Gramsci: pensar entre rejas.

Compartir:

Edgardo Vannucchi*

El resultado de su obsesión por escribir algo para la eternidad serán sus 33 cuadernos de la cárcel en los cuales, a partir de abordar diversos temas habrá de «trazar una suerte de sociología de la cultura italiana» .

Si algo se desprende de la entrevista a Mabel Thwaites Rey es la invitación a (re)leer, a (re)pensar la realidad en clave gramsciana a partir de retomar algunos de sus postulados.

Detenido en Noviembre de 1926 —a los 35 años— y condenado a veinte años de prisión con el objeto de evitar, de «impedir que ese cerebro funcione» —según la tristemente famosa exhortación de un fiscal fascista— Antonio Gramsci «nunca» dejó de escribir a pesar de las precarias condiciones de trabajo y de su estado de salud.

Bajo las duras condiciones carcelarias impuestas por el fascismo, Gramsci, obsesionado por escribir  algo für ewig, para la eternidad,  dejará constancia de su producción intelectual.

El resultado de esa obsesión serán sus 33 cuadernos de la cárcel en los cuales, a partir de abordar diversos temas habrá de «trazar una suerte de sociología de la cultura italiana» .

¿Desde dónde pensarlo hoy a Gramsci? ¿Para qué «interpelarlo»?

Uno de los motivos para recorrer sus escritos, una de las respuestas posibles, es que, más allá de continuidades y rupturas en cuanto a sus ideas, de cierta asistematicidad en su producción, de lecturas fragmentadas, dos ejes emergen como nodales en sus trabajos: a) su preocupación por indagar cómo, a través de qué mecanismos las clases dominantes y dirigentes construyen cotidianamente su poder, y b) cómo los sectores subalternos deben luchar por construir una voluntad colectiva que implique la capacidad de enfrentar y transformar la hegemonía social y cultural dominante.

a) Si asumimos que «los contenidos del sentido común abarcan una concepción del mundo, aunque no elaborada de modo consciente y crítico» , y que, en tanto existe un conformismo, un sentido de ‘normalidad’ de lo que siempre fue, el ‘sentido común es la expresión de ese conformismo acrítico, debemos tener presente que la disputa en el plano ideológico, la denominada batalla «intelectual y moral» sigue siendo una instancia imprescindible de lucha.

El sistema capitalista genera consenso, seduce, domina, a partir de la conquista del «sentido común» de la mayoría: «así construye —activa o pasivamente— una voluntad colectiva que ofrece enormes resistencias para cualquier proyecto alternativo». 

De allí que sea, en palabras de Thwaites Rey, «en el terreno de la ‘lectura’ de nuestra condición material donde se da la disputa fundamental contra el capitalismo».
Es decir, «no basta sentirse molesto con las cosas como están: hay que entender por qué y pensar el cómo se hará para superarlo».

Por un lado es necesario volver consciente la explotación, comprenderla, analizarla, desmontar sus mecanismos, ponerla en evidencia. Pero, como claramente señala Rauber «se requiere del interés subjetivo, activo-consciente. (…) Esto supone que cada uno de los sujetos reconozca, internalice esa, su situación objetiva y que además quiera cambiarla a su favor».

Por el otro se hace imprescindible asumir que la construcción de relaciones sociales antagónicas a la lógica del capitalismo, generadoras de una nueva subjetividad supone no sólo rechazar la desigualdad, la miseria, la explotación como fácticamente ineluctables, sino desligarse de la condición de individuo impuesta por el capitalismo, es decir transformar el concepto de individualidad como aislamiento, como sujeto despojado de todo proyecto de sociabilidad en una individualidad que contribuya a hacer y pensarse como parte de un colectivo.
b) Ahora bien, ¿qué ocurre con esa «voluntad colectiva» a la que alude Gramsci? 

En primera instancia Gramsci nos recuerda que no hay sujeto preexistente, el mismo se construye a lo largo de la historia, es un producto social, emerge de la lucha política.
En ese sentido y contra todo fatalismo «ve el movimiento social como un campo de alternativas, como una lucha de tendencias, cuyo desenlace no está asegurado por ningún «determinismo económico» de sentido unívoco, sino que depende del resultado de la lucha entre voluntades colectivas organizadas».
Desde esta perspectiva Thwaites Rey rescata en su ensayo el pensamiento del autor italiano al afirmar que «más allá de lo históricamente epocal y necesariamente superado, de la categoría «partido» inscripta en los escritos de Gramsci, vale la pena rescatar su sentido profundo de encontrar la forma de construir colectivamente un espacio que incluya las múltiples demandas de las clases subalternas». Sean ‘redes’, articulaciones provisorias y consensuales, o estructuras flexibles y renovables de modo permanente, la organización política que priorice lo común resulta indispensable para (…) ‘cambiar el mundo’ «.

Construir esa voluntad colectiva, reconocida, afirmada y legitimada en la accón implica enfrentar una tarea tan compleja como imprescindible.
El pensamiento gramsciano, preocupado por ligar de modo inescindibe su concepción teórica a la práctica, sigue siendo uno de los itinerarios posibles para empezar a desandar ese camino.

[1] El día 8 de Noviembre de 1926 Mussolini hizo arrestar a Gramsci. El fiscal Michele Isgro afirma: «debemos impedir que este cerebro funcione durante los próximos veinte años».  Se lo sentencia a 20 años, 4 meses y 5 días de reclusión. Tras 11 años de cautiverio —permaneció detenido hasta el 21 de Abril de 1937— es liberado por el agravamiento de su estado de salud. Muere pocos días después.

[1] Hanono, Viviana: Dossier Gramsciano. Una popuesta de lectura y reflexión. Cátedra García Raggio. Oficina de Publicaciones del C.B.C. Universidad de Buenos Aires. 1996.

[1] Portantiero, Juan Carlos: La actualidad de Gramsci; en Revista Debates en la sociedad y la cultura Nº 1. CEDES (Centro de Estudio de Estado y Sociedad). 1984.

[2] Citado por Campione, Daniel: Antonio Gramsci: Breves apuntes sobre su vida y pensamiento.

[3] Portantiero, Juan Carlos: op.cit.

[4] Thwaites Rey, Mabel: La autonomía como búsqueda, el Estado como contradicción. Prometeo Libros. Bs.As. 2004.

[5] Rauber, Isabel en Thwaites Rey, Mabel: op.cit.

[6] Coutinho, Carlos Nelson: Introducción a Gramsci, Serie Era, México, 1986.

[7] Thwaites Rey, Mabel: op.cit.

*Edgardo Vannuchi, historiador, miembro del Consejo de Redacción de Tesis 11.

Deja un comentario