LA BURGUESÍA LOCAL ARGENTINA

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Alberto Wiñazky*

El presente trabajo fue elaborado por el autor en el seno de la Comisión de Economía de Tesis 11, donde recibió el aporte crítico de sus integrantes.

1. INTRODUCCIÓN

El presente ensayo está dedicado exclusivamente al estudio de la burguesía local, sector económico que aparece con posterioridad a la crisis mundial de 1929. No surge como un estudio en sí mismo sino como un subproducto de una investigación mayor que se encuentra en estado de elaboración. La intención ha sido adentrarse en la cuestión de los momentos, períodos y etapas que componen este importante proceso. La investigación evidenció la existencia de distintos lapsos históricos que se han ido incluyendo unos con otros, conservando la burguesía local, en todos los casos, los lazos de dependencia como el acople inevitable con un mundo estructurado bajo la forma y necesidad de los grandes grupos concentrados. Esta situación ha llevado a que más allá de la voluntad de algunos dirigentes y gobiernos, aún con importante apoyo popular, intentar el desacople y la ruptura  con las estructuras neoliberales, se transformó en una tarea poco menos que imposible.

2. LA HISTORIA

En la Argentina la autodenominada “burguesía nacional” contuvo desde su aparición, luego de la crisis mundial de 1929, una incapacidad en su ordenamiento ideológico, económico y político, que le ha impedido construir y afianzar en el país un desarrollo capitalista autocentrado, que incluya en el campo económico: el acelerado crecimiento de las industrias dinámicas, la diversificación y el incremento de las exportaciones, la integración de los perfiles industriales y una redistribución permanente del ingreso

La política que dio origen al proceso sustitutivo de importaciones, tuvo su punto de partida en la década del treinta y su aparición fue la consecuencia de la gran crisis de 1929. Este sector industrial se formó con la activa participación de los capitales provenientes de la fracción dominante de la oligarquía agropecuaria[1]. La política sustitutiva se desarrolló sin que hubiese mediado la oposición de las autoridades gubernamentales conservadoras que detentaban el gobierno, quienes favorecieron de hecho el crecimiento de la industria. Ya en octubre de 1931 se estableció un sistema de control de cambios que si bien fue modificado reiteradamente, persistió sin interrupción hasta 1958. En 1933 con el ingreso del equipo de Federico Pinedo a la conducción económica –que duró prácticamente entre 1933 y 1943- es cuando se diseñó lo que pasó a ser una formulación política con características diferentes. Las autoridades gubernamentales de la época tomaron medidas proteccionistas como el control de las importaciones y del mercado de cambios, la creación de las Juntas que regulaban las exportaciones, la depreciación del tipo de cambio y la centralización de las decisiones monetarias[2]. La fracción de la burguesía agraria favoreció el progreso de la industria sustitutiva pero manteniendo los terratenientes, en todo momento, el dominio central en el plano económico. Su acción abarcó por primera vez en la Argentina, los intereses de los grupos industriales. Esta política pro crecimiento industrial fue producto de las inversiones directas de la fracción más poderosa de la oligarquía agropecuaria, quien dentro de una nueva alianza de clases incluyó a los grupos industriales que sustituyeron importaciones, consolidando una alianza entre los sectores agropecuarios e industriales. Nunca hubo entre estas fracciones de la burguesía una gran diferenciación ni se desataron conflictos agudos, porque como se sostuvo, la burguesía industrial surgió asociada con la fracción agropecuaria más concentrada y no en contradicción con esta[3]. Con el transcurrir de los años, por las inversiones de la burguesía terrateniente en el sector industrial al capitalizar la renta agraria y la territorialización de las ganancias industriales en el agro y en la ganadería, fueron eliminados los imprecisos límites que las separaban.

Por las consecuencias de la crisis de 1929, los países centrales habían iniciado una política  proteccionista, que  llevó a que  las exportaciones agropecuarias de la Argentina desaparecieran como el elemento dinámico del país. El objetivo central de las nuevas políticas locales fue entonces lograr el equilibrio del sistema en su conjunto. La caída de los precios internacionales de los productos agropecuarios fue mucho más importante que la caída de los precios de los bienes industriales importados, y así se verificó el drástico deterioro de los términos del intercambio ocurrido en ese período. La reacción ante estos hechos fue la formación de una industria no integrada, basada solamente en la producción de bienes de consumo, principalmente en los rubros de alimentos, textiles y metales básicos. Se limitaron a cubrir el vacío importador con los elementos que comenzaron a ser fabricados en el país y que con anterioridad a la crisis eran provistos desde el exterior. De esta forma la primera fase del proceso de industrialización sustitutiva se concentró en las industrias tradicionales. Estas por su baja complejidad tecnológica, más fácil organización, menor escala de producción y por su menor demanda de inversiones, que recién se reactivaron en 1935, (ver al final el cuadro estadístico) atrajeron a los capitales privados. De manera que no estuvo en los planes industrialistas, el desarrollo de una industria de base que le permitiera independizarse de los centros internacionales y lograr un desarrollo del país con cierto grado de autonomía. “Es que el tipo de crecimiento tardío parece requerir la configuración de alianzas entre sectores de propietarios agrarios e industriales, más que su enfrentamiento global”[4]

