EL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO BAJO LA TENSIÓN DE LOS CAMBIOS

Compartir:

Alberto “Pepe” Robles*

Al finalizar 2012, luego de una década sin seguir las indicaciones del FMI, el movimiento obrero argentino aparece fortalecido, pero a la vez fragmentado y políticamente confundido, en medio de un proceso de transformación profunda de Argentina y Sudamérica. Las líneas de tensión que están atravesando al movimiento obrero argentino.

Una década sin el FMI

Al finalizar 2012, luego de una década sin seguir las indicaciones del FMI, el movimiento obrero argentino aparece fortalecido, pero a la vez fragmentado y políticamente confundido, en medio de un proceso de transformación profunda de Argentina y Sudamérica.

La mejora en los indicadores laborales, sociales y sindicales son notables, revirtiendo un deterioro de casi tres décadas. La Universidad de San Andrés, vinculada a las grandes empresas, ha llegado a definir la situación de las relaciones laborales en Argentina, como “una etapa de poder sindical”.

Políticamente, el kirchnerismo, en estos 10 años, ha ido ampliando su base popular. Del 22% con que fue elegido Néstor Kirchner en 2003, al 45% con que fue elegida Cristina en 2007, y al 55% con que fue reelegida a fines de 2011. Un apoyo electoral que tiene su base en los trabajadores y especialmente en los trabajadores jóvenes. Las alternativas opositoras se han ido descalabrando progresivamente.

En esas condiciones se produce un realineamiento sindical en 2012. Por un lado una nueva conducción de la CGT, más abarcativa de la heterogeneidad sindical y con una conducción más colegiada, dispuesta a privilegiar una estrategia de diálogo. Por otro lado la formación de un polo sindical opositor, integrado por tres centrales muy disímiles (CGT-Moyano, CGT A&B y CTA-Micheli), dispuesto a llevar adelante una estrategia de confrontación abierta contra el modelo. El panorama sindical se completa con la CTA-Yasky, con una clara posición de apoyo al gobierno y al modelo.

¿Cuáles son las líneas de tensión que están atravesando al movimiento obrero argentino, y que también pueden verse en el sindicalismo brasilero y en menor medida en el uruguayo?

Linea de tensión sindical 1: el cambio de modelo

La última década puso en crisis el modelo neoliberal. Primero en Sudamérica y luego en Europa y Estados Unidos. Cuatro fenómenos interrelacionados han cambiado la dinámica del orden económico mundial a una velocidad vertiginosa:

–                  China;

–                  el aumento del precio de las materias primas;

–                  los “nuevos gobiernos” no-neoliberales sudamericanos;

–                  la crisis de Estados Unidos y Europa.

Como ha observado recientemente Evo Morales,[1] los cuatro fenómenos están interrelacionados y se retroalimentan. El corazón de este proceso es lo que se ha dado en llamar “la gran duplicación”,[2] es decir el ingreso de cientos de millones de personas a los mercados de trabajo y consumo, sobre todo a partir de las transformaciones socioeconómicas planificadas en China, 1.500 millones de trabajadores-consumidores ingresaron al mercado, duplicando la cantidad que existía en 1990.

El ingreso por persona en China pasó de poco más de 100 dólares en 1990, a más de 5.000 dólares. La economía china pasó de ser poco más del 10% de la estadounidense en el año 2000, a un 40% en 2010. Algo similar, en menor medida y con otra dinámica, está pasando en la India. Ambos países constituyen casi el 40% de la humanidad y son los únicos que tienen una cantidad de población suficientemente grande para impactar por sí solas en la economía mundial.

gráfico

Relación PBI China-EEUU. Fuente: Instituto del Mundo del Trabajo sobre datos de PWC.

China ha hecho de la inclusión masiva el motor del crecimiento. Pero significa también un aumento exponencial de las necesidades de materias primas y alimentos, bienes que desde hace siglos son producidos a bajos precios para Europa y Estados Unidos, por los países periféricos.

La gran duplicación revirtió el histórico deterioro de los términos de intercambio en perjuicio de los países periféricos, duplicando y hasta triplicando los precios de los “commodities”.

