La política perturbada

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Lido Iacomini* 

Los sedimentos de la tragedia y el destilado de la crisis vaticana agitan al oficialismo y la oposición.

Pocas veces es tan evidente que las conmociones de envergadura, aquellas que irrumpen en la sociedad, amarga o gratamente, contienen tal potencial político que provocan rumbos inesperados a las trayectorias de dirigentes, partidos y gobiernos. Y no hablamos de anomalías de la historia. La desidia de una burocracia postergadora de la obra pública y la concepción del estado bobo cuando no articulador de los beneficios privados, moldeada por el neoliberalismo, saltan al escenario público cuando la lluvia azota implacable sobre urbanizaciones tributarias del negocio inmobiliario, cuyo único Dios es el dinero o el resultado de la marginación de los siempre marginados. Décadas de asfalto y cemento acumulado ante la observación cómplice de administraciones sucesivas, a la vez que goteo lento de la obra pública para los sectores empobrecidos. La inundación entonces es el millón de gotas que rebalsó el vaso.

El arribo de Bergoglio al Papado, lejos de tintes trágicos, para muchísimos lo contrario, también resultó un fortísimo impacto sorpresivo. Probablemente quienes analizamos los acontecimientos políticos y sociales hayamos pecado de superficiales y esa posibilidad de un Papa argentino se podía haber iluminado con una mirada mas profunda. Y quienes lo conocen desde hace décadas, dicen que Bergoglio trabajó desde siempre con esa mira. Lo evidente es que el oficialismo y la oposición repentinamente se revolvieron como en un avispero. 

Política  e inundación 

Con seguridad el horror ante las muertes y sufrimientos vividos por los ciudadanos platenses a causa de la inundación y la evidente ausencia de una gestión a la altura de las necesidades populares, hundió en un horizonte sin futuro al Intendente Bruera. Aunque se apresure ahora a hacer los deberes post inundación, no son muchos los preocupados por su destino y su aislamiento no alterará el mapa político bonaerense. Es una advertencia para que tomen nota los funcionarios cuya carrera política depende del voto popular.

Políticamente más trascendente es lo que sucede en la Capital Federal. Apoyado por la clase media, sector anticristinista, muy numeroso en la ciudad, Macri creyose inoxidable. Los últimos meses mostraron al jefe del PRO en una serie interminable de apuestas insensatas: el aumento del subte y del ABL, la pelea por el cierre de la Línea A, la disputa con el gobierno nacional por el traspaso de los mismos, las obras de la 9 de Julio y el falso Metrobús, la carrera del TC 2000 en plena ciudad, todo bajo el escudo del Gran Opositor a Cristina, verdadero protector de su impunidad. Pero esta vez, otra inundación, extendida y con muertos, parece mucho.

Su ausencia reiterada, la de su segundo Rodríguez Larreta y la trivialidad de su reasunción del cargo, con argumentos que tiran la pelota “para afuera”, no dan cuenta de que algo distinto está pasando en la ciudad. No hay experto en imagen que pueda hacer creíble un Mauricio como ser sensible ante el sufrimiento. En ese terreno Durán Barba tiene el fracaso asegurado. Es que él forjó la suya entre globos de colores, bailes de “sana alegría” y llamamientos a la buena onda. No se trata aquí de demostrar la responsabilidad por las obras hídricas no realizadas. Esto ya fue demostrado.  Se trata de vislumbrar si creció la conciencia de su futilidad como funcionario y si esta vez el vaso de Macri también rebalsó. Porque gotas sobraron.

Si Macri zafó un tanto es porque la magnitud del desastre en La Plata le permitió hacer mutis por el foro a la espera de otros vientos. Pero está marcado esta vez y la imagen que quedó no fue la mejor.

Hubo algo que contrastó contra ese fondo amarillo Pro y que sólo una inquina empedernida y enceguecida puede ignorar. Fue la actitud de Cristina Kirchner cuyo rostro transmite veracidad y comprensión ante el dolor, seguramente producto de una experiencia vital diferente. Quizás no sólo por las muertes cercanas de su compañero Néstor o su amigo Hugo. Digamos lo que hay que decir: es la diferencia entre venir de la recuperación de la política efectivamente nacional y popular o venir cual Isidoro Cañones de la cuna de oro y la billetera familiar. La presidenta es creíble entonces porque también adopta medidas concretas frente a la tragedia popular.  

Ya es tradición encontrar esas respuestas audaces y jugadas del kirchnerismo ante la adversidad, y no sólo la propia sino ahora frente al infortunio de un sector popular. Y se convierte en impronta ejemplificadora. Porque si la solidaridad popular es mas poderosa que la inundación y pareciera cubrir todo con un gran gesto amoroso, quien la motoriza es la juventud, la sin banderas y la embanderada, pero comprometida hasta el tuétano con “el dolor de los demás”. Si nos dejamos ganar por el optimismo diríamos que es una actitud “prepolítica”, promisoria como toda actividad colectiva y desinteresada. Y lo que no es posible negar es que la juventud embanderada que mejor se entrelazó con ese sentir colectivo fue y es la kirchnerista.