Este proceso limitado impulsó el crecimiento industrial pero sin que se produzca “una revolución industrial”, no efectuando inversiones de importancia en maquinarias y equipos, incrementando solamente la dotación de mano de obra[5]. Fueron las medidas defensivas del capital agrario que había visto descender su participación agroexportadora en el mercado mundial y resultaron ser necesarias para lograr el equilibrio en las cuentas públicas[6]. Se buscó que las importaciones descendieran al nivel de las exportaciones, se nivelara la cuenta corriente del balance de pagos y además se permitiría cumplir con el pago de la deuda externa. Como en toda la historia económica posterior, la hegemonía dentro del bloque burgués se mantuvo sin alteraciones en poder del sector más concentrado y tradicional, tanto del agro como de los sectores productivos que posteriormente ingresaron en la economía Argentina. De manera que la experiencia del nacionalismo popular (léase del peronismo) llegó al poder cuando lo substancial del proceso de sustitución de importaciones estaba ya efectuado, si bien la situación de la clase trabajadora fue modificada económica y socialmente al introducir el peronismo un patrón ampliado de distribución del ingreso.

También es importante destacar que los cambios políticos y económicos producidos durante la década del treinta no se encuentran totalmente discontinuados con lo ocurrido en las décadas anteriores. En ese período tuvo lugar la agudización de la tensión entre los intereses del Reino Unido, de EE.UU. y de Alemania, que luchaban por el predominio económico en el área de América Latina. Los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial marcaron el punto máximo de la influencia del capital extranjero británico en la Argentina. Este capital estaba integrado por las inversiones en empresas comerciales, compañías inmobiliarias, tranvías, gas, electricidad, agua, bancos, puertos y frigoríficos. A partir de 1913 y hasta 1927 la mayor parte del incremento de capital extranjero provino de las inversiones de EE.UU. que con frecuencia fueron comprando las empresas del Reino Unido existentes, tanto en energía, transportes, comunicaciones, como bancos y frigoríficos.  Se produjeron importantes inversiones en el sector industrial dando lugar al ingreso de numerosas firmas extranjeras. Según Dorfman[7] más de la mitad del capital industrial en la Argentina en esa época era de origen externo, dominando varias ramas industriales como: armado de automotores; artículos de caucho; conductores eléctricos, aparatos de radio, productos farmacéuticos, molinos harineros, madereras, frigoríficos[8], etc. Sin embargo SIAM DI TELLA que había nacido en 1911, desarrolló su industria y en 1923 comenzó a fabricar surtidores de nafta. En la misma década se formó Molinos Rio de la Plata y las empresas TAMET y La Cantábrica. TAMET llegó a ser, en 1920, la mayor empresa metalúrgica de América del Sur. En 1922 bajo la conducción del General Mosconi se creó YPF que expandió la producción de petróleo y fundó la destilería de La Plata que se inauguró en 1925, con 450 trabajadores sobre un total en YPF de 4800 empleados. Asimismo Según Di Tella y Zymerman “El comercio libre multilateral comenzó a perder esa característica y evolucionar hacia formas bilaterales, en un esfuerzo por balancear las cuentas. Mientras que en la década de 1920 se consideró esta política como provisional, durante la década de 1930 la misma pasó a ser parte de las políticas económicas nacionales”[9] Por los efectos de la Primera Guerra Mundial, que redujeron los niveles de comercio exterior, fue posible un intenso aunque breve crecimiento de la industria textil y algunos sectores metalmecánicos. Pero el avance de la industria se detuvo después de la guerra, dado que ante la falta de protección arancelaria, las naciones más desarrolladas, una vez recuperadas, volvieron a exportar sus productos al mercado argentino.

Volviendo al período del crecimiento autogenerado luego de la crisis de 1929, hay que señalar que la industria llegó a ser el sector más pujante de la economía, pudiéndose observar la ausencia de la inversión extranjera. Al mismo tiempo, el Reino Unido fue perdiendo una parte importante de su primitiva importancia[10], mientras que EE.UU. incrementaba aceleradamente su participación en la economía Argentina. Un hecho significativo fue que a pesar que creció el nivel de ocupación con estas inversiones en el sector industrial, los salarios se deterioraron permanentemente. “El aumento del número de huelguistas que se opera a partir de 1935 –y que alcanzará dimensiones aún mayores en 1942- significó además, una extensión de la movilización hacia los grupos de trabajadores peor retribuidos…”[11]

El crecimiento de la economía ya no provenía del impulso originado en la exportación de bienes primarios. La demanda total pasó a depender mucho más intensamente de la demanda interna. Por otro lado, las dificultades en la balanza de pagos no reflejaron ya solo las dificultades provenientes de las fluctuaciones de las exportaciones, sino que se manifestaron ampliamente por las necesidades de las importaciones de bienes de capital e insumos para la industria liviana. La Segunda Guerra Mundial aceleró este proceso debido a que las fuentes tradicionales de abastecimiento exterior se vieron imposibilitadas de continuar con la provisión de elementos indispensables para el sector industrial.

