La economía mundial y la situación en la argentina (por Alberto Wiñazky)

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Revista Nº 125 (04/2018)

(política nacional/internacional)

Alberto Wiñazky*

“El sistema capitalista atraviesa desde los años setenta por un escenario global de crisis periódicas que han afectado el ciclo de crecimiento que se había iniciado en la posguerra. Reaparecieron en ese período el débil progreso técnico, la caída de la rentabilidad, el bajo ritmo de acumulación y el desempleo estructural.”


El sistema capitalista atraviesa desde los años setenta por un escenario global de crisis periódicas que han afectado el ciclo de crecimiento que se había iniciado en la posguerra. Reaparecieron en ese período el débil progreso técnico, la caída de la rentabilidad, el bajo ritmo de acumulación y el desempleo estructural. Durante estos años se ejecutaron programas económicos y sociales que respondiendo al paradigma del orden neoliberal, fortalecieron el poder de clase de la burguesía y aumentaron el nivel de explotación de los trabajadores.

La caída de la tasa de ganancia y el colapso en la generación de valor, se constituyeron en los elementos centrales que dieron por tierra con el auge económico de la posguerra.

Ante la caída de la tasa de ganancia durante los años setenta y ochenta, los sectores dominantes de los países centrales utilizaron todas las posibilidades que ofrecían el transporte, las nuevas tecnologías de la información, más la liberación de los intercambios comerciales, para lograr que la producción y la distribución de las mercancías se realice a nivel global, adquiriendo un carácter estructural de la economía. Estos cambios dieron lugar a una nueva división internacional del trabajo que no resulta ser un hecho coyuntural sino que fue el producto de una intensa restructuración del capitalismo. Permitió que los capitales más concentrados se abastezcan de productos industriales en aquellos países donde la mano de obra es más barata y la carga impositiva resulta ser más laxa. Este proceso estuvo encaminado a tratar de restablecer la cuota de ganancia, incrementando la tasa de plusvalía al aumentar la explotación de los trabajadores en un período de crisis sistémica.

Pero, a pesar de la deslocalización de los establecimientos fabriles desde los países centrales hacia las naciones asiáticas y también hacia México, los países desarrollados retuvieron –en su territorio- el núcleo productivo más dinámico y moderno: la innovación tecnológica, la ingeniería de los procesos, el diseño y la fabricación de los prototipos y la producción sofisticada de armamentos, controlando las fases más avanzadas de la producción capitalista.

Como consecuencia de esta crisis civilizatoria del capitalismo, los trabajadores soportan la disminución y la precarización de las fuentes laborales, el debilitamiento de las convenciones colectivas y el incremento de la flexibilización laboral, que fueron reduciendo las posibilidades de sostener una vida digna, dando lugar a la caída de los salarios y a las graves dificultades para conseguir un trabajo seguro y bien remunerado.

América Latina no quedó al margen de la crisis. Luego de un período de auge de los precios de las materias primas, el llamado súper ciclo de las commodities, se produjo un derrumbe en los precios que en el caso de los metales fue de un 50%, en los productos agropecuarios de un 30% y en el petróleo de un 50%.

En la Argentina, con la llegada al gobierno de la coalición CAMBIEMOS, dentro de un panorama mundial no amigable, donde la Reserva Federal de los EE.UU. aceleró su programa de suba de las tasas de interés y se acentuó el renacimiento del proteccionismo comercial,  su política de endeudamiento y apertura comercial, llevó el déficit de la cuenta corriente en 2017 al 4,8% del PBI, mientras el déficit de los servicios por turismo, la remisión de utilidades, tanto de las empresas multinacionales que operan en el país como de la burguesía local, más los pagos de vencimientos de la deuda externa, acumularon en ese año un rojo de USD 30.792 millones, marcando un récord histórico. Asimismo a lo largo del año pasado, el saldo bruto de la deuda externa aumentó hasta los USD 231.980 millones, lo que representó un incremento del 31% frente a 2016. En los dos primeros años del gobierno de Macri, los pasivos externos aumentaron un 55% que equivalen a USD 82.828 millones. Este año (según el economista neoliberal Melconián) el déficit de la cuenta corriente puede llegar al 6,5% del PBI, equivalentes a unos USD 38.000 millones, superando el registro histórico más negativo de 6,2% de 1980.

Por otro lado es necesario insistir que las necesidades de financiamiento fueron cubiertas básicamente con emisión de más deuda. Esta situación se convirtió en una necesidad ineludible del gobierno para lograr la sustentabilidad del proyecto económico del macrismo.

Ante el avance de la política neoliberal que sojuzga al pueblo trabajador, este tiene ante sí la enorme tarea de constituirse en sujeto político y social, para enfrentar el avance neoliberal, situación que se irá definiendo en las luchas que libre para construir poder popular. Es decir, que deberá constituirse en el dueño de su propia política  y en el dueño de su proyecto político, teniendo en cuenta siempre que solo las condiciones objetivas no construyen el sujeto político.

Es fundamental que los trabajadores logren desarrollar su conciencia crítica, originando las situaciones que permitan la lucha por el poder, recreando los movimientos anticapitalistas de masas, teniendo en claro que la política expresa siempre las relaciones de poder. Los posibles frentes electorales que se están generando en la Argentina, donde sectores de la burguesía tienen la hegemonía política, no resolverán ninguno de los problemas de los trabajadores. Al mismo tiempo es necesario tener en cuenta que donde hay poder hay resistencia y el poder burgués necesita de esta resistencia dominada por los capitalistas. No seamos más la resistencia que el poder necesita.

En definitiva, la lucha de los trabajadores será el aporte a la eliminación del dominio del capitalismo, superando las consecuencias de las derrotas en las experiencias revolucionarias del siglo pasado.

*Alberto Wiñazky, economista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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