La crisis en Turquía

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(internacional/turquía)

Alberto Wiñazky*

“…el mayor problema es la creciente crisis de las deudas de las economías periféricas donde el costo de los préstamos se incrementó sustancialmente, mientras se detiene la inversión extranjera. Todo esto como el más fiel reflejo de la crisis estructural del sistema capitalista. Turquía está en primera fila para sufrir una crisis de la deuda, junto con Argentina, Ucrania, Sudáfrica e Indonesia.”


El enfrentamiento del gobierno turco con el presidente Donald Trump, que dio lugar al desplome de la lira, se remonta a la detención desde 2016 del pastor protestante Andrew Brunson, acusado por Ankara de haber colaborado con el clérigo islámico Fethullah Gülen, refugiado en EE.UU. desde 1999, en el intento de golpe de estado contra Erdogán.  La detención del pastor es uno de los varios desacuerdos entre Turquía  y EE.UU., ocurridos desde la aparición de las divergencias sobre Siria y por la compra de armas en EE.UU.

Después del fallido golpe militar contra Erdogán en 2016, este puso en marcha un boom de crédito que disparó la inflación e incrementó los préstamos llegados desde el exterior, mientras detenía a miles de personas y despedía de las universidades públicas a numerosos docentes.

Pero no solo se produjo la caída de la lira turca. Esta situación se complementó con la caída del valor de las acciones y la suba del crecimiento de los bonos expresados en dólares, sumando un nuevo round en el enfrentamiento entre Erdogán y Trump. Este se había agravado luego que el presidente Trump anunciara una sanción comercial a Turquía aumentando los aranceles a la importación de acero y aluminio desde ese país y congelando los activos en EE.UU del ministro de justicia Abdulhamit y del ministro de interior Suleyman Saylu.

Estas medidas fueron replicadas por Turquía con la suba de aranceles a los vehículos norteamericanos (120%), a determinadas bebidas alcohólicas (140%), al tabaco (60%), arroz y productos cosméticos. En general estos nuevos aranceles duplicaron a los ya existentes.

La economía turca ya venía acumulando diversos problemas, consecuencia de la errática política económica de su autocrático líder Recep Erdogán.  Entre estos se encuentra el alto déficit de la cuenta corriente, superior al 7% del PBI y la fuerte exposición hacia factores externos como la suba de las tasas de interés de la FED, la gran demanda de dólares impulsada por los inversores especulativos, más la deuda externa (pública y privada) que llega al 53,4% del PBI, la inflación por encima del 15% y un riesgo país de 542 puntos básicos. También la suba de las tasas de interés en EE.UU. enfrentó a Erdogán con las realidades del capitalismo mundial.

Desde el mes de abril pasado, Turquía se encuentra fuera de los mercados de crédito globales y el presidente Erdogán llamó a la población a que vendan el oro y los dólares que tengan en su poder, para salvar a la lira, que se había devaluado un 40% y evitar un desplome mayor. Al mismo tiempo llamó a boicotear la compra de productos norteamericanos.

Con estas medidas Erdogán logró cierta estabilización de la lira, e incluso una recuperación ante el dólar pero sin borrar la caída inicial. Sin embargo, la situación continúa siendo crítica. El presidente Erdogán necesita USD 218.000 millones para financiar el déficit de la cuenta corriente (6% del PBI) el año próximo  (por ser muy dependientes de la importación de energía) y tratar de frenar la salida de dólares de los bancos turcos. Por otro lado los bancos y las empresas tienen que hacer frente a USD 69.500 millones el año próximo. Estos pagos vencen en un momento en que el endeudamiento de las empresas alcanza al 62% del PBI y la mitad de esas deudas son en monedas extranjeras: dólar y euros en su mayoría. Además algunos bancos de Turquía son extranjeros y los mayores prestamistas son el BBVA de España, UNIT CRÉDIT de Italia, el francés PNP PARIBAS y el DEUTSCHE BANK de Alemania.

Asimismo la crisis que derivó en la caída del valor de la lira, impactó con distinta intensidad en numerosos países periféricos, donde el rand sudafricano cayó un 10%, la rupia india un 1,1%, la moneda indonesia 1,5%, pero la noticia más impactante la dio el peso argentino que cayó un 60% desde enero de este año.

Los problemas de la lira turca son comparables a los del peso argentino. Ambos han tenido retornos bursátiles negativos en moneda estadounidense. Argentina y Turquía han incrementado también el spred de rendimiento de la deuda pública frente a los bonos del tesoro de EE.UU. Esta situación implica que mientras sus monedas se debilitan y su capacidad de crecimiento se pone en duda, los inversores demandan más y más retorno para sostener la deuda. Los dos países tienen por delante un horizonte muy complicado para hacer frente a los compromisos externos, pero pocos creen que Erdogán acepte las condicionalidades que impone un “stand by” con el FMI como el que el organismo impuso a la Argentina en el mes de junio.

Pero  sin embargo las cifras macroeconómicas y las vulnerabilidades son distintas, como también las realidades geopolíticas de Ankara y Buenos Aires, donde la deuda “per cápita” de Argentina duplica a la de Turquía, la inflación es el doble y la deuda/PBI es también el doble.

Por otro lado, Turquía redobló su apoyo a Irán condenando las sanciones impuestas a Therán por EE.UU., tras la salida de Washington del acuerdo nuclear. Por las sanciones impuestas a Irán por EE.UU., la Unión Europea ratificó su apoyo a este país. De esta manera Trump se acerca vertiginosamente al enemigo más importante que tiene en medio oriente, dejando de lado las buenas relaciones que tenía anteriormente con Turquía.

Indudablemente que el mayor problema es la creciente crisis de las deudas de las economías periféricas donde el costo de los préstamos se incrementó sustancialmente, mientras se detiene la inversión extranjera. Todo esto como el más fiel reflejo de la crisis estructural del sistema capitalista. Turquía está en primera fila para sufrir una crisis de la deuda, junto con Argentina, Ucrania, Sudáfrica e Indonesia.

*Alberto Wiñazky, economista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

 

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