3. EL PRIMER PERONISMO

A partir del diecisiete de octubre de 1945, fecha que marca la masiva irrupción de las masas en la escena política Argentina, se aceleró el proceso de industrialización mediante los créditos a mediano y largo plazo, concedidos a través del Banco Industrial de la República Argentina y el IAPI, los estrictos controles a las importaciones, la creación de empresas de economía mixta, la nacionalización del Banco Central y las empresas de servicios públicos.

Se estableció en 1944[12] el Consejo Nacional de Posguerra, que fue el primer intento orgánico de planificación económica  en la Argentina, con la gestión de regular la mayor parte del sistema económico. También resultó esencial la creación del IAPI, que funcionaba bajo la órbita del Banco Central e intervenía en la compra, venta, distribución y comercialización de productos, que complementaban la actividad privada. La burguesía industrial local ya elaboraba entre el 50% y el 60% de la producción liviana, conformada por miles de plantas de diversos tamaños que abastecían al mercado interno. Entre los censos industriales de 1935 y 1946 la producción industrial argentina se había duplicado. Pero, como señalaba Esteban (1961) “la burguesía argentina se desarrolló en función del apoyo oficial a través del proteccionismo y orientada hacia la ganancia fácil y rápida, sustentada por medio de la política inflacionaria” En el crecimiento del capital industrial concurrieron, en distintas proporciones, el capital bancario a través de la política crediticia orientada e impulsada por el Estado, por intermedio del Banco de Crédito Industrial y el IAPI , más una redistribución de la renta a través del recurso inflacionario.

En 1947, el Estado creó un importante jolding controlado por la Secretaría de Industria: La Dirección Nacional de Industrias del Estado (DINIE). Esta entidad reunía aproximadamente treinta empresas: químicas, farmacéuticas, eléctricas y constructoras, la gran mayoría de origen alemán, que el gobierno había expropiado cuando en 1945 le declaró, tardíamente, la guerra a Alemania. Estas empresas comenzaron a ser devueltas a Alemania en 1953.

Hacia 1951 comenzó a agotarse el esquema mercado internista, mientras la estructura jurídica de la tenencia de la tierra no fue alterada y tampoco se modificó la situación de las empresas exportadoras, donde los precios de los productos eran arbitrariamente decididos por las cuatro firmas que en esa época, organizadas oligopólicamente, acaparaban casi el 90% de la producción: Bunge y Born, Luis Dreyfusy Cia., La Plata Cereal Co. Y Louis De Ridder Ldta. El Plan de Estabilización de 1952 y “una vuelta al campo” más decidida, contrastaron con las políticas iniciales de expansión monetaria y de transferencia de ingresos a los sectores urbanos. El plan tenía como objetivo resolver los dos problemas económicos esenciales: el estrangulamiento externo que causaba la escasez de divisas y el permanente incremento de los precios, resultado del aumento de los ingresos de los trabajadores, como consecuencia de la puja distributiva y el programa económico expansivo.

Se produjo en ese período una escisión de la burguesía local donde ciertos sectores, con mayor desarrollo relativo, conciliaron sus intereses con los del imperialismo, por su dependencia creciente en materia de insumos básicos e intereses comunes, que las restricciones gubernamentales a las importaciones dificultaban fuertemente. Posteriormente desde 1958, estas fracciones de la burguesía constituyeron la fuerza local del frondizismo. A esa altura del gobierno peronista se revelaron los obstáculos que existían para alcanzar un consenso entre empresarios y trabajadores sobre el tema de la productividad. “El estancamiento de las actividades tradicionales ocurrido después de 1950, se debió no solo al agotamiento de sus posibilidades de sustitución de importaciones y la baja elasticidad-ingreso de la demanda, sino también a la disminución en la participación de los asalariados, al paso que en su rápida expansión de la década de 1940 habían influido no solo [en] la sustitución de importaciones sino también en los incrementos en dicha participación”[13]. A partir de 1952, el imperialismo se apoyó decisivamente en los grupos conciliadores escindidos de la burguesía local, iniciando un proceso en el que el capital oligopólico comenzó a asociarse a la industria local e incluso estatal. En esos momentos se había producido el restablecimiento posbélico de los países centrales, que buscaron decisivamente la apertura de nuevos mercados en todos los continentes.

