La reconstrucción del movimiento popular

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GERARDO CODINA * La reconstrucción del movimiento popular

Superar la dispersión del campo popular es central para asegurar, en este momento de crisis mundial, la
continuidad del proceso de cambios abierto en nuestro país a partir del 2001. La izquierda democrática debe hacer su propia contribución y recuperar su capacidad de interpelar a la sociedad.

1. La pejotización del Gobierno

Una de las consecuencias de la crisis política que afectó este año que termina al Gobierno de CFK, fue el creciente protagonismo del Partido Justicialista en su esquema de sustento, junto al de la dirigencia sindical. Giro a la derecha para algunos, pejotización para otros, la asunción de la presidencia del PJ por Kirchner anticipaba su decisión estratégica de asegurarse el control del principal aparato partidario del país que, más allá de su enorme fragmentación, es hoy el único partido nacional.

Más allá de evaluar qué hubiera significado cederle ese espacio simbólico al duhaldismo, lo cierto es que nada diferente se ha consolidado en diálogo con la sociedad en estos años. Ese no ha sido un déficit del kirchnerismo, que alentó de diferentes formas la renovación política, sino un límite que no
han sabido superar las distintas fracciones de la transversalidad.

Al mismo tiempo, en el PJ se acumularon cambios en dirección de asignarle una propia impronta kirchnerista al núcleo emergente de cuadros que lo conducen. Mezcla de natural recambio generacional, de renovación doctrinaria y de desarrollo de una política interna de alianzas que reaseguren la hegemonía interna, el PJ de Kirchner dista años luz de ser el de Menem. Para muestra, el protagonismo asumido por Agustín Rossi al frente de la bancada del Frente por la Victoria en Diputados.

El rosarino fue una apuesta fuerte de Kirchner. Se vieron sus frutos en una etapa en la que el Congreso en general, pero en especial Diputados, recuperó una fuerte presencia en la gestación de decisión públicas trascendentes, desde el fallido debate de la Resolución 125, hasta la reestatización de las AFJP y la nacionalización de Aerolíneas, pasando por la sanción del régimen de actualización periódica de la jubilaciones, por nombrar las mas salientes.

Mal que le pese a Carrió, el refuerzo del rol de las instituciones republicanas y del debate democrático ha sido la respuesta elegida por el gobierno de CFK para salir de la encerrona política a la que la habían empujado errores propios y la acción concertada de la derecha golpista. Eso en el plano institucional. En cuanto a las transformaciones estructurales, es claro que el Gobierno no giró a la derecha, sino que profundizó su programa de reformas, ante todo segando la principal fuente de valoración financiera del capital, que eran las administradoras de fondos de pensiones.

2. El déficit de movilización En esa brega, se percibe la insuficiencia de la movilización política organizada de la sociedad, en especial de los sectores populares, para los que la suerte de este Gobierno no puede ser indiferente, más allá de los balances que se hagan de sus logros y sus limitaciones.
Para muchos, esa insuficiencia es uno de los resultados buscados por el propio kirchenrismo, en su intento de desactivar el conflicto social y canalizarlo hacia formas institucionales de mediación como las negociaciones colectivas de trabajo, en el caso de los trabajadores ocupados y los Consejos Sociales,
en el caso de los trabajadores desocupados.

Que después de treinta años se quiebre la tendencia hacia la creciente informalidad en el mercado del trabajo, se incremente progresivamente el número de personas con empleo y que los salarios y jubilaciones
se recuperen, son algunos logros centrales de esa estrategia. Precisamente, uno de sus frutos fue disminuir los conflictos sin represión y promover la reinserción social mediante el empleo.

Esos mecanismos, que arrancaron inmediatamente después de la gravísima crisis del 2001, han sido extendidos y profundizados por el kirchnerismo hasta el punto que, en respuesta al conflicto planteado
por la patronal agraria, el Consejo del Salario Mínimo permanece funcionando en sesión abierta, discutiendo
organizaciones empresarias, sindicales y gobierno acciones necesarias en la coyuntura para preservar
el empleo, asegurar la capacidad adquisitiva de los asalariados y sostener el mercado interno.

Muchas de las últimas decisiones presidenciales vieron su origen en esos debates.

3. La crisis de representatividad

Ciertamente, las acciones de Gobierno explican parte de la realidad. Más allá de los sectores organizados
del peronismo, convocados ante todo por el ejercicio del poder estatal, la fragmentación política
de la izquierda democrática1 es su propia responsabilidad y tiene su génesis inmediata en la frustrada
experiencia del Frente Grande, que se llevó consigo las esperanzas de millones de una verdadera y perdurable renovación de la política desde el campo nacional y popular.

El nacimiento del Frente y su rápida consolidación como una fuerza en aptitud de disputar las presidenciales,
fue la más acabada muestra de la profunda crisis de de representatividad que arrastraban ya entonces los partidos tradicionales, después de haber sido cooptados por el neoliberalismo.
La frustración volvió a expresarse con fuerza en octubre de 2001, cuando el PJ ganó en 18 de los 24 distritos del país, al tiempo que el 40 por ciento del electorado no votó, votó en blanco o anuló su voto. Luego vino el «que se vayan todos».

