La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y lo no político

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Por Adrián Berardi*

El 1ro de octubre de 1996 quedó sancionada en forma definitiva la Constitución de la Cuidad Autónoma de Buenos Aires, que en su preámbulo afirma la obligatoriedad de “promover el desarrollo humano en una democracia fundada en la libertad, la igualdad, la solidaridad, la justicia y los derechos humanos, reconociendo la identidad en la pluralidad”, pero la gestión de Mauricio Macri en el Poder Ejecutivo porteño logró, sin escrúpulos, destruir los hechos y palabras que garantiza la Constitución.

 

Para comenzar, es importante comprender que la Ciudad de Buenos Aires es una ciudad autónoma, esto significa que nos regimos por nuestra propia Constitución sancionada por representes electos democráticamente y que tenemos como ciudadanos la obligación de elegir las autoridades que nosotros creamos competentes para cumplir y hacer cumplir dicha Constitución. Esto nos posiciona como un espacio regido por la democracia y donde todos y cada uno de los ciudadanos podemos participar en la construcción de una ciudad digna de la Argentina. Sin embargo, hay veces que se confunde la política con la administración, si podemos asumir que los argentinos nos equivocamos eligiendo a los gobernantes, los porteños debemos afirmar, aun más enfáticamente, esa realidad.

La gestión de ingeniero Macri, sin lugar a duda, ha logrado la decadencia institucional más importante en la Ciudad de Buenos Aires desde el regreso de la democracia a partir de un sin número de hechos significativos que determinan el quiebre  –contradictorio por la situación nacional- entre instituciones políticas y sociales, pero también con los habitantes porteños en general. Dicho proceso devino inevitablemente en formas de desarticulación de los lazos comunales y este quiebre configura un conjunto de  acontecimientos negativos de la gestión que  pueden ser divididos en dos grandes grupos: por un lado los estructurales, que demuestran la incompetencia de la gestión y por el otro los comunales – sociales que dejan a la luz el desinterés político del gobierno porteño por sus habitantes, causando efectos que distorsionan con la realidad nacional en su conjunto.

Entre los factores estructurales mencionados encontramos el desequilibrio en la conformación de los ministerios, por ejemplo el Ministerio de Cultura es también el Ministerio de Turismo, pero el Ministerio de Desarrollo Urbano está separado del Ministerio de Ambiente y Espacio Público o el Ministerio de Hacienda se encuentra separado del Ministerio de Desarrollo Económico; y aunque esta situación supone ser común, es contradictoria y destructiva de la institucionalidad, en primer lugar por considerar que la cultura se debe gestionar de la misma forma que el turismo; y por el otro, por pensar que el ambiente o el espacio público nada tiene que ver con el “desarrollo” urbano por ejemplo. Lo claro es que la gestión política de estos temas se encuentra distorsionada y se muestra en su conformación institucional, dejando a las claras cómo el gobierno del Sr. Macri es un desconocedor de la realidad política de la administración pública.

En cuanto a los factores comunales – sociales, encontramos en la gestión del PRO la violación mas violenta de la Constitución de la ciudad en tanto no se reconoce la “identidad en la pluralidad” que pregona el preámbulo, este hecho lo vemos en los conflictos cotidianos, como ser la ocupación de Parque Indoamericano que desencadenó un conjunto de palabras racistas por parte del jefe de gobierno e incumplimiento de las promesas brindadas a los habitantes de la ciudad; también lo vemos en las políticas educativas, en tanto el crecimiento de la educación pública en la ciudad está claramente al margen de las intenciones políticas de los gestores del PRO – incumpliendo los artículos 23 y 14 de la Constitución porteña -, también observamos situaciones similares en lo referido a la indigencia y nuevamente la incompetencia política. Si recordamos toda la gestión, Macri pregonó por “vaciar” la ciudad de la indigencia, pero no a partir de programas sociales derivados del Ministerio de Desarrollo Social y la Secretaría de Derechos Humanos, sino desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, desalojando a las personas que viven en situación de calle bajo métodos represivos realmente aberrantes a través de la “Unidad de Control del Espacio Público Porteña (UCEP)”.

Es decir que desde el Gobierno de la Cuidad de Buenos Aires, quien fuera el garante de los derechos inscriptos en la Constitución porteña -por medio de los artículos 17, 18 y 20, entre otros -, se gesta día tras día su incumplimiento abogando por un desconocimiento de la realidad social de la ciudad y gestionado con desinterés, irracionalidad y mezquindad política.