4. LA SEGUNDA SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES

Como parte de la segunda sustitución de importaciones, en 1960 se encendió el primero de los Altos Hornos en San Nicolás y posteriormente se inauguró la Planta Siderúrgica SOMISA, que se mantuvo en manos del Estado hasta su privatización en 1992. Los nuevos propietarios (entre ellos Propulsora Siderúrgica y Siderca, Usiminas, La Corporación Aceros del Pacífico) abrieron un nuevo ciclo para la empresa, ahora privada y multinacional, creada originariamente en 1947. Desde comienzos de 1940 también estaba en funciones la Dirección General de Fabricaciones Militares y el establecimiento de la planta siderúrgica de Altos Hornos Zapla. Otro caso fue ALUAR, que inició su actividad en 1974. Produce aluminio, abasteciendo el mercado local con aproximadamente el 30% de su volumen productivo, exportando el 70% a países como EE.UU., Brasil, Japón y Alemania, entre otros.

Al compás de la instalación de las empresas automotrices surgieron los proveedores de bienes intermedios (autopartes) para la fabricación de vehículos y para el mercado de reposición, teniendo especial importancia la producción de acero y de aluminio fabricados localmente. Pero la industria automotriz en la Argentina no generó diseños locales, limitándose a incorporar desarrollos externos (de sus casas matrices), con limitado aporte tecnológico por parte de los proveedores nacionales, debido a la política global que aplican las terminales transnacionales. En la actualidad la producción de las autopartes se ubica en un 25% del total de los componentes de los automóviles, a diferencia de etapas anteriores cuando ese porcentaje se acercaba al 80%, empleando en la actualidad aproximadamente 62.000 trabajadores, con una participación en el empleo industrial del 3,8%. 

Desde el año 1958 se afianzó la segunda etapa sustitutiva impulsada por el desarrollismo. Con el advenimiento de las inversiones de empresas transnacionales, (automotrices, tractores y petroquímica) continuó la política mercado-internista. Pero un primer paso con preponderancia de esta nueva política se había dado entre 1956 hasta 1963, cuando el PBI creció a una tasa del 2,1% anual y el segundo entre 1964 y 1974 con un crecimiento del PBI del 5,1% anual, para cuando se agotó definitivamente el proceso sustitutivo de importaciones.

Durante la segunda etapa de sustitución de importaciones, con el marco de la modificación del comportamiento cíclico de la producción a nivel mundial, se produjeron transformaciones estructurales que modificaron la naturaleza de la industrialización en la Argentina. Se consolidó el predominio de las empresas transnacionales sobre el proceso económico, a partir del desembarco de estas grandes firmas. Controlan los núcleos técnicos y económicos de los distintos bloques sectoriales, en tanto determinan el flujo del excedente y el comportamiento tecnológico del resto de las actividades o cadenas productivas mediante la determinación de los precios relativos.

Qué características tiene este proceso? A diferencia del modelo anterior, no se trató estrictamente de un proceso de sustitución de importaciones sino del establecimiento de industrias que, como resultado de una demanda insatisfecha y por el efecto demostración, generaron su propio mercado. El carácter distorsionado del nuevo modelo se manifestó al reproducir en un país periférico,  la estructura de la oferta de las sociedades desarrolladas. Mantuvieron en los países de ingresos medios como la Argentina, un alto grado de heterogeneidad en el sistema productivo y en los niveles de consumo.  Asimismo se produjo una presión redoblada sobre la capacidad importadora, porque las nuevas unidades industriales suelen contener en su estructura un alto componente importado, (acrecentado en los últimos años) y en consecuencia han aumentado las presiones sobre la balanza de pagos (restricción externa), además de los grados crecientes de extranjerización,  dependencia tecnológica y enajenación de los centros de decisión.

5. EL SEGUNDO PERONISMO

La segunda etapa de sustitución de importaciones agravó la situación del sector externo, a partir de la rigidez de la oferta de bienes agropecuarios exportables y fue a partir de la abundancia o escasez de las reservas en el BCRA que se ocasionaron los conflictos en las fases de expansión o retracción de la producción y la redistribución del ingreso (Basualdo 2010).

En la etapa corta que se inició en 1973, el gobierno peronista intentó plasmar un capitalismo asociado dirigido por el capital extranjero que implicó la existencia de problemas inéditos en el plano de la dependencia tecnológica y la distribución del ingreso. Este proceso generó una revisión de los postulados originarios del peronismo, que contenía como posición doctrinaria central la coexistencia armónica del capital y el trabajo. El interlocutor de esta nueva posición fue el capital industrial oligopólico que había consolidado su posición a partir de la profundización de la sustitución de importaciones desde la gestión del frondizismo. Estas distorsiones de fondo impidieron que los sectores remanentes de la burguesía local establecieran una alianza con los otros integrantes de las fracciones locales y con la clase trabajadora, para plasmar una nueva alianza policlasista. En 1976, la dictadura se asentó en el capital extranjero que dominaba la producción industrial y el sector financiero, más la complicidad de otros sectores productivos, para imponer un nuevo patrón de acumulación.