La CEPAL viene señalando la relación estratégica que se abre para China y Sudamérica.[3] Esta última, se caracteriza por tener enormes territorios, ricos en materias primas y

alimentos, con baja densidad de población, lo que permite grandes saldos exportables, a precios justos por primera vez en la historia.

El riesgo es que se instale un modelo de primarización, en lugar de orientar la capitalización que generan las exportaciones de materias primas, hacia el desarrollo de ramas productivas de mayor valor agregado, capaces de generar nuevos empleos formales, que puedan incluir masivamente a los excluidos. Solo este último modelo es capaz de combinar crecimiento con inclusión y requiere necesariamente de la integración de las economías sudamericanas.

En esta encrucijada de modelos se encuentra el sindicalismo argentino y sudamericano. No se trata solo de repartir mejor lo que hay, sino fundamentalmente de impulsar una dinámica productiva de mayor valor agregado en el marco de un proceso de integración subregional y regional, que pueda sostener mayores niveles de inclusión y el aumento de los salarios.

Linea de tensión sindical 2: la nueva clase media-trabajadora

Uno de los fenómenos más impresionantes de la nueva dinámica, es la transformación del tradicional sistema de estratificación social latinoamericano, de raíz colonial, que hizo de América Latina la región más desigual del mundo.

El Banco Mundial considera que 50 millones de personas ingresaron a la clase media latinoamericana entre 2002 y 2009, totalizando 150 millones. Un tercio de la población total. En Argentina el cambio fue aún más pronunciado. Luego de casi tres décadas de destrucción de la clase media, Argentina duplicó su clase media en los seis años que van de 2003 a 2009, pasando de 9,3 millones de personas a 18,6 millones de personas.

Esta transformación del sistema de estratificación social impacta sobre los sindicatos (y las clases media y alta tradicionales), porque se trata de una nueva clase media-trabajadora, apoyada en un proceso masivo de inclusión e igualación social.

Con variaciones nacionales, la tradicional clase media latinoamericana, se formó con un alto peso de profesionales autónomos (“mi hijo el doctor”), comerciantes y pequeños empresarios. En general desconfiaron del Estado y valoraron la informalidad, a través de un pacto implícito por el cual había un pequeño Estado sostenido con los impuestos de los más pobres a través del IVA, mientras que los sectores medios recurrían a los servicios privados. En su relación con los excluidos, amplios sectores de la clase media reprodujeron la cultura de discriminación étnica y territorial que provenía de la colonia.

Por el contrario, la nueva clase media-trabajadora en pleno surgimiento y expansión, está formada mayoritariamente por trabajadores asalariados formales, que valoran un Estado activo, que reduce la desigualdad y tiende a terminar con la exclusión. En su gran mayoría se trata de trabajadores jóvenes de ambos sexos, provenientes de los sectores que han permanecido tradicionalmente excluidos. Este es justamente el sector que mas ha apoyado la experiencia kirchnerista. Entre los nuevos trabajadores formales jóvenes, Cristina alcanza una adhesión del 80%.

Adicionalmente, estos jóvenes de las nuevas clases medias-trabajadoras, integran la primera generación de personas nacidas con derechos (Convención de Derechos del Niño de 1989) y la primera generación de argentinos nacidos y criados enteramente en democracia. Son jóvenes que preguntan, y que presionan por horizontalizar las relaciones sociales.

El sindicalismo, como instancia de organización de los trabajadores asalariados formales,  se ve directamente afectado por esta transformación histórica del sistema de estratificación argentino y latinoamericano, y tiende -como los demás estratos tradicionales- a dividirse entre aquellos sectores que visualizan la inclusión como un status que debe ser preservado con independencia de la situación de los excluidos, y aquellos que visualizan la inclusión como un privilegio que debe ser eliminado mediante un modelo de inclusión masiva, en el que el sindicalismo sea un agente activo de inclusión.[4]

Linea de tensión sindical 3: la cultura de resistencia

El sindicalismo argentino desarrolló durante más de medio siglo una fuerte cultura de resistencia, bajo el lema de “golpear y negociar”. Primero contra las restricciones democráticas impuestas por el golpe militar que derrocó e ilegalizó al peronismo (1955-1973), luego contra la dictadura genocida (1976-1983) y finalmente contra las políticas neoliberales (1975-2001).

