Elecciones bonaerenses: Un país dentro de otro.

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(Dossier informativo sobre las elecciones PASO en los 5 principales distritos electorales . Artículo 2 de 5 )

Gerardo Codina* 

Buenos Aires es peculiar. Tan extensa como Francia, tan poblada como Chile, es de lejos la primera provincia argentina. Allí votan más del 38% de los electores argentinos. Lo que definan será casi definitivo para el escenario nacional. Es por eso que la emergencia de un liderazgo renovado de la oposición al kirchnerismo concita tantas expectativas.

Casi al borde del cierre de la presentación de las candidaturas se conoció la jugada. La capacidad de sorprender es siempre virtuosa en política. Massa jugó sus fichas con maestría y se alzó con un éxito inicial: todos hablaron de él. Un pelotón de intendentes, nacidos en el Kirchnerismo en su mayoría, plantaron bandera junto al Jefe de Gabinete y desafiaron la divisa del Frente para la Victoria, con la que habían jugado hace menos de dos años.

Indudablemente la aproximación del final del mandato de Cristina Fernández y la ausencia de certezas sobre la continuidad de la experiencia inaugurada en el 2003, estimula los apetitos de poder de muchos que se ilusionan con alcanzar la primera magistratura en el 2015. Massa no es el primero, pero echó a rodar aprovechando que ni Macri ni el eje duhaldista del peronismo pudieron hacer cuajar sus proyectos nacionales.

Un triunfo en la provincia lo habilitaría para intentar presentarse como el candidato unificador de las diversas oposiciones al proyecto nacional en el 2015. Una diputación le daría una plataforma de visibilización nacional de  la que ahora carece. Eso lo decidió a jugarse ahora y no postergar su definición.

La respuesta del oficialismo le empardó la apuesta. Otro intendente joven del conurbano fue convocado por Cristina Fernández para contrastar gestión con gestión y apostar también ella por la renovación de las primeras figuras de la política. El kirchenrismo ha sido un factor tan revulsivo y creativo de la vida nacional que no sólo provocó una intensa transfiguración del peronismo, expresada en sus prácticas, organizaciones internas, dirigentes y memoria colectiva, sino que también ha generado muchos de sus principales opositores. Massa entre ellos.

Los primeros datos de los sondeos confirmaron lo previsible. Massa contaba de antemano con un elevado nivel de conocimiento público y Martín Insarraulde todavía tiene que recorrer mucho para ser identificado como el candidato del kirchenrismo. A su favor cuenta con la formidable estructura territorial del peronismo bonaerense y el acompañamiento estrecho de Daniel Scioli, además del propio de Cristina. Que el FPV perdiese en la provincia podría complicar los últimos años del gobierno de CFK, pero sería fatal para las aspiraciones presidenciales del motonauta, también vecino actual de Tigre.

La comparación con la anterior elección legislativa de mitad de mandato, en 2009, muestra que las derrotas electorales no implicaron para el kirchnerismo tentaciones de bajar banderas o pactar gobernabilidades con opositores ansiosos por tirarlo bajo el tren, como confesó alguna vez Macri.
Antes bien, Cristina se jugó el todo por el todo y no sería extraño que vuelva a hacerlo. Para Scioli sería diferente. Perdería su único capital frente a un competidor que recorre el mismo espinel que él privilegia.

Eso, en caso de que las cosas se dieran tan mal como en el 2009. Recordemos entonces que las candidaturas testimoniales de Kirchner – Scioli resultaron segundas, con el 32,11% de los votos, frente a sus oponentes de entonces, De Narváez – Solá, que juntaron el 34,58%. La diferencia no fue tan abrumadora como la comprobación de que el peronismo kirchnerista no era imbatible.

Menos abrumador resulta si se computan los votos reunidos por otro espacio kirchnerista que, decidido a preservarse de la compañía de algunos históricos del PJ, corrió solo y facilitó la derrota del proyecto nacional. En aquella oportunidad, que ahora no se repite, el Nuevo Encuentro sumó el 5,56% de los votos. Claro que en política nunca dos más dos es cuatro, pero sobraban los números para que la primacía kirchnerista se hubiera preservado, de no marchar divididos.

Esa fue la peor elección del FPV en territorio bonaerense desde que el kirchenirsmo se desprendió de sus alianzas primarias con el duhaldismo y consumó la derrota de Chiche Duhalde frente a Cristina Fernández en 2005. Claro que no es comparable el momento político actual de la sociedad argentina con aquel que se vivía en 2009. Entonces los comicios fueron luego del levantamiento de las patronales agrarias contra las retenciones móviles de las exportaciones agrícolas, el ímpetu opositor estaba en su apogeo y los muchachos sacaban cálculos de cuántos días faltaban para destituir a la Presidenta.

La propia inconsistencia política demostrada después de las elecciones, sumada a la renovada iniciativa política del Gobierno nacional, terminó por dispersarlos y disminuirlos en sus capacidades de reacción, hasta que se empinó Cristina con la más clamorosa reelección de nuestra historia.

El recorrido de los ganadores del 2009 debe aconsejar prudencia a los que esperan repetir esos éxitos pasajeros. Ahora De Narváez corre solo con la sola compañía triste de Moyano y su gente, mientras que Solá se arrimó al tinglado que armó el todavía intendente de Tigre. Allí luce ahora un cómodo cuarto lugar en una lista que le permitirá renovar como diputado sin hacer mucho esfuerzo.

Tampoco hoy es ese momento y no se elige lo mismo. Pero la referencia del 2009 sirve para recordar el elevado piso de intención de voto que conserva el kirchnerismo y que no le alcanza a la oposición con un eventual triunfo para conformar una verdadera opción de poder.

En tercer lugar, lejos, corre la fórmula compuesta del radicalismo bonaerense, que refleja la inestabilidad política de un partido que no se acomoda todavía a su condición de fuerza residual de la política argentina, luego de dos fracasos de significativa importancia al frente de los destinos nacionales. El hijo de nuestro primer presidente electo luego del terrorismo de estado, en dos años viró en sus alianzas del peronismo conservador que intenta expresar De Narváez, al progresismo intransigente de Margarita Stolbizer.

El eje radical socialista que nació en Santa Fe tiene expectativas depositadas en lo que suceda en tierras bonaerenses, para contener las ansias de protagonismo que alimentaría en Elisa Carrió un posible segundo lugar porteño. 
El 11 de agosto las PASO darán un primer indicio certero de cuál puede ser el escenario en octubre. Todo el proceso de las internas servirá para poner en marcha la organización que proyectará al conocimiento masivo a Martín Insaurralde. Entre una fecha y la otra, la provincia se tensará en la más importante de las definiciones políticas nacionales.

*Gerardo Codina, psicólogo, escritor, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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