De este modo las decisiones de política económica fueron notablemente distintas, gravitando más el capital concentrado que la industrialización para el consumo de las masas y así crecieron las dificultades para sostener una política de redistribución salarial y de formación interna de capitales. “En efecto, a partir de la década del sesenta culmina un proceso de monopolización de los sectores fundamentales de la economía y de creciente control de las actividades productivas y financieras por parte del capital extranjero”[14]

6. LA ACTUALIDAD

La economía Argentina forma parte de una unidad mundial de acumulación de capital y se encuentra inserta como espacio subordinado y dependiente. Esta situación ha llevado a fuertes disputas al interior de las clases dominantes, que incrementaron las tensiones económicas y sociales y la reiterada interrupción de los gobiernos legalmente elegidos[15], ante la búsqueda de un modo de producción que les permita lidiar con una crisis que ha abierto escenarios inciertos a nivel mundial[16].

Es precisamente en esta segunda fase donde la creciente oligopolización de la economía, cuyo punto más alto se consumó en el decenio de los noventa, agudizó la regresividad estructural del tejido fabril, con un acentuado proceso de centralización del capital en términos agregados. A tal punto que en esa década, la gravitación de los mercados oligopólicos en el espectro industrial argentino se incrementó en más de diez puntos porcentuales.

En tanto la burguesía local en medio de un mundo estructuralmente hostil, por sus propias limitaciones, sus conexiones con el gran capital y por el alto índice de concentración existente en la Argentina, no ha podido ni se ha propuesto desarrollar acciones que le permitieran independizarse de los sectores más concentrados, tanto locales como extranjeros, y de esa forma poder avanzar en proyectos de mediano plazo con algún grado de desarrollo autónomo. De esta forma se ha ido limitando la reproducción ampliada del capital industrial,  porque el proceso de desarrollo capitalista no es autónomo y porque sigue sin resolverse la producción de máquinas para hacer máquinas (sector 1) que se destinan nuevamente a ingresar en la producción para ampliarla. Ante las diferentes opciones económicas y políticas que se presentaron en el país, en las que se han enfrentado las distintas fracciones de la burguesía[17], sus acciones no han contenido las potencialidades que podrían haber llevado a concretar un proyecto de Estado—Nación que lleve la difusión de las innovaciones tecnológicas al resto del sistema. Es que esta burguesía posee en su seno los límites de una utopía no reconocida, producto de su atraso ideológico y de la configuración en el país de la histórica alianza de clases que incluyó en su configuración a los sectores del agro más concentrados[18]. No se encuentra interesada ni capacitada en lograr una integración territorial y un desarrollo tecnológico que resuelva las contradicciones que llevaron al reiterado fracaso de sus políticas. Resulta interesante transcribir en este sentido lo manifestado por el periodista Claudio Scaletta: “…la clase empresarial local representa el principal escollo para poner en marcha un verdadero proceso de desarrollo capitalista.”[19] De esta forma, este sector burgués se ha ido conformando en forma dependiente del gran capital como parte de la división internacional del trabajo, gestionando cuando tuvo participación a nivel de gobierno[20], un orden económico y social menos injusto, pero sin llegar a resolver ninguno de los problemas estructurales económicos y sociales del país. Sobresalieron en su trayectoria momentos de cierta hegemonía transitoria que podrían haber permitido lograr un grado de crecimiento y estabilidad en el tiempo, pero esos períodos siempre fueron débiles y de corto plazo. No llegaron a superar los altos niveles de pobreza ni el escaso y frágil desarrollo económico y social del país, y los diversos proyectos iniciados no pudieron afianzarse. De este modo actuaron como socios menores de los intereses del gran capital, que controlan cada vez con mayor intensidad los recursos estratégicos, el intercambio comercial y las fuentes de energía, prolongando indefinidamente el proceso de estancamiento económico y social de la Argentina. Resulta ser por estos motivos, un actor subordinado al capital más concentrado, con el que ha contribuido a encaminar al país hacia una situación económica, social y política crítica de largo plazo.

Asimismo la burguesía industrial local se encuentra condicionada por el control directo e indirecto de las cadenas globales de valor que lideran los capitales multinacionales, más otros protagonistas de la “nueva periferia” que dificultan o impiden la adopción y adaptación de modernas tecnologías en el espacio nacional. De esta forma, la economía produce con un severo retraso en las condiciones de productividad, lo que no quita mérito a la elevada eficiencia de algunas ramas específicas, como la aeroespacial, energía atómica y radarización. En definitiva se puede verificar que la burguesía industrial local desarrolló más que una política independiente, una política de intereses compartidos con las demás clases o fracciones de clases dominantes, originando una reacción adaptativa. Esta burguesía local, que contiene en su seno el carácter ilusorio de un nuevo pacto social[21], reiteradamente fracasado, tampoco puede sobrevivir sin contar con una economía global favorable. Requiere a futuro elevar la tasa de rentabilidad empresarial y la reproducción del capital en el plano nacional y para ello necesita incrementar aún más el nivel de explotación de los trabajadores, a través de su disciplinamiento, bajos salarios y disminución de los beneficios sociales. De esta forma intentará incrementar la tasa de plusvalía, para lograr los objetivos del conjunto de la clase dominante integrada cada vez más a las “cadenas de valor” a nivel internacional[22].