¿Pero qué hay de fondo en todo esto?, ¿hay algo de fondo? Esto es lo que debemos preguntarnos cuando siguiendo artículo por artículo de la Constitución de la ciudad y las medidas dispuestas o no por el gobierno del PRO, nos encontraríamos con los errores más graves cometidos en los últimos tiempos -y que si no lo haríamos también no encontraríamos con los mismos errores-.

El problema reside en la política, en tanto deberíamos interpretar la política dentro de la acción que llevan adelante los sujetos, que a su vez genera una subjetivación que los acarrea a identificarse como grupo, pero no cualquier acción sino una acción que tiene como meta la igualdad , donde la pluralidad y la multiplicidad son características, dentro de la perspectiva de una democracia, perspectiva que afirma y respalda la Constitución porteña. Pero esos puntos políticos identificados en la construcción de una ciudad cosmopolita que constituye el centro político y económico de país, son negados por la actual gestión y se imponen políticas hogareñas deficientes y culpabilizadoras que solo rompen las necesidades de construcción; demostrando que no hay un desacuerdo político en la manera de gestionar sino que no hay política, por ende no hay ni acuerdo ni desacuerdo.

El retiro de toda conformación política dentro de la gestión de Mauricio Macri y su falta de criterio en la conformación de nuevos espacios para la discusión de los problemas que atraviesa la ciudad, ha llevado a la falta de respuesta ante aquellos conflictos endógenos que vive continuamente la ciudad, que no puede resolver la gestión y que en general terminan sin tener una solución ni siquiera a largo plazo; entre esos grandes conflictos sobresalen los ligados a la gestión publica sobre la educación, la salud, la cultura y la falta de viviendas, incluso sabiendo que eran puntos que venían pidiendo atención hace unos cuantos años antes de que Macri asumiera el poder ejecutivo en la ciudad.
 
Hoy el gran desafío del habitante de la ciudad esta en poder elegir autoridades competentes, que puedan gestionar para el pueblo y no para negocios propios, que lleven bajo el brazo las leyes que deben hacer cumplir y que pregonen por una ciudad que es, nos guste o no, el centro más importante del país y por tanto ejemplo para las otras ciudades, pueblos y comunas que ven en nosotros los sueños perdidos en años pasados. Que permitan la construcción política de la cuidad, donde la discusión se dé por la manera o las medidas de gestión, donde el acuerdo o desacuerdo político se discuta con responsabilidad.

Por su parte, aquel que pretenda gobernar la ciudad deberá enfrentarse al desafío de reconstruir los espacios públicos – institucionales aniquilados por el PRO – , reestablecer el contacto con cada uno de los habitantes y trabajar en beneficio del bien común, poniendo de una vez y para siempre en marcha políticas democráticas y participativas, dándole vital importancia a las comunas. Deberá configurar los fines específicos de la nueva policía porteña y trabajar en alianza pacifica y amistosa no solo con el gobierno nacional, sino con cada una de la provincias que integran el país.

La reconstrucción institucional de Estado porteño deberá recuperar el espacio público para sus habitantes, cuidarlo y administrarlo con respeto y solidaridad, sin negocios de por medio, ni intereses particulares envueltos en incomprensibles medidas – como lo que sucedió en el Jardín Botánico, Parque Sarmiento, Parque Indoamericano, entre otros. Se necesitará de la mejor y más fuerte voluntad para levantar y poner en marcha la educación y la salud pública, como derecho universal de los habitantes de la Argentina y no solo de los porteños.

Una vez más tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo, incierto y caótico en el que está la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y tengo la impresión que la manera es agregándole la política que el Sr. Macri se empeñó en quitarle.
*Adrián Berardi, Miembro del Consejo de Redacción de Tesis 11, Estudiante de Sociología de la UBA

 

6 Replies to “La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y lo no político”

  1. Enviado el 14/06/2011 a las 6:14pm

    Cro. Berardi. Muy bueno el articulo. Me gustaria leer alguna otra nota que profundice sobre la relación Estado ( Nacional, Pcial, Municipal ) y los movimientos sociales fronterizos, fuertemente territorializados. Un abrazo. Miguel de Moreno.

  2. no hace nada esto no sirve para nada

  3. Rueda maria dice:

    Queremos saber porque se le llama ciudad autonoma, nadie pregunto sobre el presidente como se lo menciona.

  4. tengo unas dudad sobre la autonomia

  5. Tal y como menciona arriba otro usuario, uno llega aquí buscando información acerca del porque es una ciudad autónoma BSAS y se encuentra con un texto criticando al gobierno de turno.

  6. Flaco, ¿tenés problemas?.¿Por qué metes política ?.Tengo que hacer un trabajo de CABA y me saltas con esto,la verdad estaría genial que elimines esto

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