Esa porción de la sociedad que no es contenida por el PJ, incluyendo muchísimos peronistas, como lo demostró el Frente Grande, no tiene en la actualidad representación política y fluctúa entre diferentes
ofertas electorales, sin mayores convicciones.
En la multiplicidad de sus expresiones organizadas, la izquierda democrática debe examinar sus propias asignaturas pendientes en la disputa de ese espacio político.

Las esperanzas de ser ungidos desde el poder como expresión de ese espacio, por cierta capacidad virtual de ser funcionales al esquema de gobierno de Kirchner, que anidaban en varios cenáculos «progresistas», se han visto frustradas en variada medida por el realismo político que ejerce el principal trasgresor real que tiene hoy nuestro país.
Al coro de quejosos le queda bien la frase que le adjudican a la madre del último sultán de Granada:
«No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre».

Claro está que aquí, más que defender había que conquistar y que, por otra parte, nuestras mujeres saben defender lo suyo. Conquistar la voluntad de segmentos crecientes del electorado era la tarea. En las próximas elecciones se verá cuánto pudieron avanzar.

4. Lecciones de la derrota

La derrota sufrida por el Gobierno, y con él todo el campo popular, en relación con la vigencia de las retenciones móviles a algunas de las exportaciones agrícolas, más allá de las enseñanzas que brindó a los actores involucrados, dejó algunos saldos positivos que, de aprovecharse adecuadamente, pueden asegurar la continuidad del proceso de cambios abierto en diciembre de 2001.

El primer elemento valioso fue ayudar a desenmascarar ante muchos, aunque todavía no los suficientes, quienes eran los verdaderos adversarios de este proceso y qué pretendían, más allá de sus discursos públicos.
Es cierto que la batalla de la opinión pública fue perdida por el Gobierno pero, además de los medios, existe otro espacio donde las fuerzas sociales se piensan a si mismas y reelaboran cuál es su situación: el espacio de los núcleos militantes, ínfimos en cuanto al número en relación a la población total y muchas veces en estos años, paralizados y desconcertados ante un Gobierno claramente contradictorio.

Estos grupos militantes se han reactivado por todos lados y multiplican su accionar. Unirlos lo más estrechamente posible es la primera exigencia de la hora. Construir entre ellos una nueva cultura política
de diálogo respetuoso y fraternal que ponga el eje en la construcción colectiva. Una contribución original y significativa en ese sentido ha sido hasta aquí la experiencia de Carta Abierta.
La división de los sectores populares ha sido la constante de nuestra historia.

Eso siempre tuvo como beneficiario final al bloque oligárquico. Las insuficiencias, los errores tácticos, los oportunismos varios pueden ser objeto de crítica entre compañeros, pero no deben taparnos el bosque. Si no se recompone el movimiento popular, en su ancha y profunda acepción, el proceso de salida del esquema de políticas neoliberales puede frustrarse y no afianzarse en el desarrollo de un proyecto nacional de desarrollo autónomo con justicia social.

Un aporte valioso a esa recomposición del movimiento popular sería la renovación el PJ, más allá de los cambios que ya le imprimió el kirchnerismo. Pero por fuera de lo que haga Kirchner, la militancia de la izquierda democrática tiene su propia responsabilidad en la reconstrucción de un espacio político social con capacidad de incidir activamente en el proceso político de nuestra sociedad, reflejando las aspiraciones de cambios que anidan en muchos, en especial los trabajadores y sus intereses de largo plazo.

Dejar de ser comentaristas de la realidad, con mejor o peor habilidad de análisis, para adquirir la capacidad de actuar sobre ella en base a la movilización y organización de voluntades en el campo popular, es nuestro desafío.

5. Los impactos de la crisis

Los primeros años de la recomposición económica posteriores a la crisis del 2001, se beneficiaron de un auge internacional que especulativamente premiaba ciertos bienes que nuestro país producía. Esas condiciones favorables se aprovecharon con ventaja. Pero ahora ese horizonte cambió. Está para quedarse por bastante tiempo un estancamiento de las principales economías del mundo. Podemos afrontar esta crisis en mejores condiciones que antes, pero ya nos está impactando.

Inevitablemente, en cada país se reforzarán las acciones de protección de los espacios económicos domésticos y las ventajas comparativas con otras economías. Va a ser un tiempo más duro, que demandará
más inteligencia y esfuerzo para lograr las metas de desarrollo e inclusión a las que aspiran la mayoría de los argentinos. Un tiempo para replantear el debate público acerca de los caminos que recorremos para alcanzar esas metas.

En este juego hay quienes apuestan a la agudización de la crisis, sabiendo que el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, puede abrir las puertas a una crisis política. Sería su chance de retroceder todo lo avanzado. En tanto se mantengan las variables principales de la economía en una relativa estabilidad, su táctica será continuar esmerilando el respaldo popular a la gestión de CFK. Cuentan para ello con todos los recursos del sistema.
De este lado, tenemos que recuperar entre nosotros toda la memoria del campo popular, de sus sueños, sus luchas, sus derrotas y sus triunfos, para templar la conciencia de que, unidos y organizados, sí podemos.

* Psicólogo. Integrante del Consejo Editorial de Tesis 11. Coordinador del Grupo Tuñón.

Notas

1 Izquierda democrática es usado en este contexto para referir a todos aquellos sectores, peronistas,
socialistas, socialcristianos, radicales de izquierda que no forman parte ya, o nunca integraron el PJ y comparten un programa de transformaciones sociales profundas a favor de los sectores más postergados,
en el marco de la democracia.

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