Pero la resistencia de los asalariados se constituye en el principal escollo que tiene la burguesía para lograr la recomposición de condiciones favorables que permitan reconstruir la acumulación de capital. De manera que para intentar restablecer la acumulación, el capital deberá imponer un nuevo disciplinamiento de la fuerza laboral (ingreso y salida de los trabajadores de las empresas sin costo alguno, multifuncionalidad del empleo, entre otras medidas)[23] y de la sociedad en general. Pero por la acción retardataria de gran parte de la dirigencia gremial, la clase trabajadora no realiza acciones conjuntas como clase, que permitirían enfrentar con éxito la ofensiva del capital contra el trabajo y la alteración de las relaciones de fuerza entre las clases, que ha llevado a situaciones límite y que Adrián Piva resumió críticamente como “…cambios en la naturaleza del trabajo y en la organización del proceso de producción, mayor dinamismo de las ramas productivas de bienes inmateriales, disminución relativa del empleo industrial, persistencia de altas tasas de desempleo y pérdida de centralidad del conflicto obrero y aumento del peso de las protestas de los denominados “nuevos movimientos sociales”: ecologistas, feministas, gilbt, consumidores, etc.”[24].

Hacia adelante la defensa de los intereses industriales y la posibilidad de aplicar simultáneamente políticas distributivas tienen un límite estructural evidente. El encuentro entre una práctica distributiva que de acceso a la clase trabajadora a la sociedad de consumo y a la vez implante un tipo de desarrollo que garantice el control “liberal” del sistema de inversiones y de la toma de decisiones, se verá posiblemente frustrado. La presente fase de “internalización del mercado interno”, el llamado modelo de desarrollo asociado, favorece esencialmente a las corporaciones transnacionales, dejando escaso margen para las otras fracciones de clase burguesa, en un país dependiente como la Argentina. El arbitraje del Estado[25] que había ganado relativa autonomía en el juego político, imprimió en el pasado una modificación en la correlación de fuerzas, que implicó la aceptación de algunas de las reivindicaciones de los sectores asalariados. Pero actualmente se propician políticas de contención o eliminación de los beneficios alcanzados anteriormente por los trabajadores que también afectan, por su menor productividad relativa, a los sectores más atrasados de la economía[26]. La diferencia fundamental entre el modelo de desarrollo sustitutivo de importaciones y el modelo de industrialización restrictiva, implicó llevar a la práctica un mercado de otra naturaleza, donde las grandes unidades productoras, que estimulan el crecimiento del componente importado, ya forman entre si el circuito producción-consumo. Los cambios en la estructura productiva, con el permanente desplazamiento del dinamismo del crecimiento hacia las industrias con tecnología avanzada, va adquiriendo un peso relativo creciente. Por estos motivos los métodos que empleará el capital serán probablemente: a) políticos (represión, caída de derechos conquistados, reforma laboral, etc.) y b) económicos (mantenimiento de los niveles de desocupación y pobreza, la aplicación de tecnologías que refuercen la fragmentación del colectivo de los trabajadores, relocalizaciones a distintos puntos del país, reforma previsional, impositiva, nuevas privatizaciones, etc.). En definitiva se trata de imponer una mayor subordinación de los trabajadores a  los intereses de la gran burguesía, para de esta forma tener la posibilidad de aumentar la competitividad de los productos exportables al mercado mundial, tratando de compensar la menor productividad del trabajo con una explotación creciente.[27]

Es importante señalar que participan del bloque en el poder algunos segmentos integrantes de un grupo social diversificado: la nueva clase gerencial, que aunque asalariada se encuentra a mitad de camino entre los poseedores del capital y los asalariados. Se refleja en la amplitud de sus ingresos, su estilo de vida, su capacidad para adquirir bienes sofisticados, por su capacidad intelectual y por la naturaleza misma de sus funciones. En consecuencia actúan políticamente enun todo de acuerdo con los gobiernos liberales. Se presenta entonces una estructura piramidal en la que entre la base asalariada y el vértice monopolizado se intercalan una serie de sectores intermedios, que por su ubicación social y económica participan parcialmente en la distribución de la plusvalía

Otro elemento que involucra al conjunto de la burguesía y a algunas franjas de élite de los asalariados, es la fuga de capitales que viene sucediendo desde hace más de cincuenta años. Durante el kirchnerismo la fuga de capitales no cesó desde los altos niveles alcanzados durante el menemismo, pero cambió su procedencia. Durante el gobierno de Menem se originó un proceso de valorización financiera, que permitió la fuga, pero en la posconvertibilidad pasó a estar asociada a los superávits de la balanza comercial. Si bien existen diversos métodos para su cálculo se puede estimar que entre 2002 y 2015[28] la fuga de capitales de residentes en la Argentina alcanzó la cifra de USD 142.098 millones (E. Basualdo 2017). Bajo el gobierno macrista se intensificó la salida  de capitales, favorecida por la liberación total del mercado cambiario, y entre 2016 y agosto de 2018 se estima que la fuga se ubicó en los USD 75.184 millones (BAE). Durante el primer semestre de 2019 salieron fondos especulativos por USD 2.701 millones. El doble que en la primer mitad de 2.018. Entre 2022 y 2023 la Argentina debería pagarle al FMI más de USD 46.000 millones entre capital e intereses, lo que implica un 5% del PBI de cada año, como consecuencia de la “ayuda” recibida en torno a los USD 57.000 millones, que fueron destinados a cubrir la fuga de capitales, el déficit fiscal y al pago de la deuda externa.

