El perdón de Hiroshima

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dossier sobre «La Encrucijada en Medio Oriente» (artículo 3 de 3)

Jerónimo Carrera*

Hago estas reflexiónes al analizar las causas de la matanza de niños y otros sectores de la población civil que actualmente se lleva a cabo en un pequeño país del Medio Oriente, el Líbano.

 

Dice alguna gente que perdonar es una virtud cristiana, pero está visto que los gobernantes de Estados Unidos no son dados a poner en práctica tal virtud. Ni piden ni dan perdón, pese a que todos ellos pretenden ser modelos de buenos cristianos.
 Hago esta reflexión al analizar las causas de la matanza de niños y otros sectores de la población civil que actualmente se lleva a cabo en un pequeño país del Medio Oriente, el Líbano, víctima tradicional de las interminables querellas que siempre han asolado esa parte del mundo. Romanos y turcos, ingleses y franceses, y ahora los yanquis, durante siglos han venido haciendo allí sus “juegos de guerra” sin mayores explicaciones.
 En nuestro tiempo, desde hace ya sesenta años, los anglosajones de ambos lados del Atlántico se valen de judíos y árabes para mantener a la entera región en jaque permanente.
 Realmente, para quienes no somos cristianos –como tampoco somos hebreos ni mahometanos- resulta incomprensible ver a pueblos de denominaciones religiosas tales, azuzados por gobernantes defensores de intereses que nada tienen de santos, matándose sañudamente unos con otros en nombre de no se sabe bien cual motivación.
 Sin embargo, si profundizamos en el análisis del problema general de esa región llegaremos a entender que esas guerras intermitentes no son autóctonas, sino producto lógico de la presencia de poderosos agentes de monopolios extranjeros, y en especial los petroleros. Es propio del sistema capitalista, una vez que llega a la etapa imperialista, buscar controlar fuentes externas de materias primas y generar de tiempo en tiempo, como lo señaló Lenin, nuevos “repartos del mundo”, es decir, mediante el empleo de la violencia y guerras de cualquier tipo. Toda la historia del siglo XX así lo comprueba.
 Cuando entendemos esto, también podemos comprender que el presidente de Estados Unidos, por muy cristiano que se declare, no puede impedir que los monopolios de ese país tengan en realidad la facultad de hacer guerras según sus intereses. Por algo el ex presidente Dwight Eisenhower se atrevió a decir que él no había gobernado, que en Estados Unidos quien gobierna es “el complejo militar-industrial”.
 En el caso del actual presidente, el Baby Bush, esa triste situación ha empeorado, pues sucede que “el muchacho es llorón y la mamá que lo pellizca”. Es un presidente que no pierde ocasión de mostrarse como un “perdonavidas” en la escena internacional, amenazando a pueblos como el venezolano con hacernos la guerra cuando se le antoje.
 Hay venezolanos que no quieren creer en el peligro de esta amenaza y dicen que todo es una propaganda comunista anti-norteamericana. Ellos no se imaginan que Estados Unidos pueda cometer semejante locura. Olvidan los ejemplos históricos de tantos países que han sido invadidos por los yanquis y bombardeados sin piedad alguna.
 Habría que recordarles, por ejemplo, lo que un gobierno yanqui le hizo al pueblo japonés, hace hoy 6 de agosto exactamente 61 años, día por día. En efecto, en tal fecha de 1945, ya prácticamente finalizada la guerra, puesto que la Alemania nazi había capitulado incondicionalmente en mayo y su aliado el Japón estaba a punto de rendirse, el también muy cristiano Harry S. Truman ordenó desde la Casa Blanca lanzar una pavorosa bomba atómica en la ciudad de Hiroshima, y tres días más tarde otra similar en Nagasaki, provocando centenares de miles de muertos y heridos en la población civil.
 Ese ha sido el crimen de mayores proporciones que se ha cometido en toda la larga historia de la humanidad. Un acto criminal planificado, y que se sepa, hasta hoy ninguno de los sucesivos ocupantes de la Casa Blanca, todos ellos sumamente cristianos de palabra, ha tenido el gesto de pedirle perdón al pueblo japonés. El día cuando se produzca ese gesto el imperialismo yanqui habrá muerto, y pasará a la historia del mundo como el día del perdón de Hiroshima.

*Jerónimo Carrera
(Publicado en el Semanario La Razón, Nº 604,
Caracas, domingo 6 de agosto de 2006)

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