguna vez somos presas de alguna confusión, es bueno mirar hacia dónde apunta “La Nación”, el diario que nos legara Mitre, desde el que sus adeptos continúan levantando el estandarte del liberalismo económico, aún después de su muerte; y, al mismo tiempo, hacia dónde apunta la iglesia que, como institución, siempre defendió los intereses de los poderosos, colocándose en la vereda de enfrente del campo popular.
Kirchner tiene una buena imagen en la opinión pública, y no precisamente porque la prensa lo ayuda;  tampoco por la política de derechos humanos —creo que en este caso está ubicado a la izquierda de la sociedad—, sino por el cambio en las condiciones de vida de nuestro pueblo. Se han creado millones de puestos de trabajo; ha aumentado en una considerable proporción el trabajo en blanco; ha crecido, aunque poco, el poder adquisitivo de los trabajadores; hay una importante inversión en obra pública y en educación, entre otros logros.
Estoy enumerando las acciones del gobierno que tienen mayor incidencia, más se palpan, y se sienten, en los sectores del trabajo.
Es por eso que suenan ingenuas —por adjetivarlas de alguna manera— las críticas de algunos compañeros del campo popular, cuando sostienen convencidos de que estamos cada vez peor y, como fundamento de sus afirmaciones se basan en datos de 1998 y no en los del 2003.
Estas cosas no hacen más que hacernos tomar peligrosa distancia del pueblo, que sabe por su propia experiencia, porque lo vive, que esas afirmaciones no son ciertas.  Es seguro también que algunos gremios, como los estatales, siguen sumergidos, y deberán seguir luchando para dignificar sus condiciones laborales y acceder al  nivel de vida que merecen.
No se trata de mero oportunismo sentir como siente el pueblo trabajador.
Oportunismo sería decirles que cada vez vamos a estar mejor por obra de los gobernantes, y apoyar al gobierno.
Hay que aceptar, y por qué no reivindicar también, los cambios positivos que ha producido el gobierno, pero debemos dejar en claro que este gobierno no va a producir un cambio social importante. No puede hacerlo, y creo que tampoco se lo propone.
El cambio social sólo puede lograrlo el pueblo organizado, a través del movimiento político-social, que debemos construir con democracia participativa, de abajo hacia arriba, con poder territorial, con amplitud, con un carácter abarcador respecto de todas las organizaciones del campo popular, independientemente del  lugar que ahora ocupen, e independientemente de la caracterización que hagan en la actualidad del gobierno. Para eso debemos construir con ecuanimidad, pero con firmeza, y con amplitud, pero con objetivos claros, priorizando la estrategia y minimizando las distintas tácticas que ubican a diferentes sectores del campo popular en posiciones que, a priori,  parecen enfrentadas. El cambio social sólo lo producirá el pueblo si se encuentra encolumnado masivamente en un movimiento organizado, no importa cuál sea su nombre.
Si pensamos por un momento en otras realidades nos surgiría inmediatamente lo que está sucediendo en Irak, en donde los chiítas y los sunitas siguen destrozándose entre ellos, pareciendo que el objetivo es la población de la otra etnia: las bombas explotan en mercados, escuelas y hasta en los festejos deportivos (dos bombas mataron a más de cincuenta personas que demostraban su alegría en espacios públicos, dada la clasificación obtenida por el equipo de fútbol nacional en la Copa de Asia); y para ellos el imperialismo no es una entelequia, ni una abstracción política, ni el neoliberalismo, ni el Fondo Monetario Internacional —FMI—, que ejercen presiones para perjudicar al pueblo. Allí el enemigo tiene un uniforme y un arma, y los está matando en su propio país.¿Es posible que no se den cuenta quien es el enemigo?
Creo que nosotros lo tenemos más claro. ¿No?

         EDGARDO ROZYCKI
        (miembro de Tesis 11 y militante del Movimiento Buenos Aires Para Todos).

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