7. EL FIN DEL MACRISMO Y EL FUTURO GOBIERNO

Se supone que la economía caerá durante todo el período macrista un 4% y la inflación llegará a más del 250%, mientras que los salarios caerán un 20% y el endeudamiento externo rondará los USD 332.000 millones.

Con lo sucedido en las elecciones primarias del 11 de agosto de 2019 se iniciará una nueva etapa en la historiografía argentina. Es posible que el futuro inmediato indique si lo acá manifestado se repetirá en la acción política y económica del nuevo gobierno. La culminación del modelo industrialista-sustitutivo y el comienzo de la etapa de fuerte endeudamiento, que tuvo lugar a partir del golpe de Estado de 1976, parecen signar con gran fuerza las posibilidades de cualquier intento reformista. La permanente fuga de capitales, la remisión de utilidades de las empresas multinacionales a sus casas matrices, los onerosos pagos de la deuda externa e interna y la renta agraria, condicionan a una burguesía integrada a los sectores más concentrados de la economía y las finanzas. Acciones como la planificación económica que favorezca a los trabajadores y demás sectores populares, la nacionalización de la banca para que las finanzas dejen de ser una vía de la especulación, el estricto control del comercio exterior por parte del Estado, la integración con otros países dependientes comenzando por los de América Latina y la eliminación de la propiedad terrateniente, se destacan entre otras medidas que deben estar orientadas a superar en la Argentina una economía desarticulada y atrasada al servicio de los intereses del gran capital nacional y extranjero. Por lo tanto en cualquier hipótesis, cuando surge la posibilidad estructural de un proyecto popular de dominación política, ya no existen posibilidades objetivas de plasmar en el gobierno una economía policlasista.

Finalmente es probable que la lucha de clases tienda a polarizarse conforme se profundice la crisis económica de muy difícil resolución. Se revelará como una crisis económica, social, política y ambiental que se agudizará por las condiciones que impone el declinante patrón de acumulación capitalista a nivel mundial y que la burguesía local parece no poder superar. Por lo que “…el futuro de la humanidad dependerá de las luchas que lleven adelante los sectores subalternos para lograr su liberación, situación que se producirá y resolverá más allá del capitalismo, que está atravesando una de las más grandes crisis de su historia. Sin ninguna duda que la tarea es gigantesca y ardua, pero es el único camino que llevará a la emancipación definitiva del ser humano”[29]

*ALBERTO WIÑAZKY, economista, miembro de la Comisión de Economía y del Consejo Editorial de Tesis 11.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Evolución Industrial Argentina – Alejandro Dorfman – Buenos Aires – 1942

Imperialismo y Desarrollo Económico – Juan C. Esteban – Editorial Palestra – Buenos Aires – 1961

Estudios sobre los Orígenes del Peronismo – Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero – SIGLO XXI – 1971.

Ideologías de la Burguesía industrial en Sociedades Dependientes – Fernando Enrique Cardoso – SIGLO XXI – 1972

Las Etapas del Desarrollo Económico Argentino – G. Di Tella y M. Zylmelman – Editorial Paidós – Buenos Aires – 1973

El Capitalismo Argentino en Crisis – Oscar Braun Compilador – SIGLO XXI – 1973

IAPI: auge y decadencia – Susana Novick – Centro Editor de América Latina – Buenos Aires – 1986

Estudios de Historia Económica Argentina – Eduardo Basualdo – SIGLO XXI Editores – 2010

El País Invisible – Peña Lillo – Ediciones Continente – 2011 – Alberto Bonnet Compilador

La Concentración en la Industria Argentina a Principios del Siglo XXI – Daniel Azpiazu – C.C.C – Cara o Ceca – 2011.

Perón y la Burguesía Argentina – James P. Brennan-Marcelo Rougier – Lenguaje Claro – Buenos Aires 2013

Endeudar y Fugar –  SIGLO XXI Editores – 2017 – Eduardo Basualdo Editor

Salir del Fondo – Ediciones IPS – 2019 – Esteban Mercatante 

AMEXO ESTADÍSICO

INVERSIÓN BRUTA FIJA EN MAQUINARIA Y EQUIPOS

                                                                              1925             1.136

                                                                              1926             1.242

                                                                              1927             1.241

                                                                              1928             1.584

                                                                              1929             1.664

                                                                              1930             1.387

                                                                              1931                896

                                                                              1932                562

                                                                              1933                687

                                                                              1934                789

                                                                              1935              1.104

                                                                              1936              1.180

                                                                              1937              1.697

                                                                              1938              1.605

En millones de pesos de 1950.