Pero la conquista de la democracia en 1983 y la crisis del modelo neoliberal durante la ultima década, han cambiado radicalmente las condiciones. Una estrategia de resistencia no alcanza para incidir protagónicamente en un nuevo modelo. Recientemente, uno de los fundadores del MTA explicaba que el postulado principal de esa corriente sindical era que el sindicalismo debía luchar principalmente para que se estableciera un modelo que tuviera el empleo decente en el centro. Un postulado que caracterizó a todo el sindicalismo del Mercosur.

Conclusiones

Hoy, los nuevos modelos sudamericanos de crecimiento con inclusión corren dos grandes riesgos que se combinan: la Restauración Neoliberal y la primarización. Por eso el sindicalismo tiene que examinar las pioridades y los mecanismos reivindicativos, a la luz de la defensa del modelo.

Adolf Sturmthal escribió en 1954 un libro titulado “La tragedia del movimiento obrero alemán”, en el que explicaba cómo el comportamiento de grupo de presión del sindicalismo alemán, al no hacerse cargo de los desafíos políticos y económicos de la crisis de la primera post-guerra, permitió el ascenso del nazismo al poder.

El sindicalismo es irreemplazable en el nuevo modelo de crecimiento con inclusión en el que está embarcada la región. Porque el modelo está orientado a incluir a los excluidos, mediante la generación de empleos formales para todos. Para ello es necesario aumentar sustancialmente el nivel de valor agregado, mediante un mercado interno sudamericano, creado mediante la integración y la reducción de la desigualdad social.

Sin un movimiento sindical relacionado con los excluidos en proceso de inclusión, ese modelo no podrá realizarse, y tenderá a fortalecerse la primarización, con su ala de restauración neoliberal. Por eso resistir ya no es suficiente. Hay que ser parte del modelo.

*Alberto “Pepe” Robles, director de Investigaciones del Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio”


1    Discurso de Evo Morales el 17 de octubre de 2012 en el acto de inauguración de un certamen deportivo en la región de Chuquisaca: “”Hay crisis en EEUU, hay crisis en algunos países de Europa. A qué conclusión yo llego: como ya no nos están robando, no nos están saqueando, entonces hay crisis en los países capitalistas o europeos y nosotros estamos levantándonos… Desde la colonia, la república, solo robando, robando a Latinoamérica, EEUU y los países europeos eran potencias. Ahora que no pueden robar ya tienen crisis económica, crisis financiera”.

2    Freeman, Richard E: (2006) “The Great Doubling: The Challenge of the New Global Labor Market” (La gran duplicación: el desafío del nuevo mercado de trabajo global”, Berkeley.

3  CEPAL (2010), “La República Popular de China y América Latina y el Caribe: hacia una relación estratégica”. CEPAL (2012) “La República Popular China y América Latina y el Caribe: Diálogo y cooperación ante los nuevos desafíos de la economía global”.

4   Fabricio E. Balcazar, Luciano Berardi y Tina Taylor-Ritzler. ”El «privilegio de los blancos»: otra fuerza de dominación social de las clases privilegiadas”, Ser. Indagaciones, vol.21, no.1, ene-jun 2011, Tandil.

Una respuesta a “EL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO BAJO LA TENSIÓN DE LOS CAMBIOS”

  1. Muy buen análisis, Dr. Robles. Coincido con Usted en todo. Y agregaría que una de las condiciones de un sindicalismo de transformación es la democracia interna y la permanente consulta a las bases en asamblea, entre otras acciones.
    Lamentablemente, en buena parte de los sindicatos argentinos con peso se ha perdido esa práctica de consultas, de democracia de abajo hacia arriba y de promoción de los mejores cuadros.
    Le envío un fuerte abrazo,
    Un compañero de la resistencia a la dictadura cívico militar y al neoliberalismo.

Deja una respuesta