No es para marearse. Como siempre todo dependerá del acierto en valorar ajustadamente esta experiencia y en la perspectiva política en que se la enmarque. Una sociedad ávida, exigente y escaldada como la argentina no admite devaneos ni errores. La presidenta fue conciente de la magnitud de la situación cuando se comprometió a no permitir un uso indebido del esfuerzo solidario y colectivo. Es que la peor defraudación es la que se le puede hacer al corazón. 

Política y religión

 Los angustiantes comienzos de Abril establecieron una distancia no sólo de tiempo, sino anímica y política, con la llegada del Papa argentino. Quienes palpitan por responsabilidad o vocación la política saben que en nuestro país no hay tiempo para aburrirse, que los vendavales de los nuevos tiempos argentinos y latinoamericanos no nos dan resuello y que si bien las transformaciones y los cambios son el paradigma que diseña la América Latina de vanguardia frente a la crisis mundial del capital imperialismo, no dejan de amenazarnos peligros por doquier.

Pero a veces hay sucesos cuya lectura es contradictoria o engañosa. Y si los que se confunden son los medios dominantes, aún forjadores de opinión, se hace necesario observar con cuidado los hechos y estimular el debate para alcanzar una razonable comprensión de la situación.

En primer lugar es necesario señalar que la elección de Jorge Bergoglio, primer Papa no europeo, es el resultado de la crisis mas seria de la Iglesia Católica (o si se prefiere de la jerarquía vaticana) en siglos, crisis que es inseparable de la que aqueja hoy a las grandes potencias, pero particularmente a la vieja Europa. Muchos destacan que en América Latina se encuentran los mayores contingentes de católicos del mundo pero olvidan que Europa es desde casi el momento de institucionalización de la Iglesia donde se concentran sus principales intereses económicos y políticos. Ni siquiera creo casual que Ratzinger, el Papa alemán, haya sido elegido cuando Alemania aún se levantaba vigorosa arrastrando tras sí (y para sí) a la Comunidad Económica Europea. Era el mundo de la pre crisis. Los intereses económicos que se conocen anidan en el Banco Vaticano no son mas que una parte de los capitales de la Iglesia Católica invertidos en la Banca y la industria europea, hoy azotados por la crisis imparable en tres cuartas partes del continente y fogoneados por la alemana Merkel. ¿Se puede pensar que las razones de índole religiosa y moral efectivamente existentes tras la renuncia de Benedicto al trono vaticano son las únicas o siquiera las preponderantes?

A lo que se asiste en el globo es a un feroz e indetenible reacomodamiento de fuerzas. El diseño geoestratégico de la segunda etapa Obama, definida China como su oponente económico y político principal, busca desplazarse hacia su cordón mas cercano y de allí la crisis de Corea del Norte. Alemania no trepida en apretar hasta la asfixia al resto de sus “socios” rehenes europeos para mantener su lugar en el mundo. El Vaticano busca una salida y los cardenales europeos, vistos como responsables de la actual encerrona y que pudieron “ganar” en el Sínodo que entronizó al Papa alemán son derrotados esta vez por una alianza que lleva a la cúpula vaticana a un jesuita latinoamericano. El Opus Dei es derrotado. Quizás una transición, en todo caso una apuesta fuerte en busca de la superación de una crisis económica, moral y religiosa.

La oposición encontró el “becerro de oro” pero el viaje de Cristina a Roma fue para ellos como la ruptura de las tablas por Moisés. Bergoglio, ese jesuita de oscuro pasado, es hoy Francisco, el Papa que necesita de los líderes latinoamericanos y vaya si Cristina lo es. En un juego casi simétrico la euforia inicial de la derecha por el nombramiento de Bergoglio trocó en amargo desencanto y para el kirchnerismo la presunta contrariedad de que un cura duramente opositor llegase al trono vaticano fue rápidamente superada por el realismo político de un sinuoso Papa con mirada estratégica y una Presidenta veloz y de experimentada cintura política.

Sin nada sustancial en las manos no es casual que la oposición no encuentre ni rumbo ni liderazgo y entonces se incline hacia un proyecto que es el de la antinación. No tiene proyecto viable ante la crisis y el realineamiento de fuerzas internacional. Y el gobierno, en particular Cristina, pareciera tener una sólida brújula del mapa político mundial y sabe hacer política nacional: lo sucedido con Bergoglio y con las inundaciones son una muestra palpable de ello. El hueso duro es la economía que plantea problemas profundos e impone para resolverlos una audacia inédita porque las soluciones están en los bordes externos del modelo. Hay que meterle manos al capital concentrado y derribar una nueva barrera de limitaciones alrededor del papel del Estado….en la economía. Pero la política trasciende la economía, aunque no pueda eludirla. 

*Lido Iacomini – miembro de Carta Abierta y San Telmo K

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