FUENTE: CEPAL – Anuario Estadístico de América Latina 1949-50.                                                                          


[1] Si bien no estuvieron de acuerdo con este proceso los grupos subordinados (más pequeños) de propietarios rurales.

[2] Creación en 1935 del Banco Central mixto.

[3] A diferencia de los países centrales donde el desarrollo del sector industrial nació en contradicción con los intereses del sector agrario.

[4] Estudios sobre los Orígenes del Peronismo – Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero – SIGLO XXI – 1971 – Pág. 7.

6 “Se trató por lo tanto de un proceso de industrialización no dirigido desde el Estado por [los] sectores medios industriales, sino por una élite representativa de los grupos más poderosos de los hacendados ligados al comercio de exportación, élite que procuró establecer a través de políticas estatales, las bases para una coincidencia de intereses con los grandes industriales”. Ibíd. pág. 113

[5] Se produjo un importante crecimiento tanto de la cantidad de obreros ocupados como de las organizaciones gremiales que los agruparon.

[7] Alejandro Dorfman – Historia de la industria Argentina – Santiago de Chile – 1970

[8] El desarrollo de los barcos frigoríficos creo condiciones propicias para la inversión en el sector frigorífico, permitiendo la expansión de las exportaciones.

[9] Las Etapas del Desarrollo Económico Argentino – G.Di Tella y M.Zymerman – Editorial Paidós – 1973

[10] Más allá de los acuerdos como el Pacto Roca-Runciman de 1933 con el Reino Unido,  relanzado en 1936.

[11] Estudios sobre el Origen del Peronismo Ob. citada Pág. 87.

[12] Si bien el General Perón no era todavía el presidente del país, su influencia en las medidas de gobierno eran evidentes.

[13] C.F. Diaz Alejandro – Ensayos Sobre la Historia Económica Argentina – Amorrortu Editores – Buenos Aires – 1975.

[14] Juan Carlos Portantiero – Clases Dominantes y Crisis Política en la Argentina Actual – SIGLO XXI – 1973

[15] Referencia explícita a los distintos golpes militares.

[16] Por el brexit del Reino Unido, la guerra comercial entre EE.UU. y China, el avance de las posiciones de derecha, los migrantes africanos, la represión de los centroamericanos, el desmonte y el fuego en el Amazonas, Irán, el intento de la UE de imponer el impuesto GAFA a los gigantes de la web, etc.

[17] Esencialmente el fracaso de los tratados de la Segunda Posguerra entre la Argentina y el Reino Unido, que en realidad habían perdido utilidad tanto para el Reino Unido como para la Argentina y llevaron a la Argentina a adquirir en otros mercados los equipos necesarios para equipar su industria. 

[18] Por este motivo, la Reforma Agraria, una medida típicamente capitalista, resultan ser palabras “prohibidas” en el país.

[19] Claudio Scaletta – Semanario Económico Cash, de Página 12 del 23 de junio de 2019.

[20] Bajo los gobiernos del General Perón y durante los doce años del Kirchnerismo.

[21] Según el INDEC de las 500 empresas más grandes del país, según su valor bruto de producción, 388 tienen participación extranjera, mientras que 192 son de capital nacional. Esto representa un 61,6% de empresas extranjeras. Se excluye del panel las empresas cuya actividades principales sean agropecuarias, financieras o de servicios personales. Además, el 32% de la producción manufacturera es generada en ramas altamente concentradas según el Censo Económico de 2005, situación que se ha agravado en los últimos años.

[22] “Las cadenas de valor se expandieron aprovechando en su favor la estrategia de crecimiento basada en el estímulo a las exportaciones, que después de los resultados mostrados en la década del setenta por los llamados “Tigres Asiáticos”, se convirtió en un modelo a seguir. Esteban Mercatante – Salir del Fondo – Pág. 179.

[23] Ver las declaraciones de Funes de Rioja, del CEO de Café Cabrales, de Marcos Galperín de Mercado Libre, etc.

[24] Adrián Piva- ¿Fin de la Clase obrera o Desorganización de Clase? – El País Invisible – Alberto Bonnet (comp) – Peña Lillo – Ediciones Continente – 2011 – Pág. 154

[25] En el gobierno del General Perón y durante los doce años del Kirchnerismo.

[26] La acción del gobierno macrista busca la eliminación parcial de los sectores pymes, que se encuentran mayoritariamente en estado de quiebra.

[27] Además de asegurar el pago de la deuda externa

[28] Con la resolución 3210 de la AFIP en octubre de 2011, se restringió la posibilidad de compra de divisas, amortiguando la salida de capitales y la fuga llegó a sumar, hasta 2015, USD 14.775 millones.

[29] La Crisis Mundial Capitalista y el Capital Ficticio – Alberto Wiñazky – Ediciones Herramienta 2017 – Pág. 152.

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