La nueva opción de derecha en la República Argentina

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Revista Tesis 11 (nº 117)

Alberto Wiñazky*

Esta nota pretende, en forma muy sucinta, desarrollar algunos puntos de vista sobre el nuevo período económico, social y político que se ha abierto en la Argentina desde el 10 de diciembre de 2015, que si bien tiene rasgos similares a los que están transcurriendo en otros países de la región, tiene algunas características muy específicas.

El llamado giro a la izquierda, producido en algunos países latinoamericanos, desde fines del Siglo XX, permitió volver a mirar hacia América Latina, pero ha obviado el análisis y la discusión sobre la situación de la derecha, sus posibilidades de acceder a los gobiernos por la vía electoral y las consecuencias que en ese caso se originarían tanto en lo político, como en lo económico y en lo social.

En el caso Argentino, el PRO se ha constituido en la nueva derecha, dejando atrás el decadente neoliberalismo noventista inaugurando, desde diciembre de 2015, un nuevo tiempo político, luego que la crisis económica y social del 2001 fuera  superada, en parte, por los gobiernos kirchneristas. Este partido, ha logrado escapar a la posibilidad de diluirse en aquellas agrupaciones que existían con anterioridad a este proceso. Esta fuerza propone formalizar la inmutabilidad de las relaciones de mercado y la sacralización de las condiciones contractuales emanadas de dicho régimen. Hace especial hincapié en extremar la libertad de las finanzas, el achicamiento del Estado, la baja de los salarios, el disciplinamiento laboral, la desocupación, entre otros etcéteras.

Un hecho significativo lo constituye la pléyade de dirigentes que ha incluido el PRO en el gobierno, en su carácter de nueva derecha argentina.  Entre otros se encuentran Prat Gay, Melconián, Szurseneguer, Aranguren, casi todos provenientes del sector financiero, del sector petrolero y de los servicios. Todos estos individuos, cuentan con truculentos antecedentes por haber integrando distintos gobiernos reaccionarios como los de Menem y De la Rua. De esta forma, han dotado de una ideología claramente definida a la clase empresarial. Por otro lado, el sector dominante proveyó, en las segundas líneas, las figuras necesarias para llevar adelante este proceso, ocupando los restantes puestos claves del gobierno.

Estos personajes proponen eliminar los clivajes populistas que han dominado la escena intelectual y política durante estos últimos años y lograr la formación de un Estado nacional perfectamente constituido, disciplinado y totalmente favorable a los intereses patronales y al imperialismo.

Además, buscan la cohesión de las elites económicas hasta ahora divididas en distintos sectores enfrentados entre sí. De manera que esta conjunción de elementos, unificados en la acción del Estado, se constituyó en el factor relevante para comprender la actual situación política. La asunción como presidente y vice de la Unión Industrial  Argentina (UIA) de conspicuos representantes de la Asociación Empresarial Argentina (AEA), donde prevalecen Techint, Arcor, entre otros, parece agrupar a la totalidad de los gremios empresariales, que proveen políticas llave en mano y cuadros técnicos al PRO, por lo menos en los primeros momentos de acceso al gobierno nacional.

Desde este ángulo, puede afirmarse que el PRO ha constituido un formato político estilizado, distinto a lo existente en los años noventa y su nacimiento se produjo al calor de la deslegitimación de los dirigentes de los partidos tradicionales.

Con todo este bagaje a cuestas el PRO ha logrado, por primera vez en la historia política Argentina, que una postura alineada netamente a la derecha, llegue a protagonizar una acción de masas de gran magnitud, logrando imponerse en las elecciones presidenciales y sobre todo en un baluarte histórico del peronismo como es la Provincia de Buenos Aires. De manera que el neoliberalismo persiste como el principal sostenedor de las concepciones capitalistas, tanto en el mundo como en la Argentina, a pesar de la crisis monumental por la que atravesó en 2008. Los sectores patronales nacionales, se amoldaron a esta nueva situación y conformaron una alianza con los sectores de la burguesía más concentrada, mientras van dejando de lado viejas posiciones populistas y antiimperialistas.

Precisamente, los sectores productivos nacionales no existen como tales y no tienen como objetivo el desarrollo de la Argentina. Predominan, por el contrario, los conglomerados multinacionales que no están ligados al posible desarrollo de la Argentina, sino a su saqueo y si bien este proceso no se articula solamente, basado en la especulación como en los noventa, actúa a través de la intermediación parasitaria o a través de la obtención de superganancias, que normalmente son giradas al exterior.

De esta forma, en un proceso de crisis del capitalismo desde la década de los setenta, a nivel mundial, los capitales monopolistas, que se encuentran financiarizados, se van haciendo cargo de manera cada vez más directa de los asuntos del Estado, convirtiendo a la política en un mero instrumento ejecutivo del gran capital, presentando los intereses del capitalismo más concentrado, como las necesidades objetivas del conjunto de la sociedad.

La acción de los trabajadores

La Argentina, es un país en el que los mecanismos de integración y recomposición de los consensos hegemónicos de la burguesía se han revelado como muy eficaces, a pesar de las enormes diferencias que suelen enfrentarlos, si bien el peso de los aparatos burgueses se ha ido deteriorando sensiblemente. Por lo tanto, el combate contra la reconstrucción del consenso hegemónico burgués, tiene que girar alrededor de la discusión sobre la inviabilidad de los proyectos, reformistas o de derecha, para asociarlo a la lucha por demostrar la falsa neutralidad del Estado y develar su carácter de clase. Este acción de los trabajadores para lograr evitar el intento de la burguesía de reconstruir el consenso hegemónico empresarial, deberá permitir superar el dominio de clase que ejerce la burguesía sobre los asalariados, a través de las devaluaciónes, la caída de los ingresos, la desocupación, la precarización laboral, el endeudamiento externo, más los nuevos ajustes que se avizoran en el horizonte.

Por otro lado, las críticas de las igualdades abstractas deben ser internacionalistas. Es decir incluir una crítica a nivel mundial al capital y al Estado, que es el propietario político de la homogeneización nacional e internacional de las relaciones humanas, económicas y sociales. De manera que aquellos que pretenden regular las abstracciones, del capital, para erosionar la subjetividad de los trabajadores y hacerlas más eficaces, se encuentren con la férrea oposición de los sectores subalternos. Por lo tanto, las luchas deben incorporar la crítica al capital, al Estado y a la globalización, a la explotación y al nacionalismo, que es un elemento carente de toda proyección en el tiempo.

El pueblo trabajador tiene la enorme tarea de constituirse en sujeto político, es decir ser el dueño de su propia política y el dueño de su proyecto político. De esta forma,  “podrá organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas” (Lenin). En este sentido es fundamental que los asalariados logren desarrollar su conciencia crítica, creando las condiciones necesarias para luchar por el poder. Esta posibilidad dependerá también de su capacidad para actuar políticamente, componiendo espacios formativos dentro de un amplio abanico de actividades, que permitan la sistematización de los métodos de organización de base.

Con el desarrollo de la conciencia crítica de los asalariados, se podrá sostener una lucha estratégica con un contenido clasista y antiimperialista. Si bien esta lucha no tiene un final anunciado, ya que como decía Gramsci solo se puede prever la lucha y no sus resultados, es imprescindible que la creatividad de las masas pueda acometer su propia emancipación con los pueblos gobernando y decidiendo sobre su destino. En definitiva, el futuro dependerá de las luchas que lleven adelante los sectores subalternos para lograr su liberación, más allá del capitalismo.

*Alberto Wiñazky, economista, miembro de la Comisión de Economía y del Consejo Editorial de Tesis 11.

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